Un manuscrito de 1806 sobre las antigüedades de Poza de la Sal (I). Introducción

Una de las más recientes contribuciones al conocimiento de la arqueología de Poza de la Sal es el trabajo “Una necrópolis tardorromana descubierta en 1806 en Poza de la Sal (Burgos)”, publicado en 2006 por Fernando Pérez Rodríguez-Aragón y María Francisca Represa Fernández (1).

Esta interesante investigación recupera una parte de la documentación relativa a los descubrimientos arqueológicos realizados en 1806 en la necrópolis de época romana situada en la zona del Cerro del Milagro, en el término de Poza (2). Dicha documentación es consecuencia de una reclamación por dicho hallazgo que el naturalista Gregorio González Azaola elevó ante Pedro Cevallos, Primer Secretario de Estado de Carlos IV, frente al alcalde de Poza, Pablo Echavarría, y su teniente de alcalde, Isaac Gonzalez.

La disputa se refería a la conservación de las piezas encontradas y al supuesto propósito del alcalde de Poza de enviarlas a Roma, lo que dio lugar a la intervención de la Real Academia de la Historia. Para ello esta institución -creada en 1738- invocó la entonces todavía reciente Real Cédula de 6 de julio de 1803, primera medida legislativa que se promulgó en España -y una de las primeras en Europa- para la conservación del patrimonio arqueológico y monumental (3).

Las piezas arqueológicas en cuestión, halladas por un labrador de nombre Pascual Sainz Ibáñez en la parte baja del Cerro del Milagro, a orillas del Río Homino, eran seis sarcófagos con cadáveres y ajuar funerario consistente en diversos recipientes, herramientas de hierro, una hoja de puñal y dos pequeñas monedas de cobre mal conservadas (4).

Mapa

Mapa de la zona de los hallazgos de 1806: 1. Cerro del Milagro; 2. Granja “La Vieja”; 3. Estación de ferrocarril; 4. Ermita y Santuario de Nuestra Señora de Pedrajas; 5. Villa de Poza de la Sal. 2 y 3 están sobre la actual carretera Poza-Salas de Bureba, villa que queda al noroeste. Al este de 2 y 3 discurren la antigua vía del ferrocarril Santander-Mediterráneo, hoy prácticamente levantada, y el río Homino.

 

El aludido trabajo de investigación viene así a divulgar el desarrollo de un episodio muy curioso e interesante de la historia de Poza -en el que intervinieron nada menos que el Primer Secretario de Estado del Reino, Pedro Cevallos Guerra (5), y la Real Academia de la Historia-, así como importantes datos para la arqueología de nuestra villa a los que hasta ahora apenas se había podido prestar atención. El episodio y los datos eran desconocidos, por ejemplo, para Feliciano Martínez Archaga, quien en su fundamental obra “Poza de la Sal y los pozanos en la Historia de España” (6) consiguió identificar, con particular mérito, prácticamente todas las fuentes hasta ahora disponibles para la historia de la villa salinera.

Pedro de Cavallos

Pedro Cevallos, Ministro de Estado de Carlos IV, destinatario de la reclamación sobre los hallazgos arqueológicos en Poza.

En las siguientes líneas me propongo completar los antecedentes del mencionado episodio de los hallazgos arqueológicos de 1806 y, de manera particular, presentar un nuevo documento referido a los mismos hechos, al que aparentemente no tuvieron acceso los investigadores citados. Me refiero, en concreto, al Informe que el 11 de julio de 1806, a solicitud de la Real Academia de la Historia, elabora Miguel Ortiz Otaño, de la Real Chancillería de Valladolid, y en el que realiza una descripción geográfica e histórica de Poza de la Sal con informaciones de cierto valor para futuras investigaciones.

(Continuará)

Jaime Urcelay

(1) Revista Sautuola, vol. XII, Instituto de Prehistoria y Arqueología “Sautuola”, Santander, 2006, págs. 191-200.
(2) La descripción completa de la estación romana, destruida a principios del siglo XX con motivo de las obras del ferrocarril Santander-Mediterráneo, fue realizada por Julio Martínez Santa-Olalla en “Antigüedades romanas de Poza de la Sal”, Anuario de Prehistoria Madrileña, 1931 y 1932, II y III, Madrid, pág. 125 y ss.
(3) Sobre los antecedentes, contexto histórico y demás vicisitudes -incluido el episodio de los hallazgos de Poza de 1806- de la Real Cédula de 6 de julio de 1803, puede verse Maier, J.: “II centenario de la Real Cédula de 1803”, Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo CC, Cuaderno III, septiembre-diciembre 2003, Madrid, 2003, pág. 450 y ss. Las menciones al incidente de Poza aparecen en la pág. 457 y ss.
(4) El lugar de los hallazgos coincide con el de la necrópolis descrita por Martínez Santa-Olalla (op.cit. pág. 142 y ss.). Según Pérez Rodríguez-Aragón y Represa la descripción de las tumbas halladas en 1806 encaja bastante bien con las características propias de las tradicionalmente denominadas “necrópolis del tipo Duero”, facies funeraria bajoimperial propia de los ambientes rurales de la zona más septentrional e interior de la Península Ibérica (op.cit., pág. 195). Desconocemos el paradero final de estas piezas pero según el último de los oficios de la Real Academia de la Historia sobre el particular, dirigido el 6 de agosto de 1806 al depositario de las piezas -que era el Alcalde Poza- aquella ordenaba que “para procurar todo inconveniente de extravío o pérdida de los monumentos (…), si se presentase en solicitud de ellos algún sujeto aficionado al ramo de antigüedades, procure hacerle verificar su entrega con conocimiento del dueño bajo el precio o gratificación en que se convengan mutuamente” (el documento, cuya referencia de archivo de la Real Academia de la Historia es CAIBU/9/3942/02 (17), puede consultarse en http://bib.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/rahis/07032846722781006410046/index.htm). En una P.D. del oficio se añade que “tal vez solicitará su adquisición Dn. Gregorio Gonzalez Azaola”. Ignoramos si alguno de los sarcófagos de 1806 está comprendido entre los cinco que el epigrafista Fidel Fita describe más de cien años después en su trabajo “Antigüedades romanas de Poza de la Sal, en el partido de Briviesca, provincia de Burgos”, publicado en el Boletín de la Real Academia de la Historia, vol. LXIX, 1916, pág. 211 y ss. Los sarcófagos procedían de la misma necrópolis y en esa fecha se encontraban tres en la Granja “La Vieja” (es decir, en el propio emplazamiento de la necrópolis) y dos en la huerta de la casa de Doña Dolores Merino, en Poza.
(5) Brillante doctor en Derecho por la Universidad de Valladolid, entró en la diplomacia de la mano de Floridablanca. Carlos IV le nombró en 1801 Ministro de Estado. Aunque el gobierno lo manejaba el valido Godoy, a Cevallos correspondió resolver graves asuntos de la época. En Bayona defendió a España y su monarquía frente a Napoleón. Organizó desde la Junta Central compra de armamento y pertrechos para las tropas españolas y al volver a España Fernando VII éste le nombró de nuevo Ministro de Estado, hasta que en 1816 dimitió de su cargo y retornó a la carrera diplomática. Durante la Regencia, María Cristina le ofreció nuevos cargos pero Cevallos declinó volver a la política alegando su avanzada edad. Sobre Cevallos puede consultarse la siguiente biografía: Crepo, F. y Laguillo, P.: “Pedro Cevallos Guerra (1759-1838). Ministro de Estado natural de San Felices de Buelna”, Ayuntamiento de San Felices de Buelna, 2007.
(6) Imprenta Monte Carmelo, Burgos, 1984. Existe una 2ª edición de 2009.

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