Galería (VI). Los Urcelay Aramendi, de Azcoitia, leyendas de la pelota vasca

Retrato de estudio de Urcelay I (José María Urcelay Lersundi), realizado en 1920 por Indalecio Ojanguren.

Además del sacerdote y músico Ángel Urcelay Aldalur, de los primeros Urcelay ilustres de los que tuve noticia en casa fue de una saga de conocidos pelotaris que tenían también nuestro mismo apellido, originarios de Azcoitia, en el valle guipuzcoano del Urola, muy cerca, por tanto, del lugar de la antigua casa-solar de los Urcelay.

Y no era casualidad que estos destacados jugadores de pelota vasca hubieran nacido en Azcoitia. No en vano este rincón en el corazón de nuestra ancestral Euskalherría, a los pies del Macizo de Izarraitz, ha sido considerado la cuna y guardián de este deporte, la cátedra o templo de la pelota a mano (1).

Ciertamente, fue la práctica de este antiquísimo deporte, tan característico de la cultura vasca, la que dio relevancia pública a José María Urcelay Lersundi –Urcelay I– y a sus hijos Justino, José León e Iñaki Urcelay Aramendi –Urcelay II, Urcelay III y Urcelay IV, respectivamente-. Pero cuando uno tiene la oportunidad de profundizar un poco en estas figuras, se topa de inmediato con una historia quizá menos famosa, pero mucho más entrañable y meritoria: la de la familia Urcelay Aramendi y sus descendientes (Los Urcelay de José María y Josefa), desde el final de la Guerra Civil dispersos entre España, Argentina y Venezuela, pero admirablemente unidos en la fidelidad y la gratitud al legado familiar y cultural del matrimonio que formaron, en los inicios del siglo XX, José María Urcelay y Josefa Aramendi.

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