Poza de la Sal en la pintura del artista burgalés Fortunato Julián (1891-1972)

El artista burgalés Fortunato Julián, hacia 1923, en una de las poquísimas imágenes que se conocen de él (Foto: Fortunato Julián, un compendio de artes, de A.L. Bouza).

Fortunato Julián García Hernando (Burgos, 1891 – Burgos, 1972)Fortunato Julián– es un gran desconocido, pese a ser uno de los artistas burgaleses más geniales del siglo XX.

Los amigos de Poza de la Sal tendrán quizá noticia de él, al menos, por el libro de Fray Valentín de la Cruz Poza de la Sal. Cuerpo y alma de una villa milenaria (1), en cuyas páginas pueden verse cuatro de las acuarelas con motivos pozanos de este singular artista.

No resulta además fácil adentrarse en esta enigmática y polifacética figura, aunque, afortunadamente, y desde que Burgos celebró en 1991 el centenario de su nacimiento, podemos conocer un poco más gracias a la meritoria investigación realizada por el poeta y crítico de arte Antonio L. Bouza, a quien, por cierto, hemos perdido hace tan solo unos días (2).

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“Huellas del pasado en Poza de la Sal, Burgos. Herederos de su historia”, de Carlos González Unda

Ha acertado Carlos González Unda (Burgos, 1947) en la elección del título de este su ya cuarto libro sobre aspectos históricos de Poza de la Sal (Burgos) (1).

Y es que, efectivamente, lo que el lector encontrará en él son diferentes vestigios -muchas veces inadvertidos para la mayoría de nosotros-, a partir de los cuales el autor nos propone un viaje en el tiempo, desenfadado y cómplice, para juntos tratar de imaginar lo que pudo ocurrir en Poza a lo largo de su misteriosa historia.

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El pintor Marceliano Santa María (1866-1952) y Poza de la Sal

“Autorretrato” de Marceliano Santa María. Oleo pintado en 1936 (Museo Marceliano Santa María, Burgos).

Marceliano Santa María Sedano (Burgos, 1866 – Madrid, 1952), el célebre Pintor de Castilla, había sido amigo de la familia de mi abuela paterna y, aunque vagamente, en casa siempre se le relacionó con Poza de la Sal (Burgos), donde -según se contaba- habría nacido su madre, Petra Sedano Espiga.

Quizá a esa idea contribuían también que en Poza había una calle dedicada al artista -la tradicionalmente nombrada La Cerca-, y, por qué negarlo, el innato deseo de engrandecer nuestro querido pueblo, sumando otro hijo ilustre del que sentirnos orgullosos…

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Poza de la Sal en las fotografías estereoscópicas de Eustasio Villanueva (1875-1949)

El fotógrafo burgalés Eustasio Villanueva Gutiérrez (Villegas, Burgos 1875 – Burgos, 1949) (Foto: Fotografías Estereoscópicas de Eustasio Villanueva (Burgos, años 20), 2002).

En el año 2002 se celebró en Burgos una singular exposición del fondo fotográfico de Eustasio Villanueva Gutiérrez (Villegas-Burgos, 1875 – Burgos, 1949), hasta entonces casi un desconocido, pero cuyas fotos de paisajes, monumentos y tipos humanos son de una belleza y de una calidad técnica asombrosas.

Dedicado al oficio familiar de relojería y joyería, Villanueva era un gran aficionado a la fotografía. En en un viaje a París en 1907 había conocido, en la casa Lumière, los procedimientos para realizar fotografías estereoscópicas, que, utilizando un aparato especial, podían verse en tres dimensiones.

Los domingos recorría, con uno de sus hijos y sus cámaras traidas de Paris, la provincia de Burgos. El periodo de estas placas parece que está comprendido entre 1913 y 1929, con lo que es fácil imaginar su valor histórico y documental.

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El poema “A Nuestra Señora de Pedrajas”, de Felipe de Urquijo Ugartevidea (Poza de la Sal, 1822 – Madrid, 1886)

Virgen de Nuestra Señora de Pedrajas, Patrona de Poza de la Sal, ante el altar mayor de la iglesia parroquial de San Cosme y San Damián. Se trata de una postal de 1973, poco anterior, por lo tanto, a la importante restauración a la que en 1975 fue sometida esta talla del románico tardío (siglo XIII) (Foto: Archivo Urcelay).

Felipe de Urquijo Ugartevidea y Goicoechea, nacido en Poza de la Sal (Burgos) en 1822 y fallecido en Madrid en 1886, es uno de nuestros injustamente olvidados Hijos ilustres de Poza (1).

Periodista y escritor leal al ideario tradicionalista -lo que le costó sufrir represión y cárcel-, fue también, desde 1861 y tras su paso por las Salinas de Añana (Álava), administrador principal de las Reales Salinas de Poza, entre otras responsabilidades públicas ejercidas por su temprano acceso por oposición al Ministerio de Hacienda.

A recuperar la memoria de quien fue fundador y director de El Eco de Burgos y de El Castellano Viejo, y redactor después de La Fidelidad Castellana, La Fidelidad y La Fe, dedicó mi buen hermano Javier un capítulo de nuestro libro Páginas de la Historia de Poza de la Sal (2).

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Las salinas de Poza de la Sal (Burgos) en las “Memorias” del erudito Eugenio Larruga (1747-1803)

Pese a que no faltan buenas publicaciones sobre las salinas de Poza de la Sal (Burgos) -tal y como traté de reseñar en la anterior entrada “Noticia de las salinas de Poza” (1851), del ingeniero Pío Jusué y Barreda-, es mucho lo que queda por desvelar sobre nuestro milenario patrimonio salinero y su significación en la historia de Castilla. Así me lo confirmaba recientemente, en un inolvidable encuentro, Martín Barcina, uno de los mejores y más apasionados conocedores del Salero pozano.

Con el propósito de seguir contribuyendo, en la medida de mis posibilidades, a la recuperación de esa historia, presento ahora el texto que sobre nuestras salinas incluyó el erudito Eugenio Larruga y Boneta (Zaragoza, 15.11.1747 – Madrid, 15.02.1803) en el Tomo XXVII de su monumental obra Memorias políticas y económicas sobre frutos, comercio, fábricas y minas de España, con inclusión de los reales decretos, órdenes, cédulas, aranceles y ordenanzas para su gobierno y fomento. Dicha obra fue publicada entre 1787 y 1800 en cuarenta y cinco volúmenes, escritos, muy probablemente, entre 1782 y 1785. En concreto, el mencionado Tomo XXVII, dedicado a la Policía, Población y Producción de la Provincia de Burgos, vio la luz en 1793 (1).

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Poza de la Sal en “Puentes singulares de Burgos. Unir orillas, abrir caminos”, de Miguel A. Moreno Gallo (coord.)

Dentro de la serie de entradas que estoy dedicando a la presencia de Poza de la Sal en las monografías recientes sobre la provincia de Burgos, llega ahora su turno a Puentes singulares de Burgos. Unir orillas, abrir caminos, obra colectiva de Pedro L. Hombría, Gonzalo Andrés, Lena S. Iglesias, María José Zaparaín, René Jesús Payo y Miguel A. Moreno Gallo (coord.) (1).

Fruto de un serio trabajo de elaboración multidisciplinar y con magnífica edición de la Diputación Provincial de Burgos, el libro consta de cuatro estudios monográficos y un amplio capítulo final –Catálogo de puentes singulares de la provincia de Burgos-, firmado por Miguel A. Moreno Gallo. En él hace inventario -con formato de fichas clasificadas por cuencas fluviales- de más de 450 puentes singulares burgaleses, del total de 4691 puentes con que oficialmente cuenta la provincia. Cada ficha presenta la información básica y una imagen en color del correspondiente puente.

La publicación de esta importante obra es un buen pretexto para revisar y reunir aquí las dispersas informaciones sobre los puentes pozanos, tomando como punto de partida los datos que proporciona el mencionado Catálogo de puentes singulares.

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“La casa palacio de los Marqueses de Poza. Poza de la Sal, Burgos”, de Carlos González Unda

Pasión por Poza, un minucioso trabajo sobre el terreno e imaginación para recrear la historia. Estos rasgos, unidos a un estilo que quiere ser cercano y no académico, bien pueden definir la labor como historiador local de Carlos González Unda (Burgos, 1947). Su tercer libro, La casa palacio de los Marqueses de Poza. Poza de la Sal, Burgos (1), sigue, en este sentido, la estela marcada por los anteriores (2).

La obra aborda el estudio de uno de los monumentos más familiares y a la vez enigmáticos para los vecinos y visitantes de Poza de la Sal: el conocido como Palacio del Marqués. La edificación a la que el embajador y poeta veneciano Andrea Navagero se refería en 1528 como un buon palazzo grande, pero del que apenas nos han llegado las ruinas de una pequeña parte y unas mínimas noticias documentales.

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“Noticia de las salinas de Poza” (1851), del ingeniero Pío Jusué y Barreda

Pío Jusué y Barreda

El abogado, ingeniero de minas y músico Pío Jusué y Barreda (Torrelavega, Cantabria, 1815-1896), autor de la Noticia de las salinas de Poza (1851) (Dibujo publicado en el diario El Cantábrico, 04/12/1898).

La Noticia de las salinas de Poza (1851) [1], del notable jurista e ingeniero de minas Pío Jusué y Barreda, es uno de los poco conocidos trabajos de tipo técnico publicados a mediados del siglo XIX sobre las salinas de Poza de la Sal (Burgos), cuando éstas alcanzaban un alto rendimiento productivo [2].

Se trata, como en el caso de las informaciones debidas a otros tres relevantes ingenieros de minas –Felipe Naranjo y Garza (1841) [3], Sergio Yegros y Fernández Campos (1852) [4]  y Mariano Zuaznavar Arrascaeta (1876) [5]-, de la mirada de un experto técnico a la configuración física y la ancestral forma de explotación de las salinas pozanas, cuyo origen se pierde en el tiempo y que fueron, junto con las de Añana (Álava), las más importantes del norte de España.

Y, como en los otros casos mencionados, el interés del informe del ingeniero Jusué es doble. De un lado, nos aporta datos muy valiosos para conocer, además de los aspectos geológicos del singular diapiro, cómo era el Salero pozano en esa época, todavía de esplendor. Poco después, por diversos factores y la eliminación en 1868 del estanco real de la sal, se iniciaría un declive que, muy patente ya en el comienzo del siglo XX, acabó por conducir al completo abandono, en la dácada de 1960-1970, de las que habían sido Reales Salinas de Poza [6].

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“Mis recuerdos de Poza de la Sal”, de Javier Urcelay

Javier Urcelay, autor del texto, en Poza de la Sal, entre la calle Ancha y la calle del Dómine, en una fotografía reciente (Foto: Jaime Urcelay).

NOTA.- Me siento muy identificado con el texto que hoy propongo, escrito hace algunos años para nuestra familia por mi buen hermano Javier, al que tanto debo en la orientación de mi vida. En él evoca sus vivencias de Poza de la Sal (Burgos), “una llamada interior diferente” que entrañablemente compartimos.

La vida del hombre en el período de su madurez es, se ha dicho, un continuado retorno a los paraísos de su infancia. Al menos debe ser así para los que tuvieron la suerte de tener una niñez feliz que les permitió abrirse al mundo en una atmósfera de seguridad y afecto.

Doy gracias a Dios, que me permitió nacer en una familia maravillosa, porque éste fue mi caso, de forma tal que no tengo más remedio que testimoniar, ahora que apuro la edad adulta, la veracidad de esa afirmación inicial.

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