Poza de la Sal en la pintura. Nuevas aportaciones

Puerta del Ayuntamiento o del Peso, desde la calle La Red. Autor: Antonio Cantero.

Pese a su importancia histórica y bien ganada fama de villa pintoresca, no deja de ser llamativo que Poza de la Sal (Burgos) carezca prácticamente de huellas iconográficas en el pasado.

Tampoco los pintores contemporáneos, más o menos consagrados, han prestado particular atención a nuestro pueblo y sus paisajes, tan singulares y atractivos. La excepción estaría representada por dos burgaleses –Marceliano Santa María y Fortunato Julián-, a cuya obra pozana ya he dedicado sendas entradas en este blog. A ellos habría que sumar, al menos, a otros tres artistas cuya pintura de Poza se ha señalado en algún momento y que, por mi parte, están aún pendientes de exploración: el pancorbino Delfín Gómez Grisaleña, el burgalés Román García Rodrigo y el paisajista guipuzcoano Julio Galarta Bengoa.

Otros creadores de nuestro entorno cercano, menos conocidos o simples aficionados, han dedicado también su pinceles a Poza. Nuestros paisanos recordarán, por ejemplo, las exposiciones realizadas en la villa por Antonio Tamayo -pozano de nacimiento, que ha publicado una parte de su obra en un entrañable libro de memorias personales– o por Begoña Eizaguirre, hija del fotógrafo bilbaíno Ramiro Eizaguirre y de la pozana Pilar Quintana.

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Así era el desamortizado Convento de San Bernardino, de Poza de la Sal

Maqueta del Convento de San Bernardino, de Poza de la Sal (Burgos), obra de Fernando de Miguel Hombría (Foto: Fernando de Miguel).

Con esa mirada local que da a los acontecimientos históricos un significado más real y concreto -en definitiva, más humano-, el reciente reportaje de Diario de Burgos «El inicio del fin de las abadías burgalesas» es una invitación a abrir los ojos ante los estragos de las desamortizaciones liberales del siglo XIX en la comarca burgalesa de la Bureba.

Aunque poco se hable de ello, fue la Desamortización, en efecto, un proceso injusto y sectario en su raíz que, además, resultó muy torpemente ejecutado. Como afirma José María Ortiz, historiador de Briviesca, en el mencionado reportaje, «no resolvió nada, empobreció incluso más a los humildes y la alta burguesía se enriqueció».

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«Mis recuerdos de Poza de la Sal», de Javier Urcelay

Javier Urcelay, autor del texto, en Poza de la Sal, entre la calle Ancha y la calle del Dómine, en una fotografía reciente (Foto: Jaime Urcelay).

NOTA.- Me siento muy identificado con el texto que hoy propongo, escrito hace algunos años para nuestra familia por mi buen hermano Javier, al que tanto debo en la orientación de mi vida. En él evoca sus vivencias de Poza de la Sal (Burgos), «una llamada interior diferente» que entrañablemente compartimos.

La vida del hombre en el período de su madurez es, se ha dicho, un continuado retorno a los paraísos de su infancia. Al menos debe ser así para los que tuvieron la suerte de tener una niñez feliz que les permitió abrirse al mundo en una atmósfera de seguridad y afecto.

Doy gracias a Dios, que me permitió nacer en una familia maravillosa, porque éste fue mi caso, de forma tal que no tengo más remedio que testimoniar, ahora que apuro la edad adulta, la veracidad de esa afirmación inicial.

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