Belén Urcelay Igartua, Premio Vergara de Novela Romántica

Belén Urcelay Igartua en su librería El Jardín de las Letras (Foto: El Mundo. Bernardo Díaz).

Es un orgullo hacerme eco hoy en este blog, siempre atento a las informaciones sobre la estirpe de los Urcelay, de la concesión a mi sobrina Belén Urcelay Igartua del Premio Vergara de Novela Romántica.

Mi enhorabuena para ella, junto con el deseo de que siga cosechando éxitos como escritora vocacional y como emprendedora cultural, con ese sueño de librería-escuela que es El Jardín de las Letras, en pleno centro de Madrid.

Con motivo del mencionado galardón, Yo Dona, suplemento de el diario El Mundo, ha publicado una entrevista a Belén que merece la pena leer. Puede accederse a ella pinchando aquí.

Galería (VI). Los Urcelay Aramendi, de Azcoitia, leyendas de la pelota vasca

Retrato de estudio de Urcelay I (José María Urcelay Lersundi), realizado en 1920 por Indalecio Ojanguren.

Además del sacerdote y músico Ángel Urcelay Aldalur, de los primeros Urcelay ilustres de los que tuve noticia en casa fue de una saga de conocidos pelotaris que tenían también nuestro mismo apellido, originarios de Azcoitia, en el valle guipuzcoano del Urola, muy cerca, por tanto, del lugar de la antigua casa-solar de los Urcelay.

Y no era casualidad que estos destacados jugadores de pelota vasca hubieran nacido en Azcoitia. No en vano este rincón en el corazón de nuestra ancestral Euskalherría, a los pies del Macizo de Izarraitz, ha sido considerado la cuna y guardián de este deporte, la cátedra o templo de la pelota a mano (1).

Ciertamente, fue la práctica de este antiquísimo deporte, tan característico de la cultura vasca, la que dio relevancia pública a José María Urcelay Lersundi –Urcelay I– y a sus hijos Justino, José León e Iñaki Urcelay Aramendi –Urcelay II, Urcelay III y Urcelay IV, respectivamente-. Pero cuando uno tiene la oportunidad de profundizar un poco en estas figuras, se topa de inmediato con una historia quizá menos famosa, pero mucho más entrañable y meritoria: la de la familia Urcelay Aramendi y sus descendientes (Los Urcelay de José María y Josefa), desde el final de la Guerra Civil dispersos entre España, Argentina y Venezuela, pero admirablemente unidos en la fidelidad y la gratitud al legado familiar y cultural del matrimonio que formaron, en los inicios del siglo XX, José María Urcelay y Josefa Aramendi.

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Galería (V). El linaje de Santiago Urcelay Aranaz (Oñate, 1875) en Chile

El Diario Vasco, 21/09/2019.

En una entrada anterior de esta Galería, dedicada al famoso tenor mexicano Nicolás Urcelay, ya hice referencia a la diáspora de nuestro linaje guipuzcoano de los Urcelay o Ucelay en Hispanoamérica.

Ahora, un curiosísimo reportaje sobre los apellidos vascos en Isla de Pascua, aparecido hace apenas un año en El Diario Vasco (1), sirve de punto de partida para una primera exploración de la presencia del apellido Urcelay en la República de Chile.

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Galería (IV). Matilde Ucelay Maórtua (Madrid, 1912 – 2008), primera arquitecta española

Matilde Ucelay Maórtua (1912-2008) trabajando en el tablero de su estudio el 1 de enero de 1950 (Foto: EFE)

Ya he indicado en alguna entrada anterior de esta Galería de personalidades con apellido Ucelay o Urcelay (en su origen, es el mismo), que el monumental Diccionario Biográfico Español, de la Real Academia Española de la Historia, incluye en la voz Ucelay a tres personas: Pura Ucelay -remitiendo a Pura Maórtua Lombera-, Matilde Ucelay y José María Ucelay.

Del último citado he dado ya noticia (ver Galería (II). José María Ucelay Uriarte (Bermeo, 1903 – Bilbao, 1979), pintor original) por lo que es el momento de referirse a Matilde Ucelay Maórtua (Madrid, 1912 – 2008). Se trata de la primera mujer española titulada en arquitectura, campo en el que destacó con dedicación profesional plena durante 40 años y 120 proyectos realizados, pese a las importantes dificultades iniciales que hubo de enfrentar. Su biografía nos permitirá situar también a la mencionada Pura Ucelay, su madre, conocida por el apellido de casada e inquieta promotora cultural, notable por su amistad con el poeta Federico García Lorca, en cuyas iniciativas teatrales tomó parte.

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Galería (III). Nicolás Urcelay Alonzo (Mérida, Yucatán, 1919 – Tampico, Tamaulipas, 1959), «el Caruso del Mayab»

El tenor mexicano Nicolás Urcelay Alonzo (1919-1959)

Poco o nada conocido en España, el tenor mexicano Nicolás Urcelay Alonzo (Mérida, Yucatán, 1919 – Tampico, Tamaulipas, 1959) fue una celebridad en su país, especialmente en su región natal de Yucatán –el Mayeb-, donde todavía hoy es recordado y reconocido como uno de los más notables cantantes líricos de México.

Para el propósito de esta Galería es también significativo por su pertenencia a una estirpe del apellido Urcelay que, desde su llegada a México en el siglo XVIII, destacó como una de las familias más relevantes de la vida yucateca y que hoy tiene continuidad a través de sus descendientes.

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Galeria (II). José María Ucelay Uriarte (Bermeo, 1903 – Bilbao, 1979), pintor original

El pintor José María Ucelay en 1947

NOTA.- En el  recorrido por los personajes ilustres del linaje Ucelay o Urcelay llego hoy al pintor José María Ucelay Uriarte (Bermeo, 1903 – Bilbao, 1979), bien conocido entre quienes se hayan acercado a la cultura vasca del siglo XX. El que fuera también Director de Bellas Artes del efímero Gobierno Provisional del País Vasco del principio de la Guerra Civil, es uno de los dos Ucelay o Urcelay que figuran en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia.

Sobre él y su obra pictórica y escenográfica hay publicadas bastantes referencias fácilmente accesibles.  Muy poco -por no decir nada- es lo que aquí podría yo aportar de novedoso sobre su semblanza humana y artística o sobre el contexto cultural en el que vivió. Me limitaré, por tanto, a presentar una reseña de esos aspectos, tomada de los biógrafos del famoso pintor, para centrarme después en su genealogía familiar por vía paterna, es decir la de su apellido Ucelay, y, por último, en alguna consideración más personal.

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Galería (I). Ángel de Urcelay Aldalur (Zarauz, 1904 -1992), sacerdote e impulsor de la música coral

Don Ángel de Urcelay en Zarauz en un verano de los años 60. Le acompaña su amigo el compositor Francisco Escudero (Foto: ERESBIL. Archivo vasco de la música)

NOTA.- En el contexto de mi interés por todo lo relacionado con el linaje Urcelay o Ucelay (ambos, originariamente, fueron el mismo apellido), inicio con esta entrada una recopilación o galería de biografías de quienes en el linaje han tenido mayor relevancia pública.

Solo dos Urcelay o Ucelay -la arquitecta Matilde Ucelay Maórtua (Madrid, 1919-2008) y el pintor José María Ucelay Uriarte (Bermeo, 1903-1979)-  aparecen entre las 40.000 biografías de personajes relevantes en la historia de España, desde el siglo VII a. de C. hasta la actualidad, recopiladas en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia. Pero, como tendré ocasión de presentar en esta serie, hay algunos otros Urcelay o Ucelay que han conseguido notoriedad pública, mereciendo formar parte de nuestra memoria. Alguno de fuera de nuestras fronteras, como es el caso destacado del cantante operístico mexicano Nicolás Urcelay Alonzo (Mérida, Yucatán, 1919-1959).

Uno de ellos es precisamente la personalidad con la que arranco ahora esta serie: el sacerdote y músico Ángel de Urcelay Aldalur (Zarauz, 1904-1992). Y quiero que sea el primero por una razón sentimental: en mi propia familia era considerado nuestro «pariente» con más renombre.

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Conservar la memoria de nuestros antepasados

Urcelay«La familia, la actual con la que convivimos y la pretérita formada por nuestros antepasados, constituye nuestro humus vital y nuestro patrimonio hereditario, tanto en el sentido genético como en el de esos valores y costumbres que se transmiten de generación en generación a partir de la educación y las formas de vida.

Podemos así pensar que cada uno de nosotros somos en parte personalidades singulares e inéditas, pero en parte también mimetizamos y recapitulamos rasgos físicos y espirituales del linaje familiar al que pertenecemos, de la tradición familiar en la que estamos insertos.»

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Los pleitos de hidalguía en Guipúzcoa. Expedientes del apellido Ucelay o Urcelay (y II)

Repostero perteneciente a mi familia con las armas del apellido Ucelay o Urcelay

Explicada en la primera parte de esta entrada la finalidad y el contenido de los expedientes de hidalguía en Guipúzcoa, puede entenderse bien hasta qué punto estos documentos resultan fundamentales para la investigación genealógica de un apellido de aquel origen y para la reconstrucción de ramas familiares. En ellos encontramos, en efecto, muchísima información útil.

Hay que tener en cuenta que la elaboración de los expedientes de hidalguía se remonta nada menos que a la segunda mitad del siglo XV. Las Juntas Generales de Guipúzcoa fueron diciendo cómo tenían que instruirse, hasta que en 1773 se llega a la redacción de un procedimiento uniforme. Va además unido al mandato a todas las villas para que elaborasen su propio Libro de Matrícula o Padrón de Hijosdalgo, obligando a las familias que no estuvieran en regla a formar expediente probatorio (Instrucción de Olabe).

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Los pleitos de hidalguía en Guipúzcoa. Expedientes del apellido Ucelay o Urcelay (I)

Sello con el escudo originario de la Provincia de Guipúzcoa. 1514.

El antiquísimo reconocimiento en la Corona de Castilla de la hidalguía de las familias originarias de Guipúzcoa y Vizcaya es tema poco conocido para la mayoría de los españoles de hoy, si exceptuamos las grotescas reminiscencias de aquella realidad en la popular película de cine «Ocho apellidos vascos».

Pocos saben, en efecto, que desde el siglo XVI existió, ya plenamente desarrollada, una presunción universal de hidalguía de guipuzcoanos y vizcaínos. Por ella, todos los solares o caseríos de estas tierras eran nobles y, por ende, lo eran también los descendientes de aquellos, independientemente de su nivel social. Es lo que el P. Manuel Larramendi llamó en el siglo XVIII el igualitarismo vasco, que no deja de ser un profundo sentido de la universalidad basada en el respeto de los fueros de la personalidad humana, como escribió el ilustre genealogista Juan Carlos de Guerra.

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