Mis lecturas. “La Tigresa y el Acróbata”, de Susanna Tamaro: el descubrimiento del sentido

La Tigresa y el Acróbata (1), la última novedad editorial de Susanna Tamaro, es un cuento para adultos al que se ha comparado con El Principito de Saint-Exúpery.

Y sí, después de disfrutar de la nueva creación de la escritora italiana, también yo creo que hay una conexión entre ambas narraciones. No solamente por su género literario sino, sobre todo, por una similar filosofía de fondo sobre la condición humana.

La Tigresa y el Acróbata es la historia, rebosante de ternura, de la vida de una tigresa de la Taiga siberiana. Una vida que, casi desde las primeras orientaciones de su madre y de su padre ausente, es el recorrido de un difícil camino para la búsqueda y conquista del propio Reino. Un Reino que que se inicia en el punto exacto en que se inician todos los días.

Hay claramente en ese viaje de la Tigresa, y en sus sucesivos encuentros, una metáfora de la necesidad del descubrimiento del sentido de nuestras acciones y, en el fondo, de nuestra nostalgia de la plenitud de la existencia. Este es el tema central que el cuento nos presenta y en el que podemos reconocer, una vez más, uno de los hilos conductores de prácticamente toda la obra de Susanna Tamaro, aquí explicitado, ya casi al final del cuento, en el recuerdo de un diálogo con el Hombre de la Cabaña:

-Nosotros estamos en el Tiempo, pero a su vez está envuelto en lo Eterno, que es lo que nos crea, y lo que luego nos acoge al final de nuestros días.

-¿Cómo lo sabes, si no se ve?

-Porque el sitio que dejas es al que deseas volver. La Nostalgia es la impronta que deja lo Eterno en nuestros corazones.

A lo largo de ese itinerario, la naturaleza -paisajes, plantas, animales- ocupa, como es también habitual en la escritora italiana, un claro protagonismo. Es parte del entendimiento de un mundo creado en armonía, en el que la discordia radica solamente en el ser humano.

Susanna Tamaro (Foto: Luca Cavallari).

Con ese telón de fondo van a apareciendo, en medio de las vicisitudes por las que la vida de la Tigresa atraviesa, los mismos temas que nos interpelan a lo largo de toda la obra literaria de la autora de Donde el corazón te lleve: la Libertad (esencia misma de nuestra naturaleza); el problema del mal en el mundo (sobre todo del que suponemos deseado por el Cielo); la Esperanza (esa fuerza  humilde que hace que el mundo siga adelante); la soledad que hay que quebrar para entrar en comunión con otro (ahora sé que mi vida ha sido solamente esperarte)…

También el misterio del sentido de lo transitorio y limitado; el lugar de los sueños (cuando se tiene un sueño las montañas pueden invertirse; ningún obstáculo parece ya tal cosa, ni hay límite verdadero); la lucha por ser uno mismo, aunque dejar de andar los caminos trazados por otros suponga una sensación de extravío; el temor a la muerte (abandonar lo conocido por lo desconocido)…

Todo un repertorio de cuestiones existenciales que en La Tigresa y el Acróbata son solo inquietantes  sugerencias que la autora -cuya proyección autobiográfica parece una vez más estar muy presente-  deja abiertas para que seamos nosotros, los lectores, los que nos hagamos preguntas.  Esas preguntas que genera esa profundidad insondable del pozo siempre abierto entre la mente y el corazón

El Corazón, lugar de la identidad y del Misterio

Y es precisamente en el Corazón -con mayúsculas- donde Susanna Tamaro propone que podemos encontrar nuestras respuestas, tal y como ocurre también en El Principito. El Corazón como lugar que custodia lo más preciado, a nosotros mismos. Y en nosotros el Misterio de lo Infinito, de lo EternoDonde está la única piedra que hay que conquistar: (…) la que brilla, desde el principio y por siempre…

El lugar también que esconde el fuego que generó el incendio que sentimos en nuestro interior: tras toda vida había fuego, y sólo el fuego producía la luz.

De un Corazón del que nace la mirada, como algo diferente de los ojos. Que poco había hecho falta -una pregunta, una mirada- para darle la vuelta a todo.

Por eso el corazón se comunica directamente con el corazón, sin necesidad de labios. Y necesita de la inocencia. Olvidarse de la propia inocencia. ¿Podía haber mayor error? Su mejor representación son, como en el cuento de Saint-Exúpery, los niños: había un niño, y tenía mirada.

La Taiga más allá del Cielo, donde no se derrama ya sangre

La culminación de La Tigresa y el Acróbata tiene lugar con la muerte de la protagonista y su llegada a la Taiga más allá del Cielo, donde no se derrama ya sangre. Ir o no a ella, se nos había dicho antes, depende del fuego que alimentes.

Es un territorio en el que ya no existe el miedo, donde no parecían existir ni depredadores ni presas. En el que el Sol contenía todos los amaneceres y los ocasos de la vida.

Donde, al cabo, la Tigresa comprendió que ya no tenía hambre. Solamente sed de un Agua que parecía contener todo lo amado. Y donde sintió que la llamaban con fuerza por su nombre para, después, contemplar a su lado el Cordero.

Jaime Urcelay

(1) Seix Barral Biblioteca Formentor, Editorial Planeta, Barcelona, 2017. 222 págs.

 

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