Platería del Reino de Nueva España en Poza de la Sal (Burgos): una huella de gratitud y piedad

Vista del lado norte del Santuario de Nuestra Señora de Pedrajas, Patrona de Poza de la Sal (Burgos). La Virgen de Pedrajas ha tenido una constante y profunda significación en la vida de este pueblo, lo que explica las generosas y piadosas donaciones de vecinos que prosperaron en la América hispana (Foto del autor).

He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos. Esta frase que Saint-Exupéry pone en boca del zorro y que después repite El Principito a fin de acordarse, es una de esas enseñanzas que tampoco nosotros debiéramos olvidar (1).

Porque esa mirada del corazón es relevante, por ejemplo, para dar significado a ese tesoro artístico, tan desconocido, representado por el conjunto de piezas de platería hispanoamericana conservadas en diferentes pueblos de la provincia de Burgos, entre los que se encuentra -de forma no poco destacada- nuestra Villa de Poza de la Sal (2).

Son estas piezas creaciones, de notable valor artístico, de los pujantes talleres americanos de los siglos XVI a XIX. Afirman quienes las han estudiado que su importancia material guarda a veces poca proporción con la de la parroquia o santuario en los que se encuentran. Una paradoja que, como han destacado esos mismos expertos, solo cabe explicar desde una perspectiva emocional que nos lleva a su procedencia: generosas y piadosas donaciones de hijos de estos pueblos, quienes, habiendo alcanzado fortuna en el Nuevo Mundo, quisieron mostrar su gratitud y amor a la comunidad que les vio nacer, enviando -o trayendo a su regreso- estos valiosos objetos de plata, generalmente de uso religioso como correspondía a un tiempo en el que la fe ocupaba un lugar central en la vida de las gentes.

El tesoro de platería hispanoamericana de Poza de la Sal

Refiriéndome ya específicamente a las piezas de Poza de la Sal, Feliciano Martínez Archaga y Fray Valentín de la Cruz ya recogieron, en sus respectivos libros sobre nuestra Villa, algunos datos sobre ellas (3). Pero es la lectura de las investigaciones especializadas sobre platería hispanoamericana, a las que antes me refería, la que, sin restar mérito a nuestros historiadores locales, termina de poner en valor estas piezas, al situarlas en un contexto más universal y más rico en datos.

Fundamental en este sentido es la sistemática monografía Platería hispanoamericana en Burgos, de la que es autora la profesora Lena S. Iglesias Rouco, Catedrática Emérita de Historia del Arte de la Universidad de Burgos (4).

En base a estas fuentes y a algunas anotaciones adicionales tomadas directamente de los archivos pozanos, trataré aquí de presentar nuestras piezas, cuya procedencia ya se puede anticipar es doble: México y Puebla de los Ángeles, ambas del Virreinato de Nueva España.

Piezas de México, capital del Virreinato: las coronas y rostrillo de la Virgen de Pedrajas

Estos piadosos objetos adornaron hasta 1975 la imagen de la Patrona de Poza, según puede comprobarse en las fotografías antiguas. Cuando en dicho año fue restaurada, se aprovechó para devolverla a un estado y una exposición al culto más parecidos a los originarios, para lo cual se prescindió, además de los ricos y muy variados vestidos de tela, de las coronas y el resplandor con los que, en época de religiosidad barroca, quería mostrarse al pueblo la majestad del Divino Hijo y de su Santísima Madre. Solo se mantuvo el tradicional manto.

Las piezas, cuya cronología se sitúa en torno a 1790, son creaciones de un obrador de la ciudad de México, coincidiendo, como señala la profesora Iglesias en su estudio, con el momento de mayor predominio de la platería de dicha ciudad y con la pujanza de la corriente rococó, de tanta exaltación ornamental.

Están realizadas con plata pesada y denotan gran habilidad técnica por parte de su autor. Son -escribe Iglesias- piezas exquisitas, de composición sinuosa, flexibles contornos y superficies recubiertas por densa y fina decoración en la que logra obtenerse un singular equilibrio entre formas abstractas y referencias naturalistas.

Rostrillo o resplandor y coronas en plata de la Virgen de Pedrajas procedentes de México (s. XVIII). Poza de la Sal (Burgos) (Foto: Lena S. Iglesias, Platería hispanoamericana en Burgos, Burgos, 1991).

El rostrillo tiene 23 cm. de longitud y es de plancha repujada y calada sobre estructura de madera. Su forma inferior –anota Iglesias- está perfilado por un junquillo de tallos vegetales. Sobre éste, una ancha banda central se decora con la sucesión local de grandes rocallas. El borde exterior de, de sinuosos contornos, incluye delicados motivos florales entre recortadas formas arriñonadas y movidas ces.

Las coronas, de plata sobredorada, tienen 18 cm. de alto la de la Virgen y 13 cm. la del Niño Jesús. Pertenecen –explica la mencionada autora- al tipo imperial. Sus aros son lisos y las cresterías están caladas con motivos de carácter abstracto y disposición simétrica. Se cierran con seis bandas cuya ornamentación parece incluir mascarones de configuración muy sumaria y esquematizada. Las remata una esfera achatada de gajos sobre las que se eleva una cruz plana.

Carecen de marcas a la vista que puedan identificar su procedencia.

Del Libro de Cuentas del Santuario de Pedrajas es este elocuente testimonio de 1791 sobre su donante, Don Vicente Antonio de Miñón y Parte Arroyo:

…haviendose regresado del Reyno de nueva España al que pasó en busca de fortuna desde la villa en cuia Ygesia fue baptizado en reconocimiento de haverlo conseguido y atribuyendolo al auxilio de Maria Santissima Nra. Señora a quien se encomendó por su Abogada y protectora vajo el título de Nra. Señora de Pedrajas hizo donación a su Santuario y hermita… de dos coronas y resplandor de plata todas doradas…(5).

Piezas de Puebla de los Ángeles: cáliz, juego de vinajeras y lámpara

El esplendor de la orfebrería en plata de Puebla de los Ángeles corresponde a los dos primeros tercios del XVIII. Lena Iglesias afirma que se trata de piezas de ejecución muy cuidada en las que destacan las labores de repujado con una marcada plasticidad (…). Movidos roleos vegetales, jugosas y encorvadas hojas, girasoles y conjuntos de capullos y flores se extienden por las superficies integrando motivos seiscentistas de sobria esquematización o conviviendo con los característicos bustos de ángeles de alto tupé, y, en ocasiones, con figuras antropomorfas utilizadas con una referencia tectónica.

De esta procedencia son un juego de vinajeras litúrgicas -con sus correspondiente bandeja o salvilla-, un magnífico cáliz y la lámpara de araña, conservados también en el pequeño Museo de la Iglesia Parroquial de Poza.

Vinajeras litúrgicas de plata procedentes de Puebla de los Ángeles (s. XVIII). Poza de la Sal (Burgos). (Foto: Lena S. Iglesias, Platería hispanoamericana en Burgos, Burgos, 1991).

El juego de vinajeras litúrgicas y bandeja han sido datados en el primer tercio del XVIII. Hechos en plata de su color, las vinajeras miden 9 cm. de altura y la bandeja alcanza 19,5 cm. de longitud y 14 de anchura. Entre otros detalles en los que no podemos entrar, la zona inferior abombada de las vinajeras se halla recorrida por gallones de diferente tamaño; la parte superior, de forma troncónica, está cubierta por una delicada decoración de flores cuatripétalas entre ces vegetales. Las asas fundidas dibujan eses con una figura antromorfa sobre la parte superior. La bandeja está decorada con flores tetrapétalas entre esquemáticos tallos. La zona inferior está cubierta de conjuntos florales sobre un eje trasversal.

En la superficie interior de la bandeja se puede leer:

A devozion de Dº Manuel Peres Frz; para Nuestra Sª de Pedrazas en la Billa de Posas (6).

Cáliz, detalle del mismo y lámpara de plata procedentes de Puebla de los Ángeles (s. XVIII). (Foto: Lena S. Iglesias, Platería hispanoamericana en Burgos, Burgos, 1991).

El cáliz, por su parte, es una pieza especialmente significada, en opinión de la profesora Iglesias. Fue realizado en 1741 en plata sobredorada y mide 7,5 cm. de altura. La base, dividida en dos zonas, está decorada con cabezas de ángeles alados que alternan con conjuntos florales, que se repiten en el astil. En los extremos de éste hay cuatro figuras que a modo de cariátides soportan el nudo y la subcopa, que continúa la ornamentación alternante. La copa es lisa.

También en este vaso sagrado aparece grabada su procedencia:

Manuel Peres para Nª Sra de Pedraxas en la Villa de Posa. Año 1741.

Por último, la lámpara tipo de araña tendría un origen y cronología semejantes. Es de plata de su color y mide 30 cm. de altura con una distancia entre sus brazos de 25 cm. Se trata de un modelo poco frecuente. La parte central se halla decorada con conjuntos florales cubiertos de carnosas hojas. Los brazos tienen también formas vegetales, tan queridas por el frondoso lenguaje naturalista poblano, como señala Jesús Pérez Morera, Profesor Titular de Historia del Arte en la Universidad de la La Laguna, en un trabajo en que incluye también una amplia descripción de las platería poblana conservada en Poza de la Sal (7).

Imagen reciente de Nuestra Señora de Pedrajas, expuesta a la devoción de los vecinos de Poza de la Sal ante el Altar Mayor de la Iglesia Parroquial de San Cosme y San Damián. La peana de plata sobre la que se apoya fue donada desde Puebla de los Ángeles (México) en el siglo XVIII.

El trono y la peana de Nuestra Señora de Pedrajas

Aunque ni Iglesias ni Pérez Morena registran estas piezas, Feliciano Martínez Archaga -quien fuera párroco de Poza entre 1966 y 1987- escribió que trono y peana para la Virgen, (fueron) mandados de Nueva España por don Juan Pérez Fernández de Zalgo, canónigo maestrescuela que fue en Puebla de los Ángeles; el trono de chapa de plata con 18 aros de oro, y la peana con 60 lazos también de oro, y un ángel de lo mismo (8).

Confirman esta noticia un inventario de los bienes del Santuario de Pedrajas realizado en 1765 y una anotación de los archivos pozanos en la que se registra que se dan a Pedro Martínez 150 reales de gratificación por haber traído el trono de plata para Nª Señora que remitió el Dr. D. Juan Pérez de Zalgo (9).

Parece lógico pensar, a la vista de quién fue el donante, que ambas piezas procediesen también de Puebla de los Ángeles.

Como tantas veces ocurrió con los bienes del Santuario de Pedrajas a lo largo de la historia, el frontis de plata del trono fue vendido en 1888 para atender necesidades perentorias del pueblo de Poza, en este caso la construcción del nuevo camposanto de la Villa. Se ha perdido el rastro de la pieza, aunque probablemente fuese fundida para reutilizar el precioso metal (10).

Conocemos algunas de sus características por el anuncio de prensa para la venta:

Está compuesto de treinta piezas con sus correspondientes clavos, todos de plata maciza de ley, labrada a martillo, su peso 52 libras, hecho en Méjico en el año 1752 (11).

Respecto a la peana, cabe suponer que tenga la misma cronología. Se trata de una pieza con estructura de una madera muy oscura, cubierta de plata de su color y adornos sobredorados. Afortunadamente, la pieza -merecedora de un estudio completo- se conserva en Poza, junto a su Virgen, recibiendo el uso para el que fue concebida en el siglo XVIII. Fue restaurada hace apenas unos años (12).

Un espíritu que perduraba dos siglos y medio más tarde

Quizá puedan parecernos demasiado lejanos en el tiempo la piedad religiosa y los sentimientos de gratitud y arraigo que movieron a aquellos vecinos de Poza a donar las piezas que aquí se han presentado. Pero la verdad es que no son tan lejanos…

Más arriba he hecho referencia a la restauración en 1975 de la talla de la Virgen de Pedrajas, Patrona de la Villa, y ello nos da a pie a recordar a quien fuera mecenas de ese encargo: Tomás Movilla González, El Chingao, un indiano de nuestro tiempo, fallecido no hace mucho y bien conocido de sus paisanos pozanos.

Según se narra en la entrevista que en 1999 le realizó Diario de Burgos (13), el día anterior a marchar a México con 22 años, a hacer las Américas, escribió en el Libro del Santuario de Pedrajas:

Te juro que un día volveré a rezarte, a adorarte y darte las gracias por los favores recibidos…

Regresó 25 años después, tras ahorrar un buen dinero con duro trabajo. En dicha entrevista, realizada en el Santuario de Pedrajas en la Fiesta de la Patrona, explicaba:

Siempre he rezado y siempre me ha acompañado la Virgen de Pedrajas, yo me llevé una foto y no me abandonó ni un solo segundo y ahora la misma foto la tengo en casa. La Virgen de Pedrajas siempre me ha concedido todo lo que le he pedido y por eso hoy que celebramos su fiesta, vengo una vez más a postrarme a sus pies y agradecerle todo lo que me ha beneficiado.

Jaime Urcelay

(1) Saint-Exupéry, A.: El Principito, Ediciones Salamandra, Barcelona, 2015, pág. 72.

(2) Además de las piezas de plata de origen hispanoamericano a las que se refiere esta entrada, hay que señalar que existen en Poza otras creaciones antiguas del mismo metal que han sido muy ensalzadas por los especialistas en este arte. Se trata, entre otras, de una jarra o aguamanil, una bandeja y una custodia de platería madrileña de la segunda mitad del siglo XVIII (vid.: Iglesias, Lena S.: “Platería madrileña de los siglos XVII y XVIII en Burgos. Aportación a su estudio”, Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, Tomo 55, 1989, pág. 440 y ss. Puede descargarse en este enlace).

(3) Vid.: Martínez Archaga, F.: Poza de la Sal y los pozanos en la historia de España, Editorial Monte Carmelo, Burgos, 2009, 2ª ed.; Cruz, Fray V. de la: Poza de la Sal. Cuerpo y Alma de una Villa milenaria, Editorial La Olmeda, Burgos, 1992.

(4) Iglesias, L. S.: Platería hispanoamericana en Burgos, Ediciones J.M. Garrido Garrido, Burgos, 1991.

(5) Libro de Cuentas de la Ermita de Nuestra Señora de Pedrajas, año 1791, fol. 121 v. En los archivos pozanos consta también que el mismo Vicente Antonio de Miñón regaló a su regreso de México al Santuario de Pedrajas seis candeleros, incensario y su naveta todo de plata, pesa 575 onzas. Donó igualmente un vestido de tisú de oro para la Sma. Virgen y una casulla de lo mismo ( Vid. “Apuntes históricos sobre Poza de la Sal”, documento anónimo mecanografiado elaborado con anotaciones de los archivos de Poza de la Sal, s/f).

(6) Está documentado que Manuel Pérez Fernández era sacerdote y bachiller, residente en Puebla de los Ángeles (Nueva España). Era medio hermano (o sea, hermanastro) de Juan y de Roque Pérez Fernández Zalgo, canónigo maestrescuela y pertiguero de la catedral de dicha ciudad. Juan Pérez de Zalgo fundó en 1742 una generosa capellanía en Pedrajas (vid. “Apuntes históricos…”).

(7) Vid. Pérez Morena, J.: “Formas y expresiones de la platería barroca poblana. Repertorio decorativo técnicas y tipologías”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, vol. 34, núm. 100, mayo de 2012, Universidad Nacional Autónoma de México, México. Puede descargarse en este enlace.

(8) Martínez Archaga, F.: op. cit., pág. 199.

(9) Vid. “Apuntes históricos….”. En el inventario está registrado lo siguiente: Trono y peana de María Sma., todo de chapa de plata con 18 aros de oro en el trono; y en la peana 60 lazos también de oro grandes y pequeños; y un poco más abajo un ángel de lo mismo. Aparece también anotado en esos “Apuntes históricos”: Este trono dice D.E.R. lo robaron los franceses; pero entonces de dónde vino y en qué se diferencia el que ahora tiene?.

(10) Están documentados algunos de los momentos en que el Santuario de la Virgen de Pedrajas acudió con sus bienes y rentas, procedentes de donaciones, en auxilio de necesidades comunes, tales como la ayuda a pobres, el sostenimiento de viudas y huérfanos tras epidemias de peste o a los jornaleros de la Villa cuando las malas cosechas ponían en riesgo su subsistencia. Hubo también lamentables expoliaciones del Santuario, en particular durante la Guerra de la Independencia y la Primera Guerra Carlista.

Este es, en concreto, el testimonio literal de la venta del trono: Cuenta que rinde D. José María de Ugalde, de diez y ocho mil cuatrocientos treinta y cuatro reales cincuenta céntimos o sean pesetas cuatro mil seiscientas ocho sesenta y dos céntimos, que recibe de los Señores Don Vicente Alonso y Diaz, Don Pedro Pérez Cantero y Don Pedro Saiz Alonso, Alcalde, Cura Párroco y Teniente primero de Alcalde, pertinentemente comisionados por la Junta de Patronato, para la venta del frontis de plata del Trono de Nuestra Sra. de Pedrajas, con cuyo producto atender a la Construcción del cementerio nuevo. Éste -que es el actual- se inauguró el 25 de julio de 1890, clausurándose, ese mismo día, el antiguo Cementerio de San Roque, situado frente al Paseo de El Calvario.

(11) La Correspondencia de España, 9 de febrero de 1888. Figura también en el anuncio que el frontis era de un trono perteneciente a una ermita de Poza de la Sal (Burgos) y que se vendía, con autorización del Excmo. e Ilmo. Sr. arzobispo de Burgos (…) por considerarse innecesario y no hacerse uso de él, para atender a las necesidades de dicha ermita.

(12) Agradezco a Carlos González Unda y a Cristóbal Cuevas las noticias sobre la peana y el trono.

(13) “Tomás Movilla ‘El Chingao’, el pozano que hizo las Américas”, Diario de Burgos, 11 de octubre de 1990. Puede descargarse en este enlace.

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