Javier Urcelay termina su pregón de las Fiestas de Poza de la Sal tocando el típico cornetín anunciador (Foto: Diario de Burgos).
Desde el lunes 26 de septiembre y a lo largo de toda la semana pasada, se han celebrado en Poza de la Sal (Burgos) las Fiestas Patronales de San Cosme y San Damián. Días de alegría y reencuentro para los pozanos, eneste 2022 han tenido un significado muy especial para nuestra familia Urcelay, tan vinculada a este pueblo de La Bureba burgalesa: mi querido hermano Javier ha tenido el privilegio de pronunciar el tradicional pregón con el que se inician las Fiestas.
Naturalmente, no puedo dejar de compartir aquí, lleno de orgullo, el texto completo de su discurso a los vecinos de Poza desde el emblemáticoBalcón del Conjuradero.
Ya apuntaba en esas notas que era muy probable que también otras ramas del linaje de los Urcelay hubieran llegado tempranamente a Chile desde tierras vascas. Ahora, el eminente médico cardiólogo pediatra y profesor titular de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Gonzalo Urcelay Montecinos, ha tenido la amabilidad de ponerme sobre la pista de su abuelo Teodoro Urcelay Yturbe, bautizado 9 de noviembre de 1886 en la parroquia de San Miguel Arcángel de Oñate y emigrado también a Chile a comienzos del siglo XX.
Mis hijas contemplando asombradas las vidrieras del ábside de la catedral de León, en cuya restauración y reposición participó decisivamente el pozano Guillermo Alonso Bolinaga (Imagen: J. Urcelay).
A Yolanda, de los Movilla, pozana de hoy y también maestra vidriera.
Quizá pocos en Poza de la Sal (Burgos) habrán oído hablar de Guillermo Alonso Bolinaga, nacido en nuestra villa el 10 de febrero de 1861, hijo de Antonio Alonso Alonso -también pozano, de oficio confitero, con comercio en el pueblo- y de Juliana Bolinaga, natural de la vecina Castil de Lences.
Hay, sin embargo, buenos motivos para guardar entre nosotros memoria de su nombre y sentirnos orgullosos de él. Este desconocido y modesto hijo de Poza de la Sal, de oficio pintor y maestro vidriero, tuvo una destacada participación, entre 1895 y 1905, en la restauración y fábrica nueva de las célebres vidrieras de la catedral de León. Y, a partir de la experiencia acumulada en esa formidable empresa, su taller dio en el período 1896-1919 un decisivo impulso a la resurrección del arte de la vidriería, prácticamente desconocido y olvidado en España durante el siglo XIX.
Bajo el titular Un exclusivo rito para descansar eternamente en Flavia Augusta, Diario de Burgos ha incluido en su edición en papel del 19 de junio y en la digital del 23 del mismo mes un breve reportaje sobre los singulares monumentos funerarios de Poza de la Sal. Un tema interesantísimo al que vengo dedicando particular atención en este blog.
Transcribo a continuación el contenido de la mencionada información, a la vez que aprovecho para agradecer a Silvia Fernández, su autora y corresponsal de Diario de Burgos en La Bureba, sus amables alusiones personales.
Imagen que acompañaba el tuit de @PozaSalTurismo: stećci con forma de cofre de la necrópolis de Dugo Polje, en Blidinje, Jablanica (Bosnia y Herzegovina). Está situada en un asentamiento prehistórico en el que se han encontrado restos de las Edades de Bronce e Hierro (Foto: Kemal Čolak).
Hace ahora casi un año, un sorpresivo tuit de @PozaSalTurismonos ponía sobre la pista de una imagen de dos sepulturas de Bosnia y Herzegovina, cuyo parecido con nuestras singulares estelas-casa de Poza de la Sal (Burgos) había llamado la atención de un tuitero (@Caminodomar) especializado en rastrear antigüedades.
Y, en efecto, bastaba mirar la imagen que acompañaba el mensaje (reproducida junto a estas líneas) para pensar que la relación entre ambos fenómenos funerarios quizá no fuera una idea descabellada, pese a que, hasta ahora, no se había planteado. ¿Son lo mismo?, preguntaba @Caminodomar en la red global.
Puerta del Ayuntamiento o del Peso, desde la calle La Red.Autor: Antonio Cantero.
Pese a su importancia histórica y bien ganada fama de villa pintoresca, no deja de ser llamativo que Poza de la Sal (Burgos) carezca prácticamente de huellas iconográficas en el pasado.
Tampoco los pintores contemporáneos, más o menos consagrados, han prestado particular atención a nuestro pueblo y sus paisajes, tan singulares y atractivos. La excepción estaría representada por dos burgaleses –Marceliano Santa María y Fortunato Julián-, a cuya obra pozana ya he dedicado sendas entradas en este blog. A ellos habría que sumar, al menos, a otros tres artistas cuya pintura de Poza se ha señalado en algún momento y que, por mi parte, están aún pendientes de exploración: el pancorbino Delfín Gómez Grisaleña, el burgalés Román García Rodrigo y el paisajista guipuzcoano Julio Galarta Bengoa.
Otros creadores de nuestro entorno cercano, menos conocidos o simples aficionados, han dedicado también su pinceles a Poza. Nuestros paisanos recordarán, por ejemplo, las exposiciones realizadas en la villa por Antonio Tamayo -pozano de nacimiento, que ha publicado una parte de su obra en unentrañable libro de memorias personales– o por Begoña Eizaguirre, hija del fotógrafo bilbaíno Ramiro Eizaguirre y de la pozana Pilar Quintana.
La entrevista tenía como propósito presentar el Executive Master de Recursos Humanos de la UNIR, que está a punto ya de lanzar su segunda edición y en el que estoy tomando parte como codirector académico, profesor y tutor de proyectos. Se trata de un programa muy innovador para la formación de profesionales de Recursos Humanos, impartido 100% online, que estamos tratando de cuidar al máximo en todos los aspectos, aprovechando las enormes posibilidades del modelo pedagógico y la capacidad tecnológica de la UNIR. La acogida por parte de los alumnos de la primera edición, que han celebrado ya su paso del ecuador, está siendo muy positiva.
Como en otras muchas poblaciones de toda España, acaban de dar comienzo en Poza de la Sal (Burgos) las tradicionales fiestas de Carnaval, que preceden a la Cuaresma cristiana.
Sabemos que el Carnaval tuvo gran popularidad en Poza, tal y como Cristóbal Cuevas y el que esto escribe tratamos de reflejar con detalle en el correspondiente capítulo de nuestro libro Poza de la Sal. Retorno al origen (1). Nos basamos, para ello, en la investigación de Feliciano Martínez Archaga en los archivos (2) y en algunos valiosos testimonios de los tiempos en los que Poza era todavía un pueblo rebosante de vida, antes del traumático éxodo rural (3). Cristóbal, por su parte, había publicado ya antes unas notas sobre los personajes de Zamarro y Cachibirlo (4).
Lo que no conocíamos -al menos, yo-, cuando nos documentamos para dicha publicación, es que el gran sabio y etnógrafo Julio Caro Baroja había dedicado algunas páginas de su erudito libro El Carnaval(Análisis histórico-cultural) (1965) (5) precisamente a determinadas fiestas tradicionales de Poza. El hallazgo, que debo a Manu Gil, bien merece una reseña.
Belén Urcelay Igartua en su librería El Jardín de las Letras (Foto: El Mundo. Bernardo Díaz).
Es un orgullo hacerme eco hoy en este blog, siempre atento a las informaciones sobre la estirpe de los Urcelay, de la concesión a mi sobrina Belén Urcelay Igartua del Premio Vergara de Novela Romántica.
Mi enhorabuena para ella, junto con el deseo de que siga cosechando éxitos como escritora vocacional y como emprendedora cultural, con ese sueño de librería-escuela que es El Jardín de las Letras, en pleno centro de Madrid.
Con motivo del mencionado galardón, Yo Dona, suplemento de el diario El Mundo, ha publicado una entrevista a Belén que merece la pena leer. Puede accederse a ella pinchando aquí.
Retrato de estudio de Urcelay I (José María Urcelay Lersundi), realizado en 1920 por Indalecio Ojanguren.
Además del sacerdote y músico Ángel Urcelay Aldalur, de los primeros Urcelay ilustres de los que tuve noticia en casa fue de una saga de conocidos pelotaris que tenían también nuestro mismo apellido, originarios de Azcoitia, en el valle guipuzcoano del Urola, muy cerca, por tanto, del lugar de la antigua casa-solar de los Urcelay.
Y no era casualidad que estos destacados jugadores de pelota vasca hubieran nacido en Azcoitia. No en vano este rincón en el corazón de nuestra ancestral Euskalherría, a los pies del Macizo de Izarraitz, ha sido considerado la cuna y guardián de este deporte, la cátedra o templode la pelota a mano (1).
Ciertamente, fue la práctica de este antiquísimo deporte, tan característico de la cultura vasca, la que dio relevancia pública a José María Urcelay Lersundi –Urcelay I– y a sus hijos Justino, José León e Iñaki Urcelay Aramendi –Urcelay II, Urcelay III y Urcelay IV, respectivamente-. Pero cuando uno tiene la oportunidad de profundizar un poco en estas figuras, se topa de inmediato con una historia quizá menos famosa, pero mucho más entrañable y meritoria: la de la familia Urcelay Aramendi y sus descendientes (Los Urcelay de José María y Josefa), desde el final de la Guerra Civil dispersos entre España, Argentina y Venezuela, pero admirablemente unidos en la fidelidad y la gratitud al legado familiar y cultural del matrimonio que formaron, en los inicios del siglo XX, José María Urcelay y Josefa Aramendi.