Doy cuenta de una nueva mención del apellido Urcelay (en este caso, en su variante Huçelay) en el siglo XIV, que se añade a la ya conocida de la Escritura de Concordia de Zumaraga y Villarreal de 11 de diciembre de 1383 en la que aparece citado Martin de Urcelay como uno de los vecinos de Zumárraga (ver Martín de Urcelay y los orígenes de la villa de Zumarraga. La Escritura de Concordia de 1383).
Autor: Jaime Urcelay
Un manuscrito de 1806 sobre las antigüedades de Poza de la Sal (III). El informe de Miguel Ortiz Otáñez
Centrando ahora la atención en el Informe de Miguel Ortiz Otáñez, ya hemos visto antes cómo la Real Academia de la Historia decide el 8 de junio de 1806 «pedirle noticias de los descubrimientos», para lo cual, según se afirma en el oficio de 18 de junio en el que se le solicita el informe, se tiene en cuenta no solo su «afición» a «este ramo de literatura sino también las proporciones que tiene para facilitar por si o por persona inteligente de su confianza una relación individual de los citados descubrimientos» (1).
Un manuscrito de 1806 sobre las antigüedades de Poza de la Sal (II). La documentación sobre los hallazgos
Debo señalar, antes de nada, que en el año 2003 el Gabinete de Antigüedades de la Real Academia de la Historia culminó una importante labor de catalogación de los archivos sobre Arqueología y Patrimonio Histórico de dicha institución, que puso además a disposición de los investigadores y del público en general a través del portal de internet de la Universidad de Alicante «Cervantes Virtual». Entre dichos fondos se encuentra la reproducción fotográfica de los originales del conjunto de 17 documentos relativos a los hallazgos de Poza de la Sal de 1806. Estos documentos completan los 5 consultados por Pérez Rodríguez-Aragón y Represa en el Archivo Histórico Nacional, que tendrían su origen en el archivo del Primer Secretario de Estado. 4 de los escritos son coincidentes, lo que se explicaría por haber intervenido en ellos tanto la Real Academia como el Primer Secretario y quedar copia por tanto en los respectivos archivos (1).
Un manuscrito de 1806 sobre las antigüedades de Poza de la Sal (I). Introducción
Una de las más recientes contribuciones al conocimiento de la arqueología de Poza de la Sal es el trabajo «Una necrópolis tardorromana descubierta en 1806 en Poza de la Sal (Burgos)», publicado en 2006 por Fernando Pérez Rodríguez-Aragón y María Francisca Represa Fernández (1).
Esta interesante investigación recupera una parte de la documentación relativa a los descubrimientos arqueológicos realizados en 1806 en la necrópolis de época romana situada en la zona del Cerro del Milagro, en el término de Poza (2). Dicha documentación es consecuencia de una reclamación por dicho hallazgo que el científico Gregorio González Azaola (3) elevó ante Pedro Cevallos, Primer Secretario de Estado de Carlos IV, frente al alcalde de Poza, Pablo Echavarría, y su teniente de alcalde, Isaac González.
El apellido Urcelay o Ucelay en el «Ensayo de un padrón histórico de Guipúzcoa según el orden de las familias pobladoras» (1895)
Con toda razón se ha dicho que el Ensayo de un padrón histórico de Guipúzcoa según el orden de sus familias pobladoras, del genealogista y heraldista donostiarra Juan Carlos de Guerra (1860-1941) (1) es, con diferencia, lo más sobresaliente de la genealogía científica de Guipúzcoa.
La obra, que comprende más de 3.400 familias, fue publicada originariamente entre 1895 y 1912 en Euskal – Erria Revista Bascongada, editada en San Sebastián. En 1928 se reeditó en un solo volumen. En ella se inspiran las obras modernas de referencia sobre genealogía de apellidos vascos y, en concreto, las de los hermanos García-Carraffa y Mogrobejo.
Martín de Urcelay en los orígenes de la villa de Zumarraga. La Escritura de Concordia de 1383
La villa guipuzcoana de Zumarraga (1), enclavada en el Alto Valle del Urola, cuna del apellido y linaje de los Urcelay, aparece por vez primera documentada en la historia en el año 1366.
En esa fecha, el pretendiente al trono de Castilla, Enrique de Trastamara, donó al Señor de Lazcano el monasterio de Zumarraga, con sus tierras y rentas, origen del primer templo parroquial, Santa María, hoy conocido como ermita de La Antigua. En torno a él, en la ladera del monte Beloki, se agrupaban las familias y caseríos dispersos de la Universidad «independiente» de Zumarraga.
¿Educación moral en la empresa? El nuevo contexto de la Responsabilidad Social Corporativa
“Educar e instruir son dos cosas muy diversas. La educación se refiere a todo el hombre; la instrucción sólo a su inteligencia. (…) El educador desenvuelve todas las facultades del hombre, no sólo el entendimiento, sino la memoria y la voluntad, el sentimiento y la imaginación. Y, en el orden físico, el organismo”.
Esta reflexión del P. Ángel Ayala sitúa el problema de la educación en dos de sus coordenadas más decisivas y a la vez, paradójicamente, más olvidadas: primera, la educación comprende necesariamente la educación moral; segunda, la educación es un proceso abierto que desborda el ámbito de la familia y la escuela y que se ve influido por todo lo que rodea a la persona a lo largo de su camino por esta vida. O dicho de otro modo, todo educa.
Responsabilidad Social Corporativa: la dimensión interna como cuestión previa
La Responsabilidad Social Corporativa (en adelante, RSC) es ya en una positiva e irreversible tendencia de primer orden en el mundo empresarial, aunque sus contornos aparezcan todavía muy abiertos y muchas de sus potencialidades permanezcan inéditas.
En efecto, la RSC se ha configurado, desde sus todavía recientes orígenes angloamericanos, como una suerte de “gran paraguas” de un amplio y heterogéneo conjunto de enfoques, conceptos, iniciativas y prácticas que, tomando en general como referencia básica la interacción de las empresas con los llamados “stakeholders” o grupos interesados, van desde la transparencia con los inversores en el gobierno empresarial y los códigos éticos al compromiso empresarial con la protección del medio ambiente, pasando por la interdicción de prácticas discriminatorias con los empleados o las iniciativas corporativas de acción social y mecenazgo cultural.
“Morir bajo tu cielo”, una gran novela de Juan Manuel de Prada
Vaya por delante que soy un apasionado admirador de cuanto escribe Juan Manuel de Prada, tanto por su calidad literaria como por su rara libertad intelectual y la agudeza y profundidad de sus opiniones sobre el hombre de nuestro tiempo.
Ahora acabo de pasar unos días navideños verdaderamente deliciosos con la lectura de su última novela Morir bajo tu cielo, en la que diferentes historias personales ambientadas en los últimos años de soberanía española en las Islas Filipinas convergen, a través del prodigio de la creación literaria, en la épica defensa de la iglesia de Baler –convertida en fuerte- por los conocidos como «los últimos de Filipinas».
¿Los negocios son los negocios?
He descubierto estos días un libro que es una verdadera joyita para caminar, con una buena brújula, por el complejo mundo de la ética financiera y, con una perspectiva más amplia, de la ética en general como ideal de excelencia humana.
Se trata de la obra de Eduardo Camino Ética de la especulación financiera*, publicada hace ya algunos años por Unión Editorial en la colección Monografías AEDOS, pero que hoy, en plena crisis financiera y económica, resulta más actual que nunca. La Presentación de la obra está escrita por nuestro amigo Fernando Fernández, Presidente de la Asociación Española para la Doctrina Social de la Iglesia (AEDOS).

