La tradición del saludador en Poza de la Sal (I)

Una bonita imagen antigua de un pastor de Poza, con las runinas de la Ermita de San Juan al fondo. En 1752 había en la villa 4.155 cabezas de ganado lanar y 174 de cabrío

El saludador, dice el diccionario, es un embaucador que se dedica a curar o precaver la rabia u otros males, con el aliento, la saliva y ciertas deprecaciones y fórmulas. Un peculiar personaje que nos resulta ahora completamente ajeno pero que no hace demasiado tiempo gozó en nuestros pueblos de la consideración de las gentes y, no pocas veces, del apoyo de las autoridades.

Sabemos que ya al menos al final de la Edad Media los saludadores eran muy populares en España, aunque su mayor auge se dio en los siglos XVI, XVII y XVIII. En nuestra literatura clásica no es raro encontrar referencias a ellos; así ocurre, por ejemplo, en El Lazarillo de Tormes, en la poesía satírica de Quevedo o en los dramas de Calderón de la Barca.

También es conocido que no todos eran unos embusteros; había saludadores que, de buena fe, se creían cuanto hacían, de modo que sus saludos (sobre todo con el aliento, la saliva y los conjuros), para señalar o curar el ganado contagiado de rabia (también conocida como hidrofobia), parecían responder a unas facultades especiales que se transmitían por vía familiar –tanto a hombres como a mujeres- y que en ocasiones iban acompañadas de ciertos signos, como podía ser el día del nacimiento.

A mediados del siglo XIX, el científico Louis Pasteur descubrió la vacuna contra la rabia y a partir de ese momento el tratamiento de esta terrible enfermedad, tanto en animales como en personas, experimentó un giro completo, pasando a ser una cuestión estrictamente científica del dominio de médicos y veterinarios profesionales. Por eso a partir de entonces se generalizó la denuncia pública de los saludadores, a los que, ya cada vez más comúnmente, se presenta como unos embaucadores que comercian con la superstición y la ignorancia popular. En la prensa del último cuarto del siglo XIX y primeros años del XX he podido ver un buen número de ejemplos de estas denuncias.

Tradición del oficio en Poza de la Sal

La villa de Poza de la Sal (Burgos) contó con una larga y muy arraigada tradición del oficio de saludador, cuyos orígenes se pierden en el tiempo. Desde el siglo XVI son muchas las menciones que pueden encontrarse en el Archivo Municipal. Cuando se presentaba uno de los frecuentes episodios de rabia en el ganado -especialmente en el lanar-, el Concejo mandaba avisar al saludador, de Poza o de alguna localidad próxima, para que reconociese los animales afectados.

Era además el propio Ayuntamiento el que pagaba al saludador por su trabajo. Como ejemplo bien ilustrativo, en las Respuestas Generales al Catastro de la Ensenada (1752) consta que la Villa de Poza y su Común había asignada una pensión de Dos fanegas de la misma especie [de trigo], al saludador por su salario. En el mismo documento se menciona que Por dicho quinquenio, se ha reconocido de gasto hecho con el saludador, sesenta reales.

Escudo Ayuntamiento

Escudo de Poza en la entrada de la Casa Consitorial de la villa

La reconvención del Gobierno Civil de Burgos de 1855

Otra buena evidencia del arraigo del saludador en Poza es lo ocurrido en 1855. El 30 de abril de ese año el Ayuntamiento se reúne en sesión ordinaria porque el Gobernador Civil de Burgos ha enviado una reconvención en toda la regla:

Con la mayor sorpresa y el disgusto consiguiente he visto que todavía hay en ese pueblo una persona que explotando el atraso y la sencillez de esos naturales, se titula saludador y suponga haber tenido de Dios una gracia especial para curar la hidrofobia. Deber es de todos los individuos que componen ese Ayuntamiento el procurar que desaparezcan esas preocupaciones que tan triste idea del estado de la civilización de los Pueblos donde se acogen tales especies. Bajo este supuesto he dispuesto prevenir a V. que por ningún motivo permita que el llamado saludador reciba cantidad alguna en retribución de sus salutaciones pues de lo contrario le denunciare como estafador y también a los que le patrocinen como conmitentes en tan feo delito.

No dejaba la autoridad provincial muchas opciones, con lo cual el Ayuntamiento acordó que se hiciese saber a quien ostentaba el oficio en aquel momento, Andrés Corsino Padrones, que cese en el ejercicio de tal saludador y que en lo sucesivo no exija dinero alguno por el saludo, pues al beneficiarlo se le tendrá por estafador (…).

Gz Manero 280740 b

Otra vieja foto de Poza, realizada por Vicente González Manero en 1940

¿Cuestión zanjada? ¡En absoluto! En 1875, nueva acta de una sesión del Ayuntamiento del 14 de abril:

(…) Acto seguido el mismo [el Alcalde Presidente] manifestó habérsele dado parte de que así en los perros como en algún ganado lanar se habían manifestado síntomas de hidrofobia comúnmente llamada rabia; por lo que había creído oportuno acordar la adopción de las medidas que creyesen oportunas para evitar la propagación y estragos de tan terrible enfermedad; enterados de lo cual acordaron que como en el año 1869 y puesto que el Pueblo tiene la creencia de que Santos García de esta vecindad tiene conocimiento para averiguar las reses o perros que la padecen los vea o salude como vulgarmente se dice y se la gratifique como entonces, puramente para satisfacción del vecindario y para cumplir con el deber legal de la Corporación que sean reconocidos por los inspectores de carnes, en vista de cuya declaración el Sr. Alcalde Presidente adoptará las demás precauciones que se consideren necesarias según las Ordenanzas Municipales.

El tema, además, no queda en los límites de nuestra villa porque, según he podido comprobar, el prestigio de la saludadora de Poza se extendía en esta época (último tercio del siglo XIX) a un área geográfica bastante extensa, desde cuyos pueblos eran reclamados sus servicios.

Pero a la fama de nuestra saludadora estará dedicada la segunda parte de esta entrada.

(Continuará)

Jaime Urcelay

(La segunda parte de esta entrada puede ya leerse pinchando aquí)

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