
(Nota.- El texto que sigue es continuación de las anteriores entradas de este blog tituladas El misterio de la ciudad romana de Flaviaugusta, en Poza de la Sal (Burgos) y Poza de la Sal, verano de 1928: hallazgo y destrucción de Flaviaugusta. Por este motivo, en las citas bibliográficas que aparecen al final he omitido las referencias completas de aquellas fuentes ya citadas en dichas entradas anteriores).
De los hallazgos arqueológicos pozanos, los más significativos son, sin duda, los monumentos funerarios con forma de casa (oikomorfos), referidos unas veces como estelas y otras como urnas. De época romana y cultura indígena, constituyen un enigmático conjunto, perfectamente diferenciado en los estudios sobre antiguas culturas funerarias.
Su originalidad, exclusividad en Poza -con mínimas excepciones- y persistencia en el tiempo, dan idea de una fuerte personalidad e identidad cultural en las familias y clanes que, desde antes de la dominación romana, habitaban estas tierras.
Es llamativo también que el conocimiento de las casitas de Poza, como las denominó con orgullo la directora del Museo de Burgos -donde está la principal colección-, es relativamente reciente. Los primeros hallazgos se publicaron apenas hace cien años y aún tardarían los expertos algún tiempo en tomar conciencia de su peculiaridad e importancia[1].

Los primeros hallazgos
Los tres primeros hallazgos, descritos en 1916 por los jesuitas Herrera Oria[2] y Fita[3], se produjeron, de manera aislada e inconexa, en Soto de Bureba, Quintanaélez y Poza, lo que llevó a pensar, inicialmente, en un fenómeno extendido a toda la comarca de la Bureba.
Un año después, en 1917, el mismo Herrera localizó en la Granja La Vieja, en el término de Poza, lo que describió así:
Además, sobre la fuente inmediata a la cuadra, e incrustados en las paredes de ésta, se ven varios bloques de piedra, con ligeros relieves a modo de cruz de ensortijados brazos, menos uno cuyo adorno son sencillas rectas que se cortan. ¿Qué uso tuvieron estos bloques? Me sospecho que cubrir urnas cinerarias infantiles. Al menos, en las dimensiones pequeñas y forma de cubierta a dos aguas y lados inclinados hacia el centro de la base, son idénticas a la diminuta lápida funeraria de la niña Gemelina, muerta a los cinco años de edad y sepultada en Soto de Bureba[4].
Parece que se trataba de un total de seis estelas.
Vendría después la localización de nuevos ejemplares -posiblemente desplazados-, en Salas de Bureba (Jalhay, 1921), Soto de Bureba (Jalhay, 1923) y en la bolera de la Casa de Abril, en la calle de Las Procesiones, en Poza (1923, Martínez Santa-Olalla). Para esa época, fue el citado Jalhay el primero en llamar la atención acerca de la peculiaridad de estas manifestaciones artísticas[5].
Pero, como se ha podido leer en el capítulo anterior, el descubrimiento decisivo se produjo en septiembre de 1928, con ocasión de las obras del Ferrocarril Santander-Mediterráneo y los destrozos en la necrópolis cercana a en las inmediaciones de la citada Granja La Vieja. Aparecieron en ese momento un buen número de estos peculiares bloques de piedra, dispuestos, según Santa-Olalla, en calles perfectamente alineadas[6].
Más de 300 estelas
El mencionado arqueólogo consideró inicialmente que el número de enterramientos en la necrópolis sería superior a 500. Pero más tarde afirmaría:
No todas las estelas, que seguramente pasarían de trescientas, aparecieron in situ, pues en la Edad Media se construyeron una serie de muros paralelos con ellas.
(…) existen aún bastantes abandonadas en las proximidades de la que fue necrópolis, así como algunos otros ejemplares en el Museo de Burgos[7].
En concreto, inventarió 33, siendo su colección particular, inicialmente, la más importante. De ella salieron las donaciones a varios museos y parte de las conservadas hoy en Poza.
Cincuenta años después, en 1978, Abásolo et al. inventariaron un total de 78 ejemplares, de los cuales ya algunos no pudieron ser localizados.
Balil, por su parte, en 1985-1986, se refiere a 73 o 74, de los cuales, afirma, el 94,8% proceden de Poza de la Sal[8].
Tras estas catalogaciones, han desaparecido piezas que estaban en manos de particulares, concretamente en Poza. Según rumores difundidos en el pueblo, que no he podido confirmar, salieron con destino a colecciones de Alemania.
La parte positiva del asunto, es que también ha aparecido en los últimos tiempos un cierto número de ejemplares no inventariados.
El hallazgo más importante fue el de otras ocho estelas-casa, localizadas en una finca particular de Gijón (Asturias). Fueron descritas en 1983 por Mangas y Cortina[9]. Según estos autores, fueron adquiridas en su momento a anticuarios del norte de Castilla, si bien parece verosímil que procedan de una conocida familia de origen pozano, que las habría tenido en su vivienda en el pueblo.
A estas ocho deben sumarse: una no catalogada ni documentada, de los fondos del Museo de Burgos, situada en el patio exterior del árbol fósil; las tres localizadas en Llano de Bureba[10]; la ubicada en una finca particular de Poza; una dudosa, también en la villa, donde hasta hace poco se encontraba reutilizada en la pared de una vivienda; y, finalmente, otra, también reutilizada, en este caso en la fachada de una casa en Campodrón (Gerona)[11].
Ninguno de estos nuevos ejemplares presenta epigrafías.
El total de monumentos identificados, sería, por tanto, de 92 o 93.
Localización actual de las estelas-casa
Relacionada con la anterior, está la cuestión de la dispersión de la estelas-casa no perdidas. El asunto creo que es también interesante. Primero, para entender cómo se produjo esa dispersión y quién las hizo llegar a sus destinos. Y, en segundo lugar, para conocer cómo se encuentran catalogadas y descritas en los museos en cuyos fondos se integraron en algún momento.
La labor de localización fue un tanto detectivesca, pero de resultados interesantes. Sintetizo aquí, sin más, lo que he ido documentando a lo largo del tiempo sobre el actual paradero de las estelas:

- Trece en el Museo de Burgos, de las cuales doce están en la exposición permanente, distribuidas entre la galería superior del patio de la Casa Miranda (3) y la Sala 6 (Época tardorromana) de la segunda planta de la misma Casa (8). Otras dos se encuentran en el patio exterior del árbol fósil, no abierto al público.
- Cuatro en el Museo Arqueológico de Cataluña, en Barcelona, expuestas en su Sala de Roma.
- Cuatro en el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid, conservadas en sus almacenes (no visibles).
- Una en el Museo de Valladolid, en su exposición permanente, en concreto en la Sala VII (Romanización).
- Dos en el Museo Arqueológico y Etnológico de Granada, en su reserva visible (no expuesta al público).
- Una en el Museo de la Sociedad Martins Sarmento, en Guimarães, expuesta en el claustro.

- Ocho en Poza, de las cuales siete se encuentran en la iglesia parroquial, no visibles, y una, visible, en el Centro de Interpretación de las Salinas.
- Un número indeterminado en la Granja La Vieja, en las cercanías de Poza, donde Abásolo et al. llegaron a inventariar veinticinco en 1978. Miguel Zález visitó la Granja en 2011, tras lo cual escribió que solo quedaban allí dos[12].
- Ocho en una finca particular de Gijón (Oviedo).
- Tres en Llano de Bureba (Burgos).
- Una en Villafranca Montes de Oca, en el Museo Arqueológico Etnográfico Aucense. En teoría, es la encontrada más lejos de Poza.
Cronología y descripción de los monumentos
El período de utilización de estos originales monumentos funerarios fue, según el estudio de las inscripciones que hay en algunos de ellos, muy prolongado: desde el siglo I al III o IV, lo que equivale prácticamente a todo el tiempo de presencia romana en este territorio.
De acuerdo también con algunos estudiosos, la originalidad estilística y las características de la labra de las estelas, se prolongarían, ya al final del siglo IV, en los sarcófagos del llamado Taller de la Bureba, en su mayor parte paleocristianos y de radical diferencia iconográfica respecto a las estelas[13].

En cuanto a sus características, se trata de bloques de piedra caliza de tamaño variable (entre 14 y 60 cm de altura; entre 11 y 59 cm de anchura; y entre 11 y 90 cm de fondo) con una estructura que se repite siempre: una planta rectangular y un tejado con dos vertientes, es decir, la forma de una casa. Según una parte de los investigadores, esta forma estaría inspirada en construcciones clásicas de tipo templar.
Debe destacarse, asimismo, la configuración de las fachadas principales de estas casas. En ellas se pueden apreciar una o varias puertas de entrada y una decoración predominantemente basada en figuras geométricas de tipo astral, en ocasiones repetidas en diferentes posiciones y tamaños.
En un pequeño número de piezas -exactamente en trece- existen también epigrafías o inscripciones, con textos muy breves, pero, como queda dicho, de gran interés para conocer, sin demasiada precisión, su datación cronológica. Las onomásticas confirman la coexistencia entre una cultura indígena de raíz celta y la nueva y poderosa cultura romana[14].
La puerta o puertas de entrada -de distintas formas, con solo una triangular, y hasta triple, también en un solo caso- conducen a una oquedad que, solo en algunas, comunica con otro orificio en la base del bloque.
El significado o utilidad de esta puerta o puertas no es pacífico entre los estudiosos. Si aceptamos que la casa representa la nueva morada del difunto -como algunos defienden-, la puerta serviría sencillamente para dejar paso a su alma.

El simbolismo astral
Muy interesante es la decoración simbólica a la que antes me refería, presente en prácticamente todas las piezas conocidas, aunque en algunas esté borrada. Todo apunta a que, más allá de lo ornamental, estas figuras tienen un significado religioso en el contexto de un culto en los que la luna y el sol debieron ocupar un lugar central.
Las figuras que más se repiten son el creciente lunar -con los cuernos hacia arriba, en ocasiones con un enigmático soporte- y diferentes variantes del sol, como son las ruedas y, sobre todo, las rosáceas o hexapétalas. Esta es una de las características por las que algunos estudiosos han defendido, de forma no del todo pacífica, las raíces célticas de las estelas-casa.
A partir de aquí no es fácil identificar su significado religioso específico ni las divinidades a las que se refieren, si bien se ha especulado con muy distintas hipótesis, muchas veces con escaso fundamento y quizá demasiada imaginación. Hay que tener en cuenta, además, que estos mismos símbolos están presentes en otros lugares de Hispania, pero también en Asia Menor, en la región de los Balcanes, en Cerdeña o en Britania, por ejemplo.
Hay, asimismo, otros adornos de tipo arquitectónico, no faltando en algunas de ellas representaciones más figurativas -algo más típicamente romano-, como son algunos animales, en concreto pájaros y liebres, como ocurre en una pieza del Museo de Arqueología de Cataluña, reproducida al principio de este capítulo. Hay, por otro lado, una completa ausencia de representaciones antropomorfas, salvo, tal vez, el caso de la perdida estela de Soto de Bureba.

Función de los monumentos: ¿estelas o urnas?
Respecto a cuál era la función de estos monumentos funerarios, hay bastante debate entre los investigadores y se trata de uno de los enigmas sin resolver de forma definitiva ¿Eran verdaderas urnas o solamente estelas? ¿Y estelas de incineraciones o de inhumaciones?
Santa-Olalla, testigo, como sabemos, de los hallazgos masivos de 1928, dejó escrito algo muy significativo al respecto:
Las estelas, en forma de casa, están colocadas directamente sobre el suelo, cobijando un hoyo en el que, en los casos de mayor pobreza, se depositan las cenizas. En otros casos, en el hueco, que jamás falta en este género de estelas, se depositan las cenizas, por ser suficiente a recibirlas. Mucho más raro es el caso de que haya una caja de piedra (toba) que sirva de verdadera urna cineraria; entonces la estela sirve de tapa a la urna, que, para mayor ajuste, se encaja a veces en un resalte de la urna[15].

Teniendo en cuenta esa descripción y de entre las diferentes hipótesis sobre este tema, la sostenida por Abásolo et al. parece bien fundada: habría habido una variación en su uso a lo largo del tiempo. En una etapa sirvieron como urnas para las cenizas del difunto; en otra, fueron utilizados como estelas para cubrir un agujero o una caja de piedra, en los que se depositaban los restos de la incineración; y, finalmente, se adaptaron a la inhumación -a partir del siglo II, gradualmente norma en el Imperio- sirviendo como estela para indicar el lugar del enterramiento[16].
¿Quiénes fueron los artífices de las estelas-casa de Poza?
Es obligado preguntarnos, asimismo, por el pueblo que generó este peculiar monumento funerario, realmente único. Un tipo de monumento que consiguió resistir durante varios siglos a la presión de los usos romanos, pese a las mezclas que también debieron de producirse. Una singular expresión cultural y religiosa que estaría indicando, como escriben Abásolo et al., la existencia de un grupo de caracteres étnicos o gentilicios muy concretos y en lo cultural sumamente conservadores[17].

Estamos ante una cuestión muy compleja. Los citados historiadores afirman:
no nos atrevemos a dar un nombre concreto a las gentes a quienes están vinculados estos monumentos, aunque nos parece evidente que se trata de clanes o gentilidades del territorio de los autrigones[18].
Gentes indígenas, en definitiva,
que hablan un latín deficiente y han conservado a lo largo de varios siglos sus monumentos tradicionales[19].
Paralelismos en otros lugares
Nuestros monumentos llamaron tempranamente la atención por su exclusividad local. No obstante, y al margen de sus coincidencias iconográficas con las estelas de la Meseta Norte peninsular y, en concreto y entre otras, las de Lara de los Infantes -indicativas de una común pervivencia religiosa indígena, pero en ningún caso con la peculiar forma de casa-, no han faltado intentos de encontrar paralelismos.
Dichos intentos apuntaron pronto a las cupae romanas y, sobre todo, a ciertas expresiones cultuales de raíz celta, como son las monumentales pedras formosas de los castros del norte de Portugal o las estelas con forma de casa encontradas en diferentes territorios de la Galia, de la que, según Solana, procederían los autrigones, también para él posibles artífices de nuestros exclusivos monumentos funerarios[20].
Personalmente, me aventuré, con bastantes reservas, pero quizá de manera algo temeraria, a sostener un posible paralelismo de nuestros monumentos con las misteriosas stećci de los Balcanes, un fenómeno único en la arqueología europea[21].
El tema de los paralelismos es, al cabo, de una gran complejidad científica. Como sostuve entonces, dicha complejidad deriva, sobre todo, de lo confusos que resultan los orígenes étnicos de los diferentes pueblos de la antigüedad y los movimientos migratorios de etnias, tribus y clanes en diferentes épocas, tanto previas como coetáneas y posteriores al Imperio Romano. A ello habría que sumar la evolución autóctona, experimentada en el tiempo, de cada cultura…
Son problemas, en definitiva, de grandísimo calado -y no demasiados datos contundentes-, que provocan una permanente polémica entre los especialistas.
Testigos de un último latido
Terminando ya este recorrido por los peculiares monumentos funerarios pozanos, es oportuno recordar lo que dejó escrito el eminente arqueólogo Blas Taracena, refiriéndose a las que él denominó estelas sepulcrales burgalesas en forma de cabaña y a otros restos celtorromanos de la península:
(…) Todas estas supervivencias de difícil data, representan el último latido del rudo sentimiento y el tosco verbo de expresión indígena que en los parajes apartados de los centros vitales romanos no se resignaba a perecer[22].
Quizá en esas palabras, en la intuición de ese conmovedor último latido de la resistencia de una antiquísima y desconocida cultura, pueda estar la clave de la capacidad de seducción que, pese a su sencillez y tosco primitivismo, tienen las casitas de Poza.
O, tal vez, se deba al atractivo que el acercamiento al misterio tiene sobre nosotros, manifestado en este caso por los enigmas de un simbolismo, unos cultos religiosos y unos rituales ante la muerte de los que no sabemos prácticamente nada[23]. En definitiva, ese sello del espíritu, lo sagrado y la eternidad, ante el que nuestro corazón -asfixiado hoy por una cultura materialista e inmanente- nunca dejará de sentir nostalgia.
Sea cual fuere la razón, esta expresión única y original de quienes poblaron nuestras tierras hace más de dos mil años, es una seña de identidad de Poza, de la que sus hijos podemos sentirnos orgullosos.
Jaime Urcelay
(Entrada actualizada el 23/04/2024 para su incorporación al libro del autor «Poza de la Sal. Historias olvidadas»).
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[1] Para conocer a fondo estas piezas arqueológicas es referencia ineludible la monografía de Abásolo, Albertos y Elorza. Cfr.: ABÁSOLO, J.A., ALBERTOS M.L. y ELORZA, J.C.: Los monumentos funerarios de época romana, en forma de casa, de la región de Poza de la Sal (Bureba, Burgos), Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial de Burgos, Burgos, 1975. Además de llevar a cabo una completa revisión crítica de cuanto se había publicado hasta entonces, la obra contiene el inventario detallado de 78 piezas. Posterior a esa monografía y también de mucho interés, es lo recogido en un trabajo de 1985 de Alberto Balil. Vid.: BALIL, A.: “Esculturas romanas de la Península Ibérica (VII)”, Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, Tomos 51, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1985, págs.187 a 198. Como referencias más recientes sobre estos monumentos, puede verse SANZ, R., RUIZ, I. y PARZINGER, H.: Arqueología de los Autrigones Señores de la Bureba, Ayuntamiento de Briviesca, 2012; y FERNÁNDEZ CORRAL, M.: La epigrafía funeraria de época romana del área autrigona. Conmemoración, relaciones familiares y sociedad, Anejos de Archivo Español de Arqueología, LXXXIX, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 2020, págs. 131 a 142. En este último tiempo, las estelas-casa son objeto, junto con otros restos arqueológicos de Poza, de un proyecto para su recuperación, estudio y digitalización en 3D. Las imágenes digitalizadas de 24 estelas pueden verse en https://sketchfab.com/search?q=poza+de+la+sal&type=models. Consultado el 08/11/2023. Sobre el Proyecto Cerro de Milagro, vid.: “Poza, lugar con gran población y riqueza”, Diario de Burgos de 5 de agosto de 2023; y “Poza de la Sal digitaliza su extensa historia para que no caiga en el olvido”; Burgos Conecta, de 27 de enero de 2019, en https://www.burgosconecta.es/provincia/poza-digitaliza-extensa-20190116184632-nt.html. Consultado el 08/1172023.
[2] HERRERA, E.: Descubrimientos…, op.cit., pág. 59.
[3] Cfr.: FITA, F.: “Antigüedades…”, op. cit., pág. 208 y ss.; Ídem: “Inscripciones romanas de Peñaflor…”, op.cit., pág.123.
[4] HERRERA, E.: Descubrimientos…, op. cit., pág. 59.
[5] ABÁSOLO et al.: op.cit., pág. 6.
[6] MARTÍNEZ SANTA-OLALLA, J.: “Antigüedades…”, op. cit., pág. 143.
[7] Idem. pág. 153.
[8] Este autor se basa, para caracterizar las estelas, en las exhaustivas tabulaciones realizadas con 62 ejemplares tipo Poza. Vid. MARCO SIMÓN, F.: Las estelas decoradas de los conventos caesaraugustano y cluniacense, Publicaciones del Seminario de Arqueología y Numismática Aragonesa, 43-44, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1976.
[9] Cfr.: MANGAS, J. Y CORTINA, I.: “Nuevas urnas en forma de casa de Poza de la Sal (Burgos)”, Memorias de Historia Antigua, V-1981, Instituto de Historia Antigua, Universidad de Oviedo, Oviedo, 1983.
[10] Vid.: CONDE TUDANCA, R.: “La ‘estelas-casa’ romanas de Llano de Bureba”, en Boletín Informativo de la Asociación Cultural ‘Amigos de Llano’, nº 98, 2do T 2017; ABÁSOLO, J.A.: “Recientes hallazgos de lápidas romanas en la provincia de Burgos”, Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología de la Universidad de Valladolid, núm. 50, 1984; FERNÁNDEZ CORRAL, M.: “Dos inscripciones funerarias y una estela oikomorfa en Oña (Burgos)”, Ficheiro Epigráfico, 132, Inscriçoes 552-556, Universidad de Coimbra, 2015.
[11] Vid.: URCELAY, J. (Jaime): “Dos nuevas estelas-casa, de época romana, de Poza de la Sal”, 2017, en https://jaimeurcelay.me/2017/05/22/dos-nuevas-estelas-casa-de-epoca-romana-de-poza-de-la-sal/. Consultado el 06/11/2023. Sobre la de Campodrón, vid: GÓMEZ-PANTOJA, J.L.: “El culto a Hércules y otras novedades epigráficas de San Esteban de Gormaz (Soria)”, en Epigrafies. Homenatge a Josep Corell, Studia Philologica Valentina 5, n.s. 2, 2015, págs. 73 a 101.
[12] ZÁLEZ, M.: “Estelas oikomorfas burebanas ‘Granja La Vieja’ (Poza de la Sal)”, 2011, en https://zaleza.blogspot.com/2011/10/estelas-oikomorfas-burebanas-granja-la.html. Consultado el 20/12/2023.
[13] Así, Abásolo et al., para quienes la ruda configuración del grupo de sarcófagos de la Bureba recuerda el arte de las estelas. Vid. ABÁSOLO, J.A. et al.: Arqueología burgalesa, Diputación Provincial de Burgos, Burgos, 1982, pág. 42. También el profesor Palol consideró que el estilo de las estelas-casa de Poza y los mencionados sarcófagos, estaría emparentado. Vid.: PALOL, P. de: Arqueología cristiana de la España romana, siglos IV-VI, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid-Valladolid, 1967, pág. 313. Balil acepta la identidad en la labra -relieve sumario y planos rehundidos-, pero, a su juicio, la radical diferencia iconográfica excluye todo el posible intento de relación que sugiere la proximidad geográfica. Vid. BALIL, A.: op. cit, pág. 190.
[14] Vid. FERNÁNDEZ CORRAL, M.: “La epigrafía…”, op. cit, págs. 131 a 142.
[15] MARTÍNEZ SANTA-OLALLA, J.: “Antigüedades…”, op.cit., pág. 19.
[16] ABÁSOLO, J.A. et al.: Los monumentos…, op.cit., pág. 83.
[17] Ídem.
[18] Ídem., pág. 87. Sanz Serrano, Ruiz Vélez y Parzinger, se limitan, en cambio, a afirmar que podrían estar más vinculadas a las de unas tribus italianas cisalpinas de los mediomatrices o senones aunque no hay que descartar una posible raíz indígena. En cualquier caso, son un elemento de identidad y exclusividad de esta zona de específica raíz céltica. Vid.: SANZ, R., RUIZ, I. y PARZINGER, H.: Arqueología…, op. cit, pág. 149. Mediomatrices y senones eran pueblos celtas de la Galia. Solana considera que la tipología de las estelas-casa, oikomorfas, de La Bureba (…) encuentran una correspondencia en las utilizadas por los ‘senones’ -curso medio del Sequana (Sena)-, en la región del Mosela y en la Cisalpina. Vid. SOLANA, J.M. (Edit.): Las entidades…, op. cit., pág. 161.
[19] Ídem. pág. 64.
[20] SOLANA, J.M. (Edit.): Las entidades…, op.cit., pág. 161.
[21] URCELAY, J. (Jaime): “Las «stećci» de los Balcanes y las estelas-casa de Poza de la Sal (Burgos), ¿una conexión a explorar?”, 2022, en https://jaimeurcelay.me/2022/05/13/las-stecci-de-los-balcanes-y-las-estelas-casa-de-poza-de-la-sal-burgos-una-conexion-a-explorar/. Consultado el 03/11/2023. El tema saltó a Diario de Burgos, en el que la arqueóloga Esperanza Martín, con seguridad con mejor criterio que el mío, desmintió tal paralelismo, considerando que los parecidos responderían a una mera casualidad (vid.: “Un exclusivo rito para descansar eternamente en Flavia Augusta”, Diario de Burgos, 19 de junio de 2023).
[22] TARACENA, B.: “La escultura y relieves celtorromanos”, en Ars Hispanie. Historia Universal del Arte Hispánico, vol. 2º, Editorial Plus-Ultra, Madrid, 1947, pág. 147.
[23] Para quien comparta la curiosidad por estos temas, recomiendo el magnífico libro de José María Blázquez. Vid.: BLAZQUEZ, J.M.: Primitivas Religiones Ibéricas. Tomo II Religiones Prerromanas, Ediciones Cristiandad, Madrid, 1983.
Otras entradas sobre las estelas-casa en este blog:
Estelas-casa de Poza de la Sal en el Museo de Arqueología de Cataluña
Más sobre la estelas-casa de Poza de la Sal (I). Las piezas localizadas en Gijón, Asturias
Más sobre las estelas-casa de Poza de la Sal (II). La pieza de San Salvador de Oña.
