Réquiem por el correo electrónico en las empresas

La edicemail_abuseión digital de uno de los principales diarios españoles se hace eco hoy del progresivo abandono del correo electrónico en nuestros hábitos de comunicación, tendencia que en las empresas sería ya un fenómeno galopante, como demuestra el artículo con ejemplos de compañías bien conocidas (http://tlife.guru/profesional/por-que-estamos-abandonando-el-email/).

Las causas que se apuntan para esta restricción del uso del correo electrónico en las empresas serían, siempre según esta información, de productividad, por un lado, y de ineficacia de este canal para muchos de nuestros objetivos y necesidades de comunicación interna, por otro. Se añade también el estrés que genera la acumulación de correos y la pujanza, especialmente en las generaciones más jóvenes, de otras formas de comunicación electrónica más breves e instantáneas.

Experiencias que dicen mucho

El tema no es nuevo, pero me ha alegrado leer este artículo que, en definitiva, viene a ser la crónica de una muerte anunciada. O si no muerte, al menos una herida, que, por el momento, dejará al correo electrónico en el lugar que le corresponde, mucho más restringido, desde luego, que el ocupado en los últimos años.

Personalmente sufrí durante algún tiempo la pretensión de sustituir la conversación cara a cara por el email. Fue una experiencia frustrante. La persona a la que reportaba entonces en mi compañía imponía sistemáticamente que no se le hablase directamente sino que la comunicación con ella –cualquiera que fuera el tema o la extensión del mensaje- tenía que hacerse obligatoriamente por correo electrónico. No importaba que algunas personas de su equipo directo estuviésemos sentados a apenas unos metros de su mesa… Era una verdadera tortura y puede imaginarse con facilidad el efecto que tenía sobre la calidad de nuestras comunicaciones y el clima del equipo…

Vivo también de manera continua la ansiedad que, en los talleres y cursos de formación, provoca a muchísimos directivos y mandos intermedios el correo electrónico. Por supuesto, establecemos juntos desde el inicio el compromiso de no atender el smartphone o la tablet durante las sesiones, pero eso no es suficiente. Todo esto está muy bien –dicen a veces- pero me angustia pensar cómo voy a tener la bandeja de entrada de mi correo cuando vuelva a la oficina…

No se me escapa que en muchos casos el problema de estos directivos y managers no es el correo electrónico, sino más bien su estilo de dirección –en realidad de microdirección– y su incapacidad para delegar sin controlar hasta el último detalle. Probablemente es así, pero tengo la impresión de que el correo electrónico ha sido una herramienta que, en muchos casos, ha venido a reforzar ese problema.

Impacto en la cultura de responsabilidad

Y en mi experiencia hay algo más, que muchas veces pasa desapercibido cuando se analizan los excesos del correo electrónico en las empresas y la actual tendencia a la restricción. Me refiero a su uso perverso -si se me permite la expresión- en relación con la asunción de responsabilidades personales, una cuestión vital bajo cualquier punto de vista.

Quién no ha visto -o ha escrito personalmente- esos correos llenos de personas inútilmente copiadas y que provocan la saturación y el estrés al que antes me refería. Pero no pocas veces he comprobado también –y en algunas empresas como rasgo cultural distintivo- que ese hábito de la copia per tutti en realidad encubre la intención de cubrirse las espaldas, de diluir la responsabilidad personal en otros. Un tema interesante, sin duda, en el análisis de culturas organizativas.

Parece, en conclusión, que asistimos a un fin de ciclo respecto a un canal que aportó en su momento un importantísimo progreso en la comunicación interna en las organizaciones, pero del que, como pasa con tantas cosas en el mundo empresarial, se ha abusado.

Dejemos, pues, al correo electrónico en su justo lugar -que no es pequeño- y pongamos los medios para volver sobre todo a lo que siempre debiera ser una constante: la comunicación cara a cara entre personas que tenemos mucho que decirnos. Todos –incluidas las organizaciones- saldremos ganando.

Jaime Urcelay

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