Para encontrar lo verdaderamente valioso, lo que nos puede hacer felices y personas plenas, no son necesarios grandes arabescos intelectuales ni seguir caminos aparatosos. Esto va, sencillamente, de tratar de amar y dejarse amar, aceptando nuestra fragilidad como seres humanos. Algo que todos tenemos al alcance de la mano en nuestra vida cotidiana…
Esta podría ser una síntesis de lo más esencial de «Mi historia y once más», de Leonor Tamayo (*), un libro rebelde, a contracorriente de la asfixiante corrección política de hoy día. Casi doscientas páginas ágiles, frescas y directas, de esas que se leen de un tirón, en las que su autora -pura espontaneidad y sinceridad- comparte con el lector su experiencia vital y su día a día como mujer, esposa y madre de diez hijos.
“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito”. Esta cita de Aristóteles refleja bien la importancia que los hábitos tienen en nuestra vida y también en qué medida la adquisición de buenos hábitos es una de las claves fundamentales del aprendizaje y el desarrollo de competencias, en el ámbito de las organizaciones y en cualquier otro.
Los hábitos, a diferencia de otros enfoques, nos aterrizan directamente en el terreno del carácter de las personas y, consiguientemente, en el de los comportamientos cotidianos, es decir, en el de la realidad y la vida. Esta es su gran ventaja. Sigue leyendo →
Don Ángel de Urcelay en Zarauz en un verano de los años 60. Le acompaña su amigo el compositor Francisco Escudero (Foto: ERESBIL. Archivo vasco de la música)
En el contexto de mi interés por todo lo relacionado con el linaje Urcelay o Ucelay (ambos, originariamente, fueron el mismo apellido), inicio con esta entrada una recopilación o galería de biografías de quienes en el linaje han tenido mayor relevancia pública.
Solo dos Urcelay o Ucelay -la arquitecta Matilde Ucelay Maórtua (Madrid, 1919-2008) y el pintor José María Ucelay Uriarte (Bermeo, 1903-1979)- aparecen entre las 40.000 biografías de personajes relevantes en la historia de España, desde el siglo VII a. de C. hasta la actualidad, recopiladas en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia. Pero, como tendré ocasión de presentar en esta serie, hay algunos otros Urcelay o Ucelay que han conseguido notoriedad pública, mereciendo formar parte de nuestra memoria. Alguno de fuera de nuestras fronteras, como es el caso destacado del cantante operístico mexicano Nicolás Urcelay Alonzo (Mérida, Yucatán, 1919-1959).
Uno de ellos es precisamente la personalidad con la que arranco ahora esta serie: el sacerdote y músico Ángel de Urcelay Aldalur (Zarauz, 1904-1992). Y quiero que sea el primero por una razón sentimental: en mi propia familia era considerado nuestro «pariente» con más renombre.
Tzvetan Todorov (Sofía, 1939), un reconocido intelectual búlgaro emigrado a Francia antes del derrumbe del comunismo en su país de origen, ha reunido en «Insumisos» (1) un atractivo e inspirador conjunto de itinerarios individuales en los que, pese a la diversidad de perfiles personales y de los contextos a los que tuvieron que enfrentarse, aparece un rasgo común: la resistencia, por motivos morales, a la coacción dominante.
La propia experiencia del autor en un régimen totalitario y sus amplias investigaciones académicas en ciencias sociales, constituyen la base de las Motivaciones iniciales, la Visión de conjunto final y el marco de razonamiento -con el que no siempre he coincidido- para la presentación de los ocho ejemplos, todos ellos contemporáneos, seleccionados en el libro: Etty Hillesum, Germaine Tillion, Alexander Solzhenitsyn, Borís Pasternak, Nelson Mandela, Malcolm X, David Schulman y Edward Snowden.
He frecuentado bastante a lo largo de mi vida a Romano Guardini (1885-1968), aunque probablemente con poca profundidad. A él tengo dedicada una de esas estanterías especiales de la biblioteca, que en mi significa algo así como una marca de predilección y aviso de que tengo que volver a beber de esa fuente. En esto, Guardini es vecino físico de otro de mis manantiales de siempre, Manuel García Morente, como él buscador incansable de la verdad aunque por caminos algo diferentes.
La primera vez que leí la novela «El despertar de la señorita Prim», de Natalia Sanmartín Fenollera (*), quedé asombrado de cómo, a través de una trama y una escritura sencillas -envueltas en un título y una portada a priori poco atractivos para mí-, conseguía un resultado tan fuera de lo común.
Conocí después a su joven autora en una tertulia organizada por la Universidad Francisco de Vitoria y me sentí cautivado al escucharle desvelar, con muchísima naturalidad, su historia personal, la génesis del éxito de la novela -también poco convencional-, y las claves de un relato que, claramente y como ella nos confirmó aquel día, permite niveles de lectura muy diferentes.
En esta España del descrédito de la clase política y el vacío de principios verdaderos en el espacio público, es urgente dar a conocer ejemplos de congruencia vital, compromiso público con los valores del humanismo cristiano y, a la vez, pragmatismo político, como el que representó Abascal a lo largo de toda su trayectoria y, de modo más notorio, en el desempeño consecutivo de las carteras de Trabajo y Gobernación en el sexenio del presidente Vicente Fox (2000-2006).
En efecto, en las páginas de Briviesca – Bureba la corresponsal del diario burgalés en dicha comarca, María José Fernández, presenta de forma muy completa y fiel lo que publiqué sobre Poza en el Archivo Vaticano, cuyo único mérito corresponde al P. Saturnino Ruiz de Loizaga, OFM, integrándolo con la interesante noticia de las indagaciones que en el mismo archivo está realizando Félix Sagredo. Este notable historiador burebano trata de localizar en Roma la bula pontificia de indulgencias concedida a la capilla de trasagrario de la que fue Colegiata de Santa María la Mayor de Briviesca, una de las más antiguas de España, felizmente recuperada y reabierta para el culto como iglesia hace apenas dos años. El documento de la bula no ha sido todavía encontrado.
Retablo mayor de la Iglesia parroquial de San Cosme y San Damián, de Poza de la Sal, antes y después de su reciente restauración. Obra de los hermanos Cortés del Valle, data de 1710 (Foto: http://retablosancosmeysandamian.blogspot.com/)
El pasado mes de julio los vecinos y amigos de Poza de la Sal (Burgos) celebrábamos la tan esperada restauración del retablo mayor de la iglesia de San Cosme y San Damián, gracias a la colaboración del Ayuntamiento y la Consejería de Cultura y Turismo de Castilla y León (1). Se trata de la última intervención significativa en nuestro viejo y entrañable templo parroquial, de construcción fundamentalmente gótica en el siglo XIV o XV y objeto de importantes reformas y añadidos en los siglos XVIII y XIX.
Feliciano Martínez Archaga, quien fuera párroco de Poza entre 1966 y 1987, hizo inventario, en su historia de la villa (2), de las sucesivas obras y reformas desde el siglo XVI, tanto en la mencionada iglesia como en la cercana ermita de Nuestra Señora de Pedrajas.
En el mundo de las organizaciones las palabras facilitación o facilitador tienen un significado bastante reconocible. Se trata del especial rol que en determinadas reuniones tienen una o varias personas cuya responsabilidad es proporcionar estructura y proceso a las interacciones de los participantes. Su propósito es que el grupo funcione con más efectividad para alcanzar los objetivos propuestos.
El valor añadido de un facilitador a los resultados de una sesión participativa es evidente, siempre y cuando los comportamientos que despliegue y las técnicas y herramientas que utilice sean los idóneos. En otro caso, el facilitador puede convertirse más bien en un obstáculo o en una distorsión para la consecución de resultados por el grupo. Esta diferencia en la competencia del facilitador es en la práctica muy importante, como sabe cualquiera que haya participado en reuniones, talleres o focus groups en los que se haya hecho uso de este rol. Sigue leyendo →