Asociacionismo familiar

la-familia-en-la-encrucijada92Nota: poco a poco intento localizar los numerosos textos de la campaña cívica por la libertad de educación de los padres, desarrollada entre los años 2006 y 2010. En ella me tocó una participación muy activa como Presidente, en aquellas fechas, de Profesionales por la Ética, lo que se tradujo, entre otras cosas, en la preparación de muchas intervenciones públicas en conferencias, charlas para padres, debates y artículos y entrevistas en los medios de comunicación.

En este contexto recupero ahora la ponencia sobre “Asociacionismo familiar” que la Diócesis de Alcalá de Henares me invitó a presentar el 5 de octubre de 2008 en el I Congreso de Familia. Fue incluida después como capítulo en el libro “La Familia en la Encrucijada” (1). Creo que apunta temas que siguen siendo de mucha actualidad, además de ayudar a mantener viva la memoria de Lourdes Gil-Cepeda.

ASOCIACIONISMO FAMILIAR

“El futuro pertenece a la Familia” es el titulo escogido para esta mesa redonda. Y con enorme acierto, porque España y el mundo entero necesitan hoy, quizá con mas urgencia que nunca, que proclamemos esta verdad a los cuatro vientos.

Una verdad corroborada no solamente por un buen numero de argumentos antropológicos o sociológicos, sin también por la experiencia personal e intima de cada uno de nosotros.

Tal y como la Iglesia no se cansa de recordarnos, “la familia constituye el lugar natural y el instrumento de humanización y de personalización de la sociedad: colabora de manera original y profunda en la construcción del mundo, haciendo posible una vida propiamente humana, en particular construyendo y transmitiendo las virtudes y ´los valores´” (…). En una sociedad “que corre el peligro de ser cada vez mas despersonalizada y masificada, y por tanto inhumana y deshumanizadora” (…), con los resultados negativos que cada día están a la vista de todos, “la familia posee y comunica todavía hoy energías formidables capaces de sacar al hombre del anonimato, de mantenerlo consciente de su dignidad personal, de enriquecerlo con profunda humanidad y de insertarlo activamente con su unicidad e irrepetibilidad en el tejido de la sociedad” (FC 43).

Conscientes, en definitiva, de lo que esta en juego, nos corresponde el desafío de renovar e impulsar, en medio del adverso contexto actual, la misión y el protagonismo de la familia como “célula primera y vital en la sociedad” (AA 11).

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De izquierda a derecha, los participantes en la mesa redonda: Carlos Cremades, Agustín Losada (moderador), Jaime Urcelay y José Gabaldón (Foto: Diócesis de Alcalá de Henares)

Y entre los medios que la Iglesia, como experta en humanidad, nos propone para esta labor cobra hoy un importante significado el asociacionismo familiar o, como dice el texto de la Familiaris Consortio, las “asociaciones de familias para las familias” (FC 72).

¿Para qué el asociacionismo familiar? Nos lo explica con mucha claridad y sentido práctico el Directorio de la Pastoral Familiar de la Iglesia en España de 2003 (DPF 246 y ss.).

Se trata, en primer lugar, de conseguir la ayuda mutua entre las familias en orden al desarrollo humano y espiritual de sus integrantes. Esta “solidaridad entre las familias” que, como dice la Carta a las Familias de Juan Pablo II, “puede expresarse mediante diversas formas organizativas”, constituye una forma de “apostolado de las familias entre si” que “les permite prestarse mutuamente un servicio educativo común: los padres son educados por medio de otros padres, los hijos por medio de otros hijos. Se crea así una peculiar tradición educativa, que encuentra su fuerza en el carácter de ‘iglesia domestica’ que es propio de la familia” (CF 16).

Pero hay una segunda dimensión del asociacionismo familiar que resulta complementario del anterior y que también hoy nos apremia. Es aquel que, como expresa el Directorio de la Pastoral Familiar, tiene como fin especifico “promover iniciativas sociales en los distintos campos de atención y defensa de la familia: educación, medios de comunicación social, derechos de la familia, políticas familiares, familias numerosas, etc.” (DPF 246).

Un ámbito que incluye también lo que la Familiaris Consortio llama “intervención política” de la familia como expresión de su función social y que implica, en palabras de la citada Exhortación Apostólica, que “las familias deben ser las primeras en procurar que las leyes y las instituciones del Estado no sólo no ofendan, sino que sostengan y defiendan positivamente los derechos y los deberes de la familia”. Las familias deben así asumir la responsabilidad de “transformar la sociedad” pues de otro modo, continúa el mismo texto, “serán las primeras víctimas de aquellos males que se han limitado a observar con indiferencia” (FC 44).

Esta llamada de la Iglesia al asociacionismo familiar esta encontrado, gracias a Dios, una respuesta cada vez más positiva y esperanzadora en España, aunque todavía tengamos un largo camino por andar. Son hoy muchas y muy ricas entre nosotros -y ustedes lo saben mejor que yo- las realidades del asociacionismo familiar, que van desde las comunidades espontáneas e informales de familias asentadas en la amistad y en la comunión espiritual, los grupos parroquiales de matrimonios, las iniciativas de impulso y coordinación las Delegaciones Diocesanas de Pastoral Familiar, los movimientos familiares, específicos o nacidos en el seno los distintos movimientos y realidades con los que el Espíritu Santo bendice hoy a nuestra Iglesia, o las que cada vez más numerosas y pujantes iniciativas de carácter cultural, social y político que, aun no teniendo un carácter explícitamente confesional, son plenamente fieles a una antropología matrimonial y familiar adecuada y tratan de promover los derechos de la familia y la plena dignidad de sus integrantes en los diferentes campos.

Muchos son los extraordinarios ejemplos que podríamos mostrar aquí, de algunos de los cuales ustedes precisamente son protagonistas.

Sin pretender ni mucho menos darle mayor valor que el que tienen otros muchos, permítanme que me refiera a uno de vivísima actualidad, que me resulta especialmente cercano y que creo puede resultar muy motivador para mostrar las inmensas posibilidades que el asociacionismo familiar encierra.

Me refiero al movimiento cívico de padres objetores que desde hace más de dos años está sosteniendo audazmente la defensa de la libertad de conciencia en la escuela y la resistencia frente a la imposición de la asignatura Educación para la Ciudadanía. Su actuación es, antes de nada, un testimonio de compromiso, coraje y tenacidad que merece el reconocimiento de todos. Pero es también la expresión de un espíritu, de un enfoque y de una metodología para el trabajo cívico de las familias de los que podemos aprender mucho de cara al futuro.

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La pionera plataforma de padres de Lucena (Córdoba) el día de su presentación pública (2007)

44.513 objeciones de conciencia, más de 500 recursos judiciales según fuentes oficiales  de la Abogacía General del Estado, 38 sentencias y 63 autos amparando la libertad de educación y el derecho a la objeción de conciencia de los padres, dos Comunidades Autónomas que ya reconocen la objeción y una más a punto de hacerlo, un debate mediático de casi ya tres años… son los principales logros de un compromiso y un esfuerzo heroicamente sostenidos en el tiempo y enraizados en las verdaderas fuentes de la esperanza, pero también el resultado de una nueva y eficaz forma de trabajar. Un enfoque adaptado a las realidades actuales, que sabe manejar las claves de la eficacia en el contexto de una completa desproporción de fuerzas. Nada del prodigioso despertar de conciencias al que estamos asistiendo sería posible sin el protagonismo de esos miles de padres que agrupados en casi 100 plataformas independientes han conseguido una movilización social con pocos precedentes.

En un movimiento que inició un nutrido grupo de padres de Lucena, Córdoba, las plataformas desde entonces se han ido extendiendo por toda España en un proceso imparable que va completando poco a poco una importante red social que cubre hoy prácticamente toda nuestra geografía, incluido, desde luego, el territorio de esta Diócesis de Alcalá de Henares, gracias a la generosidad de un grupo de madres y padres.

Nacidas para defender la responsabilidad y el derecho de los padres a educar a sus hijos frente a la imposición estatista y totalitaria de Educación para la Ciudadanía, se trata de agrupaciones, en su mayor parte espontáneas, de padres de familia, orientadas al activismo social y al apoyo a otras familias del mismo entorno local.

Jaime Urcelay

Un momento de la misma mesa redonda (Foto: Diócesis de Alaclá de Henares)

Las actividades de estas plataformas de padres son diversas y tienen un grado de desarrollo e intensidad que trata de adaptarse a las posibilidades reales de cada una de las agrupaciones que, desde luego, tienen todo menos recursos y apoyos institucionales. Son comunes, sin embargo, a todas ellas algunas misiones básicas:

-La información directa a los padres sobre el alcance de la asignatura.

-La asistencia de todo tipo a las familias para que puedan ejercer su derecho a la objeción de conciencia. Asistencia que va desde el puro acompañamiento humano al asesoramiento jurídico, pasando por la presentación material de las objeciones.

-La presencia permanente en los medios de comunicación locales con sus propuestas, sus logros y sus valoraciones.

-Y, finalmente, la labor de dialogo y lobby social con los representantes políticos y las instituciones para el pleno reconocimiento de los derechos de los padres y la remoción de obstáculos a la objeción de conciencia.

¿Qué hace diferentes y de donde procede la asombrosa fuerza de las plataformas? ¿Por qué ese poder de los sin poder? ¿Por qué de repente tanta influencia de padres completamente inexpertos en la presencia pública?. Una reflexión de fondo nos llevaría sin duda al tema del valor de una sociedad civil responsable y vertebrada. Apuntaré sin embargo cuatro características de estas plataformas que me parecen especialmente significativas.

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Rueda de prensa conjunta en Madrid de las plataformas de padres (2009)

En primer lugar el carácter civil, la autonomía real y el trabajo en red. Se trata, en la mayor parte de los casos, de iniciativas promovidas por simples ciudadanos en el ejercicio de su libertad y por lo tanto independientes de estructuras institucionales de todo tipo, capaces además de actuar de forma autónoma en la defensa de unos derechos inalienables de los padres. Iniciativas abiertas que no son de ésta u otra institución, que son lugar de encuentro y comunión de personas procedentes de diversas realidades y movimientos o, sencillamente, de gente que nunca se ha vinculado a nada. Iniciativas sin apenas estructura, ágiles, flexibles, espontáneas, desinteresadas, orientadas al servicio a los padres y que aprovechan las enormes y baratísimas posibilidades de intercambio y coordinación que las tecnologías de internet ponen hoy a nuestro alcance. Un modelo de trabajo en red que sólo muy ocasionalmente requiere reuniones físicas para intercambiar experiencias, crear visiones compartidas y aprovechar sinergias, desde el respeto a la libertad de todos.

En segundo lugar, una nueva conciencia del papel decisivo de los medios de comunicación en la sociedad de hoy y de la importancia de hacernos presentes en ellos de una manera inteligente y propositiva. Sólo existe lo que aparece en lo medios y sólo una cercanía constante y respetuosa a ellos puede conseguir una verdadera influencia sobre la opinión publica y el poder para que las cosas puedan cambiar de verdad. Es extraordinaria la labor que las plataformas de padres están haciendo, desde hace ya muchos meses, en este terreno, con una audacia admirable.

En tercer lugar, el énfasis en la formación para la acción. Una formación que permita a los padres dar razón de sus planteamientos, tanto en el terreno de los principios como en el de las complejas cuestiones técnicas que suscita la campaña que están desarrollando. No todo puede ser intuición o buena voluntad, aunque los sencillos nunca dejen de darnos lecciones sobre la verdadera sabiduría. Es necesario también formarse, como han venido haciendo estas plataformas.

Y finalmente, el espíritu. Sin él nada se explica, sin él nada hubiera sido posible ni lo será en el futuro. Sin él nada tiene sentido. Un espíritu que es fe, esperanza y caridad. Un espíritu que es confianza y abandono de quien, ante todo, desea amar la verdad y se sabe sólo un instrumento de Otro. Un espíritu que cuesta mucho explicar con palabras pero que las plataformas hacen vida cotidiana. Y un espíritu que reflejaba como nadie Lourdes Gil-Cepeda, una joven madre de Valladolid, perteneciente al Camino Neocatecumenal, que falleció hace sólo unas semanas cuando alumbraba a su séptimo hijo.

Una de sus compañeras de la plataforma de Valladolid, Susana, escribió a todas las plataformas un correo sobre Lourdes que no me resistió a compartir con ustedes aquí.

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Lourdes Gil-Cepeda

“Amigos todos de todas las plataformas:

Hoy hemos enterrado a Lourdes, la esposa de Pepe Sanz Aguilar. Desde la plataforma de Valladolid casi no solemos enviar mensajes a redes, aunque lo leemos todos, principalmente por la precariedad con la que estamos llevando adelante esta batalla contra EpC. Pero en un día como hoy sacamos tiempo como sea para que todos conozcáis a esta mujer que tanto ha aportado para que nuestra lucha por la objeción pudiera salir adelante.

Las madres de familia numerosa con niños pequeños siempre estamos deseando que nuestros maridos lleguen a casa y nos echen una mano con los niños, compartan con nosotros los problemas de cada jornada, etc… Pues bien, durante muchos meses, con niños pequeñitos y embarazada, ella ha posibilitado que Pepe se prepara todas las conferencias que hemos dado en tantos Centros de Valladolid y provincia, encontró su lugar como miembro imprescindible de la plataforma en la “segunda fila”, en la renuncia, en lo que no se percibe a simple vista, acompañando y apoyando a su marido en todo, a pesar de la mas que justificada “Fatiga de la mujer” de la que habla Juan Pablo II en su Carta a las Familias de 1994.

Conocí a Pepe y Lourdes hace unos cuantos años, cuando aún no se habían trasladado a Valladolid y vivían en Benavente. Me llamó la atención que una mujer tan joven, tan alegre, tan femenina, hubiera decidido, junto a su marido, dedicar su vida a llevar adelante un “proyecto” de familia tan numerosa.

Vivieron momentos de mucho sufrimiento, como el embarazo de su cuarta hija, Dolores, que tantas lagrimas le costó a Lourdes por el diagnostico equivocado que hicieron los ginecólogos acerca de la salud de su futura hija, lágrimas que se transformaron en gozo, cuando tras el nacimiento de la niña, Dios les bendijo con bienes materiales (una casa nueva) y espirituales (Dolores salió adelante y hoy es una niña sana).

Finalmente, recuerdo como si fuera hoy el día en que Pepe y Lourdes me comunicaron que esperaban su séptimo hijo. Inmediatamente les di la enhorabuena y me admiré de su generosidad. “Soy una mujer abierta a la Vida”, me dijo Lourdes, y verdaderamente ella ha entregado su vida por todos y cada uno de sus hijos, desde el primero hasta el último, viviendo a contracorriente, y aquí no puedo evitar citar a Cherstenton: “Cualquier cosa muerta puede ir contra la corriente, pero solamente algo que está vivo puede nadar contra la corriente”.

Así vivió Lourdes, siempre alegre, llena de vitalidad, volcada en su marido, porque tenía la experiencia existencial profunda de que “el que encuentre su vida la perderá; y el que pierda su vida por Mí la encontrará” (Mt 10,39).

Ella ya ha encontrado la Vida.

Rezad por los que todavía seguimos aquí, para que no nos derrumbemos y podamos ayudar a tantos padres objetores. Que Dios nos de fortaleza para llevar adelante esta misión que nos ha encomendado”.

Jaime Urcelay

(Ponencia presentada el 5 de octubre de 2008 en la mesa redonda “El futuro pertenece a la familia” correspondiente al I Congreso de Familia sobre “La Familia en la Encrucijada”, organizado por la Diócesis de Alcalá de Henares los días 3 a 5 de octubre de 2008. Las ponencias fueron publicadas en el libro de César Alzola García (ed.) “La Familia en la Encrucijada”, Ediciones Cultura Cristiana, 2009).

(1) En su momento escribí una breve referencia a este libro en el blog de Profesionales por la Ética que pude leerse en este enlace http://profesionalesetica.org/un-libro-importante-la-familia-en-la-encrucijada/

 

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