Coronavirus en tiempos del posthumanismo

¿Puede añadirse algo que no se haya dicho todavía sobre el colapso del coronavirus? Poco, desde luego. Pero quizá están faltando -o quizá lleguen después, primum vivere deinde philosophari– perspectivas que propongan una reflexión de más hondura sobre el fenómeno.

Algo que es imprescindible en estos tiempos de postmodernidad nihilista y de posthumanismo en los que, como seres humanos, endiosados y deslumbrados por el poder de la tecnología, nos sentíamos capaces de alcanzar cualquier deseo, incluido el de la inmortalidad.

Ahí va mi modesta aportación en forma de cinco reflexiones, entre otras muchas posibles, que apunto brevemente.

1. ¡Somos vulnerables!

Personalmente es lo que más me está viniendo a la cabeza estos días de profunda preocupación y excitación colectiva. Nos habíamos olvidado de nuestra fragilidad constitutiva. Creíamos que podíamos controlarlo todo… y un virus, solo apreciable al microscopio o por sus efectos, ha puesto en jaque nuestras seguridades como humanidad en casi todos los terrenos.

2. ¡Cuántas cosas prescindibles!

No quiero frivolizar sobre el drama de las muchas privaciones que la pandemia está provocando, pero me parece que hay también un importante aprendizaje de lo que está ocurriendo: hemos rodeado nuestras vidas -especialmente en las grandes urbes- de elementos y actividades muchas veces superfluas, que no hacen más que complicar nuestras vidas, restándonos serenidad y capacidad para disfrutar, con sencillez, de lo más esencial.

3. De vuelta al hogar

En medio de la actual vorágine nuestro último y más seguro refugio son la casa, el hogar, la familia. Creo que es una poderosa metáfora del sentido completo de nuestras vidas, en una época en la que la política y la cultura dominante desprecian el valor del matrimonio y de la familia.

Pese a todos los intentos de reingeniería social, el oikos sigue siendo el núcleo social básico de nuestra humanidad.

4. ¡Ay, la muerte!

Qué miedo nos provoca y cuántos esfuerzos por evitarla. Cuánta generosidad y entrega por parte del personal sanitario para devolver la salud, cuidar y ayudar a los que están siendo víctimas de la enfermedad.

No he podido evitar acordarme estos días de la deshonesta ley de eutanasia, con la que nuestros políticos quieren -sin alternativas y de forma apresurada, sin datos, sin debate real- convertir a médicos y enfermeros en verdugos de los más débiles.

5. Sólo Dios basta

Nuestras vidas están en manos del Creador y a Él debemos volver nuestra mirada. Solo sabernos hijos de Dios, de un Dios que nos ama infinitamente y que nos enseña cómo amar a nuestros semejantes, puede proporcionarnos confianza y esperanza. Pidámosle con fe renovada que nos guarde y proteja a todos en medio del actual desconcierto.

Jaime Urcelay

(Artículo publicado en el diario Actuall el 13/03/2020).

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