Poza de la Sal en “Puentes singulares de Burgos. Unir orillas, abrir caminos”, de Miguel A. Moreno Gallo (coord.)

Dentro de la serie de entradas que estoy dedicando a la presencia de Poza de la Sal en las monografías recientes sobre la provincia de Burgos, llega ahora su turno a Puentes singulares de Burgos. Unir orillas, abrir caminos, obra colectiva de Pedro L. Hombría, Gonzalo Andrés, Lena S. Iglesias, María José Zaparaín, René Jesús Payo y Miguel A. Moreno Gallo (coord.) (1).

Fruto de un serio trabajo de elaboración multidisciplinar y con magnífica edición de la Diputación Provincial de Burgos, el libro consta de cuatro estudios monográficos y un amplio capítulo final –Catálogo de puentes singulares de la provincia de Burgos-, firmado por Miguel A. Moreno Gallo. En él hace inventario -con formato de fichas clasificadas por cuencas fluviales- de más de 450 puentes singulares burgaleses, del total de 4691 puentes con que oficialmente cuenta la provincia. Cada ficha presenta la información básica y una imagen en color del correspondiente puente.

La publicación de esta importante obra es un buen pretexto para revisar y reunir aquí las dispersas informaciones sobre los puentes pozanos, tomando como punto de partida los datos que proporciona el mencionado Catálogo de puentes singulares.

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Poza de la Sal en la literatura: “El Viaje hecho en España y Francia”, de Andrea Navagero

Andrea Navagero

Andrea Navagero. Detalle del famoso cuadro de Rafael Sanzio Retrato de Andrea de Navagero y Agostino Beazzano, 1516 (Galeria Doria Pamphili, Roma). Existe una copia del s. XVII en el Museo del Prado.

“El Viaje hecho en España y Francia” es un breve y encantador relato del periplo por ambas naciones  de Andrea Navagero (Venecia, 1483 – Blois, Francia, 1529). Celebrado poeta e historiador, fue embajador de Venecia sucesivamente ante el emperador Carlos V y ante el rey francés Francisco I. Navagero fue inmortalizado en un famosísimo cuadro de Rafael Sanzio,  siendo también referido en nuestras historias de la literatura por su decisiva influencia  en el poeta Juan Boscán, introductor en España de las formas italianizantes.

El Viaje es una obra de relevancia.  Y no tanto por su contenido político e histórico -como, en principio, cabría esperar del punto de vista de un embajador en un periodo histórico tan excepcional-  como por el alarde de  curiosidad y sensibilidad de un genuino humanista del Renacimiento que capta y describe con rigor lugares, monumentos y costumbres, tal y como se encontraban en el primer tercio del siglo XVI (1).

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