Poza de la Sal en la pintura. Nuevas aportaciones

Puerta del Ayuntamiento o del Peso, desde la calle La Red. Autor: Antonio Cantero.

Pese a su importancia histórica y bien ganada fama de villa pintoresca, no deja de ser llamativo que Poza de la Sal (Burgos) carezca prácticamente de huellas iconográficas en el pasado.

Tampoco los pintores contemporáneos, más o menos consagrados, han prestado particular atención a nuestro pueblo y sus paisajes, tan singulares y atractivos. La excepción estaría representada por dos burgaleses –Marceliano Santa María y Fortunato Julián-, a cuya obra pozana ya he dedicado sendas entradas en este blog. A ellos habría que sumar, al menos, a otros tres artistas cuya pintura de Poza se ha señalado en algún momento y que, por mi parte, está aún pendiente de exploración: el pancorbino Delfín Gómez Grisaleña, el burgalés Román García Rodrigo y el paisajista guipuzcoano Julio Galarta Bengoa.

Otros creadores de nuestro entorno cercano, menos conocidos o simples aficionados, han dedicado también su pinceles a Poza. Nuestros paisanos recordarán, por ejemplo, las exposiciones realizadas en la villa por Antonio Tamayo -pozano de nacimiento, que ha publicado una parte de su obra en un entrañable libro de memorias personales– o por Begoña Eizaguirre, hija del fotógrafo bilbaíno Ramiro Eizaguirre y de la pozana Pilar Quintana.

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Poza de la Sal en la pintura del artista burgalés Fortunato Julián (1891-1972)

El artista burgalés Fortunato Julián, hacia 1923, en una de las poquísimas imágenes que se conocen de él (Foto: Fortunato Julián, un compendio de artes, de A.L. Bouza).

Fortunato Julián García Hernando (Burgos, 1891 – Burgos, 1972)Fortunato Julián– es un gran desconocido, pese a ser uno de los artistas burgaleses más geniales del siglo XX.

Los amigos de Poza de la Sal tendrán quizá noticia de él, al menos, por el libro de Fray Valentín de la Cruz Poza de la Sal. Cuerpo y alma de una villa milenaria (1), en cuyas páginas pueden verse cuatro de las acuarelas con motivos pozanos de este singular artista.

No resulta además fácil adentrarse en esta enigmática y polifacética figura, aunque, afortunadamente, y desde que Burgos celebró en 1991 el centenario de su nacimiento, podemos conocer un poco más gracias a la meritoria investigación realizada por el poeta y crítico de arte Antonio L. Bouza, a quien, por cierto, hemos perdido hace tan solo unos días (2).

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