Un manuscrito de 1806 sobre las antigüedades de Poza de la Sal (IV). Identificación de monumentos arqueológicos y epigrafías

Mucho más interés tiene, a mi juicio, la específica identificación que Miguel Ortiz lleva a cabo de determinados monumentos arqueológicos y epigrafías procedentes de Poza y que no serán objeto de estudio sino algo más de un siglo después, de la mano, fundamentalmente, de Fidel Fita (1), Luciano Huidobro (2), Martínez Santa-Olalla (3), Enrique Herrera (4) y Juan Manuel Fernández (5) y, mucho más modernamente, de José Antonio Abásolo y María Lourdes Albertos, que en 1976 publicaron una completa sistematización de las epigrafías de Poza (6).

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Poza de la Sal en la literatura: «El Viaje hecho en España y Francia», de Andrea Navagero

Andrea Navagero

Andrea Navagero. Detalle del famoso cuadro de Rafael Sanzio Retrato de Andrea de Navagero y Agostino Beazzano, 1516 (Galeria Doria Pamphili, Roma). Existe una copia del s. XVII en el Museo del Prado.

«El Viaje hecho en España y Francia» es un breve y encantador relato del periplo por ambas naciones  de Andrea Navagero (Venecia, 1483 – Blois, Francia, 1529). Celebrado poeta e historiador, fue embajador de Venecia sucesivamente ante el emperador Carlos V y ante el rey francés Francisco I. Navagero fue inmortalizado en un famosísimo cuadro de Rafael Sanzio,  siendo también referido en nuestras historias de la literatura por su decisiva influencia  en el poeta Juan Boscán, introductor en España de las formas italianizantes.

El Viaje es una obra de relevancia.  Y no tanto por su contenido político e histórico -como, en principio, cabría esperar del punto de vista de un embajador en un periodo histórico tan excepcional-  como por el alarde de  curiosidad y sensibilidad de un genuino humanista del Renacimiento que capta y describe con rigor lugares, monumentos y costumbres, tal y como se encontraban en el primer tercio del siglo XVI (1).

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Poza de la Sal en el cine: «Cuerda de presos», de Pedro Lazaga (1956)

cuerda-de-presos-2Con guión y dirección de Pedro Lazaga, Cuerda de presos es una olvidada película rodada en 1954 y estrenada en 1956 (1). Son sus intérpretes Antonio Prieto, Germán Cobos, Fernando Sancho y María Rey. La música es de Enrique Franco y la fotografía de Manuel Berenguer.

El guión está basado en la novela del mismo título de Tomás Salvador, por la que su autor obtuvo el Premio Nacional de Narrativa en 1954. Situada en 1879, narra las vicisitudes de una pareja de la Guardia Civil a la que se encomienda la conducción a pie, por ásperos parajes rurales castellanos, desde Murias de Paredes (León) hasta Vitoria, de un peligroso preso -“el Sacamantecas”- (2).

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El escudo de armas del apellido Urcelay o Ucelay

Repostero de grandes dimensiones con el escudo del apellido Urcelay, propiedad de mi familia

El escudo de armas es, junto con el solar y el apellido, una de las circunstancias que caracterizan exteriormente la antigua familia vascongada. El estudioso Juan Carlos de Guerra destaca, además, que el uso de los blasones probablemente se implantó en tierras vascongadas antes que en el resto de España, en concreto en los siglos XI y XII por influjo de Francia y Alemania.

En el prólogo de su imprescindible obra Estudios de Heráldica Vasca (Librería de J. Baroja e Hijos, San Sebastián, 1910), Guerra escribe:

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El apellido Urcelay o Ucelay en 1390: Iohan de Huçelay y Pero de Huçelay, «omes buenos» vecinos de Villarreal

escudo-feten1Doy cuenta de una nueva mención del apellido Urcelay (en este caso, en su variante Huçelay) en el siglo XIV, que se añade a la ya conocida de la Escritura de Concordia de Zumaraga y Villarreal de 11 de diciembre de 1383 en la que aparece citado Martin de Urcelay como uno de los vecinos de Zumárraga (ver Martín de Urcelay y los orígenes de la villa de Zumarraga. La Escritura de Concordia de  1383).

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Un manuscrito de 1806 sobre las antigüedades de Poza de la Sal (III). El informe de Miguel Ortiz Otáñez

Centrando ahora la atención en el Informe de Miguel Ortiz Otáñez, ya hemos visto antes cómo la Real Academia de la Historia decide el 8 de junio de 1806 «pedirle noticias de los descubrimientos», para lo cual, según se afirma en el oficio de 18 de junio en el que se le solicita el informe, se tiene en cuenta no solo su «afición» a «este ramo de literatura sino también las proporciones que tiene para facilitar por si o por persona inteligente de su confianza una relación individual de los citados descubrimientos» (1).

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Un manuscrito de 1806 sobre las antigüedades de Poza de la Sal (II). La documentación sobre los hallazgos

Debo señalar, antes de nada, que en el año 2003 el Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia culminó una importante labor de catalogación de los archivos sobre Arqueología y Patrimonio Histórico de dicha institución, que puso además a disposición de los investigadores y del público en general a través del portal de internet de la Universidad de Alicante «Cervantes Virtual». Entre dichos fondos se encuentra la reproducción fotográfica de los originales del conjunto de 17 documentos relativos a los hallazgos de Poza de la Sal de 1806. Estos documentos completan los 5 consultados por Pérez Rodríguez-Aragón y Represa en el Archivo Histórico Nacional, que tendrían su origen en el archivo del Primer Secretario de Estado. 4 de los escritos son coincidentes, lo que se explicaría por haber intervenido en ellos tanto la Real Academia como el Primer Secretario y quedar copia por tanto en los respectivos archivos (1).

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Un manuscrito de 1806 sobre las antigüedades de Poza de la Sal (I). Introducción

Una de las más recientes contribuciones al conocimiento de la arqueología de Poza de la Sal es el trabajo «Una necrópolis tardorromana descubierta en 1806 en Poza de la Sal (Burgos)», publicado en 2006 por Fernando Pérez Rodríguez-Aragón y María Francisca Represa Fernández (1).

Esta interesante investigación recupera una parte de la documentación relativa a los descubrimientos arqueológicos realizados en 1806 en la necrópolis de época romana situada en la zona del Cerro del Milagro, en el término de Poza (2). Dicha documentación es consecuencia de una reclamación por dicho hallazgo que el científico Gregorio González Azaola (3) elevó ante Pedro Cevallos, Primer Secretario de Estado de Carlos IV, frente al alcalde de Poza, Pablo Echavarría, y su teniente de alcalde, Isaac González.

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El apellido Urcelay o Ucelay en el «Ensayo de un padrón histórico de Guipúzcoa según el orden de las familias pobladoras» (1895)

Juan Carlos de Guerra2

Juan Carlos de Guerra (1860-1941)

Con toda razón se ha dicho que el Ensayo de un padrón histórico de Guipúzcoa según el orden de sus familias pobladoras, del genealogista y heraldista donostiarra Juan Carlos de Guerra (1860-1941) (1) es, con diferencia, lo más sobresaliente de la genealogía científica de Guipúzcoa.

La obra, que comprende más de 3.400 familias, fue publicada originariamente entre 1895 y 1912 en  Euskal – Erria Revista Bascongada, editada en San Sebastián. En 1928 se reeditó en un solo volumen. En ella se inspiran las obras modernas de referencia sobre genealogía de apellidos vascos y, en concreto, las de los hermanos García-Carraffa y Mogrobejo.

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Martín de Urcelay en los orígenes de la villa de Zumarraga. La Escritura de Concordia de 1383

Ermita La Antigua Zumárraga

Ermita de Ntra. Señora de la Antigua, al pie del Monte Beloki

La villa guipuzcoana de Zumarraga (1), enclavada en el Alto Valle del Urola, cuna del apellido y linaje de los Urcelay, aparece por vez primera documentada en la historia en el año 1366.

En esa fecha, el pretendiente al trono de Castilla, Enrique de Trastamara, donó al Señor de Lazcano el monasterio de Zumarraga, con sus tierras y rentas, origen del primer templo parroquial, Santa María, hoy conocido como ermita de La Antigua. En torno a él, en la ladera del monte Beloki, se agrupaban las familias y caseríos dispersos de la Universidad «independiente» de Zumarraga.

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