Poner fin al adoctrinamiento de Educación para la Ciudadanía, recuperar libertad en la escuela

Todos estamos a favor de una educación que promueva las virtudes necesarias para la vida honesta y la cohesión social, sobre todo en unos tiempos en los que a un amplio sector de jóvenes le faltan referencias claras, la autoridad de los padres y los profesores es cuestionada y la convivencia se hace en ocasiones difícil.

Nadie se opone tampoco a que nuestros hijos conozcan las declaraciones de derechos humanos y la Constitución española, cosa que, dicho sea de paso, ya ocurre a través de asignaturas como Ciencias Sociales.

¿Por qué entonces la inacabable controversia en torno a las asignaturas de Educación para la Ciudadanía (EpC), impuestas sin consenso por la LOE de 2006. ¿Por qué un buen número de familias sigue sosteniendo  -con un compromiso ético y cívico que algún día será reconocido-  la objeción de conciencia a estas materias casi seis años después?

La respuesta es clara: porque la “promoción de la ciudadanía democrática” que el Gobierno decía buscar con esta asignatura no puede servir de coartada para invadir el derecho y la responsabilidad que los padres tenemos para educar a nuestros hijos según nuestras propias convicciones. Y estas asignaturas atentan contra ese derecho de una manera evidente, a diferencia de lo que ocurre con los modelos europeos en los que, falsamente, dice inspirarse, tal y como ya ha sido denunciado en diferentes foros internacionales.

La educación moral de los niños y jóvenes es un tema muy importante y delicado en el que somos los padres los que tenemos que decidir lo que, en conciencia, pensamos que es mejor para nuestros hijos. Ningún Gobierno tiene derecho a imponer a través de la enseñanza obligatoria su propia ideología, salvo que quiera parecerse a esos Estados totalitarios que pretendieron educar políticamente a los jóvenes para perpetuarse en el Poder.

Además, la doctrina moral en la que se inspiran las mencionadas materias es incompatible con las convicciones de una parte muy importante de la población española. Temas que forman parte del currículo obligatorio de EpC como “la condición humana”, “la identidad personal”, “la educación afectivo-emocional” o “la construcción de la conciencia moral”, son abordados desde un planteamiento ético basado en el relativismo, en el que la verdad, el bien y el mal ni siquiera aparecen nombrados. Unos contenidos para los que el último referente ético es el consenso y lo que la legislación reconozca en cada momento y donde el hecho religioso y la trascendencia no tienen ningún espacio, a pesar de ser la base de la ética de la mayoría de los españoles.

Unos contenidos, también, que renuncian a la importancia de la inteligencia y la voluntad en la educación. Que prescinden, de plano, del valor del esfuerzo y el trabajo. Un currículo en el que lo fundamental es un vago y lánguido emotivismo que lleva a decir, literalmente, que hay que enseñar a cada alumno a construirse su conciencia moral en base a las “relaciones afectivas con el entorno”. ¿Es así como vamos a solucionar los problemas de convivencia en los centros escolares y a atajar la violencia que en algunos lugares se presenta? ¿Son éstas las referencias morales que los jóvenes españoles necesitan para una vida plena como personas y como ciudadanos?

La cuestión, como puede verse, es grave y de poco han servido al Gobierno que ahora se despide las tácticas para presentar estas materias como una exigencia de de la Unión Europea.

Más de seis años de denuncias en los medios, 54.000 objeciones de conciencia y una larga y compleja controversia judicial  -que dividió hasta al propio Tribunal Supremo- han demostrado sobradamente que EpC, tal y como ha sido desarrollada en España, obedece a un propósito de conformar la mentalidad y las conductas de nuestros hijos según una moral de Estado que no es neutral.

Resulta por eso importante que los ciudadanos que apreciamos el valor de la libertad no perdamos la conciencia de la anomalía que significa la imposición de la “Educación para la Ciudadanía” y que, cada uno desde su responsabilidad, contribuyamos a su eliminación.

Casi 400 demandas en el Tribunal de Estrasburgo y los recursos de amparo admitidos a trámite en nuestro Tribunal Constitucional, esperan que la Justicia ponga final a este conflicto y restituya el equilibrio perdido.

Un nuevo Gobierno del PP no puede tampoco eludir esta responsabilidad. Están en juego la libertad de conciencia en la escuela, el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones y los límites del Estado.

Jaime Urcelay

 

[Artículo publicado en La Razón Histórica. Revista hispanoamericana de Historia de las Ideas. Nº 16, septiembre-diciembre 2011].

Cristianos contra Hitler

cristianos_contra_hitlerJosé M. García Pelegrín había incursionado ya por el tema de la resistencia cristiana al nazismo con un librito, de los de tener a mano para releer y prestar, que se llama “La Rosa Blanca. Los estudiantes que se alzaron contra Hitler”, publicado por LibrosLibres.

Lo hace ahora de nuevo, de la mano de la misma editorial, con un libro bien documentado, muy ameno y con similar capacidad para emocionar y mover a la acción y el compromiso. Se llama “Cristianos contra Hitler. La apasionante historia de seis personas que se opusieron al nazismo”*.

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Aunque todos consientan, yo no

joachim-festEl equipo de Producción Audiovisual de Profesionales por la Ética acaba de lanzar un nuevo vídeo con el título YO NO, con el que hemos querido expresar la postura de un buen número de padres y alumnos ante las actuales amenazas a la libertad de conciencia en la escuela, principalmente a través de Educación para la Ciudadanía y el adoctrinamiento sexual obligatorio de la Ley del Aborto.

El mensaje central del vídeo está inspirado en el título de un libro memorable de Joachim Fest: «Yo no. El rechazo del nazismo como actitud moral» (Editorial Taurus, 2007). Su lectura es muy recomendable en los tiempos que corren.

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Diez claves de futuro

Los proyectos y organizaciones de todo tipo están sometidos hoy a nuevas dinámicas a las que tampoco escapa el movimiento cívico de raíz cristiana que, afortunadamente, empieza a despuntar en España.

A partir de la experiencia profesional con organizaciones empresariales y del trabajo en  iniciativas sociales de diferente tipo, me atrevo a proponer estas 10 claves o tendencias fundamentales que, en un orden puramente estratégico-organizativo, nuestro movimiento cívico debe tener presentes si se quiere seguir proyectando con éxito hacia el futuro para una contribución efectiva al bien común.

Estas serían las 10 claves:

1. Del complejo de inferioridad y el “pactismo” por sistema, a las convicciones, la coherencia y la firmeza amable. En un contexto complejo, ambiguo y cambiante sólo las culturas fuertes pueden sobrevivir y resultar atractivas.

2. De las estructuras, las reuniones y los cargos, a las redes flexibles soportadas en las nuevas tecnologías y basadas en la confianza, el intercambio constante de información y la creación de comunidades de conocimiento e innovación.

3. De la uniformidad y el exclusivismo, a la diversidad, las alianzas para objetivos comunes, la identificación de complementariedades y las visiones anchas y sistémicas, en las que la magnanimidad y la grandeza de miras son críticas.

4. De los personalismos y las jerarquías verticales, al liderazgo compartido, sencillo y dinámico, en el que la autoridad es sólo un servicio a los demás y dónde cada uno, en función de los talentos recibidos y la situación, puede asumir protagonismo en la orientación, el impulso o las decisiones.

5. Del clericalismo y los “católicos profesionales”, a la plena libertad y responsabilidad de laicos y ciudadanos adultos, que, desde la fidelidad, toman decisiones por sí mismos, se comprometen a fondo en las realidades temporales que exigen respuestas prudenciales concretas y asumen riesgos en la acción.

6. De la subordinación política y las subvenciones, a la independencia y la autonomía de quien asume como principal compromiso el servicio desinteresado a los ideales, expectativas y necesidades concretas de la comunidad.

7. De la actitud reaccionaria y cortoplacista, a la proactividad, la perseverancia y la visión larga que acompañan a las transformaciones culturales, para las cuales la educación y los medios de comunicación constituyen espacios prioritarios de presencia.

8. De la improvisación y el generalismo en todo, al rigor, la especialización y los estándares profesionales en la acción, sin perder de vista nunca ni la raíz ni el sentido de la misión.

9. Del centralismo y el dirigismo desde arriba, al equilibrio global/local y la subsidiariedad como condición de eficiencia y expresión del respeto a la libertad de las personas como protagonistas de su propio destino y corresponsables del bien común de todos.

10. De lo abstracto y siempre intemporal, a lo concreto, a aceptar y entender la realidad en su complejidad y hondura, con las paradojas y contradicciones de lo radicalmente humano.

No tengo ninguna duda de que estamos ante 10 tendencias que son otros tantos desafíos, cargados de unas posibilidades que quizá hasta ahora no se habían presentado con tanta nitidez.

Poder aprovechar esta oportunidad nos exige apertura de miras, disposición al aprendizaje y entrenamiento en la acción. Pero, sobre todo, una determinación que sólo será posible a partir de la erradicación de las actitudes de soberbia o de envidia que lastran nuestro avance y que sólo benefician a los que, desde uno u otro lado, pretenden inútilmente que nada se mueva.

Jaime Urcelay

(Publicado en el blog de Profesionales por la Ética – 25/05/2010)

Prefacio al libro «Liderazgo y gestión por 8 hábitos. Del miedo a la confianza» de José María, Sergio y Ana Cardona

Raro es el catálogo de competencias de cualquier empresa que no incluye el liderazgo y la dirección de personas como uno de los comportamientos considerados clave para el éxito y el desarrollo de la estrategia de la compañía. Más raro aun es que cualquier plan de formación o desarrollo mínimamente avanzado no contemple alguna acción relativa a esta misma competencia, ya sea a través de cursos, seminarios, work-shops, trainings, assessments, programas de coaching o cualquier otra fórmula más o menos sofisticada. Ningún directivo alineado cuestionaría hoy estos enfoques.

Teorías, aproximaciones, modelos, técnicas, herramientas… hemos probado en los últimos años casi todo en un intento de encontrar respuesta a una demanda universal, sentida también, desde la presión del mercado y la competencia, en el mundo de las empresas: hace falta más liderazgo y un liderazgo positivo, de calidad, basado en valores.

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