El P. Eugénio Jalhay, S.J. y los orígenes autrigones y romanos de La Bureba (Burgos)

P. Eugénio Jalhay, S.J. (1891-1950)

El jesuita Eugénio dos Anjos Jalhay Rogeira (Lisboa, 1891 – Lisboa, 1950) fue uno de los protagonistas del decisivo impulso de la arqueología de Poza de la Sal (Burgos) en el primer tercio del siglo XX, al que vengo dedicando particular atención en este blog. Este portugués de padre belga cursaba por aquel entonces  sus estudios sacerdotales de Teología en el Colegio Máximo de Oña (Burgos) (1919-1923), de la Compañía de Jesús, y allí se ordenó sacerdote en 1922.

Antes de su llegada a tierras burgalesas el P.  Eugénio Jalhay había ya participado en excavaciones científicas y se convertiría  pronto en una  personalidad de la arqueología de Portugal, a la que realizó notables contribuciones. También se  deben destacar sus exploraciones de la prehistoria en el norte de España, en colaboración con el profesor Hugo Obermaier y el conde de la Vega del Sella.  Considerado uno de los más activos adalides de la prehistoria peninsular, fue muy apreciado, como persona y como científico, por sus colegas españoles de la época. Sobresalió también por su dedicación sacerdotal a la dirección espiritual de seminaristas y de los estudiantes de la Acción Católica (1).

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Poza de la Sal en la literatura: “El Viaje hecho en España y Francia”, de Andrea Navagero

Andrea Navagero

Andrea Navagero. Detalle del famoso cuadro de Rafael Sanzio Retrato de Andrea de Navagero y Agostino Beazzano, 1516 (Galeria Doria Pamphili, Roma). Existe una copia del s. XVII en el Museo del Prado.

“El Viaje hecho en España y Francia” es un breve y encantador relato del periplo por ambas naciones  de Andrea Navagero (Venecia, 1483 – Blois, Francia, 1529). Celebrado poeta e historiador, fue embajador de Venecia sucesivamente ante el emperador Carlos V y ante el rey francés Francisco I. Navagero fue inmortalizado en un famosísimo cuadro de Rafael Sanzio,  siendo también referido en nuestras historias de la literatura por su decisiva influencia  en el poeta Juan Boscán, introductor en España de las formas italianizantes.

El Viaje es una obra de relevancia.  Y no tanto por su contenido político e histórico -como, en principio, cabría esperar del punto de vista de un embajador en un periodo histórico tan excepcional-  como por el alarde de  curiosidad y sensibilidad de un genuino humanista del Renacimiento que capta y describe con rigor lugares, monumentos y costumbres, tal y como se encontraban en el primer tercio del siglo XVI (1).

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