“Noticia de las salinas de Poza” (1851), del ingeniero Pío Jusué y Barreda

Pío Jusué y Barreda

El abogado, ingeniero de minas y músico Pío Jusué y Barreda (Torrelavega, Cantabria, 1815-1896), autor de la Noticia de las salinas de Poza (1851) (Dibujo publicado en el diario El Cantábrico, 04/12/1898).

La Noticia de las salinas de Poza (1851) [1], del notable jurista e ingeniero de minas Pío Jusué y Barreda, es uno de los poco conocidos trabajos de tipo técnico publicados a mediados del siglo XIX sobre las salinas de Poza de la Sal (Burgos), cuando éstas alcanzaban un alto rendimiento productivo [2].

Se trata, como en el caso de las informaciones debidas a otros tres relevantes ingenieros de minas –Felipe Naranjo y Garza (1841) [3], Sergio Yegros y Fernández Campos (1852) [4]  y Mariano Zuaznavar Arrascaeta (1876) [5]-, de la mirada de un experto técnico a la configuración física y la ancestral forma de explotación de las salinas pozanas, cuyo origen se pierde en el tiempo y que fueron, junto con las de Añana (Álava), las más importantes del norte de España.

Y, como en los otros casos mencionados, el interés del informe del ingeniero Jusué es doble. De un lado, nos aporta datos muy valiosos para conocer, además de los aspectos geológicos del singular diapiro, cómo era el Salero pozano en esa época, todavía de esplendor. Poco después, por diversos factores y la eliminación en 1868 del estanco real de la sal, se iniciaría un declive que, muy patente ya en el comienzo del siglo XX, acabó por conducir al completo abandono, en la dácada de 1960-1970, de las que habían sido Reales Salinas de Poza [6].

Son interesantes también estas noticias, en segundo lugar, por ofrecernos la valoración técnica de un experto ingeniero de minas sobre los procedimientos de fabricación de la sal en Poza. Un rudimentario e ingenioso sistema cuyo origen probablemente se remontaba a época romana y que, transmitido de padres a hijos, apenas debió sufrir modificaciones a lo largo de tantos siglos. Peculiar, habilidosa y también durísima manera de fabricar la sal, en definitiva, que conformó la cultura y el universo vital de las gentes de Poza, dotándolas de una identidad propia y diferencial.

Pero veamos ya lo que me parece más destacable de la Noticia de las salinas de Poza de Pío Jusué.

 

Vista parcial del valle de las salinas de Poza, en la que se aprecia la disposición escalonada, en la pendiente del terreno, de las eras de evaporación, chozones, chozas, pozos y arquetones. En la parte superior izquierda se aprecia el monumental almacén de sal de La Magdalena. Es, posiblemente, la fotografía más antigua que conocemos del Salero. Fue realizada por Juan López del Castillo, fotógrafo de la casa Hauser y Menet, para el libro de Narciso Sentenach La Bureba, editado en 1925.

El ingeniero Pío Jusué y su visita a las salinas de Poza en febrero de 1851

El autor de la Noticia de las salinas de Poza es, como queda dicho, Pío Josué y Barreda. Nacido en 1815 en, Barreda, Torrelavega (Cantabria), fue, según sus biógrafos, hombre de excelentes dotes intelectuales, de gran amor al trabajo y de una constancia a toda prueba. Tras unos años de ejercicio de la abogacía decidió hacerse ingeniero de minas, ingresando en 1845 en el Cuerpo de Ingenieros de Minas. En 1849 fue destinado al distrito de Burgos, donde escribió el informe sobre nuestras salinas. Permaneció en la capital castellana hasta 1854. Ese año pasó al distrito de Oviedo, alcanzando relevancia por el descubrimiento de los yacimientos de calaminas de zinc en Cantabria. Tras pasar por la dirección de la Escuela de Capataces de Mieres, fue comisionado para estudiar los adelantos en la industria minera en Bélgica y Sajonia. En 1856, de vuelta a España, fue nombrado profesor en la Escuela Minas de Madrid. En 1859 obtuvo licencia para dedicarse a la Real Compañía Asturiana de Minas, como abogado y como ingeniero de minas, proporcionando un gran desarrollo a las minas de Reocín, el mayor yacimiento de zinc de Europa. Considerado por sus compañeros y querido de sus subordinados, sobre todo de los obreros que lo consideraban como un padre (…), fue, además de un buen abogado y un sabio ingeniero, un gran músico (…). Retirado en sus últimos años de vida en su localidad natal de Barreda, al fallecer en 1896 fue calificado en la Revista Minera como uno de los héroes de la industria moderna española [7].

Según él mismo explica en la Noticia de las salinas de Poza, estuvo en nuestra villa en los últimos días de febrero de 1851 por encargo del Conde de la Cimera, Mariano San Juan y Pinedo (1813-?) [8]. El aristócrata era propietario de dos granjas -unidades productivas de sal- en el Salero, una en el término de Medianas y otra en el de Peña Águila, ambos en el borde más al noreste del valle.

Cabe deducir del texto que el encargo recibido consistía en elaborar un informe técnico sobre las salinas pozanas y, en particular, sobre las granjas pertenecientes a su mandante.

En esta imagen de 1955 se ven las eras y pozos de los términos de El Borco y Rusalado, separados por el Arroyo de Torca Salada y conectados a través del Puente Verde y el antiquísimo camino -quizá romano- de La Magdalena. Son los valles más próximos al pueblo. El de Rusalado fue el último en ser abandonado (Foto FEDE. Archivo Urcelay).

Las excavaciones para la explotación del criadero de sal común

Entrando ya en el contenido de la Noticia de las salinas de Poza, su primera parte está dedicada a la localización geográfica de Poza y a la descripción geológica del valle de las salinas, al que considera una suerte de cráter, procedente de una erupción volcánica en tiempos remotos, anteriores probablemente a la creación del hombre. En ese contexto hace referencia a la existencia de calizas cuya metamorfosis por el calor consideradas como jaspe por los naturales del país, cuya masa después de bruñida presenta el agradable aspecto de mármol coloreado con tintas de color rosáceo.

Representación del diapiro de Poza por Peter M. Hempel en Der Diapir von Poza de la Sal (Nordspanien), Hannover (Alemania), agosto de 1967. El singular fenómeno geológico, que explica la existencia de sal en Poza, ha llamado la atención de expertos de todo el mundo. De 1830, es esta cita de una revista científica alemana: En España junto a Burgos hay un depósito de sal en el cráter de un volcán apagado; se encuentra en él piedra pomez, puzolana y otros productos volcánicos mezclados con la misma sal.

Después de constatar que dentro de la cavidad crateriforme hay un criadero de sal  cubierto por arcilla suelta, describe con cierto detalle la forma en que se realizan las excavaciones para la explotación del criadero, refiriéndose tanto a la forma en que se construían los pozos verticales o cañas como a las galerías -de paso real y de pasos laterales-, que se rellenaban con haces de ramos de boj o fajina.

Es muy interesante que Jusué estuviera en nuestras salinas en pleno invierno, fuera de la temporada de elaboración de la sal -de junio a septiembre- pues eso le permitió ver el rompimiento para la comunicación de varios pozos, que los mineros del país realizaban guiándose únicamente por la producción el ruido que mandan hacer en la caña con la que tenían que enlazar. Se trataba de la labor del Salero más ardua y peligrosa; se saldaba, en no pocas ocasiones, con la asfixia, el ahogamiento o el sepultamiento de quienes la realizaban [9].

Veterano salinero de Poza con la regadera al hombro. En él es patente la huella de la dureza del trabajo en las salinas y de las largas jornadas de exposición a la sal, el sol y el viento. Era además mucho esfuerzo para unos jornales casi de miseria, que, en general, solo se percibían durante la temporada de fabricación, entre los meses de junio y septiembre (Dibujo al carboncillo sobre papel de mi hija Icíar Urcelay, inspirado en una fotografía de Ramiro Eizaguirre).

Continúa después con la explicación de cómo, a partir de la entrada de agua por las cañas más elevadas y su recorrido por las galerías, se producían las mueras, destacando la dificultad para obtener las saturaciones de sal en el agua adecuadas y las medidas correctoras que los salineros utilizaban.

Llamó también la atención del ingeniero cómo las galerías tenían, inevitablemente y por su propia configuración, una utilización limitada en el tiempo y de resultados poco previsibles de antemano, lo que provocaba una explotación incierta y antieconómica del criadero de sal.

Venía así a concluir que se trataba de un sistema de explotación que malversa la riqueza del mineral (…), que compromete innecesariamente la salud y la seguridad de los operarios, que no reconoce sucesivamente toda la extensión del criadero y que deja la cantidad de productos confiada a la incertidumbre de acontecimientos casuales (…). No obstante estos inconvenientes, Jusué es muy consciente de la falta de una dirección técnica en las salinas pozanas y de las dificultades de todo tipo que encontraría la variación de un sistema que desde época remota se halla aclimatado en el pensamiento de los trabajadores del país. Con todo, no deja de formular un sistema alternativo para la obtención de las mueras, en el que no puedo detenerme aquí [10].

Completan esta parte unos interesantes datos sobre los miserables jornales que se pagaban a los operarios que realizaban las fatigosas y peligrosas excavaciones, así como los precios de la fagina y de la madera utilizada en las construcciones, que procedía de los pueblecillos del valle de Caderechas.

A mediados del siglo XX, salinero de Poza regando la era con la muera procedente del arquetón o pequeño depósito que se rellenaba con el pingoste (a la derecha de la imagen) desde el pozo. El lanzamiento de la muera con el apero llamado regadera no era una pura labor física; exigía una cuidadosa apreciación del punto de calor de la era y de su necesidad de hidratación, el grado o densidad de la muera utilizada y la velocidad de evaporación de ese momento del día, según el sol y el viento (Foto: Feliciano Martínez Archaga, Poza de la Sal y los pozanos en la Historia de España).

El proceso de elaboración de la sal

Jusué aborda también en su informe cómo era el proceso de elaboración de la sal, describiendo la estructura básica de las granjas, con sus pozos o pilas, eras o mesas para la evaporación del agua, las gabias existentes en algunas granjas y los depósitos para la conservación provisional de la sal, es decir, las chozas, si bien no recoge este último término. En concreto, detalla las características y la producción de las dos granjas propiedad del Conde de la Cimera.

Menciona -al igual que Roda en su famosa Memoria sobre la Fábrica de Sal de Poza– la palabra sobajín. Con ella se referían los salineros en esa época a la tierra utilizada para cubrir la primera capa de arcilla roja apisonada de la superficie de las eras. Procedía, según dice, de un cerro inmediato y se vende por cargas de un celemín cada una.

Salineros de Poza recogiendo en la era la sal, ya cristalizada, con el rodillo. La imagen es de mediados del siglo XX. Como explica Eduardo Sáiz (Las salinas de Poza, 1989), se utilizaban tres tipos de rodillos: de redondear, para sacar la sal de los bordes; de llegar, para arrastrarla en el salero; y de sacar, para echarla por la piquera o conducto que comunicaba con el interior de la choza, donde la sal quedaba almacenada hasta el otoño (Foto de Ramiro Eizaguirre, reproducida por Sáiz en su libro).

Reveladora resulta también la explicación de cómo se distribuía la muera entre las granjas por medio de canales y los turnos y estrictas reglas que se seguían para el llenado de pozos en el invierno, establecidas por disposiciones antiguas o por la costumbre, así como los diferentes regímenes de propiedad, tanto del Estado como de particulares, que en aquel tiempo aun coexistían en el Salero pozano.

Curiosísima es la forma en que se determinaba el grado de disolución de la sal en la muera y, por lo tanto, la calidad de ésta para la obtención final de la sal: mediante un huevo. Así lo explica: los operarios (…), haciendo flotar como areómetro a un huevo de gallina, conocen por el tamaño de la corona o disco que sobresalga de la superficie del líquido los diversos grados de concentración salina. Un disco, dicen, del tamaño de un realito indica 8 a 10º; del tamaño de dos reales 13º, del tamaño de cuatro reales 15 a 18º, y del tamaño de cinco reales 20º.

Portada del Reglamento para el régimen y gobierno de la Comunidad de Herederos de las Salinas de Poza, de 1847. En él se establecían las reglas de gobierno de la reunión de Propietarios Fabricantes de Sal, una corporación, según se lee en la Advertencia Histórica inicial, cuyo origen debe ser tan antiguo como las Salinas (…), y de la que ninguno puede separarse, como en efecto ninguno se ha separado, ni aun intentado hacerlo (…) (Archivo Urcelay).

Completan estas informaciones sobre la elaboración de la sal la descripción del pingoste, al que no se refiere con esta palabra sino con la expresión tosco balancín de palo, y  una breve consideración sobre la posibilidad del reemplazo de la evaporación natural por la evaporación forzada mediante la utilización de calderas [11].

Precios de los jornales y de la sal. Datos de producción del Salero pozano

En la última parte de su trabajo, Jusué recoge, con bastante precisión, los pobres jornales que se pagaban a los operarios por la sal producida, los precios a los que la Hacienda pagaba el producto al ser entregado -de manera obligatoria- en sus almacenes y los anticipos que aquella realizaba en Navidad y finales de junio a los fabricantes particulares. Le asombra la diferencia entre dicho precio y el utilizado después por el Estado para despachar la sal: vendía por 50 reales el quintal que compraba a los fabricantes por 4, poco más o menos.

Casa de Administración de las Reales Salinas, en Poza de la Sal, en una imagen de mediados del pasado siglo. Se inició su construcción en 1786, reinando Carlos III, terminándose tres años después. Desde ella, el Administrador de las Reales Salinas de Poza de la Sal ordenaba y controlaba, en nombre de la Hacienda Real, no solo las salinas pozanas, sino también las agregadas de Rosío, Buradón, Herrera y Añana. Era también lonja desde la que se despachaba la sal.  El estanco de la sal, que se remontaba al reinado de Felipe II (1564), fue suprimido en 1868. El edificio de la antigua Casa de Administración pasó en 1880 al Ayuntamiento para su uso como escuelas, hasta que éstas se instalaron en El Calvario en los años 60 del siglo XX. En 1988 pasó a albergar la Casa de Cultura y desde 2003 acoge el Centro de Interpretación de las Reales Salinas (Foto FEDE. Archivo Urcelay)

El último apartado de la Noticia de las salinas de Poza está dedicada a las cifras de producción de sal en Poza. El promedio del periodo 1844-1854 fue de 70.000 fanegas; en 1850 se fabricaron 101.000 fanegas.

El autor se hace eco también aquí de la preocupación existente entonces entre los vecinos de Poza por la retención de 150.000 fanegas de sal en los almacenes de la Magdalena, el Depósito y Trascastro y, como consecuencia, la limitación de la capacidad productiva de las granjas por falta de pedidos para el despacho. Según apunta, los pozanos culpaban de esta anomalía al abuso de los contratistas de los conductores de sal, que, teniendo interés en aumentar las distancias del transporte, introducían sal en la provincia de Burgos procedente de San Fernando (Cádiz).

Mandamiento de Pastos y Portazgos, expedido en 1798 en Poza por Miguel de Páramo, Administrador General por S.M. de la Real Hacienda del Partido de Burgos y agregados, establecido en nuestra villa. El texto del documento da buena idea de lo restrictivos que eran la entrega de la sal a los Carreteros de la Cabaña Real y su comercio. Suprimidos los privilegios de la Cabaña Real en 1836, ¿se habían relajado ya en 1851 estas normas como para provocar los problemas para Poza que relata Jusué? (Archivo Urcelay).

No se atreve nuestro ingeniero a asegurar que estas sospechas fueran ciertas, pero, conociendo ahora lo ocurrido solo unas décadas después, la situación descrita no dejaba de ser un presagio de la progresiva decadencia de las salinas de Poza.  Pese a la abundancia del criadero y la calidad de la sal, la villa no conseguirá rentabilidad frente a otros centros de producción, especialmente los costeros, lo que acabará provocando la lamentable ruina del Salero pozano a mediados del siglo XX.

Conclusión: una mirada técnica y también humanizadora de las salinas de Poza

Hasta aquí el resumen de la Noticia de las salinas de Poza, en el que he tenido que ahorrar detalles que, siendo interesantísimos, recomiendo leer directamente en el artículo de la Revista Minera.

Como conclusión, este casi desconocido informe de Pío Jusué ofrece una descripción bastante completa, y  a la vez muy crítica, de la situación del Salero pozano en 1851. Su perspectiva es la de un experto al que preocupa, sobre todo, el rendimiento técnico y económico de una explotación minera.  Pero no falta en él sensibilidad para apreciar que, junto a la sal, el otro gran protagonista es el salinero, ese infeliz operario -como él le llama- que, por ejemplo, se juega la vida y la salud en la construcción o el esbarrado de las galerías a cambio de un pobre jornal, y que podían plantearse alternativas para la humanización del sistema de fabricación de la sal.

Y aun hoy, al evocar las salinas de Poza cuando se cumplen cincuenta años de su abandono y veinte desde su declaración como Bien de Interés Cultural [12], es difícil no conmoverse al pensar en la dignidad de aquellos  hombres y mujeres, pobres pero alegres, que a lo largo de tantos siglos, generación tras generación, prodigaron ingenio y laboriosidad para extraer la sal de la tierra.  Un sentimiento que tiene mucho que ver con ese mayor miramiento que para ellos reclamaba la Comunidad de Herederos de las Salinas de Poza al elevar su queja sobre la conducta de un guarda mayor:

“Los operarios de esta fábrica son dignos del mayor miramiento, pues desde luengos siglos acá, pueden con la historia decirle que ellos y sus mayores han sido vasallos, que en estos veneros dejaron sudor y vida por servir al Rey y a la Patria, que sin necesidad de mercenarios han sabido surtir las Castillas y León y otros distritos de un género de primera necesidad” [13].

Jaime Urcelay

(Entrada actualizada el 04/08/2020).

[1] Revista Minera, Periódico Científico e Industrial, Tomo II, 1º de mayo de 1851, pág. 259 a 270. El artículo original completo puede descargarse en pdf pinchando aquí.

[2] Encontré la pista de estas noticias técnicas en el discurso de ingreso del sacerdote y profesor José Luis Reoyo Díez en la Institución “Fernán González”, Academia Burgense de Historia y Bellas Artes, titulado “Explotaciones mineras en la provincia de Burgos durante la centuria 1850-1950”, publicado en Burgos en 1969  por la citada Institución. La parte relativa al depósito salino de Poza de la Sal puede descargarse en pdf pinchando aquí. Sobre las salinas de Poza recomiendo, por supuesto, la visita en el pueblo al Centro de Interpretación de las Reales Salinas, inaugurado en 2003, y a las granjas que, con tanto mérito y esfuerzo, se han recuperado en los últimos tiempos en la zona del Salero más próxima al casco urbano. Lo más relevante en cuanto a bibliografía es la ponencia de Fray Valentín de la Cruz “Los salineros de Poza de la Sal: un oficio duro y hermoso” (Actas del III Congreso de la Asociación Española de Cronistas Oficiales, Torrevieja, 1974) y las páginas 61 a 83 de su libro Poza de la Sal. Cuerpo y alma de una villa milenaria (Editorial La Olmeda, Burgos, 1992); el capítulo VII del libro de Feliciano Martínez Archaga Poza de la Sal y los pozanos en la Historia de España (Imprenta Monte Carmelo, Burgos,1984. Hay una 2ª edición de 2009, publicada por el Ayuntamiento de Poza de la Sal); y, sobre todo, la magnífica monografía de Eduardo Sáiz Alonso Las salinas de Poza de la Sal (Diputación Provincial de Burgos, ediciones de 1989 y 2001, esta última corregida y revisada). Tanto Don Feliciano como Sáiz se sirvieron de la exhaustiva Memoria sobre la Fábrica de Sal de Poza, que Pablo de Roda, entonces su Administrador, elevó a la Real Hacienda en el año 1853. Al original completo de este interesantísimo manuscrito puede accederse en este enlace (ver hojas 632 y ss):  http://imagenesbibliotecacentral.minhap.gob.es/pdfpublicaciones/ImagenTexto/93/fa_935.pdf . En la importante obra de Alberto Plata Montero El ciclo productivo de la sal y las salinas reales a mediados del siglo XIX (Diputación Foral de Álava, Vitoria, 2006), puede encontrarse una información completa sobre las memorias emitidas por todos los administradores de las salinas de la Corona en 1853 y una síntesis de la relativa a la Salina de Poza de la Sal (pág. 84 y ss.). No puede dejarse de mencionar también la importante labor que para la recuperación y el conocimiento de nuestras viejas salinas realiza la Asociación de Amigos de las Salinas de Poza de la Sal, a la que me honro en pertenecer. En su web hay buena información.

[3] “Reseña geognóstica y minera de una parte de la provincia de Burgos por el Ayudante 2º del Cuerpo de Ingenieros de Minas D. Felipe Naranjo y Garza”, Anales de Minas, Tomo II, Madrid, 1841, págs. 104 a 110. La parte correspondiente a las salinas de Poza puede descargarse en pdf pinchando aquí.

[4] Apuntes sobre salinasImprenta de la Viuda de D. Antonio Yenes, Madrid, 1852. La descripción de las célebres salinas de Poza, cuyo sistema de elaboración de la sal considera tan incompleto como ruinoso, se encuentra en las págs. 58 y 59. El texto puede descargarse en este enlace: http://imagenesbibliotecacentral.minhap.gob.es/pdfpublicaciones/Imagenfolleto/fa_2123.pdf

[5] “Datos geológico-mineros de la provincia de Burgos: salina de Poza de la Sal”, Boletín de la Comisión del Mapa Geológico de España, Tomo IV, Madrid, 1877, págs. 383 y 384. Puede descargarse en pdf pinchando aquí.

[6] La Estadística Minera de España del año 1871 señalaba que la sal de estas salinas (las de Poza) es de grande aceptación por su pureza, surtiéndose de ella las provincias de Burgos, Valladolid, Palencia y León (…), pero los diferentes costes de transporte, detallados en el documento, hacen imposible la competencia de este producto con sus similares en el mercado (pág. 42). A finales del siglo XIX, la crisis debía ser ya muy importante, como se deduce de la Exposición al Excmo. Sr. Ministro de Hacienda por los salineros de Poza de la Sal (Burgos), publicada en 1899 en Burgos por la Imprenta y Librería Hijos de Santiago Rodríguez. Puede accederse al original en este enlace: http://imagenesbibliotecacentral.minhap.gob.es/pdfpublicaciones/Imagenfolleto/c0029_034.pdf. Es muy expresivo también lo en 1896 escribía el propietario de salinas Miguel Martínez Ballesteros (ver en este blog Poza de la Sal en “Euskal-Erria. Revista Bascongada” (1896)): (….) destruida (Poza) en su principal riqueza, casi arruinados sus propietarios de sal, totalmente los arrieros portadores y teniendo los granjeros y labradores que emigrar a las minas de hierro de Bizcaya si han de comer pan y patatas. En 1904, la prensa local anunciaba nuevos planes para extender los ferrocarriles secundarios y, al enunciar sus potenciales beneficios, afirmaba: La explotación de las salinas de Poza de la Sal, hoy sin importancia por falta de medios de comunicación, volvería a desarrollarse, exportando 4 o 5.000 toneladas, como en tiempos no muy lejanos (Diario de Burgos, 16/11/1904). Vendría después, ya en los años 20, el espejismo del inacabado Ferrocarril Santander-Mediterráneo (ver “El tren de la sal” de Benito del Castillo García, en Santander-Mediterráneo. El ferrocarril que perdió el norte, Editorial Dossoles, Burgos, 2011, págs. 195-213. Además de datos, consideraciones e imágenes de gran interés, Castillo reproduce pasajes muy curiosos de la mencionada Memoria de Pablo de Roda). La falta de rentabilidad de las salinas pozanas, limitadas para entonces a suministros muy localizados, se hizo ya insostenible a mediados del siglo XX, coincidiendo con la dramática despoblación del pueblo. Las últimas granjas en explotación en la década de 1960-1970 estaban en los valles de Lines y Rusalado. Con algunas escenas filmadas por mi padre en el año 1969 en Rusalado, editó mi hija Icíar un breve pero emotivo vídeo sobre los últimos trabajos en las salinas. Quiso ser un homenaje a los hombres y mujeres que trabajaron en el Salero. Son interesantes también el reportaje del Diario de Burgos “Poza, un pasado ligado a la ‘sal'” (05/12/1993) y la entrevista en la revista El Alfolí a Eugenia Ruiz (2015), hija del mítico Máximo Ruiz Quintanilla –salinero mayor de Poza- y una de las últimas personas que trabajó en la salinas, junto con su marido Esteban Quintanilla.

[7] Tomo los datos biográficos de la Galería Montañesa publicada en la portada del diario El Cantábrico de 04/12/1898, así como del artículo “Personajes. Pío Jusué y Barreda. Ingeniero de Minas”, aparecido en Tronel. Revista de la Escuela de Ingenieros de Minas y Energía de Torrelavega,  Universidad de Cantabria, núm. 15, año 2013, pág. 14. Manuel Bartolomé García publicó en 2016 en Ediciones Garcilaso una completa biografía del ingeniero cántabro, con el título Pío Jusué y Barreda: la gloria oculta.

[8] En realidad, era Conde consorte de la Cimera por su matrimonio con María Salomé de Mendinueta y Mendinueta. De familia también noble, fue Mariscal de Campo del Ejército Nacional. Es conocido por su retrato infantil del Museo del Prado, realizado por Agustín Esteve, discípulo de Goya y pintor de la Corte.

[9] El también ingeniero de minas Felipe Naranjo, que al igual que Jusué visitó las salinas de Poza, afirma en su mencionado artículo de 1841 que en lo interior de las minas no se conoce ningun medio de ventilacion natural ni artificial, y esta es la causa de que algunos años, según me aseguraron, hayan muerto tres y cuatro trabajadores asfixiados, sin duda por el gas ácido carbónico (pág. 108).

[10] Puede leerse en las páginas 263 y 264 de la Noticia de la salinas de Poza. Básicamente, su plan partía de la realización de excavaciones abiertas. Algo similar había propuesto Felipe Naranjo en su citado trabajo (ver págs.  108 a 110).

[11] La idea de las calderas para obtener la sal a fuego venía, al parecer, de tiempo atrás. Así lo acredita un documento del Archivo Municipal de Poza de la Sal, de fecha que debe ser cercana a 1775. El Concejo de la villa se dirige, o pretende dirigirse, al Marqués de Poza para que patrocine una súplica al Rey, en estos términos: Dijeron que por cuanto son imponderables los perjuicios que a esta villa, su común y la Comunidad de Herederos de sus Reales Salinas, y también  a los pueblos comarcanos, se siguen en la nueva planificación de calderas de hierro hecha por el Sr. Administrador de estas Salinas Reales… para fabricar a fuego artificial la sal… es por lo que imploran el patrocinio y auxilio de Su Excelencia, para que este pueblo pueda libertarse de la ruina total que la amenaza de subsistir esta fábrica de sal a fuego”. Tomo la referencia del documento mecanografiado, anónimo y sin fecha, pero que parece fiable, “Datos y noticias de la Villa de Poza de la Sal (Archivo civil). Años 1581 al 1867”.

[12]  Decreto 262/2001, de 22 de noviembre, de la Comunidad de Castilla y León, por el que se declara las Salinas, en Poza de la Sal (Burgos), bien de interés cultural con categoría de sitio histórico (BOE núm. 57, de 7 de marzo de 2002). El correspondiente Plan Director de la Salinas y su Entorno se finalizó en 2005 (ver http://patrimoniocultural.jcyl.es/web/jcyl/PatrimonioCultural/es/Plantilla100Detalle/1284180255460/_/1284238629108/Comunicacion?plantillaObligatoria=PlantillaContenidoNoticiaHome).

[13] Recogido por Feliciano Martínez Archaga en “Las Salinas de Poza en la Historia (y III)”, Diario de Burgos, 12/03/1974. Subo también, por si son de interés, los otros dos artículos de esta serie de enfoque histórico, escrita por el que fue párroco de Poza : “Las Salinas de Poza en la Historia de Castilla (I)” (Diario de Burgos, 24/02/1974) y “Poza y sus Salinas (II)” (Diario de Burgos, 05/03/1974). También los de Fray Valentín de la Cruz con esa misma perspectiva: “Archivo de las Salinas de Poza” (Boletín de la Institución Fernán González, nº 178, primer semestre de 1972, Burgos) y “Fray Velasco, procurador del Monasterio de Cardeña en Poza de la Sal” (Boletín de la Institución Fernán González, nº 213, segundo trimestre de 1996, Burgos). Sobre esa misma temática de las salinas de Poza en el Becerro Gótico de Cardeña, ver en este blog El Becerro Gótico de Cardeña (1086) y las primeras noticias documentadas de Poza de la Sal.

 

4 comentarios en ““Noticia de las salinas de Poza” (1851), del ingeniero Pío Jusué y Barreda

  1. Muy interesante entrada que nos hace ver la cantidad de documentación que sobre nuestras salinas de Poza existe y lo mucho que tenemos por descubrir.
    En 2017 me mostró ese artículo de la Revista minera Martín Barcina, pozano entusiasta, socio de nuestra Asociación , que vivió en su niñez y juventud la última actividad salinera y gran conocedor del patrimonio salinero por su experiencia personal además por lo que investiga sobre Poza y sus salinas. Entendí que se trataba de un documento excepcional y que se debía dar a conocer. Así el 28 de julio de 2018 realice una conferencia basada en dicho articulo “ Plan de mejora de las salinas a mediados del siglo XIX” en el auditorio Martin de la Fuente de Poza de la Sal. Una lástima que no funcionara el proyector y no pudiera acompañar la explicación con las diapositivas que para ello preparé
    Se trata de un documento realizado por un ingeniero experto en minas y que planteaba la introducción de nuevas técnicas para mejorar el rendimiento de las salinas y que no entendía la falta de interés para realizar dichos cambios por parte de los pozanos. La falta innovación y de adaptación del salero a un futuro más competitivo, ayudaron a que su declive fuera tan rápido, aunque difícilmente hubiera sido posible su disputa con la oferta de las salinas marinas mucho más eficientes.
    Describe magistralmente el funcionamiento da la salina tanto en la parte subterránea de fabricación de salmuera como la parte solar de obtención de la sal que tan bien expone nuestro amigo Eduardo Saiz en su libro.
    También es muy relevante la forma de organizar el reparto de suertes de muera, las adras, según categorías de las granjas y que se remontaba a derechos de mucho tiempo atrás.
    Resulta muy curioso también la forma artesanal que tenían los salineros pozanos de medir la graduación de salinidad de las mueras por medio de la flotabilidad de un huevo.
    Te vuelvo a dar la enhorabuena por tu blog y por tu trabajo de investigación y divulgación del patrimonio pozano

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    • Muchísimas gracias por tu comentario, Pablo. Me extrañaba, en efecto, que los que sois de verdad expertos en las salinas de Poza desconociéseis el artículo de Jusué, que es realmente importante, como he querido poner de manifiesto en la entrada y se demuestra por las cuestiones que tú apuntas. Lamento de verdad no haber estado al tanto de tu conferencia, que en justicia tendría que haber mencionado. Por lo demás, estoy muy de acuerdo contigo en que, pese a todo lo que avanzó Eduardo Sáiz y a lo que otros como tú habéis investigado sobre las salinas, queda mucha documentación por explorar, descubrir… y disfrutar, como ha ocurrido en mi caso en lo poco que me he asomado. Y enhorabuena, por supuesto, a tí y a los amigos de la Asociación por la formidable labor que venís realizando para la recuperación de las salinas como elemento central del patrimonio de Poza. La vuestra sí que es una contribución real e impagable. Un abrazo.

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  2. Fantástica aportación histórica y documental, sobre nuestras salinas.
    Con estos datos, se enriquecen nuestros conocimientos y dan lugar a seguir recabando toda la información posible, que sin duda nos agradecerán generaciones venideras.
    El Salinero que aparece en la foto individual, se llamaba PEDRO ORTEGA y como buen Pozano le apodaban “canene”.
    Era el mejor amigo y compañero de profesión de mi abuelo NEMESIO PÉREZ, apodado “malagueña”.
    Estos bajaron muchas veces al fondo de la caña como a faginar como “cañistas”, los dos eran no muy altos, lo cual les facilitaba la labor.
    Y por si está peligrosidad fuera poco, en invierno bajaban a trabajar andando a las minas de Gallarta.

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  3. Gracias por tu comentario, Martín. Me anima saber que los documentos que he compartido en la entrada te resultan útiles. Y muy de acuerdo con lo que dices respecto a la responsabilidad de hacer llegar a nuestros nietos la memoria de Poza.
    Por lo demás, son muy emocionantes las informaciones que aportas sobre Pedro Ortega y tu abuelo. Gente admirable…
    Quedo a tu disposición.
    Saludos cordiales.

    Jaime Urcelay

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