La matriz consciencia-competencia, una herramienta útil para el aprendizaje y el desarrollo en las organizaciones

“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto; es un hábito”.  Esta cita de Aristóteles refleja bien la importancia que los hábitos tienen en nuestra vida y también en qué medida la adquisición de buenos hábitos es una de las claves fundamentales del aprendizaje y el desarrollo de competencias, en el ámbito de las organizaciones y en cualquier otro.

Los hábitos, a diferencia de otros enfoques, nos aterrizan directamente en el  terreno del carácter de las personas y, consiguientemente, en el de los comportamientos cotidianos, es decir, en el de la realidad y la vida. Esta es su gran ventaja.

Si queremos cambiar comportamientos en el día a día, centrémonos en cambiar hábitos. Y para facilitar este reto disponemos de una herramienta muy sencilla que, según vengo comprobando al dar formación a perfiles diversos, puede resultar muy útil en la práctica. Me refiero a la matriz consciencia-competencia, propuesta desde la PNL y que paso a describir brevemente.

El modelo toma en cuenta dos factores combinados en cuatro cuadrantes, según puede verse en el gráfico: la competencia, es decir la práctica o no práctica de los comportamientos deseables; y la consciencia personal de su práctica o no práctica.

Matriz consciencia-competencia para el aprendizaje y desarrollo de hábitos. Elaboración propia a partir de Cardona y García-Lombardía.

Incompetencia inconsciente

El primer cuadrante es de la incompetencia inconsciente. Estamos en la zona ciega. Soy “incompetente” y ni siquiera me doy cuenta, con lo que mis posibilidades de mejora son prácticamente nulas.

Ejemplo: por mi comportamiento habitualmente pasivo, no aporto nada en las reuniones de equipo…y, por lo visto, soy el último en enterarme de que es así.

¿Cómo salir de esta situación para hacerme, al menos, incompetente consciente? Suena mal pero es, sin duda, un gran paso en el camino del crecimiento. Los puentes entre uno y otro cuadrante son básicamente tres: el progreso en el autoconocimiento, la retroalimentación por parte de quien me conoce y algún fracaso o coscorrón que me haga abrir los ojos a la realidad de mi comportamientos y su impacto. Otro clásico, Plutarco, escribió que “no cometer errores no está en manos del hombre, pero de sus errores y equivocaciones el sabio y el bueno aprenden sabiduría para el futuro”.

Ejemplo: mi jefe me ha hecho ver que, en concreto, en las últimas reuniones no he aportado nada y que esto tiene como consecuencia que todos se pierden mi experiencia y mis conocimientos, limitando así las posibilidades del equipo.

Cualquiera de los tres puentes-o los tres mezclados- nos vale, pero siempre y cuando estemos dispuestos a abrir la puerta que franquea el paso: la aceptación, íntima e indelegable, de la incompetencia. Sin esa aceptación, que no es otra cosa que una asunción personal de responsabilidad, poco podemos esperar.

Ejemplo: acepto que podría aportar mucho más solamente con preparar las reuniones y estar en ellas más activo. Todos se beneficarían de mis contribuciones y a mí me proporcionaría motivación, al sentir que aporto valor. Además, las reuniones dejarían de ser un espacio de aburrimiento para mí.

Hacia la competencia consciente

Pasar ahora de la incompetencia consciente a la competencia consciente (¡esto ya va sonando mejor!) requiere de la activación de dos resortes: de un lado, la voluntad (¡quiero cambiar!); de otro,seguir un método apropiado para la adquisición del hábito bueno.

Demos por hecho que contamos con el primer resorte, la voluntad. Veamos entonces cómo sostenerla y hacerla productiva, es decir, qué método conviene seguir para que nos lleve, como deseamos, a la competencia consciente.

Ese método no es otro que la repetición consciente, regular y sistemática, durante un tiempo significativo, de los comportamientos buenos que queremos incorporar a nuestra forma de conducirnos. Es convertir la voluntad en un pequeño plan de acción. “Una meta sin plan -escribió Saint-Exúpery– es solo un deseo”.

Ejemplo: en cada reunión de equipo a la que asista haré alguna contribución significativa, que iré incrementando progresivamente.

Algunos tips para hacer esto de forma efectiva: acometer un solo comportamiento a la vez; elegir algo que nos motive; hacer que el plan sea progresivo; contagiarnos de optimismo; trabajar, empeñarse; llevar un registro de los progresos; reforzar después de pequeñas victorias; buscar algún cómplice para nuestro esfuerzo; y, sobre todo, paciencia y no cansarse. Saber, en fin, que la única derrota es rendirse y que todo lo demás es camino.

Y, al fin, inconscientemente competentes

Si perseveramos en este esfuerzo de repetición de buenas acciones, el resultado será que el comportamiento saldrá de nosotros de una forma espontánea, sin proponérnoslo. Habrá pasado a formar parte de nuestro carácter, de nuestra manera habitual de ser.

Ejemplo: de manera natural, contribuyo en las reuniones de equipo sin necesidad de proponérmelo. Simplemente porque es lo que me sale.

Podremos entonces decir que hemos alcanzado la competencia inconsciente en un determinado comportamiento y con ella la culminación de un camino de aprendizaje y mejora, ya sea en el orden de las rutinas productivas o en el de conductas de alcance moral, en cuyo caso hablamos de virtudes.

Y terminado el ciclo, será la hora de empezar con otro comportamiento…

Konrad Lorenz, el gran etólogo y Premio Nobel de Medicina, escribió: “Vivir es aprender”.

Jaime Urcelay

(Publicado en el blog de TantoQuanto, Consultoría de Liderazgo y Estrategia).

 

 

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