En el 40 aniversario de Corporación Universitaria: invitación a la gratitud y el inconformismo

Se cumplen ahora 40 años de la fundación de Corporación Universitaria, una asociación de estudiantes activa en Madrid en los 80. Para muchos de los que, siendo muy jóvenes, participamos en ella, es difícil negar que fue una semilla que ha germinado a lo largo de toda nuestra vida.

Para celebrar este aniversario, justamente ayer, 30 de mayo, festividad de San Fernando, íbamos a juntarnos en El Escorial la mayor parte del casi centenar de personas que nos comprometimos en aquel grupo.

Jamás pudo pasársenos por la cabeza, cuando con tanta ilusión preparábamos este reencuentro de viejos amigos, que un maldito virus iba a frustrar nuestros planes y, menos aun, que iba a arrebatarnos a Anuska, una de las impulsoras de la idea.  Nuestra querida amiga era una gran devota de la Divina Misericordia y, hasta donde la conocí y nos ha contado Jaime, su marido, tengo plena confianza en que ya nos espera en la vida verdadera con el Padre. Allí deben estar también los otros queridos amigos de Corporación que la han precedido en la partida de este mundo: Javier -todo buen humor y uno de los quince firmantes del acta fundacional-, Gabriel -insuperable amigo y alma de la asociación en los mejores días- y quien fue nuestra primera presidenta, María Teresa.

Clausura del I Seminario de Formación para la Acción. Tuvo lugar en el Albergue Juvenil Richard Schirrmann, de la Casa de Campo de Madrid, los días 7 y 8 de Marzo de 1981. La tradicional beca universitaria, en rojo y con el escudo y las iniciales de Corporación Universitaria, era nuestra seña de identidad en ocasiones especiales.

¿Qué fue Corporación Universitaria?

Esta asociación juvenil, de inspiración cristiana, fue fundada el 8 de abril de 1980, en Madrid, a raíz de la participación de dos españoles en el I Congreso Internacional de Estudiantes Universitarios Católicos, celebrado el año anterior. Se definía como asociación de estudiantes alentados por la idea de renovar el espíritu universitario colaborando así en la restauración de la verdadera Universidad. Su lema fue tomado de Menéndez Pelayo: Por la Universidad Católica, Hispánica y Libre.  

La orientación y el desarrollo de Corporación Universitaria no pueden entenderse sin hacer mención de La Ciudad Católica, el movimiento iniciado en Francia por Jean Ousset y que en España encabezaba Juan Vallet. De su pensamiento y método de trabajo nos nutrimos en buena medida, aunque había también otros.

Corporación estaba muy enfocada a despertar la conciencia de lo que tradicionalmente había significado ser universitario y a nuestra formación intelectual en los principios del Derecho Natural cristiano. Contaba para elllo con tres pilares fundamentales: los Grupos de Estudio, a los que, en función de nuestra carrera, asistíamos semanalmente siguiendo como manual básico  El Orden Natural, de Carlos A. Sacheri; la Academiaen la que, periódicamente y en torno a temas de fondo que conectaran con algún desafío de la actualidad, nos encontrábamos, en nuestro local de la calle San Agustín, con profesores y destacados intelectuales; y los Seminarios de Formación para la Acción (SFA). Estos últimos, de los que celebramos ediciones en 1981 y 1984, tenían carácter intensivo, congregando también a la gente de nuestro entorno y a otras asociaciones universitarias. Recuerdo que el II SFA, celebrado en la Residencia-Casa de Ejercicios San José, de El Escorial, estuvo dedicado al liderazgo y que me tocó dar una de las charlas; quizá fue cuando me sumergí por primera vez en ese área, que ya nunca he abandonado y a la que acabaría dedicándome profesionalmente.

Había también, más esporádicamente, otras actividades: excursiones culturales, peregrinaciones y retiros espirituales (como capellanes nos asistieron en la asociación dos jesuitas maravillosos), grupo de montaña (el FINDUS, que tantos buenos recuerdos de camaradería y superación me trae), campamentos universitarios y escuelas  de verano… y, como entonces decíamos, fiestas no hay motivo. Todo se desarrrollaba en un ambiente humano en el que la comunión y la amistad entre nosotros fluían sin darnos cuenta. Éramos jóvenes y estábamos llenos de idealismo y ganas de vivir; juntos lo pasábamos fenomenal.

Un momento del III Congreso del Congreso Internacional de Universitarios Católicos, organizado por Corporación Universitaria en el Colegio Mayor Guadalupe, en Madrid, los días 10 a 12 de octubre de 1982.

Formación para la Acción

Nuestra filosofía como asociación estaba basada, como en el mencionado movimiento de La Ciudad Católica, en la Formación para la Acción. Por eso emprendimos también algunas campañas de activismo, que hay que entender en el contexto de aquella época. El socialismo llegaba en 1982 por primera vez al poder e iniciaba un proyecto de transformación cultural para España que,  en no pocos aspectos sustanciales, entraba en conflicto con valores que para nosotros no eran negociables, como era la protección de la vida de los inocentes. La campaña pública más destacada fue, en este sentido, para oponernos a la legalización del aborto, en el año 1983.

Memorable fue la organización los días 10 a 12 de octubre de 1982, en el Colegio Mayor Guadalupe, en Madrid, del III Congreso Internacional de Universitarios Católicos – Consejo Hispanoamericano de Estudiantes (CHE). Tal vez fue la actividad más ambiciosa de las que llevamos a cabo y la que mayores esfuerzos, de todo tipo, requirió. Con el lema Universidad y Autonomía: por la libertad universitaria, y bajo la presidencia del destacado filósofo y Rector emérito de la Universidad Católica Argentina, Monseñor Nicolás Derisi, conseguimos una importante participación, tanto de docentes como de estudiantes, así como la presencia de delegaciones de un buen número de las naciones hermanas de América. Tras este Congreso surgieron el aliento para la creación de asociaciones culturales en diferentes facultades y escuelas y de la Federación Universitaria Católica de España (FUCE), que no se sostuvo en el tiempo.

Ese mismo año, en noviembre, la asociación se volcó en la primera visita de Juan Pablo II a España. El papa polaco provocó un auténtico vendaval del Espíritu en nuestras vidas, marcándonos para siempre.

Personalmente, la entrada ya de lleno en 1984 en la vida profesional, lejos de Madrid, acabó por distanciarme, inevitablemente, del entorno universitario. Con ello, dejé poco a poco de participar en la vida de Corporación, cuyas actividades debieron continuar, ya con otra generación diferente de la mía, hasta el año 1986 o quizá 1987. Se me escapan esos dos o tres últimos años…

1983: pegada de carteles en los que Corporación Universitaria rechazaba la legalización del aborto con una frase de Juan Pablo II: “Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente”. Inundamos con pancartas, carteles y pegatinas las calles y universidades de Madrid. No le gustó al PSOE la provocadora imagen que usamos para la campaña, lo que le llevó a presentar una querella que, afortunadamente, no se admitió siquiera a trámite, aunque la prensa se hizo eco de ella.

Cuarenta años después, ¿qué queda en nosotros de Corporación Universitaria?

La convocatoria del reencuentro que ayer íbamos a celebrar en El Escorial ha servido, por de pronto, para retomar contactos perdidos hacía mucho tiempo. Solo por eso, recordar este 40 aniversario ya ha merecido la pena.

Pero pensando ahora en mi propia experiencia y en lo que a veces he conversado con amigos de esa época, tres me parece que son los principales frutos de aquella siembra juvenil.

El primero, claramente, es la amistad que perdura, pese a haber pasado tanto tiempo. Amistad verdadera, como la que se describe en De la amistad, de Cicerón: amistad con gente de bien, con quienes son la mejor guía para el bien vivir; amistad que es coincidencia en lo relativo a las cuestiones divinas y humanas con afecto y cariño; amistad en la que lo que resulta agradable no es tanto el beneficio conseguido a través del amigo, cuanto el propio amor del amigo. Amistades, en fin, antiguas, que, también según el sabio romano, son las más gratas, igual que los vinos añejos.

El segundo fruto es la formación integral. La que recibimos en Corporación Universitaria fue muy seria y llegó, además, en un momento clave de nuestro crecimiento como personas. Tuvimos buen método y las mejores referencias intelectuales y morales. Me decía José Miguel, por ejemplo, que aquella formación la ha notado a lo largo de toda su vida y que para él ha sido decisiva. Siento exactamente lo mismo, porque además en Corporación aprendimos a no dejar nunca de buscar la verdad y la virtud.

Clausura del II Seminario de Formación para la Acción, organizado por Corporación Universitaria y celebrado el El Escorial los días 17 y 18 de mayo de 1984.

La relación entre la vida y el ideal

Y el tercer fruto es el aprendizaje sobre eso que Ramiro de Maeztu, en esa preciosidad de ensayo que es Don Quijote o el amor, llamó la relación entre la vida y el ideal. No es tema fácil y me parece buen momento para planteárselo.

No me cabe la menor duda de que la mayoría vivimos en aquellos años un “super-idealismo”. Queríamos, como el Ingenioso Hidalgo, realizar el bien de la tierra, establecer la Edad de Oro en nuestra Edad de Hierro. El propósito de Corporación era restaurar la universidad según el espíritu cristiano; nada menos. Con naturalidad sentíamos, nuevamente en palabras de Maeztu, ese impulso que empuja a los espíritus nobles a intentar la realización de empresas grandes, sin reparar en los peligros ni detenerse a calcular las propias fuerzas. Tal cual.

Tras cuatro décadas, cada uno de los que nos involucramos en aquella aventura podemos comparar las esperanzas juveniles con las realidades maduras y preguntarnos si aquello estuvo bien y, sobre todo, si en los nidos de antaño, hay pájaros hogaño. La respuesta tiene que ser muy personal, volviendo los ojos atrás y mirándonos a nosotros mismos, como también pide Maeztu en su ensayo. La vida, a todos los niveles, ha resultado ser mucho más complicada de lo que nuestras almas, que entonces se abrían al mundo real, podían vislumbrar. Algunos, a estas alturas de la vida, podemos sentir desengaños o heridas más o menos profundas, lo que, en todo caso, debe suscitar respeto.

Releyendo el citado ensayo de Maeztu, tan a propósito, he vuelto estos días sobre esa reflexión. Es cierto que el mundo real no era como lo imaginábamos y que nuestro sueño no era realizable. Sí, había una gran desproporción entre el ideal y nuestras fuerzas y éstas, además, tenían un límite; por eso, acaba por llegar el natural anhelo de descanso y de hacernos pastores, como al final les ocurrió a Quijote y Sancho. ¿A quién, de nuestra generación, no le ha pasado esto alguna vez?

Más, poner los sueños más arriba que los medios para alcanzarlos es, dice Maeztu, un acto de amor, del que no podemos avergonzarnos; ¡al revés! Nosotros y el mundo seguimos necesitándolo, si queremos salvarnos. Y no hay paz posible, porque -afirma- con perder uno el apetito no lo han perdido los demás.

Por eso -propone también el genial pensador vasco- hay que sortear desengaños, buscar quizá cómo se adaptan los medios a los fines, pero sin acomodarnos a lo que sabemos está mal, pasando de querer demasiado a no querer nada. Sí, contemplemos ahora a la vez las posibilidades y las limitaciones de la voluntad humana porque la veracidad es deber inexcusable. Y, sobre todo confiemos -¡siempre!- en Quien es el Señor de la Historia y sin el cual es vano construir la casa

Noviembre de 1982. Miembros de Corporación Universitaria esperan en una calle de Madrid, con pancartas y banderas, para saludar a Juan Pablo II en su primera visita a España.

Invitación a la gratitud

No tengo duda de que,  en este 40 aniversario de Corporación Universitaria, esos frutos -y los que personalmente cada uno pueda descubrir en la intimidad de su corazón- si a algo mueven es a la gratitud. Gratitud al buen Dios, en primer lugar, y a cuantos con su contribución personal –al mismo tiempo con los impulsos de la acción y los ideales generosos, en frase nuevamente de Maeztu- hicieron posible aquella realidad. La lista sería muy larga para ponerla aquí, pero está escrita para siempre en el Libro de la Vida y eso basta.

Y ojalá esta gratitud se traduzca, ante todo, en fidelidad -cada uno debe responder cómo- a lo más esencial de lo que recibimos en Corporación Universitaria, que, hace ahora cuarenta años, iniciaba su andadura.

Jaime Urcelay

2 comentarios en “En el 40 aniversario de Corporación Universitaria: invitación a la gratitud y el inconformismo

  1. Emotivo y realista; incluso épico podría decirse sin faltar a la verdad. La verdad es que tenemos la impresión, al menos a mí me pasa, de creer que no somos nada ni importamos nada, vamos, como dice el dicho: “que contamos menos que la Tomasa en los títeres”, sin embargo, allá arriba llevarán cuenta precisa de nuestras acciones, anhelos y sacrificios por los ideales que nos mueven y de fijo que allí no tendrán tan poco peso como nosotros mismos les atribuímos.

    Siento que la primera fase (de guerra biológica) de esta Tercera Guerra Mundial nos haya chafado el aniversario, pero como no hay mal sin bien, me he enterado de que tienes un blog; lo visitaré periódicamente.

    Un abrazo gordo

    Le gusta a 1 persona

    • Gracias por tu comentario, Fernando, y muy bienvenido al blog.
      Sobre lo que elucubras, que no te quepa la menor duda. Gladiator dixit: “¡Lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad!”.
      Un fortísimo abrazo, amigo.

      Jaime Urcelay

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