Para una historia de las grandes peregrinaciones al Santuario de Ntra. Sra. de Pedrajas, en Poza de la Sal (2ª parte)

Medalla de Ntra. Sra. de Pedrajas, recuerdo de su Santuario, acuñada en Bilbao en fecha desconocida (Colección Urcelay).

En la primera parte de esta entrada comenzamos la memoria de algunas romerías sigulares al Santuario de Nuestra Señora de Pedrajas, en Poza de la Sal (Burgos), a los que la prensa prestó, en su momento, particular atención.

En concreto, hice referencia a la gran peregrinación del 14 de mayo de 1894, cuya iniciativa partió de los vecinos de Oña, congregando una gran muchedumbre, procedente de la mayor parte de los pueblos de la comarca de La Bureba. Los detalles ofrecidos por las crónicas de los diarios ponen de manifiesto el componente humano, entrañable, de eso que llamamos la intrahistoria de los pueblos.

Que la devoción a la Patrona de Poza de la Sal fue importante en toda la comarca y no solo en la villa salinera, es algo que puso de manifiesto por esas mismas fechas, en 1896, el ilustrado riojano Miguel Martínez Ballesteros en una pintoresca serie de artículos con el título general de «Curiosidades de la antigua Basconia» publicados en Euskal-Erria. Revista Bascongada (véase en este mismo blog Poza de la Sal en «Euskal-Erria. Revista Bascongada» (1896)). En la entrega V, al presentar una evocación histórica de la Virgen de Pedrajas, escribe:

«Allí mismo [se refiere al lugar donde según tradición constante apareció la imagen] se fabricó una modesta ermita, muy concurrida de los vecinos de Poza, de los de toda la Bureba y de lejanas tierras, que vienen a buscar consuelo en sus aflicciones y remedio de todos sus males y trabajos a los pies de la bendita Señora».

Fotografía antigua inédita, perteneciente a mi familia, de romeros arrodillados ante el altar de la Virgen de Pedrajas colocado en la fachada de su Santuario y flanqueado por las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María, que sabemos llegaron a Poza en 1897. Nótense los detalles de los chiquillos encaramados en los árboles y los floreros colocados en las cornisas de la portada de la ermita. La fotografía lleva el sello «C. Martín. Fotógrafo. Sucesor de Poujade. Avellanos, 3 ppal. Burgos». Corresponde al fotógrafo Cecilio Martín, activo en Burgos entre 1901 y 1915, fechas que encajan bien con las vestimentas y la técnica que se aprecia en la fotografía original (Archivo Urcelay).

Con los misioneros paules el 12 de enero de 1898

Aunque tuvo menos importancia que la referida de 1894, otra procesión, realizada el 12 de enero de 1898, con ocasión de la misión que, durante doce días, desarrollaron en Poza los misioneros de San Vicente Paul, mereció que Diario de Burgos dedicase al acontecimiento una columna a toda plana de la portada de su edición del 31 de enero de 1898.

Por el diario conocemos el nombre de los misioneros –PP. Marroquín, Villazán y Sánchez-, que procedían de la localidad burgalesa de Altable, próxima a Pancorbo. Entre los actos organizados, en los que hubo siempre una gran concurrencia de fieles, se celebró una gran procesión al Santuario de Pedrajas, llevándose la imagen de San Luis Gonzaga por congregantes y la preciosa de la Inmaculada por las Hijas de María, cantando el Santo Rosario acompañado por la música municipal. Formaban también en la procesión todas las cofradías con sus estandartes y treinta niñas vestidas de blanco que aquel día habían tomado la primera comunión.

A la procesión a Pedrajas se unió mucha gente también de los pueblos próximos, lo que obligó a improvisar un altar en la era frente a la ermita ante la imposibilidad de que el templo diese cabida a tantos romeros. El P. Marroquín, a quien correspondió la predicación, hubo de subirse al balcón de la antigua hospedería. Este padre misionero, destaca la crónica, dejó un grato recuerdo entre los vecinos de Poza. El día en que él y sus compañeros abandonaron la villa, siendo bien de madrugada, repicaron las campanas y los pozanos les acompañaron a la salida del pueblo entre aclamaciones. Iban a la cabeza -puede leerse en Diario de Burgos-, la banda municipal, autoridades y clero, cantando himnos religiosos. Destaca asimismo el periódico que ayudó mucho al éxito de las misiones el simpático coadjutor don Aureliano de Miguel.

A toda plana en El Siglo Futuro de 5 de octubre de 1904: un suceso que merece ser conocido y recordado

Comienzo de la crónica de la peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Pedrajas publicada en la página 2 de El Siglo Futuro de 5 de octubre de 1904.

Asombra también el amplio espacio (media página a toda plana) que dedicó el diario católico nacional El Siglo de Futuro el 5 de octubre de 1904 a la peregrinación al Santuario celebrada algún tiempo antes. La crónica no precisa la fecha.

La reseña de El Siglo Futuro no puede ser más retórica y altisonante -para lo que hoy acostumbramos-, pero podemos, no obstante, rescatar algunos datos de interés de aquel hermoso, conmoverdor y edificante espectáculo que, al decir del periódico, merece ser conocido y recordado.

Por supuesto, lo primero que llama la atención nuevamente es la fe y la sensibilidad religiosas de nuestros antepasados. Leemos en el diario: crece la emoción considerando la disposición en que esas muchedumbres acuden a postrarse a los pies de la Virgen de Pedrajas. La generalidad, la inmensa mayoría, vienen confesados, traen a Dios en sus pechos, y la resolución en sus almas de alabarle, reverenciarle y servirle hasta morir.

Para ello era fundamental la abnegada vida de pobreza de los sacerdotes, su entrega al pueblo de Dios y su celo por la salvación de las almas que Dios confía a su cuidado. Eran muy activos por entonces en la comarca, como ya sabemos, los padres jesuitas del Colegio Máximo de Oña. La crónica se refiere también a ejemplos concretos de párrocos, como nuestro ya conocido Don Hermeregildo del Real, de Oña, y su coadjutor D. Apolinar; o Don Rafael Santocildes -familiar, destaca, del laureado héroe de Peralejo, el general caído en Cuba en 1895-, párroco de Cornudilla; o los de Hermosilla, La Parte y Los Barrios, cuyas iniciativas apostólicas glosa también el periódico.

Impresionante debía ser la forma en que los peregrinos llegaban a Pedrajas desde todos los puntos de La Bureba, los más lejanos habiendo iniciado la marcha a muy temprana hora de la madrugada. Al frente de cada pueblo, sus respectivos párrocos y coadjutores, las cruces de las parroquias, los estandartes de las cofradías y gran profusión de banderas. Todos llevan al cuello escapularios de la Virgen, al pecho la medalla de Nuestra Señora de Pedrajas y en las manos banderolas de colores que hacen muy alegre vista. Los más delicados y comodones iban detrás a caballo o en carros y coches cubiertos de flores, grimpolas y gallardetes.

Uno de los muchos exvotos dedicados a la Virgen de Pedrajas que se encuentran en el camerino de su Santuario en Poza de la Sal. Dª. Rosa Alonso Armiño muger de D. Cipriano Diaz Mallayua Vecinos de la Villa de Poza hallándose a los últimos de su vida desauciada de quatro Medicos ofrecio su familia esta memoria a Nª Sª de Pedraxas de dicha Villa: año de 1812 (Foto del autor).

Desde la parte de Entrambasaguas (…) -continuá el relato- van llegando los pueblos de Cereceda, Penches, Oña, Pino, Cornudilla, La Parte, Los Barrios, Terraza y Hermosilla. Por otra parte de la campiña aparecen los que vienen de Rojas, Quintanilla Rojas, Piérnigas, Quintanaurria y Rublacedos. De otro lado van acercándose los de Poza, Lences, Castil de Lences, Abajas y otros. Y en otra dirección vienen, y ya llegan, los que procedes de Salas, Castellanos, Padrones, Aguas Cándidas, Rucandio, Hozabejas, Rio Quintanilla, Quntanaopio, Cantabrana, Bentretea, Terminón y Tamayo.

El aspecto de la multitud concentrada ya en la explanada del Santuario resultaba, dice el diario, pintoresco a más no poder. Todo el exterior de la ermita y de la hospedería estaban engalanados con telas y banderas blancas y azules, los colores de la Virgen. En la fachada principal del templo, un esplendido altar cubierto de luces y flores (…). Al lado, una tribuna para la música (…). Impresiona (…) el instante en que el anciano y venerable arcipreste de Oña y los párrocos que le asisten suben revestidos a las gradas del altar, suenan los acordes de la música, y la multitud se recoge para asistir al Santo Sacrificio. Predicó, desde el balcón de la hospedería, el P. Madariaga, jesuita.La Misa termina con el canto de la Salve, que dirige el P. Izquierdo.

Después de la Eucaristía, los romeros se esparcieron por los contornos para la comida familiar campestre. A las tres de la tarde, Santo Rosario, sermón y despedida de los peregrinos, que regresaron a sus hogares con sus piadosos cánticos e invocaciones a la Virgen.

(Continuará)

Jaime Urcelay

La 1ª Parte de esta entrada puede leerse pinchando aquí.

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