Los pleitos de hidalguía en Guipúzcoa. Expedientes del apellido Ucelay o Urcelay (I)

Sello con el escudo originario de la Provincia de Guipúzcoa. 1514.

El antiquísimo reconocimiento en la Corona de Castilla de la hidalguía de las familias originarias de Guipúzcoa y Vizcaya es tema poco conocido para la mayoría de los españoles de hoy, si exceptuamos las grotescas reminiscencias de aquella realidad en la popular película de cine “Ocho apellidos vascos”.

Pocos saben, en efecto, que desde el siglo XVI existió, ya plenamente desarrollada, una presunción universal de hidalguía de guipuzcoanos y vizcaínos. Por ella, todos los solares o caseríos de estas tierras eran nobles y, por ende, lo eran también los descendientes de aquellos, independientemente de su nivel social. Es lo que el P. Manuel Larramendi llamó en el siglo XVIII el igualitarismo vasco, que no deja de ser un profundo sentido de la universalidad basada en el respeto de los fueros de la personalidad humana, como escribió el ilustre genealogista Juan Carlos de Guerra.

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Poza de la Sal en la literatura: “El Viaje hecho en España y Francia”, de Andrea Navagero

Andrea Navagero

Andrea Navagero. Detalle del famoso cuadro de Rafael Sanzio Retrato de Andrea de Navagero y Agostino Beazzano, 1516 (Galeria Doria Pamphili, Roma). Existe una copia del s. XVII en el Museo del Prado.

“El Viaje hecho en España y Francia” es un breve y encantador relato del periplo por ambas naciones  de Andrea Navagero (Venecia, 1483 – Blois, Francia, 1529). Celebrado poeta e historiador, fue embajador de Venecia sucesivamente ante el emperador Carlos V y ante el rey francés Francisco I. Navagero fue inmortalizado en un famosísimo cuadro de Rafael Sanzio,  siendo también referido en nuestras historias de la literatura por su decisiva influencia  en el poeta Juan Boscán, introductor en España de las formas italianizantes.

El Viaje es una obra de relevancia.  Y no tanto por su contenido político e histórico -como, en principio, cabría esperar del punto de vista de un embajador en un periodo histórico tan excepcional-  como por el alarde de  curiosidad y sensibilidad de un genuino humanista del Renacimiento que capta y describe con rigor lugares, monumentos y costumbres, tal y como se encontraban en el primer tercio del siglo XVI (1).

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