George Weise (Fráncfort del Meno, 1888 – Sorrento, 1978) fue un eminente historiador del arte y profesor universitario alemán, especializado en la España de la Edad Media y el Renacimiento. Desde principios de la década de 1920 se dedicó a documentar la arquitectura y la escultura medievales de Alemania, Francia, España y Suiza, reuniendo cerca de 7000 fotografías. Se ha dado especial valor a su obra en España -alrededor de 2500 fotografías- ya que muchas de las obras de arte que capturó -recorriendo ciudades y, sobre todo, pueblos-, eran entonces escasamente conocidas y fueron destruidas en los años de violencia antirreligiosa de la República y la Guerra Civil o bien se encuentran desaparecidas.
Uno de los monumentos que Weise visitó en España, concretamente en 1920, fue la iglesia parroquial de San Cosme y San Damián de Poza de la Sal (Burgos), incorporando sus apreciaciones y una parte de las fotografías obtenidas a su importante libro Spanische Plastik aus Sieben Jarhunderten (Plástica española de siete siglos), publicado en 1927 en Reutlingen (Alemania) por Gryphius-Verlag, en dos tomos (uno de textos y otro solo de láminas). La obra forma parte de un conjunto de cuatro volúmenes, publicados entre 1925 y 1939, dedicados a la escultura española. Pese a ser muy valorada por los historiadores del arte españoles por su carácter pionero, la obra de Weise no ha sido traducida a nuestra lengua.
Como curiosidad, el destacado arqueólogo de origen pozano Julio Martínez Santa-Olalla, que en 1927 era lector de Español y de Cultura Española en la Universidad de Bonn, publicó una reseña del libro de Weise, calificándolo de obra magnífica, de interés capital para nosotros (véase Julio Martínez Santa-Olalla, «Libros alemanes. GEORG WEISE: Spanische plastik aus sieben Jarhundertcn. — Tres volúmenes. Reutlingen, 1927.—Gryphius Verlag», La Gaceta Literaria, núm. 19, de 1 de octubre de 1927).

Durante su trabajo en la iglesia parroquial de Poza, a Weise le llamaron especialmente la atención dos de los retablos laterales: el dedicado a la Virgen y el de San Andrés. De las fotografías que sacó de ellos he podido localizar 6 y 10, respectivamente, de las que 6 (3 y 3) aparecen incorporadas en el libro.
Los altares pozanos y el nuevo ideal de belleza del Renacimiento italiano
En el texto que Weise dedica a describir los dos altares de la antigua localidad salinera de Poza de la Sal (t. 1, pp. 112-114), destaca que responden a un nuevo ideal de belleza del Renacimiento italiano, alrededor del segundo cuarto del siglo XVI, y que se cuentan entre las creaciones más destacadas de su género. Considera también que el de San Andrés presenta una ornamentación algo más avanzada. (…) Los elementos figurativos de este altar también indican la transición hacia el estilo que prevalecía desde mediados del siglo XVI.
Resulta interesante también su apreciación, respecto al retablo de San Andrés, de la influencia indirecta de Miguel Ángel, de lo que son muestras las cabezas de los personajes y su movimiento. Los ejemplos más elocuentes de la influencia de Miguel Ángel -apunta el profesor alemán- son la escena de la Transfiguración en la parte superior y el medallón de la Virgen sobre el nicho central. No menciona nada en cambio respecto a las similitudes entre la figura central de San Andrés y el Moisés del gran artista florentino, no pocas veces comentadas por los visitantes de nuestra iglesia parroquial y mencionadas por el historiador de Poza Feliciano Martínez (véase Feliciano Martínez Archaga, Poza de la Sal y los pozanos en la historia de España, Imprenta Monte Carmelo, Burgos, 1984, p. 171).

Por lo demás, no fue capaz el historiador del arte alemán de identificar en aquel momento los maestros o talleres de los dos retablos pozanos. Hoy, el de la Virgen del Rosario, que es como se lo conoce en el pueblo, lo atribuyen los especialistas, con base en una carta de pago de 1533, a un imaginero flamenco llamado Amrique, que trabajó como oficial del célebre maestro renacentista Felipe de Vigarny. Ayudaron a Amrique los pintores burgaleses Andrés Pardo y Cristóbal Fernández. Consideran, por lo demás, que el conjunto de tallas muestran una ejecución técnicamente correcta, con dos estilos diferentes, coincidentes con los que desarrolló Vigarny a lo largo de su actividad (véase Alberto C, Ibáñez, «El retablo de la Virgen en Poza de la Sal (Burgos)», Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, Tomo 40-41, 1975, pp- 59-663).
Respecto al retablo de San Andrés, los especialistas actuales identifican su estilo con la corriente manierista, de fuerte influencia italiana, que se desarrolla en España a mediados del XVI. Su marcado expresionismo y sus formas violentas en los personajes ha hecho que se atribuya a Simón de Bueras, con cuyas características artísticas y estilísticas coincide. Probablemente colaboró también su hijo Juan de Bueras (véase «San Andrés recuperado. Simón de Bueras en Poza de la Sal», folleto editado por la Junta de Castilla y León con ocasión de la restauración del retablo en 2007).

Bien restaurados y orgullo del pueblo de Poza
Afortunadamente y a diferencia de los ocurrido con otros monumentos fotografiados hace un siglo por George Weise en su recorrido por España, los dos retablos pozanos a los que venimos refiriéndonos se han conservado desde entonces. Ambos, además, han sido cuidadosamente restaurados en tiempos recientes y hoy se pueden contemplar en todo su maravilloso esplendor, sin la suciedad acumulada por los siglos y habiendo recuperado sus dorados y policromías.
Los retablos de la Virgen del Rosario y San Andrés, que asombraron al ilustre profesor de la Universidad de Tubinga, representan hoy un legítimo orgullo para los hijos de Poza. Son auténticas joyas, quizá las más notables, de su por tantos motivos espléndido templo parroquial, la casa común de los pozanos, cuya religiosidad ha impregnando de manera decisiva la vida colectiva de esta villa burgalesa.
Jaime Urcelay

