“El Porvenir de Poza” en los recuerdos de la familia de Ubaldo Vázquez, su último gestor

Ruinas del edificio de la central hidroeléctrica de Los Molinos, en Poza de la Sal (Foto: J. Urcelay)

Nota.- Hace ya algunos años me decidí a buscar información sobre la llegada de la electricidad a Poza de la Sal (Burgos) y más en concreto sobre la pequeña central hidroeléctrica que el Ayuntamiento, a través de la sociedad “El Porvenir de Poza”, construyó, en los remotos años 20 del pasado siglo, en el paraje conocido como Los Molinos.

Con los datos y planos encontrados en el Archivo Municipal, algunos recuerdos de mi familia y una magnífica monografía de Ramón Ojeda sobre las “fábricas de luz” en la cuenca alta del Ebro, publiqué aquí una entrada sobre el asunto (“El Porvenir de Poza” y la llegada de la electricidad a Poza de la Sal).

Pero el mejor fruto de aquella curiosidad se presentó después, de manera inesperada. La Providencia quiso que se topara con este blog José María González Vázquez, nieto de quien había sido último gestor de aquella pionera central hidroeléctrica, Ubaldo Vázquez. Sus tíos aun vivían -me escribió- y ellos conocían cómo se desarrollaba el día a día en la referida central eléctrica. Él mismo, según contaba, había pasado muchos veranos allí y, con las indicaciones de su abuelo, regulaba la electricidad en función de la demanda y de la cantidad de agua que había en el estanque, entre otras tareas.

Aquello me pareció muchísimo más interesante que todo lo que yo había encontrado rebuscando en documentos y libros, por lo que le animé a recopilar los recuerdos. José María lo hizo con todo cariño, hablando con su madre, hermanos, tíos y primos para reunir las vivencias de Los Molinos. También me envió algunas preciosas fotografías antiguas del álbum familiar.

Tengo este tipo de testimonios por un tesoro de inapreciable valor cultural y etnográfico -en realidad, esencialmente humano-. Es una lástima que en nuestra querida Poza de la Sal no se hayan prodigado más; en los últimos tiempos es mucho lo que, con el vértigo de los cambios sociales, se ha perdido de la memoria colectiva de este singular pueblo.

He pedido por eso autorización a J.M. González para publicar aquí el texto que escribió y me hizo llegar en 2015, a lo que ha accedido generosamente. Quede constancia de mi sincero agradecimiento a él y a los hijos de Ubaldo que le ayudaron con sus recuerdos -en especial, su madre Genoveva y sus tíos Aurora e Isidro Vázquez-. Estoy seguro de que también los pozanos, de hoy y de mañana, compartirán este sentimiento de gratitud hacia ellos.

He aquí sus recuerdos de “El Porvenir de Poza”:

 

Entrañable fotografía de Ubaldo Vázquez y su mujer, Lucila Tubilleja. Ubaldo, con la ayuda de su familia, se hizo cargo de la gestión de la fábrica de electricidad de El Porvenir de Poza desde los años 30 del pasado siglo hasta su cierre, ya entrados los 60 (Foto: J.M. González)

La Central de El Porvenir de Poza estaba a cinco kilómetros del pueblo, camino de Piedramazal y Aguas Cándidas.

En el recorrido había una línea de cobre de unos 4 milímetros y 5 hilos: 2 positivos, 1 neutro y 2 para el teléfono. Los hilos estaban sujetos en postes de madera con soportes aislantes de vidrio. Los primeros años los postes aguantaron bien. Después, en el invierno, con la nieve, el agua y el viento, se caían con bastante frecuencia. Cuando esto ocurría, teníamos que recorrer la línea, levantar los deteriorados y revisar si había alguno más en mal estado.

En la Central estaban la turbina, el alternador y el transformador de donde salía la corriente a 3.000 voltios. Con esa potencia llegaba al molino. De allí iba a las casas y a las pequeñas industrias con tensión de 110 /220 voltios.

La turbina se movía con agua que venía del manantial ”Peña del Gallo”, situado a un kilómetro. Antes de llegar a la Central, a unos 150 metros, estaba el pequeño depósito. De allí caía a la turbina y así es como funcionaba la Central. Como existen planos de capacidad y altura del salto se pueden ampliar estos datos.

De vez en cuando teníamos que limpiar la presa o depósito con un rastrillo, ya que el agua arrastraba arena, ramas y broza y, si no se hacían estas tareas, con frecuencia se obturaba la rejilla de salida y no llegaba suficiente caudal para que funcionase la turbina.

En los primeros años de vida de la Central, durante el día la corriente sólo alimentaba al molino de Poza y por la noche se destinaba al alumbrado. Años después, sin embargo, cuando los vecinos empezaron a poner electrodomésticos en sus casas, había que destinar la electricidad para los hogares durante el día, con lo que empezó a haber escasez de corriente, sobre todo en épocas en que el caudal del arroyo era más débil. Como consecuencia de ello algunas noches se vaciaba el depósito y teníamos que parar la turbina hasta que nuevamente se llenaba. Otras noches regulábamos la corriente al mínimo para que durara un poco más el agua, con lo que el voltaje también se reducía.

El edificio que albergaba la maquinaria disponía de un pararrayos que, cuando había tormentas, provocaba un fuerte chisporroteo y grandes oscilaciones de la corriente.

Un año el agua de la tormenta se llevó la calle que iba de la Central al rio. No hubo desgracias personales, porque en ese momento estábamos fuera de ella.

La Central estaba instalada en un edificio de una sola planta, la puerta de entrada estaba situada paralela al arroyo de los Molinos. Según se entraba y a la izquierda, estaban la turbina y el alternador situados sobre una bancada de hormigón de unos 50 centímetros de altura.

Al fondo estaban el transformador y los aparatos de medida (amperímetros, voltímetros etc.), ocupando una tercera parte del edificio aproximadamente. A la derecha de la puerta de entrada estaban los espacios privados, dormitorios, cocina, etc.

Isidro Vázquez, hijo de Ubaldo, realiza el mantenimiento la precaria línea que conducía la electricidad a Poza desde la central, trepado en uno de los postes de madera (Foto: J.M. González)

Los molinos harineros y sus familias

 Ubaldo Vázquez empezó su actividad a mediados de los años 30 y estuvo más de 35 años en la Central. En los años 30 los molinos cercanos ya no funcionaban totalmente, únicamente funcionaba el que estaba a unos 1000 metros de la central, en dirección a Salas de Bureba.

Isidro matiza que, por el año 1942, había varios molinos: uno a unos 60 metros de la Central, otro en la parte de arriba, otros dos o tres por la zona de abajo, hacía el pueblo de Salas. Pero a los pocos años sólo quedó uno, los demás se fueron hundiendo poco a poco.

Los molineros sí que vivían allí. Tenían la vivienda encima del molino. Aunque yo no vi funcionar el molino que estaba cerca de la Central, los que habían trabajado en él siguieron viviendo en la casa muchos años más porque tenían tierras que trabajaban y ganado que cuidaban. Estos antiguos molineros tenían varios hijos con los que nos relacionábamos muy bien.

Sí que vi funcionar el que estaba a 1 kilómetro aproximadamente, pero sólo lo hacía por la noche ya que era la época del estraperlo. Molían por la noche para no ser descubiertos y venía mucha gente de pueblos cercanos. Estos molineros también tenían su vivienda en el propio molino. Lo regentaba una señora llamada Daría y en los últimos años de funcionamiento los molineros que lo llevaban eran dos hermanos que se llamaban Antidio y Quinidio y se apellidaban Lobo Carbón. Recuerdo sus nombres y apellidos por su singularidad. Había también algunas cabañas para recoger el ganado, pero no muchos más edificios.

Ubaldo Vázquez y su familia junto a la pequeña central hidroeléctrica de Los Molinos, en Poza de la Sal (Foto: J.M. González)

Vida cotidiana en la Central

 La vida cotidiana en la Central consistía en levantarse en cuanto empezaban los consumos de energía en el pueblo; la máquina se ralentizaba y ese era el despertador. Entonces había que abrir la turbina de forma manual para regular la corriente hasta estabilizarla en los parámetros adecuados.

A continuación, desayunar, subir a la presa y examinar su estado, limpiar con el rastrillo las hojas y todo lo que pudiera obstruir la rejilla de paso.

Revisar la turbina, engrasar los cojinetes y realizar todas las tareas diarias de mantenimiento y limpieza, principalmente de la entrada de agua a la turbina que arrastraba muchas impurezas que atascaban los álabes. Esto era fundamental pues había pocos materiales de repuesto y cualquier avería dejaba sin suministro eléctrico a todo el pueblo.

Cuando se acababan las tareas principales se atendía a los pequeños animales domésticos, -gallinas, patos, conejos-, reparar pequeños utensilios eléctricos -hornillos, resistencias, aparatos de radio-, preparar la comida y todas las tareas propias de cualquier hogar.

Todo el mantenimiento y reparación de la línea eléctrica de Los Molinos a Poza se realizaba de forma manual. Los agujeros para los postes se hacían con barra de hierro. A los postes de madera se subía con trepadores y los cables se tensaban a mano, con un tensor. Tanto los tensores como los trepadores eran de cuerda y cuero. Estos últimos disponían de ganchos de acero para facilitar la subida a los postes.

Cualquier tarea de este tipo podía durar todo el día en condiciones normales, porque si llovía o nevaba no se sabía cuándo se podía acabar. Hay que tener en cuenta que en aquella época nevaba mucho y los caminos y carreteras eran prácticamente intransitables.

Este tipo de trabajos lo tenían que realizar dos personas como mínimo.

Como anécdota, en el año 1945 la nevada fue tan grande y la nieve duró tantos días que hubo que abastecer de comida a los que estaban en la Central a través de Salas de Bureba. El trayecto duró unas siete horas.

Escena cotidiana de la familia Vázquez-Tubilleja en las inmediaciones de la central eléctrica de Los Molinos, en Poza de la Sal (Foto: J.M. González)

Así se vivía en la Central

 En la Central vivía Ubaldo Vázquez y, cuando tenía que ausentarse, alguno de sus hijos.

Los alimentos se le suministraban principalmente desde Poza, mediante caballerías. También se disponía de gallinas, conejos y patos para el consumo diario.

Cuando se llevaba lo que se necesitaba, por el camino se iba mirando si el tendido eléctrico y los postes estaban en condiciones correctas.

Cuando dejó de funcionar el teléfono, nos entendíamos haciendo avisos con la luz. Según lo que nos quisiéramos decir hacíamos uno dos o tres avisos, apagando y encendiendo la luz.

A nivel humano nos relacionábamos con los vecinos de la granja agrícola que estaba a unos 1500 metros, con los molineros vecinos y sus hijos, con los molineros del molino que estaba en el camino hacia Salas, con las patrullas de la guardia civil, con todas las personas que se acercaban para que se le reparase algún pequeño electrodoméstico o aparato de radio y con todos los que transitaban de Aguas Cándidas a Poza, que en aquella época eran bastantes.

Era muy raro que pasase un día sin que no apareciese alguna persona por la Central.

Situación de Los Molinos, en el norte del término de Poza de la Sal, ya en las proximidades de Salas de Bureba, Aguas Cándidas y Padrones de Bureba. Muy cerca, también, las impresionantes ruinas del Convento franciscano de San Bernardino, hoy en ruinas por los estragos de la Desamortización.

Ubaldo Vázquez, gestor de El Porvenir de Poza

 La gestión de la empresa la realizaba Ubaldo Vázquez, ayudado por sus hijos.

Cada vecino tenía solicitado un número de lámparas y en función de ello se emitían los recibos. El coste aproximado de una lámpara era de 2,35 pesetas y de 3 pesetas si eran dos conmutadas. Los que tenían contador pagaban en función de los Kw. de consumo.

Hacia los años 50 se instalaron limita-corrientes, debido a que algunos vecinos, para ahorrar costes, ponían robadores en los casquillos de las bombillas. Estos limita-corrientes se instalaban en la entrada de las casas y, si se consumía más que lo contratado, emitían un fuerte ruido parecido a las matracas de Semana Santa. Hacían que la luz oscilase constantemente hasta que se apagaban las luces excedentes.

Todo lo relacionado con Industria y Hacienda, lo gestionaba el Ayuntamiento como propietario de la Central e instalaciones. Ubaldo, como arrendatario, realizaba todas las tareas propias del suministro, mantenimiento y cobro de recibos.

La perra Perla, a la que se refiere el texto, en brazos de Isidro Vázquez, sentado con su hermana en un sembrado de Los Molinos, Poza de la Sal (Foto: J.M. González)

La comunicación con Poza: Perla, perfecta perra mensajera

 En un principio existía un teléfono conectado con el molino de Poza, pero cuando no funcionaba y necesitábamos algo los que estábamos en la Central hacíamos avisos con la luz, que recibían los familiares que estaban en Poza. Teníamos la contraseña de uno, dos o tres avisos según la gravedad de lo que pasara.

Esto lo utilizamos de noche para comunicarnos, porque de día teníamos a nuestra perra Perla. Era una perra de caza muy inteligente que hacía de perfecta mensajera. Ella nos hacía los recadillos y nos ayudaba a comunicarnos con los que estaban en Poza y a ellos con nosotros.

La poníamos la nota que queríamos que llegara al pueblo sujeta al cuello, la dábamos una palmadita y se iba corriendo. Hacía los cinco kilómetros y llegaba hasta Poza. Iba hasta nuestra vivienda, situada en “La Casa Nueva”. Subía las escaleras hasta el tercer piso, se paraba, miraba a la puerta, daba un saltito y tocaba el picaporte. Abríamos la puerta y allí estaba moviendo la cola, toda cariñosa. Leíamos el mensaje y recorría otra vez el camino a la inversa con la respuesta. De esa manera se enviaba a la Central aquello que se necesitaba.

Anverso y reverso de uno de los recibos de la Sociedad Anónima “El Porvenir de Poza” Fábrica de Electricidad, Poza de la Sal (Foto: J.M. González)

El difícil cobro de los recibos

 El cobro de los recibos era muy difícil en aquellas épocas, debido a que la mayoría de los vecinos solo disponía de dinero de forma estacional. Por ello era muy corriente tener diez o doce recibos pendientes de pago.

Como uno puede imaginarse, esto requería recorrer el pueblo, desde el Cristo a los Corrales, varias veces al mes, con las consiguientes pérdidas de tiempo.

Cuando algún vecino tenía dificultades para pagar los recibos por estar enfermo, se le solía condonar la deuda.

Con todo ello la rentabilidad del negocio era prácticamente nula, a pesar de trabajar toda la familia 365 días al año, sin vacaciones para nadie.

Mi tía Luci no hace mucho me comentaba que era típico que cuando se iba a cobrar los recibos y no los podían pagar, se enviara a los niños para decir que no estaba su madre. Lo que en realidad decían era:

– ”Ha dicho mi madre que diga que no está”.

En otras ocasiones se mantenían diálogos de forma directa, como este:

– “Entre nosotros, hija, ya sabemos que te he pagado, pero ya sé que tú no te acuerdas”.

– “Pero, ¡cómo me va a haber pagado usted si tengo aquí el recibo pendiente!”.

Y así sucedían muchas cosas que denotaban la falta de recursos económicos propios de entonces.

 J.M. González. Septiembre de 2015.

Por la transcripción,

Jaime Urcelay

Adenda 25/03/2020.- Agradezco mucho a Siente Padrones de Bureba su favorable acogida de este post, a la vez que recomiendo visitar en https://sientepadronesdebureba.wordpress.com/2020/03/25/los-molinos-y-el-porvenir-de-poza/ las informaciones e imagenes publicadas en su blog. Completan y enriquecen el conocimiento de la antigua vida en torno a los molinos harineros hidráulicos en los parajes en que se encontraba la fábrica de electricidad de El Porvenir de Poza.

3 comentarios en ““El Porvenir de Poza” en los recuerdos de la familia de Ubaldo Vázquez, su último gestor

  1. Chapeau! Bravo! 👏👏 Magistral entrada. Esto si que es pervivir la historia de un pueblo. Ha sido un gustazo pasear la vista por este texto, como quién lee algo importante, como encontrar un tesoro, un documento antiguo o cualquier cosa preciada para uno mismo. Es la vida de otros la que nos enseña a veces más que muchos colegios y desgraciadamente nos damos cuenta cuando ya no están para agradecérselo. Tanto el monasterio como la central, aún pertenecientes a Poza, todavía se conservan en la memoria de algunos padroneses. Por eso me gustaría, si no le molesta, rebloguear en mi humilde blog este post o, mejor dicho, este pequeño trozo de la intrahistoria de esta zona citándole debidamente por supuesto. Sea como fuere, excepcionales recuerdos los de J. M González y los suyos. Un saludo.

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    • Muchas gracias por su comentario. Todo el mérito de la entrada es de JM. González y su familia. Por lo demás, no puedo sentirme más identificado con lo que tan hermosamente usted expresa sobre el significado de intrahistorias como ésta.
      Por supuesto, encantado de que rebloguee el post como mejor le parezca. Será un honor.
      Aprovecho para felicitarle por su blog, que sigo con mucho interés y en el que siempre encuentro inspiración.
      Saludos cordiales.

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