La tradición del saludador en Poza de la Sal (II)

La Puerta de las Eras vista desde el interior del casco medieval de Poza, en el inicio de la calle La Torre. Pintura del vergarés Miguel Okina (Foto: Archivo Urcelay).

El fallecimiento en 1895 de la célebre saludadora de Poza, vino a coincidir en el tiempo con el declive de los saludadores en toda España. Fueron para ello decisivos los avances de la medicina en la curación de la rabia y, en general, el dominio de la mentalidad científica. Como consecuencia, con el cambio de siglo y en las décadas siguientes, se hizo más insistente la denuncia pública y el arrinconamiento social de quienes, desposeídas sus prácticas del ancestral signo mágico, pasaron a ser considerados, ahora ya sin miramientos, unos embaucadores[1].

Sin embargo, el eminente etnógrafo Julio Caro Baroja, hacía notar, todavía en el año 1946, que

la creencia en maleficios y en el poder de curanderas, saludadoras, etc., sigue, por otra parte, arraigada en la masa aldeana más de lo que a primera vista parece. Claro es que también lo está entre elementos urbanos[2].

Y algo de eso debió ocurrir también en Poza, donde, como vamos a ver, no faltan testimonios, ciertamente confusos y ambiguos, de que la larga tradición del saludador resistió todavía bastante tiempo en la villa, ya bien entrado el siglo XX. Quizá por ello ha podido llegar a nuestros días la fama de que Poza era pueblo de saludadores[3].

Félix Rodríguez de la Fuente, aún niño, con su madre, Marcelina de la Fuente Ibáñez, en el espolón de la Plaza Nueva (Foto: Espacio Madioambiental Félix Rodríguez de la Fuente, Poza de la Sal).

Recuerdos de infancia de Félix Rodríguez de la Fuente

Dentro de los aludidos testimonios, especial fuerza y valor tiene un recuerdo personal de infancia de Félix Rodríguez de la Fuente, reproducido por su biógrafo Benigno Varillas:

En mi primera infancia el perro rabioso era relativamente frecuente en la península Ibérica. El terror invadía al pueblo cuando se detectaba la presencia de un presunto animal con la rabia. Me recuerdo perfectamente parapetado tras aquellas portezuelas pesadas de madera de roble que tenían la parte inferior independiente. Cuando se difundía que andaba un perro rabioso suelto, a los niños nos encerraban en los portales y no nos dejaban abrir la hoja inferior de la puerta. Nos poníamos de puntillas y nos agarrábamos a los pomos sobados, brillantes, para mirar por encima de la madera, aguardando el paso de cualquier perro que a nosotros nos pareciera un monstruo mítico. El que podría ser el perro rabioso. Debía ser uno que llevara la cola pendiente, el pelaje erizado, babeara, la mirada atravesada, una especie de monstruo del averno al cual todo el mundo tenía un miedo atroz.

Resulta evidente que el miedo fuera grande, puesto que la persona mordida por este tipo de perro, que no se vacunara, estaba condenada a una muerte implacable, lenta, horrorosa. Es más, en mi propio pueblo, que era pueblo de creencias muy del más allá, muy de ciencia-ficción, había un hombre que procedía de toda una familia que se llamaban los Saludadores, porque se decía que cuando este hombre saludaba a quien le había mordido un perro rabioso, se la quitaba.

No se me olvidará nunca la presencia de una familia de Santander que había sido mordida por un perro rabioso y que, en un carro de aquellos de la época, tirados por mulas, bajaron por la tortuosa carretera que viene del Páramo de Masa al pueblo de Poza de la Sal, rodeado de sus salinas entonces en funcionamiento, a ver al saludador. La cara de aquella gente, condenada a muerte, pese a las virtudes que se atribuían al saludador de mi pueblo, es algo que en la mente de un niño queda grabado para siempre.

Nunca más volví a ver a aquella familia compuesta por el padre, un niño y una madre, a quienes había mordido un perro rabioso. Eran gente de caserío, de los aledaños de la provincia de Santander con la de Burgos. Me acuerdo de cuando por la calle Mayor, estrecha, empedrada, de tejados que casi se tocan, caminaba esta familia hacia la casa del saludador, que vivía un poco más abajo. Podéis imaginaros cómo iban estos pobres condenados a muerte. Intentando encontrar su última tabla de salvación en el saludo de un hombre que según la creencia popular estaba dotado de potencia mítica para curar enfermedades[4].

No precisa Varillas la fecha a la que se refieren estas vivencias de Félix, pero, siendo de su infancia, debe tratarse de mediados de los años 30 del pasado siglo, sin descartar que, al escribirlas, se sirviese también de recuerdos familiares de años anteriores. El saludador era entonces, tal y como hemos podido leer, un hombre que procedía de toda una familia que se llamaban los Saludadores y que vivía un poco más abajo de la calle Mayor, en la que estaba la vivienda de Félix.

Pero no es el único testimonio del siglo XX del que disponemos…

Molledo (Cantabria), 1901: el saludador de Poza, acusado de estafa

Efectivamente, nada más iniciado el siglo, en 1901, la prensa cántabra daba cuenta de la visita del saludador de Poza a Molledo (Cantabria). Visita que no terminó precisamente bien para él.

Narra la crónica periodística que, tras dos casos de hidrofobia en el ganado en Molledo y la correspondiente alarma entre parte del vecindario,

envió el presidente del concejo un propio al Ayuntamiento de Poza (…) en busca de ‘saludador, que entre estas gentes es aquel que por una gracia o virtud evita la rabia en las personas o animales mordidos. Llegado el propio a Poza, preguntó por el saludador, al cual encontró inmediatamente, y una vez enterado de lo ocurrido, se puso en camino, y se presentó ante el presidente del Concejo (…).

El citado presidente comunicó a algunos de sus convecinos la presencia del saludador, y acudieron varios de ellos para ponerse de acuerdo con el tal y acompañarlo a los puertos altos donde se hallan algunos de los ganados mordidos.

La cantidad estipulada por estos inocentes por las operaciones que había de ejecutar el saludador fue de 250 pesetas, las cuales recibió de mano y bolsillo particular del presidente.

(…) Llegada la comitiva con su impedimenta a las brañas, el saludador reconoció y saludó los ganados (…).

El ‘saludo’ que hace consiste en varias figuras de ‘magia negra’ y en curar, según él dice, a las personas o animales mordidos, ‘echando el aliento fuertemente’.

Después de ‘saludar’ a los ganados, ‘saludó’ a dos perros y una burra y a un muchacho de alguna edad, el cual, al recibir el ‘saludo’, cayó sobre un basar (pues este último ‘saludo’ fue en una cocina), originando varios desperfectos, como es consiguiente.

Pero los vidrios rotos (no los del basar) parece ser que se los cargan al presidente, que de buena fe adelantó el dinero a sus convecinos, los cuales visto el engaño, no se encuentran propicios a pagar lo que proporcionalmente les corresponde.

Conocedor de lo que ocurría, el Alcalde constitucional de este Ayuntamiento, parece ser que ha puesto el hecho en conocimiento de este Juzgado municipal, el cual hará lo que corresponda en justicia[5].

La denuncia al Juzgado municipal debió ir a mayores porque, el 7 de julio de 1901, el Juez de Instrucción de Torrelavega dictó una orden de busca y detención contra Marcelino Ruiz de la Fuente, que dice ser saludador, y otro sujeto que hacía de Secretario y alegaba era tío de Marcelino, vecinos de Poza de la Sal (…) y que el día diez del actual estuvieron en Molledo, realizando actos origen del sumario (…). El sumario en cuestión se seguía por estafa con engaños de saludador[6].

Aparte de que en septiembre el sumario continuaba con una nueva cédula de citación, en este caso para posible personación del perjudicado[7], no he podido averiguar cómo terminó el asunto, pero no pintaba bien para los acusados…

En Baracaldo y Las Encartaciones (Vizcaya), en 1902

Al año siguiente del suceso de Molledo, son las gentes de Baracaldo (Vizcaya) las que recurren al saludador de Poza, sin certeza de que sea la misma persona o si en esos momentos había más de un saludador en la villa, dando continuidad, por aquellos territorios, a la fama de la célebre saludadora de Poza de las últimas décadas del siglo anterior.

Lo cuenta el socioantropólogo vizcaíno José Ignacio Homobono, en un estudio sobre creencias y supersticiones populares, con referencia a las zonas más rurales de dicho municipio y, en general, a la comarca de Las Encartaciones, limítrofe con Cantabria, Burgos y Álava:

(…) Ya a comienzos del siglo XX (…) aún se solicitaban los servicios de los saludadores, como los de Orduña (Bizkaia) y Poza de la Sal (Burgos). Hasta Poza conducían los familiares de los afectados de Las Encartaciones y zonas vecinas; bien a pie, a caballo o en carro. Allí permanecían varios días sometiéndose a “las curas”.

(…) Durante la década de los veinte, los hijos de una vecina del barrio de Castaños, condujeron a ésta -a lomos de una caballería- hasta el saludador de Poza; quien cogió entre sus manos la cabeza de la “enferma” y le echó una ‘lendada’ (soplo). En tanto que ésta sanó otro vecino, escéptico, y mordido por el mismo perro rabioso, murió víctima de la hidrofobia (G. S. C.). Desde otros barrios de Barakaldo y aledaños se acudía, asimismo, a este saludador[8].

Un último testimonio publicado he encontrado con referencia al pueblo de Albillos (Burgos). Es de 1915. Allí dice la prensa que estuvo el Saludador de Poza. El diario, en esta ocasión, proporcionaba su nombre: Marcelino Martínez[9].

Saludadores y curanderos… El confuso testimonio de los últimos pastores de Poza

Nada más he encontrado sobre la tradición del saludador en Poza, si exceptuamos los testimonios de un pastor y su mujer, ya ancianos, recogidos de viva voz por Manu Gil, acabando ya el siglo XX[10]. Son frases espontáneas, entrecortadas y deshilvanadas, en las que los recuerdos y las vivencias se confunden, pero que no dejan de ser reflejo de algo que, sin duda, conocieron.

El pastor pozano Emilio López (Foto: Ramiro Eizaguirre).

Hablan de que aquí lo que ha habido era saludadores para la rabia… Ese vive o vivía donde vive el padre del de la basura, ahí arriba, y ese era saludador…, ¿saludadores?, ha habido, ha habido, …ha habido porque les llevaban y les soplaba en la boca, …aquí ha habido saludadores para la rabia de los perros también…  

Inevitablemente, mezclaban, en la misma conversación con Manu Gil, vivencias de cómo los propios pastores curaban otro tipo de dolencias, con hierbas, entre otros medios, sin que resulte fácil deshacer esa ambigüedad entre saludadores y curanderos. O, simplemente, con aquellos que recurrían a la, muchas veces, sabia utilización medicinal de las plantas silvestres, pero que, en no pocos casos, estaba más bien en la frontera con el curanderismo.

Hasta aquí toda la información que he podido conseguir sobre la tradición del saludador en Poza. Una curiosa historia, llena, desde luego, de lagunas, pero que, nos guste o no, forma parte de la personalidad de un pueblo marcado por sus creencias ancestrales.

Jaime Urcelay

(Entrada actualizada el 15/04/2024 para su incorporación al libro del autor «Poza de la Sal. Historias olvidadas»).


[1] Un buen ejemplo, ya de 1933, puede leerse en Diario Palentino: “La rabia: funestas supersticiones”, por Mauro Martín de Prado, Inspector provincial de Sanidad. El mes anterior, el mismo diario se había referido a la llegada de un saludador a Astudillo. Vid. “Un perro rabioso”, Diario Palentino, 6 de diciembre de 2023.

[2] CARO BAROJA, J.: Los pueblos de España, Tomo II, Colección Fundamentos, Ediciones Istmo, Madrid, 1981, pág. 73. La primera edición es de 1946.

[3] Así lo afirmaba el conocido periodista Iker Jiménez en su pregón de las Fiestas de Poza de 2010, considerando saludadores a sabios del campo que sabían curar la rabia y otras enfermedades del cuerpo y el alma. Dijo también que eso, entre otros elementos de Poza, pervivía en la memoria genética de Félix Rodríguez de la Fuente. Como la de otros tantos vecinos que nacieron en aquella época. La diferencia es que él quiso transmitir toda esa herencia milenaria.

[4] Cit. en VARILLAS, B.: Félix Rodríguez de la Fuente. Su vida, mensaje de futuro, La Esfera de los Libros, Madrid, 2010, págs. 63 y 64.

[5] La Atalaya, 2 de agosto de 1901.

[6] Boletín Oficial de la provincia de Santander, núm. 116, de 22 de julio de 1901.

[7] Boletín Oficial de la provincia de Santander, núm. 157, de 30 de septiembre de 1901.

[8] HOMOBONO MARTÍNEZ, J.I.: “Supersticiones, creencias, leyendas y rituales. Facetas del imaginario popular barakaldarria”, KOBIE: Serie Anejo nº 22, Diputación Foral de Vizcaya, Bilbao, 2021, pág. 57. El semanario anticlerical de Bilbao El Ruido, de 2 de noviembre de 1902, daba cuenta de la llegada a Baracaldo del saludador de Poza.

[9] El Castellano, 26 de julio de 1915.

[10] Cfr.: GIL, M.: Pozanas y Pozanos. El legado oculto (inédito).

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