El Becerro Gótico de Cardeña (1086) y las primeras noticias documentadas de Poza de la Sal

Becerro Gótico de Cardeña (1086). Título general del cartulario.

Apenas hace un año de la publicación de la que se ha considerado edición definitiva del  Becerro Gótico de Cardeña. Este hito en la investigación de uno de los grandes tesoros del patrimonio cultural español  –fechado entre 1085 y 1086 y salvado casi milagrosamente tras la desamortización liberal de Mendizábal (1836)— es buen pretexto para dar aquí noticia de la importante  presencia en él de Poza de la Sal (Burgos) (1).

El Becerro Gótico de Cardeña es un cartulario elaborado en el scriptorium del monasterio, entonces benedictino, de San Pedro de Cardeña, muy próximo a la ciudad de Burgos. Los monjes copiaron en esta colección 373 diplomas del cenobio, comprendidos entre los años 899 y 1085.

Confeccionado sobre pergaminos de gran formato, en latín y con elegante letra visigótica,  la importancia de este primer cartulario hispánico conservado radica, en primer lugar, en su valor lingüístico. Su impregnación del naciente romance castellano expresa la transición desde el latín a la nueva lengua. Además, y pese al carácter jurídico-económico de los diplomas que en él se transcriben, el Becerro Gótico de Cardeña es una inestimable fuente histórica.  Así lo explicaba el jesuita y catedrático  Gonzalo Martínez Díez  en su introducción a la que fue segunda edición del cartulario, en 1998:

(…) entre los diversos fondos documentales sobre los que se asienta la historia de nuestra Castilla condal, ninguno otro comparable al que nos conservó el archivo de San Pedro de Cardeña tanto por la cantidad como por su calidad o autenticidad (2).

Claustro de los Mártires del Monasterio de San Pedro de Cardeña. La abadía fue restaurada por Alfonso III el Magno en 899, posiblemente sobre un anterior monasterio visigótico del siglo VIII. Fue el más importante del condado castellano en los siglos X y XI. En 1102 se convirtió en panteón de los restos del Cid (Foto: Monasterio de Cardeña).

La villa llamada Poza emerge otra vez en la historia altomedieval

En la perspectiva local de Poza de la Sal, el Becerro Gótico de Cardeña es también una fuente decisiva, tal y como siempre han señalado los historiadores de nuestro pueblo (3). Es sabido que a los monumentos y epigrafías de época romana sigue, en lo que a las fuentes se refiere, un completo silencio respecto de las etapas visigótica y musulmana. Y el Becerro, coincidiendo con el impulso repoblador de los monarcas astur-leoneses, hace emerger nuevamente en la historia documentada la villa qui dicitur Poza, probablemente entonces situada  en las faldas de El Castellar, en plena cuenca salinera, y no en su actual emplazamiento

Renacimiento de Poza para la historia que se inicia con un documento del 13 de noviembre de 917 y que se desarrolla al paso de la construcción del amplio dominio del Monasterio de San Pedro de Cardeña, bajo la protección de los condes castellanos (4). Momento histórico fundacional que Carlos González Unda acaba de recrear en su interesante novela Alto del Milagro. Poza de la Sal (una historia posible), publicada el pasado verano (5).

Un dato significativo que destacan los autores de la más reciente edición del Becerro. Poza de la Sal es la localidad que, junto con Villariezo, está representada en este cartulario con mayor número de documentos: veintiocho, transcritos seguidos (núms. 288 a 315). Todos son del siglo X (años 917-985), excepto uno que es de 1066. Se distribuyen así: quince son compraventas relativas a pozos de salmuera ; cuatro donaciones también sobre pozos de salmuera; dos compraventas de tierras; tres compraventas de viñas; tres entregas corporis et animae (es decir, personas que se entregan en cuerpo y alma al monasterio, con todos o parte de sus bienes); y uno contiene un acuerdo de cierre de un litigio por la venta de una tierra. De todas estas cartulas o scedulas es destinatario el Monasterio de San Pedro de Cardeña (6).

Pozo y eras de evaporación de las salinas de Poza de la Sal, antes de su abandono en los años 60 del pasado siglo. Durante el siglo X el Monasterio de San Pedro de Cardeña puso en ellas el foco para su aprovisonamiento de sal, un producto muy valorado hasta siglos recientes (Foto: Salustiano Moreta, El Monasterio de San Pedro de Cardeña, 1971).

Las salinas de Poza en el siglo X

Según hemos visto, la mayor parte de los documentos sobre Poza están referidos a sus salinas (7). Su contenido, aunque escueto y con formulismos, da idea de que en el siglo X la explotación de El Salero pozano estaba bastante organizada y su propiedad fragmentada en pequeños propietarios particulares, a diferencia de lo que sabemos ocurría en las vecinas salinas de Añana, en tierras alavesas, donde inicialmente Cardeña había centrado sus intereses salineros.

Los documentos del Becerro nos proporcionan también los nombres de cuatro de los pozos de salmuera: don Fonfino o Fofino, doña Gotina o Gutina, de Rubio y del Conde (8). Se ha apuntado que estos nombres podían aludir a los primeros propietarios de los pozos en cuestión. Es en los dos primeros donde el monasterio centra sus adquisiciones, hasta hacer de las salinas de Poza su foco más rico y significativo de producción salinera, en detrimento de las disputadas salinas de Añana.

Se apuntan también otros detalles, bien reconocibles, en este párrafo del documento 301, fechado en el año 978:

(…) et ipso poteum est inter puteam de dommo Fofinu, et est in medio ribuli currentibili, et de super ipso puteo karrera publica que discurrit de Bihurcu ad Castrello (…).

A parte de la significativa mención del castillo, a la que luego me referiré, parece que el texto está aludiendo al río Torca, que atraviesa el valle de las salinas, al camino que discurre por el lado norte -probablemente ramal de una antigua calzada romana-, y al valle o mineral de El Borco, cuyo nombre los pozanos han conservado hasta hoy, después de once siglos.

Vista aérea del sistema de las salinas de Poza de la Sal, en el inicio de los años 60 del siglo XX, poco antes de su abandono. La imagen da una idea de la magnitud de este sistema productor de sal, que, según se ha calculado, llegó a contar con unas 2000 eras de evaporación (Foto: P.M. Hempel, Der Diapir von Poza de la Sal (Nord-Spanien), 1966).

Los pozos de sal y la irrupción de la nueva lengua castellana

Hay más curiosidades de los documentos pozanos, a las que el estudio preliminar de los autores de la nueva edición del Becerro Gótico de Cardeña dedica bastante atención. Destaco aquí solamente dos.

La primera es de orden lingüístico. En veinte de los documentos  se utiliza la palabra castellana pozo, con la que solo en un texto -precisamente el que acabo de citar- convive la palabra latina puteum. Esta circunstancia da idea, afirman los investigadores, de la fuerte implantación de dicha palabra romance en toda la documentación de Poza, a diferencia de lo que ocurre en las referencias a Salinas de Añana. Alienta también la imaginación respecto al origen de Poza como nombre de una villa rodeada de pozos de sal…

La segunda curiosidad a la que aludía ya fue estudiada por el pozano Fray Valentín de la Cruz en un trabajo precioso de 1996 (Fray Velasco, procurador del Monasterio de Cardeña en Poza de la Sal) (9). Se trata de un elemento diferenciador de las compraventas referidas a Poza: no se hicieron directamente al abad de Cardeña sino a los monjes que, en su nombre, actuaban como representantes o agentes plenipotenciarios del monasterio en Poza. Esta forma de actuar en la gestión de los asuntos de la abadía cardeñense es, si tenemos en cuenta el conjunto de documentos del Becerro, un fenómeno singular de Poza que probablemente da idea de la importancia que esta villa tenía para Cardeña.

Los diplomas transcritos nos han dejado los nombres de estos monjes, de más antiguos a más modernos: Domingo y Sisuldo, Velasco, Gómez y Jimeno. El más notable es Velasco (frater Belasco), quien intervino en doce de los documentos.

La prominencia de ofitas de la Peña de El Castellar, en el centro de la cuenca salinera de Poza de la Sal, en una imagen de los años 30. En primer plano, pozo de salmuera. En el entorno de esta Peña parece que estuvo situada la villa altomedieval (Foto: Archivo Urcelay).

La primera mención documentada del castillo de Poza

Me referiré, finalmente, a otras menciones de los documentos que, sin estar referidas específicamente a las salinas, resultan de mucho valor para la historia pozana.

Deben destacarse, en primer lugar, las tres menciones relacionadas con el castillo altomedieval de Poza,  cuya ubicación probablemente no fuera la misma que la del que hoy puede contemplarse. Constituyen el primer testimonio documentado de la existencia de una fortaleza en Poza, al margen de los restos de una estructura tardorromana aparecidos en recientes excavaciones junto al actual castillo (10).

La primera cita es del año 965, de la entrega corporis et animae del presbítero Juan:

(…) in locum quem uocitant Trascastellum Poza (…).

Es decir, en el lugar que llaman ‘Detrás del castillo’ de Poza. Hoy sobrevive entre los pozanos el topónimo Trascastro, con el que se denominaba uno de los valles de El Salero, al suroeste del mismo, muy cerca de donde hoy se asientan las ruinas de uno de los enormes almacenes de sal levantados a comienzos del XIX.

Ruinas del Almacén de Trascastro, en Poza de la Sal, en el costado de la carretera que sube al Páramo de Masa (Foto: Titotxu, Wikilocs).

En otro documento del año 978 encontramos dos  nuevas citas:

(…) pozo de moyra in loco que dicitur Subkastrello (…).

(…) karrera publica que discurrit de Bihurcu ad Castrello (…).

Me atrevo a traducirlas por un pozo de muera en el lugar que dicen ‘Debajo del castillo’ y por camino público que va del Borco hacia el Castillo.

Ya por último, completo este breve recorrido por la presencia de Poza de la Sal en el Becerro Gótico de Cardeña dejando constancia de las citas de la iglesia o monasterio de los Santos Justo y Pastor -se ha apuntado que se trataba de un priorato benedictino dependiente de Cardeña-  (documentos de los años 917 y 978) y de la iglesia de Santa Eufemia (documento del año 965). De ninguno de los dos queda hoy en Poza resto ni memoria alguna.

Jaime Urcelay

(1) Ver Fernández Flórez, J.A. y Serna Serna, S.: El Becerro Gótico de Cardeña. El primer gran cartulario hispánico (1086), coedición de la Real Academia Española y el Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, Madrid-Burgos, 1917, 2 vols. La primera edición del Becerro fue publicada en  1910 por Fray Luciano Serrano, después abad de Santo Domingo de Silos, como tomo III de las Fuentes para la Historia de Castilla.

(2) Martínez Díez, G.: Colección documental del Monasterio de San Pedro Cardeña, Caja de Ahorros y Monte de Piedad del Círculo Católico de Obreros de Burgos, Burgos, 1998, pág. 8.

(3) La historiografía de Poza de la Sal será siempre tributaria de Feliciano Martínez Archaga, párroco de la villa entre 1966 y 1987, quien en 1984 publicó su documentadísimo libro Poza de la Sal y los pozanos en la Historia de España (Imprenta Monte Carmelo, Burgos). El Ayuntamiento pozano tuvo el acierto de reeditarlo en 2009.  Sobre la relación de Poza con el Monasterio de San Pedro de Cardeña, cfr. pág. 38.

(4) Para la revisión de este tema me he servido de Moreta, S.: El Monasterio de San Pedro de Cardeña. Historia de un dominio monástico castellano (902-1338), Universidad de Salamanca, Salamanca, 1971. El autor dedica un capítulo específico al Área salinera de la abadía, donde aborda el proceso de inversiones en Poza hasta el año 985, consiguiendo ser, según afirma, el principal  monopolista de su sal (ver págs. 77 a 82). Contradice esta exclusividad la constancia de que el 24 de noviembre de 978 el conde García Fernández donó la mitad de un pozo de sal de Poza para la fundación de la Abadía e Infantado de Covarrubias (cfr. Serrano, L.: Fuentes para la Historia de Castilla. Tomo II. Cartulario del Infantado de Covarrubias, Silos, 1907, págs. 18 y 19).

(5) Ediciones Atlantis, Madrid, 2018.

(6) El primer volumen de la citada obra de los profesores de la Universidad de Burgos Fernández Flórez y Serna Serna está dedicado a un exhaustivo estudio del Becerro. En sus páginas 213 y 214 puede encontrase un apartado titulado El importante conjunto documental de Poza de la Sal (28 textos, núms. 288-315).

(7) Para todo lo relacionado con las salinas de Poza, una vez más recomiendo la magnífica monografía de Eduardo Sáiz Las salinas de Poza de la Sal, Diputación Provincial de Burgos, Burgos, 1989.  Fue reeditada en 2001.

(8) El Pozo del Conde o Pozo Cuende parece que fue propiedad de don Sancho García, el de los Buenos Fueros, tercer conde castellano, formando parte de las donaciones fundacionales del Monasterio de San Salvador de Oña en el año 1011 (cfr. Martínez Archaga, F.: op. cit., págs. 52 y 199). Este pozo, que hoy todavía puede identificarse en el terreno, dio nombre a uno de los valles o minerales de El Salero de Poza, en su zona noroeste. De los otros tres pozos citados en el Becerrodon Fonfino o Fofino, doña Gotina o Gutina y de Rubio- no me consta que haya memoria ni restos.

(9) Boletín de la Institución Fernán González, Año LXXV nº 213, 1996/2, Burgos, págs. 251 a 266.

(10) En relación con el actual castillo de Poza creo que lo más recomendable sigue siendo  Cadiñanos, I: Arquitectura fortificada en la provincia de Burgos, Diputación Provincial de Burgos, Burgos, 1987, págs. 282 a 286. Las novedades aportadas por la excavaciones y la restauración de 2007, en Aratikos: Control arqueológico de las obras de restauración y acondicionamiento del Castillo de Poza de la Sal (Burgos), Burgos, 2007. Según Fray Justo Pérez de Urbel en su Historia del Condado de Castilla (Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Instituto de Estudios Medievales, Madrid, 1944), el conde Don Rodrigo impulsó en la segunda mitad del siglo IX la repoblación de las tierras entre las cuencas del Ebro y el Arlanzón, levantándose para su defensa una línea de fortificaciones, a la que pertenecía el primitivo castillo de Poza (cfr. Tomo I, pág. 206). Martínez Archaga lo sitúa hacia el lado noreste de El Castellar (cfr. op.cit., pág. 41).

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