Mis lecturas. “El hombre en busca de sentido”, de Viktor Frankl: claves del arte de vivir

Hay libros que conviene tener a mano para volver sobre ellos y para prestarlos todo lo que sea posible. El hombre en busca de sentido, del psiquiatra austríaco Viktor Frankl, es para mí uno de ellos (*). Más aún: es un libro capaz de cambiar una vida para bien.

Suelo apuntar esta lectura  en los cursos para directivos y mandos de empresas. Y si el contenido de la formación aborda temas directamente relacionados con la identidad o el crecimiento personal -cosa cada vez más habitual en el mundo de la empresa-, utilizo también el vídeo de una breve entrevista con Frankl en la televisión austríaca. En ella se sintetiza lo fundamental del pensamiento del creador de la logoterapia, proporcionando anclajes serios sobre los que construir el desarrollo humano, también en el terreno profesional.

En los campos de concentración

Con un prólogo para la edición española de José Benigno Freire, muy útil para conocer los antecedentes biográficos de Frankl y el contexto del libro, sus páginas contienen una cruda narración de su experiencia en los campos de concentración nazis, tamizada por un profundo conocimiento de la psicología humana.

Al hilo de la impactante narración de la barbarie y los sufrimientos del holocausto, descendiendo a detalles muy concretos, el autor va interpelando al lector con sus hallazgos sobre el comportamiento humano.

Entresaco literalmente algunas reflexiones que me parecen especialmente potentes:

Cada hombre, incluso en las condiciones más trágicas, guarda la libertad interior de decidir quién quiere ser -espiritual y mentalmente- porque incluso en esas circunstancias es capaz de conservar la dignidad de seguir sintiendo como un ser humano.

La salvación del hombre solo es posible en el amor y a través del amor.

Cualquiera de los aspectos de la existencia conserva un valor significativo, el sufrimiento también. El realismo nos avisa de que el sufrimiento es una parte consustancial de la vida, como el destino y la muerte. Sin ellos, la existencia quedaría incompleta.

Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical de nuestra actitud frente a la vida. Debemos aprender por nosotros mismos, y también enseñar a los hombres desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros. (…) Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a las cuestiones que la existencia nos plantea (…).

Los prisioneros más aptos para la supervivencia resultaron ser aquellos a quienes esperaba alguna persona o les apremiaba la responsabilidad de acabar una tarea o cumplir una misión.

La bondad humana se encuentra en todos los grupos, incluso en aquellos que, en términos generales, merecen ser condenados. Las fronteras entre esos grupos se difuminan y sobreponen en muchas ocasiones, y no debemos simplificar las cosas afirmando que unos hombres eran ángeles y otros demonios.

Viktor Frankl (1905-1997), autor de El hombre en busca de sentido

Conceptos básicos de la logoterapia de Viktor Frankl

La edición española de El hombre en busca de sentido contiene, además, un interesantísimo apéndice dedicado a los Conceptos básicos de logoterapia, añadido por su autor en 1966 al original de la obra.

De manera sencilla y asequible para cualquiera, Viktor Frankl sintetiza en poco más de treinta páginas los conceptos técnicos básicos de la escuela de psiquiatría de la que él fue creador, la logoterapia.

Como es conocido, se trata de una psicoterapia que, desde una mirada al futuro, confronta al paciente con descubrimiento del sentido de su propia vida y los valores que en ella quiere ver realizados.

En mi experiencia como formador, esa voluntad de sentido como fuerza primaria del ser humano es una realidad constatable en la mayoría de las personas, si bien con ese sentido único y específico para cada hombre que Frankl describe.

El pandeterminismo, neurosis colectiva de nuestro tiempo

Otra cosa distinta es, como tantas veces he constatado también en los cursos, la generalización en nuestro tiempo de lo que la logoterapia llama frustración existencial. O los fenómenos de vacío existencial y profundo tedio o aburrimiento vital, tan frecuentes incluso en contextos de un aparente éxito profesional, mal disfrazados con el frenesí del business.

Ahondar en las raíces de esta realidad requeriría una amplia reflexión, más no creo exagerada la constación de Frankl de que el vacío existencial es la neurosis más frecuente en nuestro tiempo. Lo que no es sino el efecto del nihilismo y de la asunción cultural de que el hombre es el resultado de las condiciones biológicas, psicológicas y sociológicas, negando así de facto su libertad. En definitiva, el efecto del predominio hoy de eso que el autor llama pandeterminismo.

La búsqueda del sentido como responsabilidad personal

Nuestro autor propone interesantes claves para comprender y afrontar estas realidades del hombre contemporáneo, asumiendo, como ya he apuntado, que la esencia de la existencia consiste en la capacidad del ser humano para responder responsablemente a las demandas de la vida en cada situación particular.

Este énfasis en la fuerza de la responsabilidad de cada ser humano es la que hace que la logoterapia no se plantee como una labor docente o misionera, sino como una invitación a ampliar y ensanchar el campo visual para descubrir el sentido de nuestro horizonte existencial.

Ciertamente, la clave está en trascender hacia algo o alguien distinto de uno mismo. La autorrealización no es por sí misma un fin; es un resultado o fruto.

Uno de pocos grandes libros de la humanidad

Afortunadamente, El hombre en busca de sentido es una obra que ha conocido una amplia difusión, iluminando la existencia de mucha gente. Se ha convertido en un clásico, hasta el punto de que la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos lo consideró uno de los diez libros con más influencia en América.  En España no ha dejado de reeditarse.

El psiquiatra y filósofo Karl Jaspers afirmó que era uno de los pocos grandes libros de la humanidad. Y es cierto que su lectura nos deja la impresión  de que nos ha hecho conocer un poco mejor esa compleja condición humana que a veces nos desasosiega en nuestra experiencia vital.  Comprender, en fin,  como concluye Frankl, que el hombre es el ser que siempre decide lo que es. Es el ser que inventó las cámaras de gas, pero también es el ser que entró en ellas con paso firme y musitando una oración.

Jaime Urcelay

(*) Herder Editorial, 3ª edición / 4ª impresión, Barcelona, 2015. 158 págs.

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