
En 2021 se iniciaron en Poza las primeras excavaciones de la ciudad romana de Flaviaugusta. Un sueño que llevaba esperando casi 100 años y que ya parecía inalcanzable.
Todo apunta a que las ruinas de este asentamiento fueron sometidas, a lo largo de los siglos, a una grandísima devastación. Pero, tanto su formidable extensión -mostrada en los estudios previos con el georradar-, la significación y abundancia de los objetos hallados en el pasado y lo que puede sugerir su relativa proximidad al rico depósito salino del diapiro pozano, hacen que podamos esperar mucho de estos trabajos.
Es aún muy pronto para hacer valoraciones y serán los expertos, dirigidos por la arqueóloga Esperanza Martín, quienes podrán ir dando una opinión fundada sobre lo que va apareciendo. Por de pronto, ahí están, a la vista de quien quiera acercarse al yacimiento, junto a la antigua estación de tren, la indiscutible realidad de las ruinas de una extensa urbe romana y el reconfortante entusiasmo por nuestro patrimonio comunitario del nutrido grupo de vecinos de Poza que, como voluntarios, vienen colaborando en las diferentes campañas. En el pueblo se sabía que eso estaba ahí; ahora cualquiera puede comprobarlo.
La identificación del nombre de Flaviaugusta es, sin embargo, relativamente reciente y no todos los expertos están de acuerdo en que se corresponda con las ruinas romanas de Poza. Fue ignorado tanto por los geógrafos e historiadores greco-romanos como por el Itinerario Antonino y el resto de fuentes literarias de la antigüedad.
Por eso y en este nuevo contexto de las excavaciones, puede ser buen momento para recordar y documentar otra historia olvidada: cómo se llegó al nombre de la misteriosa Flaviaugusta y por qué se adjudicó a la ciudad romana que yace sepultada bajo los campos de sembradura en la vega del río Homino, en Poza.
Para ello, tenemos que empezar por remontarnos a los orígenes de Poza…

Los autrigones en los orígenes de Poza
Dejando ahora a un lado la huella que con anterioridad dejaron en estos parajes los pueblos prehistóricos[1], puede sostenerse, con suficiente base arqueológica, que Poza fue territorio de los autrigones.
Esta etnia, poco conocida, es uno de los pueblos prerromanos englobados en la denominada segunda oleada indoeuropea. Los autrigones serían uno de los grupos celtas establecidos en la Galia septentrional en 500 a.C., cuyo definitivo asentamiento en el territorio de La Bureba burgalesa debió tener lugar quizá a finales del siglo III a.C[2].
Su tipo de poblamiento era el castreño, con asentamientos en altura, tanto por razones defensivas como para evitar las crecidas de los ríos. En este contexto, el enclave autrigón de Poza se ha situado en el Cerro Milagro, a poco más de 400 metros del cauce actual del río Homino, en el que, por los restos arqueológicos hallados, se ha constatado ocupación desde, al menos, la Segunda Edad del Hierro (siglo V a siglo I a.C.), aunque se han apuntado también fases culturales del Bronce.
Cerro Milagro constituiría el límite de los autrigones con los cántabros, aceptando que, pese a que hay datos de la antigüedad sobre las vecindades de unos y otros pueblos, la geografía de las tribus prerromanas del norte peninsular es confusa, entre otras razones, porque debió variar en el tiempo.
En cuanto al nombre de este emplazamientoautrigón en Poza, ha sido identificado con Salionca, una de las póleis autrigonas citadas por Ptolomeo, geógrafo griego del siglo II[3]. Pero, pese a su más o menos general y ya larga aceptación, sin duda favorecida por su conexión etimológica con la explotación de la sal, los especialistas modernos no son unánimes a la hora de situarla en Poza[4].
Conquista romana y persistencia indígena
Los primeros contactos de los autrigones con los romanos debieron tener lugar durante la expedición de Escipión a Numancia (años 134-133 a.C.), culminando la conquista de su territorio con las guerras cántabras (año 29 a.C. a 19 a.C.), iniciadas por Augusto.
Dicho territorio quedó englobado en la circunscripción administrativa del Conventus Cluniensis, si bien las formas de organización indígena no debieron sufrir grandes transformaciones. El pragmatismo romano y la necesidad de asegurar la explotación de los recursos naturales, hizo que se limitasen a asimilarlas e integrarlas en su marco político característico: la civitas. Los poblados siguieron siendo ocupados por la etnia nativa, de manera pacífica y respetando la autoridad romana, convirtiéndose, a través de un proceso de municipalización, en ciudades de las diferentes vías que cruzaban La Bureba.
Ambas culturas -la indígena y la romana- se mezclaron en una cultura hispanorromana. La arqueología demuestra que las creencias y costumbres autrigonas se conservaron, de lo cual suele citarse, como testimonio más elocuente, las singulares estelas-casa pozanas, de raíz cultural autrigona, pero con influencias romanas. Será la temprana acogida del cristianismo, quizá a finales del siglo IV si hemos de atender a la datación más probable del sarcófago de los Reyes Magos, actualmente en el Museo de Burgos, la que marque el definitivo final de esas tradiciones.
Respecto a la localización de la presencia romana en Poza, parece claro que su epicentro se mantuvo en el entorno de Cerro Milagro, extendiéndose a las laderas orientales del mismo, hacia el río.
En este sentido, la presencia de algunos restos romanos en el casco urbano del actual pueblo no debe confundirnos: se trata de piezas desplazadas de su ubicación original. El caso más claro es el de la lápida de la calle Procesiones.
Lo que sí es cierto es que se han identificado también estructuras tardorromanas (primera mitad del siglo V), en las proximidades del castillo, sobre las que se acomodan las refacciones bajo medievales[5], y, por lo tanto, mucho más cerca del enorme depósito salino pozano.
Con todo y más allá de lo que se pueda especular, no acaba de encontrarse base arqueológica ni documental para una explicación satisfactoria sobre la significativa distancia -unos 3000 metros- entre el importante desarrollo urbano romano en Cerro Milagro y dicho depósito salino, ni sobre la explotación en esta época de un recurso natural de tantísima importancia para los romanos y tan abundante en Poza[6]. El acueducto desde Fuente Buena hasta Cerro Milagro y la existencia, en las proximidades de éste, de posibles restos de infraestructuras hidráulicas, no hacen sino terminar de complicar el panorama.
Poza en la Edad Media
Muy escasas son las huellas de lo ocurrido en territorio pozano tras la caída del Imperio de Occidente en el año 476 d.C., que marca la destrucción y abandono en nuestra zona de las villas y ciudades. Son también raros los restos de la dominación visigoda (mediados del siglo V a comienzos del siglo VII) y más aún de las incursiones sarracenas por este territorio, a partir de su llegada a la península en 711.
La emergencia documental de Poza para la historia -ya con ese nombre- se producirá en época medieval, a partir del movimiento repoblador iniciado en el siglo IX y, ahora sí, con un patente protagonismo de la explotación de la sal, documentada ya desde el año 937.
Dos fueron en época altomedieval los hábitats en el territorio: Poza Yuso y Poza Suso, con su respectiva organización municipal. Ambos acabarían concentrándose en un único solar, el que actualmente ocupa la villa.
Ningún testimonio tenemos durante esta etapa de la antigua ciudad romana, lo que nos conduce ya a poner nuestro foco en la historia de la arqueología pozana y, dentro de ella, en el momento en el que, como vamos a ver, aparece en escena el nombre de la misteriosa Flaviaugusta.
Andrea Navagero y la Ciudad de Milagro en 1528
La primera noticia documentada sobre arqueología pozana se remonta al siglo XVI. Se la debemos al poeta y embajador veneciano Andrea Navagero (1483-1529), quien en 1528 vio y describió los vestigios de lo que llamó una tierra antigua, con algunas piedras con inscripciones y los muros de un templo dedicado a Suttunio. Dicen los habitantes de Poza -leemos en su precioso y preciso El Viaje hecho por España y Francia– que aquella ciudad arruinada en tiempos de los moros, se llamaba Ciudad de Milagro[7].
Descubrimos así un nombre, cuyo origen desconocemos, pero que ha permanecido desde tiempo inmemorial como topónimo del promontorio en el que, como sabemos, estuvieron los emplazamientos autrigón y romano[8].
Del mismo tiempo de Navagero, es la reseña, por el también veneciano Benedetto Ramberti (ca. 1503-1547), de algunas epigrafías romanas[9]. Como enseguida veremos, estas inscripciones serán decisivas, siglos después y una vez salvado un error de transcripción que las atribuyó a Brozas (Cáceres), para la identificación de Flaviaugusta y su reducción a Poza.

Continuando con las inscripciones romanas de Poza, al siglo XVII se atribuye un manuscrito de la Biblioteca Nacional con tres epigrafías[10] y de 1796 son las mencionadas por el P. Saturnino Andrés Díez Guilarte. Este último refiere lo siguiente:
En la Vega que hay desde dicho SSrio. de Pedrajas a la villa de Salas se han hallado muchos vestigios de edificios buenos y se ha sacado mucha piedra labrada para la hospedería de dicho Santuario al medio de este siglo; y posteriormente para la fábrica de la iglesia parroquial de dicha villa de Salas[11].
Asimismo, recoge la memoria que todavía entonces se mantenía en el pueblo de lo que existió en Cerro Milagro:
Sobre esta vega, al este, está su corto promontorio de tierra que por su parte inferior puede tener cuarto y medio de legua de circunferencia y se llama el término de Milagro; dicen hubo allí ciudad de este nombre, otros que era la de dicha vega; lo cierto es que hay vestigios de población y pudo ser toda una, pero no he hallado noticias de ciudad de este nombre[12].
Y en otro lugar del mismo escrito añade:
En Milagro se halló uno [un sepulcro] hace pocos años que los contenía cuasi dobles [la longitud de los huesos], que los nuestros (una muela se llevó a Burgos que dijeron ser humana, era como la de una bestia)[13].
Los hallazgos de 1806
Desde este importante testimonio de Díez Guilarte -recordemos, de 1796- hasta el primer tercio del siglo XX, lo único que prácticamente nos han llegado son noticias, en general fragmentarias y poco precisas, de casuales hallazgos de antigüedades. Los descubrimientos fortuitos evidenciaban, sobre todo, la existencia en el paraje llamado de La Vieja de una antigua necrópolis, en la que se solaparon diferentes épocas históricas.
Particular importancia tienen los caóticos hallazgos de 1806, en los que tuvieron que intervenir Pedro Cevallos, ministro de Carlos IV, y la Real Academia de la Historia, y que venían a confirmar la existencia de dicha necrópolis[14].
Pero en aquellos momentos el nombre de Flaviaugusta todavía ni siquiera se sugiere, pese a que en las inscripciones es frecuente la onomástica Flavo, Flaviana y Flavina. Los intentos de explicar la arqueología pozana, vinculándola a alguna población prerromana o romana, son por entonces poco acertados, salvo en lo que se refiere a la ya mencionada Salionca autrigona de Ptolomeo, que, por ejemplo, menciona el canónigo Juan Antonio Llorente en 1807:
En Poza se han descubierto, año de mil ochocientos seis, muchas antigüedades que acreditan la existencia de un pueblo antiguo de consideración. Tal vez fue la ciudad de ‘Salionca’, que perteneció a los Autrigones, y suponen algunos en Salinas de Añana. El señor don Miguel Ortiz de Otañez, académico correspondiente de la real academia de la Historia, escribió a ésta que pensaba ser Poza la Cantabria que dio nombre a la región; pero no consta que tal ciudad existiese antes de Augusto; ni puede menos de pertenecer a los Autrigones la ciudad arruinada, pues basta para convencer esta verdad, estar al noroeste de Briviesca en el descenso oriental y septentrional de las aguas de Oca[15].
Se refería Llorente al curioso y prolijo manuscrito de Miguel Ortiz Otaño a propósito del referido episodio de 1806, paradigmático de la confusión existente respecto a los orígenes de Poza en la antigüedad y la explicación de los hallazgos arqueológicos[16].
Infundadas eran también otras denominaciones utilizadas por autores del XVII y XVIII -caso de Francisco de Sota y Enrique Flórez– y reproducidas después, al referirse a Poza, en los diccionarios históricos y geográficos del XIX. Tales son Segisama Julia (Segisamum, Segesamone) y Segisamonculum (Segisamunclo)-, que hoy se ubican, con bastante certeza, en las localidades burgalesas de Sasamón y Cerezo de Río Tirón, respectivamente.

Flaviaugusta en una lápida de Tarragona
Llegados a este punto, es momento de preguntarnos por el origen del nombre Flaviaugusta, ignorado, como hemos visto al principio de este capítulo, en las fuentes antiguas.
La clave del asunto se encuentra en una lápida romana de Tarragona en la que aparece dicha ciudad, como el lugar de origen de un sacerdote llamado Lucio Aufidio Céler Masculino, de la tribu Quirina[17].
Las referencias de esta inscripción son bastante remotas, pues aparece recogida ya en el siglo XVI en las primeras transcripciones de epigráficas latinas y colecciones de monumentos antiguos, pero, aunque reproducida en importantes obras posteriores, habrá que esperar hasta el siglo XX para que, por primera vez, se la relacione con Poza.
De dichas reproducciones, hay que destacar dos. La primera es ya del siglo XVIII y se trata de la monumental e importantísima España Sagrada. Teatro geográfico-histórico de la Iglesia de España, del ya citado fraile agustino Enrique Flórez de Setién y Huidobro (Villadiego, Burgos, 1702 – Madrid, 1773).
En el tomo XXIV de la obra, publicado en 1759 y dedicado a las Antigüedades tarraconenses, al relacionar los flamines o sacerdotes, recoge la inscripción de Tarragona, tomándola de Jan Gruter (Amberes, 1560 – Heildelberg, 1627)[18]. Flórez subraya que, a tenor de la inscripción, la patria del sacerdote L. Aufidio Celer Masculino era Flaviaugusta, pueblo no mencionado en los geógrafos antiguos, que nos dan algunas Flavias y algunas Augustas, pero no Flavi-augusta[19]. Y, tras especular con el posible origen del nombre, concluye: Pero si toda la voz de Flavia Augusta fue nueva, por Flavio Vespasiano; no conocemos ni aun la Región donde estuvo aquel pueblo[20].
La segunda de las reproducciones a las que me refería, por la significación de la obra en la que se inserta, es la de Juan Francisco de Masdeu y Montero (Palermo, 1744 – Valencia, 1817). Este jesuita e historiador recoge de Ludovico Antonio Moratori (Vignola, 1672 – Módena, 1750) la lápida tarraconense al referir los Flamines y Flaminicas en el tomo VI de su Historia crítica de España y de la cultura española en todo género[21]. Se limita a decir, en lo que aquí nos interesa, que el Flamen del que se habla era natural de Flavia Augusta[22].

Emil Hübner retoma el enigma
Un momento clave para nuestra cuestión será la aparición en 1869 del volumen II del Corpus Inscriptionum Latinarum (CIL), del sabio alemán Emil Hübner (1834-1901)[23]. Se trata de la gran obra de referencia sobre las epigrafías romanas.
Además de recopilar las inscripciones romanas descubiertas en el siglo XVI en Poza por el referido Ramberti (un total de cuatro), también él se hace eco de la lápida de Tarragona, transcribiendo así su inscripción:
L. Aufidio Masculi f(ilio) Celeri Masculino Quir(ina), Flaviaugustano, flamini designato, r(es) p(ublica) s(ua) de(ecurionum) d(ecreto) («A Lucio Céler Masculino, hijo de Másculo, de la tribu Quirina, Flaviaugustano, su república erigió este monumento, por decreto de los decuriones de ella»).
Sobre ella, comenta:
Flaviaugusta oppidum a Vespasiano sine dubio conditum ubi situm fuerit ignoramos.
Es decir, la ciudad de Flaviaugusta fue promovida por Vespasiano (el emperador Titus Flavius Vespasianus, fundador de la dinastía Flavia en el año 69), ignorando dónde estaba ubicada.
Años después y siguiendo a Hübner, su colega y compatriota Hermann Dessau (1856-1931), se refirió asimismo a Flaviaugusta en su magna obra Inscriptiones Latinae Selectae, reafirmando respecto a aquella que
Incertum quod opidum significetur[24].
Es decir, que tampoco él sabe a qué ciudad se refiere. El misterio seguía abierto.
El P. Fidel Fita y la reducción geográfica de Flaviaugusta a Poza
Con excepción –hasta donde he podido encontrar– del intento en 1904 de Jerónimo López de Ayala (1862-1934), conde de Cedillo, de situar Flaviaugusta en Layos (Toledo)[25] y de otro, de 1907, debido al insigne epigrafista y jesuita P. Fidel Fita Colomé (1845-1918), que la identificaba con Ibiza[26], hemos de esperar a 1915 para que el mismo Fita, rectificando su propia opinión anterior, redujese la misteriosa ciudad romana a Poza de la Sal.
Para entender el momento hay que situarse en las primeras décadas del siglo XX. El Colegio Máximo de San Francisco Javier, de los jesuitas, emplazado en el monasterio de San Salvador de Oña, a poco más de 15 km de Poza, se había convertido en un foco de interés por la arqueología de la comarca. Además del famoso P. José María Ibero (1870-1961), un alumno del centro prestaba particular atención a los orígenes históricos de este territorio: Enrique Herrera Oria (1885-1951), hermano del que será célebre cardenal. Naturalmente, Poza entraba también en el radio de acción de sus exploraciones.
A este jesuita debe añadirse el nombre de otro sacerdote e historiador, miembro de la Comisión Provincial de Monumentos y cronista oficial de Burgos: el villadieguense Luciano Huidobro (1874-1958), quien también participó en los descubrimientos, al menos desde 1905.
En sus frecuentes excursiones arqueológicas, pretendían reencontrar las lápidas descritas por Ramberti en el XVI, lo que en parte conseguirían gracias a su tenacidad y a su contacto con vecinos y los curas locales más ilustrados (en lo que a Poza se refiere, el coadjutor Don Fermín España y el párroco Don Melquiades Zúñiga). En esos años iniciales del siglo XX abundaron los descubrimientos.
No podemos detenernos ahora en la impagable labor de esos beneméritos sacerdotes, pero sí destacar su conexión con Fita. En efecto, el prestigio de éste como experto en las epigrafías romanas, su condición de director de la Real Academia de la Historia (1912-1918) y de miembro de la Compañía de Jesús, le convirtieron en el interlocutor ideal para que los hallazgos fueran estudiados y dados a conocer, para lo cual mantuvieron con él una correspondencia que incluía también el envío de fotografías de los monumentos encontrados.
Como fruto de esa relación, entre 1905 y 1916 Fita dedicó a los hallazgos arqueológicos de Poza un total de cuatro artículos en el prestigioso Boletín de la Real Academia de la Historia.
En el primero, de 1905, se refiere a una lápida funeraria romana reutilizada en la Plaza Mayor (debe referirse a la actualmente denominada Plaza Vieja) de la villa e identificada por Huidobro, sosteniendo que se hace creíble que Poza fuese una de las diez ciudades que Plinio atribuye a la región de los Autrigones, y de las cuales nombró solamente tres (…). Deducía también, por descarte de seis de ellas de las que se sabía el nombre y la localización, que la séptima debía reducirse a Poza de la Sal y que ésta fue cabalmente Salionca, que situó Ptolomeo cinco minutos al norte de Briviesca, como en realidad es así[27].
Diez años después, en 1915, Fita retoma su atención a Poza con un artículo en el que, por primera vez, Flaviaugusta queda localizada en Poza[28].

En este estudio, vuelve sobre la lápida romana comentada en 1905 y añade otra, identificada por Herrera, y tres de Ramberti que, por un error material de transcripción, la edición de Hübner situó en Brozas (Cáceres), correspondiendo en realidad a Pozza.
En dos de ellas, del año 219 d.C., le llamó la atención la presencia de un personaje:
L (ucius) Aufidius Masculinus, en la inscripción dedicada a Suttunio y citada también por Navagero).
Auf (idius) Celer, en la dedicada a Jupiter Salutorio Aeco, en la que además se dice que es sacerdote.
Y, recordando la lápida leída por Hübner en Tarragona en la que se menciona la condición de Flaviaugustano de L. Aufidio Masculi f(ilio) Celeri Masculino anota:
Nadie, que yo sepa, ha caído en la cuenta de que el presente Lucio Aufidio Céler Masculino, era vecino de la noble ciudad que se llamó ‘Flaviaugusta’, afiliada a la tribu Quirina, y fue municipio de la provincia Tarraconense (…)[29].
Es decir, el personaje era el mismo. Y concluía:
Hübner y Dessau, nuestros honorarios, confiesan que no saben dónde estuvo ‘Flaviagusta’. Creo haber demostrado que en Poza de la Sal, país autrigónico y que no debe confundirse con ‘Flaviobriga’, ciudad marítima y sita en la proximidad de la ría de Bilbao[30].
Fita insistió en esta reducción geográfica en sendos artículos publicados en 1916, sumando nuevas epigrafías, monedas, sarcófagos y otros restos romanos proporcionados por Herrera[31]. A Poza se refiere como
noble y antiquísima población [en la que] existió el municipio autrigónico ‘Flaviaugusta’ de la provincia Tarraconense (…)[32].
Curiosamente, en ese mismo tiempo el gran epigrafista especula con la localización de Salionca en Solduengo, a poco más de 15 kilómetros de Poza, separándose así de lo que había mantenido en 1905[33].
Como no podía ser menos, Herrera acogió y difundió la tesis de su maestro en cuanto a la reducción de Flaviaugusta a Poza[34]. Como anécdota, al mes siguiente del decisivo artículo de Fita en 1915, Herrera reunió a los vecinos de Poza para una conferencia sobre los últimos descubrimientos históricos en la villa. Según puede leerse en la prensa, el jesuita afirmó que
ha venido a probarnos el sabio historiador P. Fita, que Poza (hoy Poza de la Sal) se llamó Flaviaugusta, cosa desconocida hasta hace muy poco tiempo por los mayores epigrafistas del mundo, pues ya Tolomeo la colocaba en sus obras a la distancia de 12 kilómetros de Briviesca[35].
Lo mismo ocurrió con el otro corresponsal local del P. Fita, el P. Luciano Huidobro, quien en 1916 se refería así a esta cuestión:
(…) parece inferirse de todo lo dicho, la probable existencia en la misma época romana de dos ciudades importantes, una en la vega que llevaba el nombre de FLAVIA AVGVSTA, según consta por varias lápidas locales, la primera de las cuales di a conocer al P. Fita, quien las ha estudiado en el Boletín de la R. A. de la Historia, tomo XXVII, págs. 232-34 y tomo LXVII, páginas 467-69, y otra emplazada cerca de las abundantes salinas como lo exigía su explotación, pero cuyo nombre no consta aunque hay motivos para suponer debe situarse allí Salionca[36].
También el P. Eugénio Jalhay, arqueólogo portugués incorporado como alumno en el Colegio Máximo de Oña en 1919 y partícipe desde ese momento de las exploraciones por la zona, se hará eco de la reducción de Fita en uno de sus trabajos pioneros sobre arqueología de la Bureba[37].

1928: Julio Martínez Santa-Olalla y el “descubrimiento” de Flaviagusta
Realizada por Fita la localización de Flaviaugusta, la antorcha de su misterio y las exploraciones para encontrar sus restos, las recogería pronto Julio Martínez Santa-Olalla (Burgos, 1905 – Madrid, 1972), pozano de origen y en aquel entonces jovencísimo y precoz aficionado a la arqueología. Pasados los años, se convertiría en catedrático de universidad en dicha disciplina y, tras la Guerra Civil, en comisario general de Excavaciones Arqueológicas.
Con tan solo dieciséis años de edad, siguiendo la estela de los hallazgos de Herrera y las publicaciones de Fita, orientado por el P. Jalhay y por el párroco de Poza, empezó a publicar artículos en el diario local El Castellano sobre los restos arqueológicos pozanos. El primero de ellos, de 1921, lleva por título, precisamente, Las ruinas de la antigua Flaviaugusta (Poza de la Sal)[38], recogiendo las aportaciones de Fita, Herrera y Jalhay.
El año siguiente, 1922, publicó el mismo diario otros tres artículos sobre el tema[39], refiriéndose siempre a Flaviaugusta y a los antecedentes que ya conocemos.
En septiembre de 1923, con 18 años de edad, Santa-Olalla ingresa en la prestigiosa Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria y ya es asiduo colaborador del Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Burgos, donde continúa con sus publicaciones sobre arqueología, extendiendo ahora su atención al conjunto de La Bureba[40].
Su defensa de la identificación de Poza con Flaviaugusta, no sufre variación en este periodo, que, de alguna forma, finaliza con los hallazgos del verano de 1928, provocados por las obras del Ferrocarril Santander-Mediterráneo.
En dichos hallazgos, como veremos en el siguiente capítulo, correspondió a Santa-Olalla un destacado papel, manteniendo entonces públicamente, de manera categórica, como lo hace en Diario de Burgos el 21 de septiembre de ese 1928, que las ruinas que estaban aflorando eran parte de la población que fue municipio romano y se llamó Flaviaugusta[41].
Pero muy poco después, ya en el otoño, está fechado -al menos nominalmente, pues no fue publicado hasta 1932- el extenso artículo de Santa-Olalla, escrito en Poza de la Sal y Bonn (Alemania), que se convertirá, hasta hoy mismo, en el trabajo científico de referencia sobre Flaviaugusta: Antigüedades romanas de Poza de la Sal[42]
Lo asombroso es que en este trabajo Santa-Olalla cambia radicalmente de opinión en cuanto al nombre de la ciudad romana: si alguno de estos nombres tiene verosimilitud, es el de Salionca[43]. Es más, se lamenta de haber seguido anteriormente, como el P. Jalhay y sin excepción, la falsa reducción del P. Fita, Poza de la Sal = Fraviaugusta[44]. Sin embargo, no puede evitar citar hasta cuatro veces, a lo largo del extenso texto del artículo, la estación romana con el nombre de Flaviaugusta.
No he podido encontrar la explicación de este cambio de criterio que, además, parece que es ya definitivo. En efecto, al que creo es su penúltimo trabajo, de 1932, sobre la arqueología de la ciudad romana de Poza, referido en esta ocasión de manera monográfica a los monumentos funerarios con forma de casa, pertenece este inciso: De dicha ciudad, que el P. F. Fita redujo con evidente error a Flaviaugusta…[45].
Los reparos de Sánchez Albornoz en 1929
Tal vez la razón del cambio de opinión de Santa-Olalla sobre el nombre de la ciudad romana de Poza pueda encontrarse en un importante artículo, publicado en 1929 por Claudio Sánchez Albornoz, sobre las divisiones tribales del norte peninsular en época romana[46]. En él, el insigne historiador sostiene que la Salionca de Ptolomeo pudo estar en Poza de la Sal, donde se han hallado ruinas romanas abundantes[47], sin considerar imposible que, como han sostenido otros autores, en realidad pudiese estar en Salinas de Añana (Álava). Argumenta también contra la identificación, realizada por Fita y puramente epigráfica, de Poza con la misteriosa Flavia Augusta que ningún geógrafo antiguo menciona. Y afirma:
(…) Parece inverosímil que una ciudad de tanta monta fuese silenciada por Plinio, y en especial por Tolomeo, que menciona entre los autrigones poblaciones insignificantes, de las que no queda vestigio alguno. Si Flavioaugusta se hubiese alzado sobre Poza de la Sal, cuya riqueza atestiguan sus ruinas, no lo hubiera callado Tolomeo. Esto aparte de que pueden referirse los dos nombres a una misma ciudad que, llamándose Salionca primero, se denominase después de otra manera. Recuérdese el puerto Ammano, que se nombró después Flavióbriga, y Brigancía, que se llamó más tarde Julióbriga[48].
Es importante destacar que la identificación de Poza con Salionca, tal y como la presentó Sánchez-Albornoz, fue después reproducida por el arqueólogo Pedro Bosch Gimpera en su importantísima Etnología de la Península Ibérica, publicada en 1932[49]. Santa-Olalla había sido discípulo de Bosch años antes en la Universidad de Barcelona.

Años 70: entre Solana y los estudios de Abásolo
Habrá que esperar hasta los años 70 del pasado siglo para encontrar novedades sobre el tema.
Por aquellos años, José María Solana Sáinz (Santander, 1941) estudia a fondo el territorio de los autrigones, tratando de situar la Salionca de Ptolemeo. Este investigador, se adhiere en 1974 a la tesis de Sánchez Albornoz sobre Salionca, considerando que la reducción de Fita [de Flaviaugusta]es precaria[50], aunque su opinión sobre la primera acabará cambiando[51].
Pero el renacer del interés científico por el yacimiento pozano vendrá, sobre todo, de la mano de José Antonio Abásolo Álvarez (Pancorbo, Burgos, 1947), a la sazón profesor de Arqueología de la Universidad de Valladolid -de la que después será catedrático- y segundo director del Servicio de Investigaciones Arqueológicas de la Diputación de Burgos, creado por aquellos años.
Abásolo, quien prestó especial interés a las estelas funerarias pozanas y a las epigrafías romanas, aportó, en una publicación de 1976, escrita con María Lourdes Albertos[52], interesantes correcciones a la lectura de las inscripciones de Poza. A su juicio, esta rectificación venía a confirmar plenamente la suposición de Fita de que en Poza se halló ubicada la ciudad de Flavia Augusta[53].
En particular, ambos investigadores propusieron una nueva lectura de la epigrafía del ara o pedestal que ese encuentra expuesta a los pies del altar de San Andrés de la parroquia pozana, procedente de una anterior reutilización como pila de agua bendita en la ermita de San Blas. En ella ven la denominación de [FL] AVIAUG que respondería a la ciudad de origen del dedicante[54]. Esta misma hipótesis fue ratificada tras una nueva autopsia de la lápida realizada en 2008 por el epigrafista Ángel Jordán. Según afirma, en la tercera línea del texto (…) se puede leer con total claridad el etnónimo [Fla]aviaug (ustanus)[55].
Abásolo y Albertos reconocen haber aceptado anteriormente la teoría de Sánchez-Albornoz (Poza de la Sal = Salionca), pero, a partir de dicha nueva lectura de la lápida en cuestión, afirman que
es ahora cuando suponemos que la ciudad de Flaviaugusta se halló en las ruinas del cerro de Milagro en Poza (…). Parecen demasiadas coincidencias (como lo es la onomástica Flavo, Flaviana, Flavina) como para suponer que no fuese el solar de aquélla. No quiero esto decir que no se llamara Salionca (a falta de inscripción que lo corrobore aunque con sugestiva homofonía toponímica) sino que el primitivo nombre recibió en época Flavia uno nuevo como los conocidos Flaviobriga, Flavionavia, Aquae Flaviae, etc[56].
Estado de la cuestión y conclusiones (hasta donde es posible)
Hasta aquí la recapitulación de los pueden considerarse hitos más importantes sobre la misteriosa Flaviaugusta y su posible localización en Poza.
Restaría tan solo hacer un último repaso sobre el estado de la cuestión en algunas publicaciones más recientes sobre la Hispania romana.
Es llamativa, en primer lugar, la ausencia de Flaviaugusta en la edición del Comité Español de la Tabula Imperii Romani, de 1993, donde en cambio sí se menciona Salionca, identificándola con Poza[57].
Por contra, David Martino, en su trabajo sobre las ciudades romanas de la meseta norte peninsular, de 2004, aun reconociendo ese silencio de la Tabula y que no todos los investigadores aceptan la identificación de Flaviaugusta con Poza, vuelve a hacerse eco de las inscripciones de Tarragona y Poza que ya conocemos y de los personajes que en ellas aparecen, sosteniendo:
Me parece fuera de dudas la relación personal de estos tres personajes y por lo mismo la ubicación de Flaviaugusta en Poza de la Sal[58].
De la misma y categórica opinión es Liborio Hernández Guerra en su exhaustivo estudio sobre los municipios flavios, publicado en 2008[59], a quien siguió Gabriel Gómez Martín en un trabajo de 2019 sobre las onomásticas en la tribu Quirina en el Convento Cluniacense[60].
Finalmente, Marta Fernández Corral, en una exhaustiva y sólida tesis doctoral de 2016 sobre las epigrafías de época romana del área autrigona, vuelve nuevamente con amplitud sobre la cuestión. Consideraba esta investigadora, tras la revisión de la lectura de los epígrafes utilizados por Fita y después por Abásolo para la localización de Flaviaugusta en Poza de la Sal, que puede tratarse de una interpretación condicionada. En definitiva, mantiene que dicha hipótesis
debe de ser tomada con precaución ya que se trata en todos los casos de argumentos que parecen resultar poco definitivos dada la mala conservación o desaparición de algunos de los epígrafes[61].
En conclusión y a mi modesto entender, hay desde luego base para sostener la correspondencia de las ruinas, conocidas en el siglo XVI por los pozanos con el nombre de Ciudad de Milagro, tanto con la Salionca autrigona como con la posterior Flaviaugusta romana, de época Flavia. No obstante, creo que tampoco podemos ser del todo categóricos al respecto[62]. Las dudas persisten y solo cabe esperar que las excavaciones arqueológicas emprendidas en 2021 terminen de arrojar alguna luz sobre este misterio.
Jaime Urcelay
(Entrada actualizada el 15/04/2024 para su incorporación al libro del autor «Poza de la Sal. Historias olvidadas»).
[1] Cfr.: DELIBES, G., ABARQUERO, F.J. y MORENO GALLO, M.: “Sobre el binomio vaso campaniforme / paisajes de sal: nuevos documentos de Pedrajas de San Esteban (Valladolid) y Poza de la Sal (Burgos)”, Oppidum. Cuadernos de Investigación, n.º 13, 2017, IE Universidad, Segovia, pág. 17.
[2] Cfr.: SOLANA, J.M. (Edit.): Las entidades étnicas de la meseta norte de Hispania en época prerromana, Anejos de Hispania Antiqua. Revista de Historia Antigua, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1991, pág. 161.
[3] Geografía, 2, 6, 52. En cambio, Plinio el Viejo, escritor y militar romano del siglo I, no menciona Salionca entre las diez civitates de los autrigones. Cfr.: Historia Natural, 3, 26.
[4] La Tabula Imperii Romani incluye Salionca como ciudad autrigona, identificada tradicionalmente con el yacimiento de Poza de la Sal, situándola en Cerro del Milagro. Vid.: UNIÓN ACADÉMICA INTERNACIONAL: Tabula Imperii Romani (Comité Español), Hoja K:30, Cesaraugusta, Clunia, Instituto Geográfico Nacional, 1993, pág. 195. Confirman esta identificación, por ejemplo, EMBOROUJO, A., ORTIZ DE URBINA, E. y SANTOS VELASCO, J.A.: “Reconstrucción paleográfica de autrigones, caristios y várdulos”, Complutum, núm. 2-3, 1992, págs. 455 y 458; también SANZ, R., RUIZ, I. y PARZINGER, H.: “Nuestros ancestros. Autrigones”, Vaccea Anuario 2013, núm. 7, octubre 2014, Centro de Estudios Vacceos ‘Federico Wattenberg’, Universidad de Valladolid, Facultad de Filosofía y Letras, pág. 15. El catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Valladolid José María Solana Sainz -posiblemente, la principal autoridad académica en el tema de los autrigones- sistematizó en 1975 las muy diversas opiniones sostenidas a lo largo del tiempo sobre la localización de Salionca, para concluir que por nuestra parte estamos de acuerdo completamente en identificar la Salionca prerromana con Poza de la Sal. Vid. SOLANA, J.M.: Los autrigones a través de las fuentes literarias, Anejos de Hispania Antiqua. Revista de Historia Antigua, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1974, pág. 90 y ss. Sin embargo, este mismo profesor rectificó en 1991 categóricamente su punto de vista, en estos términos: El único dato de su situación es el que da Ptolomeo, que la ubica próxima a los ‘berones’ riojanos. Por eso no creo que deba identificarse con Poza de la Sal en función de un erróneo parecido toponímico que recibió durante la Edad Media. Solana cree que Salionca debe más bien ubicarse en los asentamientos de la serranía cántabra, en la zona de Silanes, Miraveche o Villanueva de Tera. Vid. SOLANA, J.M. (Edit.): Las entidades…, op.cit., pág. 171.
[5] Cfr.: ALONSO FERNÁNDEZ, C. y JIMÉNEZ ECHEVARRÍA, J.: “Trascastellum Poza: testimonios arqueológicos del origen de Poza de la Sal (Burgos, España)”, Sautuola, XXIII, Instituto de Prehistoria y Arqueología ‘Sautuola’, Santander, pág. 361.
[6] Cfr.: DELIBES, G., ABARQUERO, F.J. y MORENO GALLO, M.: op. cit., pág. 17. Es interesante lo que ya en 1922 Julio Martínez Santa-Olalla apuntaba sobre esta cuestión. Vid. MARTÍNEZ SANTA-OLALLA, J.: “Un fragmento de terra sigilata”, El Castellano, 6 de septiembre de 1922.
[7] URCELAY, J. (Jaime): La detención en Poza de la Sal de los embajadores de la Liga (1528), edición del autor, Segovia. 2023, pág. 70.
[8] Carlos González Unda, buen conocedor del terreno y de la historia pozana, dedicó una obra de ficción al posible origen de este nombre. Vid.: GONZÁLEZ UNDA, C.: Alto del Milagro. Poza de la Sal (una historia posible), Ediciones Atlantis, Madrid, 2018.
[9] Recopiladas en Epitaphia a diversis orbis terrae regionibus Benedicti Rhamberti veneti diligentia, ac studio olim collecta, asque ab ejusdem exemplari nunc… manu descripta MDLXI, conservada en la Biblioteca Antoniana de Padua (ms. 638). Paolo Manutius hizo una copia, actualmente en la Biblioteca Apostólica Vaticana (Vat. lat. 5242). De ahí las tomó Emil Hübner para su célebre colección. Vid. HÜBNER, E.: Inscriptiones Hispaniae latinae, editado por G. Reimer, Berlín, 1869.
[10] Biblioteca Nacional de España. Signaturas MSS/7879 y MSS/18227.
[11] Biblioteca Nacional de España. Signatura Mss/7296.
[12] Ídem.
[13] Ídem.
[14] Cfr.: PÉREZ RODRÍGUEZ-ARAGÓN, F. y REPESA, M.F.: “Una necrópolis tardorromana descubierta en Poza de la Sal (Burgos)”, Sautuola, 2006, Santander.
[15] LLORENTE, J.A.: Noticias Históricas de las tres provincias Vascongadas. Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, Parte y Tomo III, Apéndice o Colección Diplomática, Imprenta Real, Madrid, 1807, pág. 248.
[16] Cfr. URCELAY, J. (Jaime): “Un manuscrito de 1806 sobre las antigüedades de Poza”, en Urcelay, J. y Urcelay, J.: Páginas de Historia de Poza de la Sal, Ed. Ciudadela, Madrid, 2011.
[17] El Diccionario Biográfico Español ha dedicado una interesante entrada a quien sería, en algún sentido, el primer pozano que registra la historia. Vid.: GÉZA ALFÖLDY, G. y ABASCAL, J.M.: “Lucius Aufidius Celer Masculinus”, en Diccionario Biográfico Español, Real Academia de la Historia, https://dbe.rah.es/biografias/22958/lucius-aufidius-celer-masculinus. Consultado el 28/11/2023.
[18] FLOREZ, E.: España Sagrada. Tomo XXIV. Antigüedades Tarraconenses. Preliminar a las Memorias Eclesiásticas de la Santa Iglesia de Tarragona, Imprenta Antonio Marín, Madrid, 1759, pág. 162.
[19] Ídem. pág. 167.
[20] Ídem. pág. 168.
[21] MASDEU, F.: Historia crítica de España y de la cultura española en todo género, escrita en italiano. Tomo VI. España romana, lápida 768, Imprenta Don Antonio de Sancha, Madrid, 1789.
[22] Ídem. pág. 131.
[23] HÜBNER, E.: op. cit. Inscr. 4196.
[24] DESSAU, H.: Inscriptiones Latinae Selectae, vol. II, pars I, Berolini apud Weidmannos, Berlín, 1902, inscripción 6938, pág. 692.
[25] Vid. LÓPEZ DE AYALA, J. (Conde de Cedillo): «Inscripción romana en Polán (provincia de Toledo)», Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo XLIV, enero de 1904. pág.80.
[26] FITA, F.: “Antigüedades ebusitanas”, Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo LI, noviembre de 1907, pág. 331.
[27] FITA, F.: “Viaje epigráfico”, Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo LXVII, 1905, págs. 233 y 234.
[28] Ídem.: “Epigrafía romana y visigótica de Poza de la Sal, Mérida y Alburquerque”, Boletín de la Real Academia de la Historia, tomo LXVII, noviembre 1915, págs. 487 a 491.
[29] Ídem.
[30] Ídem.
[31] Son, en concreto, Ídem.: “Nueva inscripción romana de Poza de la Sal, villa del partido de Briviesca en la provincia de Burgos”, Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo LXVIII, 1916, págs. 66 a 74; e Ídem: “Antigüedades romanas de Poza de la Sal, en el partido de Briviesca, provincia de Burgos”, Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo LXIX, 1916, págs. 206 a 216.
[32] Ídem. pág., 206.
[33] Cfr.: Ídem.: “Inscripciones romanas de Peñaflor en la provincia de Sevilla, y de Quintanaélez en la de Burgos”, Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo LXIX, 1916, pág. 125.
[34] HERRERA, E.: Descubrimientos ibero-romanos en la Bureba (Burgos), Congreso de Sevilla de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias, Sevilla, 1917, págs. 56 y 57.
[35] HERRERA, E.: “Desde Poza de la Sal. Interesante conferencia”, Diario de Burgos de 29 de diciembre de 1915. Vid. también Ídem: “Recuerdos gloriosos. En Poza de la Sal. Una conferencia”, El Castellano, 30 de diciembre de 1915.
[36] HUIDOBRO, L.: Contribución al estudio del arte visigótico en Castilla, Tipografía del Colegio Santiago, Valladolid, 1916, pág. 54.
[37] JALHAY, E.: “Antigüedades ibéricas y romanas en el partido de Briviesca”, Ibérica, n.º 364, 5 de febrero de 1921, pág. 94.
[38] MARTÍNEZ SANTA-OLALLA, J.: “Las ruinas de la antigua Flaviaugusta (Poza de la Sal)”, El Castellano, Burgos, 31 de octubre de 1921.
[39] Ídem.: “Inscripciones latino-romanas de Poza de la Sal”, El Castellano, 17 y 20 de febrero de 1922; Ídem.: “Monedas ibéricas y romanas descubiertas en Flaviaugusta”, Ídem., 19 y 20 de mayo de 1922; y “Un fragmento…”, op. cit.
[40] Los trabajos más significativos para lo que aquí estamos tratando, son: Ídem.: “Piedra sepulcral extraña”, Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Burgos, n.º 4, Burgos, 1923, págs. 118 a 120; Ídem: “Cuestión de cronología. Los sarcófagos de la Bureba (Burgos)”, Ídem., n.º 10, Burgos, 1924. págs. 306 a 315; Ídem.: «Cuestión de cronología. Los sarcófagos de la Bureba (Burgos) Continuación”, Ídem., n.º 11, Burgos, 1924, págs. 334 a 340.
[41] Ídem.: “Hallazgos romanos en Poza de la Sal”, Diario de Burgos, 21 de septiembre de 1928.
[42] MARTÍNEZ SANTA-OLALLA, J.: “Antigüedades romanas de Poza de la Sal”, Anuario de Prehistoria Madrileña, 1931 y 1932, II y III, Madrid. El título previsto inicialmente parece que era Las ruinas romanas de Poza de la Sal (Burgos).
[43] Ídem. pág. 127.
[44] Ídem. pág. 128.
[45] Ídem: “Las estelas funerarias en forma de casa en España”, Investigación y Progreso, VI, 1932, pág. 149. En el último de sus trabajos con menciones a Poza, de 1933 aunque publicado en 1935, no hay ninguna referencia al nombre de su ciudad romana. Vid.: Ídem: “Monumentos funerarios célticos. Las estelas casa de la provincia de Burgos y sus relaciones con el Occidente de Europa», Boletín de la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos de Burgos, núm. 50, 1er trimestre de 1935, págs. 148 a 150. Es la traducción al español de su ensayo en portugués “Monumentos funerarios célticos. As pedras formosas e as estelas em forma de casa”, en Homenagem a Martins Sarmento. Miscellanea de estudos em honra do investigador vimaraense, no centenario do seu nascimento (1833-1933), Sociedade Martins Sarmento, Guimarães, 1933, págs. 226-235.
[46] SÁNCHEZ-ALBORNOZ, C.: “Divisiones tribales y administrativas del solar del reino de Asturias en la época romana”, Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo XCV, 1929, págs. 360 y 361, nota 6.
[47] Ídem. pág. 360.
[48] Ídem. pág. 361.
[49] Cfr.: BOSCH GIMPERA, P.: Etnología de la Península Ibérica, edición de Jordi Cortadella, Urgoiti Ediciones, Pamplona, 2003, págs. 475, 478 y 561. Bosch no cita Flaviaugusta.
[50] SOLANA, J.M.: Las fuentes…, op. cit., pág. 92.
[51] Vid. nota 4.
[52] ABÁSOLO, J.A. y ALBERTOS, M.L.: “Acerca de unas inscripciones de Poza de la Sal”, Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, tomo XLII, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1976, págs. 393 a 407.
[53] Ídem., pág. 406.
[54] Ídem. Corregían así la lectura propuesta en 1973 en ABÁSOLO, J.A.: “Epigrafía romano-burgalesa inédita”, Durtus, I, 1973. En ese trabajo, su autor consideraba que era Salionca la que contaba con mayores probabilidades de ser la ciudad romana ubicada en el Cerro de Milagro. Vid.: pág. 100.
[55] JORDÁN, A. A.: “Precisiones a un altar votivo de Poza de la Sal: un eques de la Legio Vi Victrix”, Hispania Antiqua XXXV, 2011, págs. 261-270.
[56] ABÁSOLO, J.A. y ALBERTOS, M.L.: “Acerca…”, op, cit., pág, 406.
[57] UNIÓN ACADÉMICA INTERNACIONAL: op. cit., pág. 195.
[58] MARTINO, D.: “Las ciudades romanas de la meseta norte de la península ibérica: identificación, estatuto jurídico y oligarquías (ss. I-III D.C.)”, tesis doctoral, Universidad Complutense, Madrid, 2004, págs. 272 a 274.
[59] HERNÁNDEZ GUERRA, L.: “Algunas consideraciones sobre municipios flavios en la Meseta septentrional”, Gerión, 26, núm. 1, 2008, pág. 428.
[60] GÓMEZ MARTÍN, G.: “Promoción personal y familiar a través de la onomástica (II): la Quirina tribus en el Conventus Cluniensis”, Hispania Antiqua. Revista de Historia Antigua, Universidad de Valladolid, Valladolid, 2019, pág. 213.
[61] FERNÁNDEZ CORRAL, M.: “Conmemoración funeraria y religiosa de época romana en la epigrafía del norte de Hispania: el área autrigona”, tesis doctoral, Universidad del País Vasco, Vitoria, 2016, pág. 83.
[62] Coincido, al cabo, con la postura que exponen DELIBES, G., ABARQUERO, F.J. y MORENO GALLO, M.: op. cit., pág. 17

Muchas gracias por mantenernos informados de las «antigüedades» pozanas. Felicitaciones por el artículo que representa esfuerzo y trabajo constante. Saludos
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Muchas gracias a ti, querido amigo Rodrigo, por tu atención a estas modestas contribuciones al conocimiento de la historia de Poza, de la que es tan fácil enamorarse. Saludos.
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Gracias Jaime por todos los temas que tocas, pero creo que falta un trabajo por los maestros pozanos en las vidrieras de la catedral leonesa
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Muchas gracias a ti por tu interés, Pedro.
Tienes toda la razón en lo que dices sobre las vidrieras de León. He recopilado ya algunos datos sobre Guillermo Alonso Bolinaga, pero encuentro todavía grandes lagunas. Cualquier pista que me des, te la agradeceré mucho. Más perdido aún ando sobre nuestra poetisa y escritora Josefina Bolinaga, cuya vida es para mi un verdadero misterio… Saludos.
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