Poza de la Sal en la pintura. Nuevas aportaciones

Puerta del Ayuntamiento o del Peso, desde la calle La Red. Autor: Antonio Cantero.

Pese a su importancia histórica y bien ganada fama de villa pintoresca, no deja de ser llamativo que Poza de la Sal (Burgos) carezca prácticamente de huellas iconográficas en el pasado.

Tampoco los pintores contemporáneos, más o menos consagrados, han prestado particular atención a nuestro pueblo y sus paisajes, tan singulares y atractivos. La excepción estaría representada por dos burgaleses –Marceliano Santa María y Fortunato Julián-, a cuya obra pozana ya he dedicado sendas entradas en este blog. A ellos habría que sumar, al menos, a otros tres artistas cuya pintura de Poza se ha señalado en algún momento y que, por mi parte, está aún pendiente de exploración: el pancorbino Delfín Gómez Grisaleña, el burgalés Román García Rodrigo y el paisajista guipuzcoano Julio Galarta Bengoa.

Otros creadores de nuestro entorno cercano, menos conocidos o simples aficionados, han dedicado también su pinceles a Poza. Nuestros paisanos recordarán, por ejemplo, las exposiciones realizadas en la villa por Antonio Tamayo -pozano de nacimiento, que ha publicado una parte de su obra en un entrañable libro de memorias personales– o por Begoña Eizaguirre, hija del fotógrafo bilbaíno Ramiro Eizaguirre y de la pozana Pilar Quintana.

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“El Porvenir de Poza” y la llegada de la electricidad a Poza de la Sal

Título de una acción de la sociedad anónima ‘El Porvenir de Poza’ (Fuente: Archivo Municipal de Poza de la Sal).

La primera noticia que tuve de “El Porvenir de Poza”, siendo todavía niño, tiene para mí un punto simpático: cuando en Urchala, la casa de mi abuela en Poza de la Sal (Burgos), se echaba la partida de chinchón, dominó o parchís (o sea, todas las tardes), las anotaciones se hacían en el revés de los restos de unos viejos talonarios de recibos, de los años 20, de la “Sociedad Anónima ‘El Porvenir de Poza’. Fábrica de Electricidad”. Confieso que no recuerdo haberme planteado en aquel tiempo de dónde habría salido aquello…

Pasados los años supe que en el paraje de Los Molinos, en el Camino de Padrones, cerca de las ruinas del Convento de San Bernardino, había existido una central hidroeléctrica (1).

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