Un manuscrito de 1806 sobre las antigüedades de Poza de la Sal (III). El informe de Miguel Ortiz Otaño

Centrando ahora la atención en el Informe de Miguel Ortiz Otaño, ya hemos visto antes cómo la Real Academia de la Historia decide el 8 de junio de 1806 “pedirle noticias de los descubrimientos”, para lo cual, según se afirma en el oficio de 18 de junio en el que se le solicita el informe, se tiene en cuenta no solo su “afición” a “este ramo de literatura sino también las proporciones que tiene para facilitar por si o por persona inteligente de su confianza una relación individual de los citados descubrimientos” (1).

A este oficio contesta Miguel Ortiz con otro de 4 de julio de 1806 en el que da cuenta de haber escrito inmediatamente a Poza para indagar cuanto se supiese sobre el asunto y afirma que “es muy sensible” que por la Real Academia se procure desenterrar “los célebres monumentos que en las cercanías de esta villa existen y cada día aparecen, restos sin duda de la antigua ciudad que allí existió, y que no me atrevo asegurar su verdadero nombre, a pesar de mis indagaciones (…) que he hecho en sus acueductos, lápidas y sepulcros” (2).

En la sesión ordinaria del 18 de julio de 1806 “se lee un oficio de Miguel Ortiz Otaño en el que informa sobre la población a que pueden pertenecer los descubrimientos de Poza de la Sal”. El oficio del autor lleva fecha 11 de julio y está firmado en Valladolid (3). Se incluye su transcripción completa en el Apéndice que sigue al presente ensayo.

De Miguel Ortiz Otaño poco hemos podido averiguar. Sólo sabemos de él que fue Oidor -es decir, el equivalente a un juez letrado- de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid, órgano judicial establecido en 1371 por las Corte de Toro con competencia sobre todo el territorio de Castilla, extinguido en 1834.

También sabemos que, según hemos visto en la colección de Actas de la Real Academia de la Historia, fue nombrado académico correspondiente de la Historia coincidiendo con la presentación de su informe sobre Poza en el año 1806; y, que, de acuerdo con la recopilación de Memorias de la Real Academia de la Historia, falleció en 1811 (4). A juzgar por algunas otras noticias parciales que hemos podido consultar, las vicisitudes de la invasión francesa no debieron ser, al cabo, muy favorables para Ortiz, que parece fue destituido por las Cortes de Cádiz y que se declaró totalmente arruinado pese a sus posesiones (5).

En cuanto a su Informe sobre Poza, se trata de un texto relativamente largo -ocupa 21 pliegos- que se su autor envía a la Real Academia -según expone en los primeros párrafos- cuando ya el alcalde de Poza, Pablo Echavarría, ha escrito a aquella describiendo minuciosamente los monumentos y acatando la Real Orden que se le había enviado. No obstante, Miguel Ortiz no deja pasar la oportunidad de exponer sus conclusiones sobre “los vestigios de antigüedades hallados en la villa de Poza y su recinto, como de la población que hallí hubo y su denominación”.

Primera página

Primer folio del Oficio de Miguel Ortiz Otaño al Secretario de la Real Academia de la Historia con la descripción geográfica e histórica de Poza de la Sal.

A partir de esa declaración de intenciones, el autor lleva a cabo una concatenación de “toscas ideas” -como el mismo las califica al final del escrito- con las que trata de demostrar, con argumentos geográficos e históricos, la que constituye la tesis central de su informe: que el lugar en que se encontraron los restos arqueológicos -la conocida como “Ciudad del Milagro”, a media legua de Poza- se corresponde con la antigua ciudad de Cantabria. Para ello, se extiende básicamente en dos líneas de exposición.

La primera línea está destinada a esclarecer los límites geográficos de la “antigua Dominación o Provincia de Cantabria” y la posible ubicación de la ciudad que dio nombre a este territorio, teniendo en cuenta las vicisitudes de las guerras entre romanos y cántabros y la expulsión de éstos hacia la llanura.

La segunda línea de exposición -a partir del pliego 9- consiste en la descripción de los vestigios existentes en la llanada que hay entre Salas de Bureba y Cantabrana hacia la villa de Poza de la Sal que, unidos “a la situación del terreno, la inmediación de pueblos abundantes” y “el ser la primera llanura, bajando de la antigua Dominación Cantábrica”, inclinarían a creer “que la ciudad que allí existió fue la de Cantabria, poblada por los vencidos cántabros, mezclados con los romanos”. Dicha ciudad habría sido quemada y asolada después por Leovigildo, de acuerdo con la profecía de San Millán de la Cogolla -narrada por San Braulio, Obispo de Zaragoza-, que al autor resume en el texto.

Los restos de seis sepulcros con sus ajuares hallados en 1806 -a los que el autor apenas dedica un párrafo en el pliego 11 -a pesar de ser el motivo de su informe a la Real Academia de la Historia- corroborarían sus mencionadas tesis.

Completan el escrito de Miguel Otaño la mención de algunas curiosidades, entre las que destacan el martirio el 8 de agosto de 299 d.C. en el llamado “Monte de la Sal”, “que está sobre la villa”, de Rufo y Salustio por orden de Diocleciano (6), y el hallazgo en el siglo XVII en las salinas de Poza de “un cuerpo de hombre de estatura de gigante, cubierto de pieles” que “dicen puede ser desde el diluvio universal” (7).

Firma

Firma de Miguel Ortiz Otaño

Una tesis errada: la ubicación de la ciudad de Cantabria en Poza

Como antes mencionábamos, el guión argumental del informe de Miguel Ortiz a la Real Academia de la Historia se dirige a demostrar que en Poza estaba localizada la Ciudad de Cantabria y que de sus vestigios formarían parte los hallazgos de 1806 que dieron lugar a la controversia provocada por la reclamación de González Azaola al Primer Secretario de Estado.

Se trata de una tesis desde luego errónea que también el alcalde de Poza mencionaba en sus escritos de exculpación ante la Real Academia (8) y ante Pedro Cevallos, a diferencia del reclamante Gonzalez Azaola, que sostiene en su oficio que se trataba de Segisamonculum (9).

Martínez Santa-Olalla pudiera estar refiriéndose a Miguel Ortiz cuando escribe en los primeros párrafos de su exhaustivo estudio -escrito en 1928- sobre las antigüedades romanas de Poza de la Sal:

“Dada la abundancia de restos de la antigüedad, diversos autores de pasados siglos (…) se ocuparon de ellos, en general con poco o ningún acierto: Sota coloca Segisamunclo en Poza. Otros han colocado aquí sin más fundamento: Salionca, Segisama Julia… Hasta hay quien embaucó, en tiempos modernísimos, a las sencillas gentes del país con la existencia de la ciudad de Cantabria de varios kilómetros de extensión. Si alguno de esos nombres tiene visos de verosimilitud, es el de Salionca” (10).

Respecto a la geografía y la historia de Cantabria, a la que Miguel Ortiz Otaño dedica tanta atención, los modernos estudios y excavaciones arqueológicas han permitido clarificar buena parte de las referencias que de manera algo desordenada van apareciendo en el Informe y que posiblemente hoy apenas ofrezcan más interés que representar un testimonio de un determinado estadio de la investigación histórica y geográfica de Cantabria y los cántabros (11).

Jaime Urcelay

(1) El documento tiene la referencia del archivo de la RAH CAIBU/9/3942/02(05) puede consultarse en http://bib.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/rahis/78033957659314240243457/index.htm
(2) Este documento (CAIBU/9/3942/02(10)) puede consultarse en http://bib.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/rahis/67922846549314239143457/index.htm
(3) Con la referencia CAIBU/9/3942/02(14), puede encontrarse en http://bib.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/rahis/12937769702308286310624/index.htm
(4) “Memorias de la Real Academia de la Historia”, Tomo V, Imprenta de Sancha, Madrid, 1917. La noticia del fallecimiento de Miguel Ortiz Otaño, “correspondiente de la Real Academia de la Historia” y “Oidor de la Chancillería de Valladolid”, aparece en la pág. XXI.
(5) Cfr.: Rodríguez Zurro, A.I.: “Causas de la ruina de Castilla durante la Guerra de la Independencia”, Cuadernos de Historia Contemporánea, nº 23, 2001, pág. 284.
(6) Ortiz no da en este caso la fuente del dato y se limita a afirmar que “no falta quien dice…”. Martínez Archaga recoge también esta interesante información, si bien menciona el lugar del Martirio como “Monte Salario” y añade el nombre de otro de los mártires cristianos de Poza, el Presbítero Pedro. Se basa para ello, con reservas, en la obra de Fray Gregorio de Argaiz “Libro de población de Castilla y España” (Cfr. “Poza de la Sal y los pozanos…”, op.cit. pág. 147, nota 1).
(7) Se basa en los Avisos de Pellicer y Tobar de 23 de abril de 1641, que Pérez Rodríguez-Aragón y Represa reseñan también en una addenda de su artículo sobre la necrópolis tardorromana descubierta en 1806 (Cfr. Pérez Rodríguez-Aragón, F. y Represa, M.F.: op. cit. pág. 196).
(8) Algunos de sus párrafos coinciden literalmente con los del oficio de Miguel Ortiz.
(9) Ortiz en su Informe no ignora esta posibilidad. Hoy, sin embargo, está aceptado que Segisamonculum o Segesamunclo es una ciudad autrigona identificada con Cerezo del Río Tirón (Cfr.: Unión Académica Internacional (Comité Español): “Tabula Imperii Romani, Cesaraugusta. Clunia”, Instituto Geográfico Nacional, Madrid, 1993, pág. 207).
(10) Martínez Santa-Olalla, J.: “Antigüedades…”, op. cit. pág. 127. Sota fue un historiador y monje benedictino del siglo XVII. Segisama Julia, Segisamum o Segesamone se identifica con Sasamón (Vid. “Tabula Imperii Romani”, op. cit. pág. 207). La ciudad autrigona de Salionca se sitúa hoy, según la misma fuente, precisamente en el ya referido “Cerro del Milagro” de Poza, lugar de los hallazgos de 1806 (Cfr. “Tabula…”, op.cit. pág. 195), si bien José María Solana – autoridad en la investigación de los autrigones- disiente y la ubica en la zona de Silanes, Miraveche o Villanueva de Teba (cfr: Solana, J.M. (ed.), “Las entidades étnicas de la Meseta Norte de Hispania en época prerromana”, Anejos de Hispania Antiqua, Revista de Historia Antigua, Secretariado de Publicaciones, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1991, pág. 171). El mismo Solana ya había dedicado amplia atención a la cita por Ptolomeo de la ciudad autrigona de Salionca y a su ubicación en “Los autrigones a través de las fuentes literarias”, Anejos de Historia Antiqua I, Colegio Universitario de Álava, Vitoria, 1974, pp. 90 y ss.
(11) Para una aproximación a este tema, puede verse Aja, J.R, Cisneros, M. y Ramírez, J.L: “Estado actual de la historiografía sobre Cantabria antigua”, en el volumen “Los cántabros en la antigüedad. La Historia frente al mito”, Universidad de Cantabria, Santander, 2008.

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