¿Es todavía posible un gran pacto escolar?

articulation-agreement FetenPoco después de su nombramiento como Ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo planteaba a toda la comunidad escolar la necesidad de alcanzar un Pacto Nacional de Educación para conseguir un sistema de enseñanza estable.

Sigue así la estela de sus antecesores. Y hace bien, porque, en efecto, que la educación en España sea una cuestión de largo plazo es un clamor en el que coincidimos todos. El problema es que la experiencia de las últimas décadas demuestra hasta qué punto ahí terminan las coincidencias básicas.

¿Dónde están los escollos? El asunto es complejo, pero es relativamente fácil vislumbrar el núcleo del disenso: el entendimiento de la libertad de enseñanza y, en concreto, de los respectivos papeles de la sociedad y el Estado o, por ser más específicos, las dieciocho administraciones educativas existentes hoy en España.

Es, evidentemente, una cuestión de fondo en la que en el campo de la enseñanza sigue sin producirse la convergencia de posiciones políticas, a diferencia de lo ocurrido desde el último tercio del siglo XX en otras esferas. En España el omnipotente Estado de la Ilustración parece haber encontrado en la enseñanza uno de sus últimos refugios, ignorando sistemáticamente el principio de subsidiariedad, o más bien aplicándolo exactamente al revés.

El asunto no tiene fácil remedio, es cierto, pero ante un reto de tanta trascendencia esa no puede ser la última palabra. Se trata de construir y con esta idea trato de ordenar tres ideas básicas sobre cómo podrían producirse avances:

1. Confirmando y reforzando el consenso sobre aquello en que ya se ha conseguido y que podemos juzgar, en líneas generales, como positivo. Me refiero a la vigencia del art. 27 de la Constitución de 1978, uno de los que tuvo una aprobación más difícil. Posiblemente a nadie dejó del todo satisfecho, pero es, al menos, un marco fundamental de acuerdo que conviene no violentar más de la cuenta.

2. Introduciendo mayor racionalidad y capacidad de diálogo en el debate educativo. En España las políticas educativas están infectadas, desde hace tiempo, por los virus de la ideología, el partidismo y la demagogia. Sobra manipulación del lenguaje. Faltan serenidad, rigor y profundidad.

Libertad de enseñanza

Y en ese ámbito de racionalidad, sólo hay posibilidad de progresar, en primer lugar, si se acepta que la libertad -que debe ser libertad para todos y que se conjuga también con la igualdad y la justicia- no puede verse cercenada cuando hablamos de enseñanza.

En segundo lugar, si el punto de partida es una aceptación sincera de la realidad, centrando el diálogo sobre datos contrastables y no sobre percepciones filtradas por los prejuicios ideológicos, el ruido o los gritos. La “política educativa de anteojeras”, como con acierto la ha llamado Rosana Ribera en esta misma tribuna, es insostenible por más tiempo en una situación de emergencia educativa como la actual.

Y sólo puede avanzarse, en tercer término, desde el compromiso y la magnanimidad en torno a la primacía del bien común sobre los intereses de las ideologías, los partidos o cualesquiera otros. Así de claro. La educación es un asunto de vital trascendencia para los españoles de hoy y de mañana que no puede por más tiempo estar a expensas de los vaivenes electorales.

3. Logrando acuerdos sobre cuestiones apremiantes que no afectan, de manera directa, al disenso nuclear. Temas como la dignificación académica y social de los docentes, la calidad del sistema, la mejora del rendimiento de los alumnos y la reducción de las altísimas tasas de fracaso escolar, o la erradicación de los problemas de convivencia y la recuperación del principio de autoridad, debieran ser susceptibles de consensos y acuerdos parciales, ayudando así a solucionar problemas y a crear una dinámica de realismo y encuentro.

En este ámbito de acuerdos sería deseable que se incluyese también el compromiso de gasto eficiente de las administraciones en educación y el avance hacia fórmulas de financiación -como es el cheque escolar- que aseguren el retorno a la sociedad del esfuerzo fiscal y el equilibrio de libertad e igualdad en la elección de centro educativo.

Llegan tiempos electorales. En la confusa y fragmentada España de hoy podemos verlo como una amenaza o como una oportunidad. Parafraseando a Víctor Hugo, “intentar, desafiar, persistir, perseverar, ser fiel a sí mismo…” es, también ahora, la única opción responsable.

Jaime Urcelay

Publicado en http://www.actuall.com/criterio/educacion/es-todavia-posible-un-gran-pacto-escolar/

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