Los hallazgos fortuitos son una herramienta valiosa para las aspiraciones profesionales. O al menos eso mantenía hace unos días, con datos y avales muy concretos, un curioso reportaje del diario El País firmado por Ramón Oliver (“Una carrera por casualidad”).
Esta constatación –que probablemente coincide con la experiencia personal de muchos de nosotros- invita a desarrollar la capacidad para gestionar lo imprevisto y aprovechar las oportunidades en la construcción de eso que suele llamarse el éxito profesional. Sobre todo en tiempos en los que la complejidad, la incertidumbre y la velocidad de cambio piden altas dosis de flexibilidad y adaptabilidad para casi todo.








