Hijos ilustres de Poza de la Sal: Guillermo Alonso Bolinaga (1861-1916), pintor y maestro vidriero

Mis hijas contemplando asombradas las vidrieras del ábside de la catedral de León, en cuya restauración y reposición participó decisivamente el pozano Guillermo Alonso Bolinaga (Imagen: J. Urcelay).

A Yolanda, de los Movilla, pozana de hoy y también maestra vidriera.

Quizá pocos en Poza de la Sal (Burgos) habrán oído hablar de Guillermo Alonso Bolinaga, nacido en nuestra villa el 10 de febrero de 1861, hijo de Antonio Alonso Alonso -también pozano, de oficio confitero, con comercio en el pueblo- y de Juliana Bolinaga, natural de la vecina Castil de Lences.

Hay, sin embargo, buenos motivos para guardar entre nosotros memoria de su nombre y sentirnos orgullosos de él.  Este desconocido y modesto hijo de Poza de la Sal, de oficio pintor y maestro vidriero, tuvo una destacada participación, entre 1895 y 1905, en la restauración y fábrica nueva de las célebres vidrieras de la catedral de León. Y, a partir de la experiencia acumulada en esa formidable empresa, su taller dio en el período 1896-1919 un decisivo impulso a la resurrección del arte de la vidriería, prácticamente desconocido y olvidado en España durante el siglo XIX.

En efecto, el Taller de Vidriería Artística de A. Bolinaga y Cía, nacido del genio y la extraordinaria personalidad del arquitecto leonés Juan Bautista Lázaro de Diego (León, 1849 – Ciempozuelos, Madrid, 1919) y puesto bajo la dirección artística de la mano maestra del pozano, desplegó, en poco más de dos décadas, una enorme actividad, de la que da que es fácil encontrar su huella por buena parte de nuestra geografía. La catedral del Buen Pastor, en San Sebastián (1896); basílica de Santa María la Real, en Covadonga (1901); catedral de Almería (1901); basílica de La Milagrosa, de los Padres Paules, en Madrid (1902-1903); claustro alto y la capilla del Santo Cristo, en la catedral de Burgos (1903-1905); o la basílica de Santa María la Mayor, en Pontevedra (1909), son solo algunos ejemplos de una larga lista de vitrales que salieron del reconocido taller dirigido por Guillermo Alonso Bolinaga.

Vidriera y factura de 1902 del Taller de Vidriería Artística de A. Bolinaga para la escalera a las aulas de la Escuela Industrial de Obreros, de León. La vidriera costó cien pesetas (Imagen: Sierra Pampley).

Fragmentos de la biografía de Guillermo Alonso Bolinaga

No disponemos de muchos datos de la biografía de nuestro paisano. Pero, con todo y siguiendo en sus líneas generales la investigación realizada por Barrio y Zaparaín (2007), resulta incontestable, en primer lugar, que su cuna es pozana, aunque su trayectoria artística esté vinculada a la ciudad de León. En nuestra tierra discurrieron también los primeros años de la vida del que sería notable artista vidriero.

En el Archivo Parroquial de Poza figura su inscripción de bautismo, con los datos que he transcrito al principio. Sabemos también, por la misma fuente, que sus padres se habían casado en 1856 y que tuvieron seis hijos: Manuel, Regina, Guillermo, Julián, Pelaya y Ladislao, dos de los cuales murieron siendo niños. Quizá haya que añadir también a Saturnina, Hija de María, fallecida en Poza en 1896, siendo aún joven.

Cuando Guillermo abre los ojos, tenía Poza en torno a 2700 habitantes, siendo una de las principales poblaciones de la provincia de Burgos. La prosperidad de nuestra villa burebana se basaba en sus importantes salinas, explotadas todavía por entonces en régimen de estanco de la Real Hacienda. Aunque ya en aquellos años presentaban algunos problemas de producción, la antiquísima fábrica de sal se encontraba todavía en su esplendor. Será muy poco después, con la Ley que en 1869 declaró libres la fabricación y venta de sal, cuando se inicie el progresivo y acelerado declive que culminará en la completa decadencia a final del siglo XIX.

En 1874, cuando Guillermo acababa de cumplir la edad de 13 años, falleció su padre. Por disposición testamentaria, la tutoría y curaduría de los hijos menores de edad de la familia Alonso Bolinaga le fue encargada a su tío materno Clemente Bolinaga, canónigo de la catedral de León.

Cuadro al óleo Sevillana, firmado G. Alonso Bolinaga. De fecha desconocida, bien puede tratarse de una obra juvenil (Imagen: Gran Vía de Bilbao Subastas).

Alumno de la Escuela Especial de Pintura, en Madrid

En 1884, con 23 años, le encontramos iniciando sus estudios en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado, en Madrid, teniendo como profesores a notables artistas de la época, entre ellos el arquitecto Juan de Madrazo y Kunt (Madrid, 1829 – 1880).

Los registros de la Escuela, mientras permaneció en la misma entre 1884 y 1890, dan idea de una llamativa irregularidad académica, lo que pudo deberse a la necesidad de compatibilizar sus estudios con algún trabajo que le permitiera sostenerse económicamente.

La existencia de una solicitud, en 1885, de una pensión de estudios a la Diputación Provincial de Burgos -cuya concesión no consta-, confirma esta situación de precariedad económica por la pérdida de sus padres y otras desgracias de familia, según argumentaba el entonces estudiante.

En 1888 tenía ya alguna relación con la catedral leonesa, quizá propiciada por su citado tío canónigo, Clemente Bolinaga. Consta, en efecto, que ese año recibió autorización del cabildo para que copiase algunas pinturas conservadas en la catedral.

En 1889 y 1891 aparece en los respectivos listados de las oposiciones para cubrir las cátedras vacantes de Dibujo de adorno y figura de las siete Escuelas de Artes y Oficios de provincias. No debió conseguir plaza, pues, años después, en 1899, se le nombra profesor de dibujo de la Escuela Normal de León.

Guillermo Alonso Bolinaga en el Catálogo la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890 (Edición Oficial. Imprenta de Fortanet. Madrid, 1890).

En 1890 figura entre los artistas del catálogo de la Exposición Nacional de Bellas Artes como natural de Poza de la Sal, discípulo de la Escuela Especial de Pintura. El título del dibujo a pluma presentado –Recuerdos de León– confirma su vinculación con esta ciudad antes de su participación en la restauración de la catedral, de la que en seguida pasaré a ocuparme.

Mención de la Medalla de Bronce obtenida por Guillermo Alonso Bolinaga en el «Catálogo General de Expositores y Premios Adjudicados» de la Exposición Regional Leonesa de 1892 (Imprenta de los herederos de Ángel González, León, 1893).

En 1892 obtuvo la medalla de bronce en la Exposición Regional Leonesa, en la que presentó varios cuadros al óleo y a pluma. Se le registra como de León.

En la magna obra de restauración de las vidrieras de la catedral de León con Juan Bautista Lázaro

Vidrieras de los siete ventanales del ábside de la catedral de León, llevadas a cabo en el taller bajo la dirección artística de Guillermo Alonso Bolinaga (Imagen: Rodríguez Vega, R., 2013).

Con estos antecedentes, que debieron darle un cierto reconocimiento como pintor en la ciudad de León, el momento decisivo en la trayectoria artística de Guillermo Alonso Bolinaga llegó en torno a 1892.

Ese año, el ilustre arquitecto Juan Bautista Lázaro de Diego fue nombrado director facultativo para la continuación de las obras de restauración de la catedral de León, iniciadas a mediados de siglo ante el gravísimo estado de ruina de este monumento.

Después de más de casi medio siglo de complejísimos y constantes trabajos, a los que toda España miraba, le faltaba a la catedral de León, como resume poco después el arquitecto auxiliar Vicente Lampérez y Flórez (1901), recuperar sus galas, adornarse y embellecerse con los colores de las vidrieras, el oro de los altares, el brillo del pavimento y la variedad de las tallas, de los repujados y de las cinceladuras.

Ese era el desafío al que se enfrentaba Lázaro, probado arquitecto en obras de restauración y conservación, profundamente enamorado del cuerpo y el alma de la catedral de su ciudad natal y conocedor a fondo de los trabajos de sus predecesores. Era hombre, además, al que, a partir de un personalísimo y muy elaborado enfoque de cómo debían tratarse los monumentos históricos, preocupaba la revitalización de las técnicas y los oficios artesanales.

Impresionante vista de la restauración que salvó de la ruina la catedral de León. La obra fue iniciada en 1859 y terminada, oficialmente, en 1901 (Imagen: Lampérez, V., 1901).

De acuerdo con la investigación llevada a cabo por Díez García-Olalla (2015) y pese a que algunos datos son confusos y contradictorios, Lázaro debió contar desde muy pronto con el joven pintor pozano para su reto más importante: la recuperación de los vitrales, una tarea que no había podido acometerse todavía por la necesidad previa de consolidación estructural del templo. ¿Por qué le eligió? Quizá porque ya sobresalía entre los pintores activos en León o porque había sido discípulo de Madrazo en la Escuela de Madrid, aunque de nuevo no puede descartarse la influencia de su tío el canónigo Clemente Bolinaga, activo miembro de las comisiones diocesanas para las obras.

Lázaro tenía claro que la complejidad y magnitud de la restauración de las vidrieras, el tesoro más importante y delicado de la Pulchra Leonina, pasaba, antes de nada, por formar especialistas locales. El arte de la vidriería estaba prácticamente perdido en España y, además, era necesario tener a la vista los vidrios originales, para aquel entonces totalmente desmontados y guardados en cajas, con cierto desorden. Había que crear un taller a pie de obra, con las mismas técnicas y procedimientos usados en la Edad Media, descartando el concurso internacional que, hasta entonces, se había visto casi como inevitable, pues parecía que solo los artesanos ingleses, franceses o alemanes serían capaces de afrontar una labor que se juzgaba imposible para los españoles.

El primer paso dado por el recién estrenado arquitecto director, al que dedicó los tres primeros años (1892-1894), mientras terminaba otros trabajos constructivos pendientes, fue estudiar a fondo, sirviéndose de libros antiguos casi perdidos, los métodos históricos del arte de la vidriería. A la vez, se dedicó al examen detallado, clasificación y copia de las primitivas vidrieras de la catedral, con un sentido y un respeto verdaderamente arqueológicos. Cabe suponer que Alonso Bolinaga debió colaborar en estas primeras labores.

A la izquierda, el arquitecto Juan Bautista Lázaro de Diego (Imagen: La Ilustración Española y Americana). Derecha, el maestro vidriero Antoni Rigalt i Blanch (Imagen: Núria Gil i Farré).

Discípulo del Taller de Antoni Rigalt. Primeras realizaciones de Guillermo Alonso Bolinaga

Según anota un testigo de excepción -el ya citado arquitecto auxiliar Vicente Lampérez (1901)-, Lázaro sometió la enseñanza de dos modestos artistas leoneses, los Sres. Bolinaga, pintor, y Moncada, ajustador vidriero, al reconocido taller modernista de Antoni Rigalt i Blanch (Barcelona, 1850 – 1914). Era el único que ofrecía, por entonces, una calidad equiparable a la de los mejores talleres europeos. Lázaro había conocido al artista catalán en Barcelona en 1888 y parece que, inicialmente al menos, contó con él como maestro vidriero para la catedral de León, pese a sus dificultades para desplazarse.

Durante esta época de aprendizaje, Alonso Bolinaga debió participar con Rigalt en los ensayos ordenados por Lázaro para ir preparando la obra de León. Tras unos primeros intentos poco satisfactorios y la introducción de técnicas diferentes por el propio arquitecto, los resultados de las pruebas acabaron siendo excelentes, consiguiendo una sorprendente semejanza con los vitrales primitivos.

Dibujos de Guillermo Alonso Bolinaga del estado de conservación de sendos ventanales altos de la nava mayor de la catedral de León antes de proceder a su restauración (Imagen: Díez García-Olalla, J., 2015).

En dos años, el soñado taller de vidriería de la catedral estaba ya funcionando de hecho, pese a que el primer proyecto de vidrieras, dedicado a la restauración y reposición de los grandes ventanales y rosetones de la parte alta del templo, no se aprobó oficialmente hasta diciembre de 1895. Con la colaboración de Rigalt, en 1894 se restauró el espectacular rosetón occidental. Alonso Bolinaga -puede leerse en una comunicación oficial de ese año- había emprendido la restauración de la vidriería de la catedral con gran habilidad y pericia en este arte tan difícil, por lo que, meses después, Lázaro le hizo maestro del taller.

Rosetón de la fachada occidental de la catedral de León, el primero en ser restaurado en el XIX (Imagen: Saúl Tuñón Loureda).

Creación del Taller de Alonso Bolinaga

Muy poco después, en 1896, los trabajos quedaron paralizados temporalmente por falta de presupuesto público. Decidió entonces Lázaro, para evitar la dispersión de los artistas y operarios que tanto había costado formar, crear un taller paralelo que les agrupase y que pudiese realizar trabajos para el exterior.

De este nuevo taller quedó encargado Alonso Bolinaga. Había nacido el Taller de Vidriería Artística Guillermo A. Bolinaga y C.ª, que, gracias al extraordinario aprendizaje en la catedral leonesa, alcanzaría tanta relevancia por toda España en años posteriores.

Anuncio de prensa de 1902 del Taller de Guillermo Alonso Bolinaga. Contaba, tal y como puede leerse en la parte inferior, con una sucursal en Madrid del propio Juan Bautista Lázaro y dirigido, a partir de 1907, por Vicente Lampérez.

Pronto, no obstante, pudieron restablecerse los trabajos en la catedral, funcionando a partir de entonces dos talleres en paralelo, pero vinculados, hasta el punto de que compartían los materiales: el de la propia catedral, situado en la construcción de Puerta Obispo, de cuya dirección artística quedó encargado Alberto González Gutiérrez, y el que hemos visto asumió Alonso Bolinaga, que en 1896 había ya realizado, con mucho éxito y tras un reñido concurso internacional, las ya mencionadas vidrieras de la catedral del Buen Pastor, en San Sebastián.

Vidriera de la historia de la Virgen del Camino, de la catedral de León, obra del taller de Alonso Bolinaga (Imagen: Wikiwand. Catedral de León).

Hasta 1898 ambos talleres participaron en la restauración de los vitrales de la nave alta de la catedral leonesa -las llamadas vidrieras viejas– y, desde ese año hasta 1901, en la reparación y colocación de las cuarenta y cinco de las capillas absidiales y la arriesgada fábrica nueva y colocación de las vidrieras perdidas de la parte baja. Parece que durante este tiempo se mantenía algún tipo de vinculación con Rigalt.

En concreto, el taller de Alonso Bolinaga realizó la restauración de algunos de los ventanales de mayor complejidad y, a partir de 1899, las vidrieras nuevas de las ventanas bajas del crucero, entre ellas los pasajes de la historia de la Virgen del Camino.

Durante este tiempo, el taller de Alonso Bolinaga realizó también vidrieras para particulares y otros edificios, principalmente religiosos, proyectados por Lázaro, su ayudante Juan Crisóstomo Torbado Flórez (Galleguillos de Campos, León, 1867 – 1947) y otros arquitectos. Destacan, en esta época, los vitrales de la iglesia del convento de las Hermanas Carmelitas de la Caridad, en Torrelaguna (Madrid), los de la capilla del asilo de la Sociedad Protectora de los Niños, en Madrid, y la iglesia de Santa María de la Asunción, en Castro Urdiales (Cantabria).

«Arquitectos Lázaro y Torbado con los maestros vidrieros y los operarios poco después de la reapertura de la catedral el año 1901» (Imagen: fototipia de Hauser y Menet, reproducida en González Varas, I., 1993).

El final de las obras de la catedral de León

Por fin, en 1901 y tras casi medio siglo de unas obras que tuvieron enorme proyección pública, se procedió a la solemne apertura al culto de la catedral de León. Tuvo lugar en medio del reconocimiento popular y el de las instituciones artísticas para Juan Bautista Lázaro y su equipo de colaboradores, hacia quienes el arquitecto, de llamativa humildad personal, derivaba sistemáticamente el éxito de la empresa.

Entre otros honores, ese mismo año Lázaro recibió la Gran Cruz de la Real Orden de Isabel la Católica; su arquitecto auxiliar, Torbado, la Encomienda de la misma orden; y los pintores Alberto González y Guillermo Alonso Bolinaga y el delineante Ramón de Medina, la Cruz sencilla de la Real y distinguida Orden Americana de Isabel la Católica, en atención a los especiales servicios prestados en la restauración de la catedral de León.

Sus nombres quedaron inmortalizados en las inscripciones de la pequeña roseta de la capilla de Nuestra Señora del Carmen de la catedral. En gran tamaño aparece la fecha 1901 y en una cartela, rodeando el trono de la Virgen, las firmas de los artífices de las restauraciones: “Juan Bautista Lázaro arquitecto”, “Juan Crisóstomo Torbado arquitecto”, “Alberto González Gutiérrez pintor” y “Guillermo Alonso Bolinaga pintor”.

Como se escribió en aquellos días, las vidrieras realizadas en León, según los procedimientos antiguos, se integraban perfectamente con la arquitectura gótica y poseían la misma hermosura que las que fueron construidas en la Edad Media y en los albores del Renacimiento.

Se trata nada menos que 737 vidrieras, con casi 1800 metros cuadrados, que forman la colección más rica y completa de España y una de las más importantes del mundo. 664 metros cuadrados fueron construidos ex novo.

Con la apertura del templo, el taller de vidriería de la catedral quedó desmantelado y tanto su personal como sus materiales sobrantes pasaron al taller que compartían Lázaro y Alonso Bolinaga, situado en la Plaza Omaña núm. 3, en León. Hasta 1905, este aún realizó algunos trabajos de los espacios de la catedral en los no se había podido intervenir por estar dedicados provisionalmente al mantenimiento del culto. Fueron, en concreto, las vidrieras de la capilla de Santiago y la de la Virgen del Dado.

Dos de las vidrieras de la Capilla del Santo Cristo, de la catedral de Burgos, realizadas por el taller de Guillermo Alonso Bolinaga en el año 1903 (Imagen: J. Urcelay).

Años posteriores del Taller de Vidriería Artística A. Bolinaga de León

En esos años, el taller de Lázaro y Bolinaga prodigó sus obras por toda España, tanto en la restauración de vidrieras históricas como en la fabricación de las que acompañaron edificios civiles y religiosos, en gran parte obra del propio Lázaro o de quien había sido su ayudante en León, Torbado. Los pedidos eran incesantes. Según puede leerse en Diario de Burgos (19/08/1904), en el escaso tiempo que llevan funcionando han producido ya gran número de obras de subido mérito, muy admiradas por los inteligentes.

Las credenciales del anuncio que por entonces publicaban en la prensa resultaban inapelables: se ejecutan toda clase de vidrieras pintadas, por los artistas que han llevado a cabo la restauración de la Catedral de esta ciudad.

Caracterizó a este taller, según Revuelta (2008), un fuerte neogoticismo, tanto en la técnica como en el estilo. Siguió la tradición medieval de utilizar vidrios coloreados en su masa y grisalla cocida al horno. En cuanto a la paleta de color, emplearon mayoritariamente amarillos, rojos y azules, lo que confirma la influencia de las vidrieras medievales de la catedral de León. No obstante, acabará introduciendo modos de la vidriera flamenca y renacentista.

Bolinaga, precisan Barrio y Zaparaín (2003), parece encontrarse más cómodo recurriendo al corte de las piezas de vidrio y a su emplomado que a la pintura al fuego sobre el vidrio, donde se necesita un buen manejo del dibujo, en la que los resultados suelen ser más discretos.

Diario de León, 29/01/1916

En 1908, una fatal enfermedad obligó al genial Lázaro a abandonar toda actividad profesional, asociándose Alonso Bolinaga con el reconocido poeta y periodista local Isaac Martín Granizo (León, 1880 – 1909), quien falleció al año siguiente.

El 5 de abril de 1915, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando nombró a Alonso Bolinaga académico correspondiente en León y vocal de su Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos.

El 25 de enero de 1916, el Diario de León se hacía eco de que se encontraba enfermo de algún cuidado, y pocos días después, el 29 de enero, el mismo periódico daba cuenta del fallecimiento ayer en esta capital del conocido dueño de los talleres de «Vidrieras Artísticas», nuestro buen amigo don Guillermo A. Bolinaga. Fue enterrado en la misma ciudad.

T. Gala le dedicó una columna también en el Diario de León con el título Murió el artista (16/02/1916), en la que además de calificarle como cristiano fervoroso y fervoroso artista, lamenta que las necesidades de la vida y las circunstancias actuales le obligaron a trabajar últimamente en la vidriera modernista; empero semejante estilo no constituía su predilección.

A la muerte de Guillermo Alonso Bolinaga, pasó el taller a ser dirigido por su hermano pequeño, el sacerdote Ladislao Alonso Bolinaga -capellán de la parroquia de San Martín, de Madrid-, quien nombró encargado a David López Merille (Quiroga, Lugo, 1888 – León, 1919), antiguo aprendiz. En 1919, este se hizo también con la propiedad del taller, cambiando el nombre a Vidrieras de Arte. Mantuvo la actividad hasta 1961, bajo la estela del que había sido su maestro, del que públicamente se proclamaba sucesor.

Principales trabajos del Taller de Guillermo Alonso Bolinaga

Además de los trabajos que ya se han ido citando a lo largo del precedente texto, he podido recopilar los siguientes. Impresiona el número y la importancia.

En primer lugar, realizó trabajos totales o parciales para edificios proyectados o relacionados con Lázaro: iglesia de San Andrés, en Astorga, León (1897); restauración del monasterio de San Miguel de la Escalada, en Gradetes, León (1898 y 1905); iglesia de las Reparadoras, en Madrid (1900); asilo de San Dionisio, en Pradoluengo (Burgos) (1901); panteón de la familia Mata en el cementerio de La Bañeza (1903); restauración de la basílica de San Isidoro, en León (1904); monasterio de la Visitación de Santa María, de monjas Salesas, en Burgos (1905-1906); colegio-asilo de San Diego y San Vicente, en Madrid (1906); e iglesia de Nuestra Señora del Mercado, en León (1906).

Vidriera de San pedro de la capilla mayor de la iglesia de Santa María, en Aranda del Duero (Burgos) y detalle de la firma en su parte inferior A. Bolinaga. León (Imagen: Barrio, E. y Zaparaín, M.J., 2007

También, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en Torrelavega (Cantabria) (1897); iglesia de San Francisco de la Vega, en León (1902-1903); iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, en Oviedo (1903); y restauración de la iglesia de Santa María, en Aranda del Duero (Burgos) (1917). En la prensa leonesa de la época pueden encontrarse asimismo referencias a su participación en las vidrieras del edificio de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León, Ayuntamiento de Astorga (León); iglesia de San Marcelo, de León; y el antiguo Hospital de San Antonio Abad, también de León.

La influencia, por lo demás, de este taller fue muy grande, habiéndose llegado a afirmar que sería la base sobre la cual se asentaría la resurrección de este arte perdido en España durante varios siglos.

Militancia carlista de un artista burgalés, tan inteligente como modesto

Fuera de su faceta de artista, es muy poco lo que he podido encontrar de la vida de Guillermo Alonso Bolinaga. Quizá explique este silencio ese rasgo de modestia al que se hacía referencia en el completo reportaje que dedicó Diario de Burgos al taller de Lázaro y Bolinaga cuando, en 1904, se planteaba su instalación en la capital burgalesa para completar las vidrieras de su catedral:

Para Burgos, la vidriería leonesa tiene una circunstancia especial que debe atraerla toda clase de apoyos y simpatías, y es que al frente de ella se encuentra un artista burgalés, tan inteligente como modesto, D. Guillermo Alonso Bolinaga, a cuyo entusiasmo y laboriosidad se deben en gran parte los éxitos conseguidos.

La más arriba mencionada necrológica de Diario de León, decía de él:

Deja el finado una vida llena de honradez laboriosa, y supo poner alto el nombre de León con sus alabados talleres, de los cuales habla elocuentemente nuestra incomparable Catedral.

Era el finado persona habilísima, dibujante y en su trato afable y bondadoso. Pertenecía al Consejo de la Adoración Nocturna.

No parece, por otro lado, que nuestro artista llegase a contraer matrimonio ni tener descendencia. Así puede deducirse, con cautela, de la referida nota necrológica de Diario de León, en la que el pésame se ofrece a su familia en su justo dolor, especialmente a sus hermanos doña Pelaya y don Ladislao Alonso Bolinaga.

Recorte de El Correo Español (06/05/1899) con los componentes de la Junta Carlista de León. Como Secretario figura Guillermo Alonso Bolinaga y como Vicesecretario el poeta y periodista Isaac Martín Granizo.

Sí es patente que militó activamente en el carlismo, según se desprende de algunas noticias de la prensa de la época que dan cuenta de su pertenencia, en diferentes momentos, a la Junta Carlista provincial de León. Compartió estos ideales tanto con su maestro y socio Juan Bautista Lázaro -diputado en las Cortes en 1896-1898 por el Partido Integrista-, como con el mencionado Isaac Martín Granizo, su socio en 1908-1909 y también miembro de dicha Junta. En 1912, Alonso Bolinaga pintó el reverso de la bandera de las Juventudes Tradicionalistas de León.

Como se apunta en las referencias de la prensa de Diario de León al producirse su muerte, se trataba de un fervoroso católico, lo que es coherente con el principal objeto de su dedicación artística y con su citada militancia política. La citada pertenencia al Consejo de la Adoración Nocturna, la cercanía desde pequeño a su tío y mentor, el canónigo de la catedral leonesa Clemente Bolinaga, y la condición sacerdotal de su hermano menor, Ladislao, terminarían, de alguna manera, de cerrar el círculo de las evidencias de su religiosidad.

En este mismo sentido, la vinculación con Lázaro debió ir más allá de lo profesional, compartiendo, no solo la pasión por el arte, sino también una misma cosmovisión y un mismo espíritu. Para aquel, el gótico era la formulación estilística que mejor se adecuaba a la experiencia cristiana. La arquitectura neogótica, en la que empeñó su talento, no dejaba de ser, en este sentido, una contribución a la necesaria reevangelización de España. Los vitrales eran la esencia o alma de las catedrales medievales; les correspondía la creación de una atmósfera de luz idónea para el encuentro personal con Dios, con un gran potencial catequético a través de la iconografía.

El arquitecto leonés era hombre de honda y coherente fe y de un generosísimo compromiso con diferentes obras sociales de la Iglesia católica. Para él, como destaca Díez García-Olalla (2015), no solo era necesario recuperar el espíritu que llevó a la edificación de las construcciones (de la Edad Media), al menos en su parte material y técnica, sino también, para que la restauración fuese completa, el fervor religioso que existió cuando se construyeron las catedrales góticas; de ahí que esta recuperación fuese también uno de sus objetivos personales. Es muy probable que Guillermo Alonso Bolinaga participase de estas mismas inquietudes.

En este capítulo más personal, debe apuntarse finalmente que nuestro artista era tío de la poetisa y escritora Josefina Bolinaga (Valmaseda, Vizcaya, 1880 – Madrid ?, c. 1965).

Vitral de la basílica de Covadonga, obra del taller de Guillermo Alonso Bolinaga (Imagen: J. Urcelay).

Guillermo Alonso Bolinaga, un pozano en el sueño de luz

Hasta aquí cuanto he podido investigar sobre este ilustre y desconocido hijo de Poza de la Sal.

Hace ahora justamente un año llevé a dos de mis hijas a conocer la catedral de León. Quedaron asombradas ante la experiencia espiritual y estética de la contemplación de las vidrieras, del sueño de luz de esa originalísima obra ojival en la que, como escribió el propio Lázaro, el artista no empleó más piedra que la absolutamente necesaria para sostener y hacer marco a las vidrieras. Orgulloso, no pude dejar de presumir ante ellas de que en la restauración de ese sueño había participado muy significativamente un pozano, injustamente olvidado.

Este verano le ha tocado el turno, en nuestras visitas culturales familiares, a la basílica de Covadonga, en Asturias. Y allí nuevamente nos hemos topado con la huella artística de Guillermo Alonso Bolinaga, artífice, en este caso, de unas vidrieras con motivos vegetales y geométricos, discretas, pero de no poco mérito y bien armonizadas con la arquitectura neogótica de la Basílica.

Me ha llenado de ilusión comprobar que mis hijas ya se han dado cuenta de que, cuando en España se contemplan vidrieras de estilo medieval, restauradas o de nueva construcción, conviene preguntarse si no habrán salido del taller de este ilustre y desconocido artista, hijo de Poza de la Sal.

Jaime Urcelay

(Actualizado el 16/09/2022).

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Como en tantas otras cosas de Poza, debo la primera noticia sobre Guillermo Alonso Bolinaga a Feliciano Martínez Archaga, quien en su imprescindible Poza de la Sal y los pozanos en la Historia de España (Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2009, 2ª ed., pág. 234) captura el dato de su nacimiento pozano de la página 20 de la Guía para visitar la Catedral de León de Cipriano Fernández Robledo, reeditada en León en 1912.

A partir de ahí y para el desarrollo de la entrada me he valido, básicamente y en ocasiones casi literalmente, de las siguientes fuentes:

– Barrio Solórzano, Enrique y Zaparaín Yáñez, María José. 2007. «La iglesia soñada. Guillermo Alonso de Bolinaga en Burgos y las vidrieras de Santa María de Aranda de Duero», en «Biblioteca: estudio e investigación», núm. 22, 2007.

– Corral Hospital, Beatriz. 2015. «Vidrieras de la catedral de León». Trabajo de Fin de Grado. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Valladolid, junio-julio 2015.

– Díez García-Olalla, Jorge. 2015. «Juan Bautista Lázaro y la restauración monumental: su intervención en la Catedral de León (1892-1909)». Tesis doctoral. Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Universidad Politécnica de Madrid.

– F.R.R. 1961. «Hombres de León: Don David López Merille». En «Tierras de León, núm. 2, año 1. Instituto Leonés de Cultura, diciembre de 1961.

– Gala, T. 1916. «Murió el artista». En «Diario de León», 16 de febrero de 1916.

– González Varas, Ignacio. 1993. La catedral de León. Historia y restauración (1859-1901). León: Universidad de León.

Lampérez, Vicente. 1901. «La Restauración de la Catedral de León». En «Arquitectura y Construcción», núms. 93 a 95, de 8 de enero, 23 de enero y 3 de febrero de 1901.

Redondo Garci-Ibáñez, Inocencio. 1901. «La catedral de León», en «Nuestro Tiempo», núm. 6, junio de 1901.

Revuelta Bayod, Aránzazu. 2008. «La restauración de las vidrieras de la Catedral de León en la segunda mitad del siglo XIX y su repercusión en el taller de vidriería “Bolinaga y Cía.” 1899-1919». Tesis doctoral. Facultad de Geografía e Historia. UNED. [Al no disponer de autorización, no me ha sido posible consultar directamente esta importante tesis, pero he tomado sus principales conclusiones de la citada tesis doctoral sobre Lázaro de Díez García-Olalla, quien las recoge con amplitud].

– Revuelta Bayod, Aránzazu. 2007. «El tesoro tras el tesoro». En «El Mundo / La Crónica de León», de 21 de enero de 2007.

– Revuelta Bayod, Aránzazu. 2007-2008. «La restauración de las vidrieras de la catedral de León en el siglo XIX: ‘El Árbol de Jessé'». En «Espacio, Tiempo y Forma», t. 20-21, UNED, 2007-2008.

– Rodríguez Vega, Raimundo. 2013. Pulchra Leonina. Guía para visitar la Catedral de León. León: Cabildo de la S.I. Catedral de León.

– S/a. 1904. «La vidriera artística». En «Diario de Burgos», de 19 de agosto de 1904.

S/a. 1916. «Ecos de Sociedad». En «Diario de León», de 25 de enero de 1916.

– S/a. 1916. «Necrologías». En «Diario de León», de 29 de enero de 1916.

– Viñas, V. 2019. «Cuando León fue una potencia en vidrieras», en «Diario de León», 20 de octubre de 2019.

4 comentarios en “Hijos ilustres de Poza de la Sal: Guillermo Alonso Bolinaga (1861-1916), pintor y maestro vidriero

  1. Me llegó hace unos días, gracias a mi buen amigo Pedro Plaza, tu exposición sobre Guillermo Alonso Bolinaga: pozano de nacimiento, que por circunstancias, vivió la mayor parte de su vida en León. Llevaba tiempo, con mis escasos medios, investigando a esta persona con la que me une el apellido Alonso y el amor a Poza. Esa Poza de mi bisabuela Úrsula María Alonso y Sorrigueta, prima carnal de Guillermo. Os doy las gracias a ti y a Pedro Plaza, ya que sin él no hubiera encontrado nunca tu blog. Gracias a los dos.

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    • Muchísimas gracias a ti, Yolanda. Me da mucha alegría comprobar que hay personas que sienten así las cosas de Poza y saber que la nota sobre Guillermo Alonso Bolinaga te ha supuesto lo que expresas en tu mensaje. Dado lo poco que se sabe de él, sería interesantísimo que no se perdiese lo que en tu investigación hayas podido descubrir sobre su vida. Tu vínculo familiar es importante. Gracias de nuevo! Saludos cordiales.

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