
El Santuario de Nuestra Señora de Pedrajas, distante menos de dos kilómetros de Poza de la Sal (Burgos), tiene una larguísima historia cuyo origen, probablemente vinculado a la ermita de la desaparecida aldea medieval de Pedraias, se pierde en el tiempo. Inmemorial es también el momento en que su titular, la Virgen de Pedrajas, representada por una talla del siglo XIII (como los vestigios más antiguos del templo), empezó a ser venerada en Poza como Patrona de la villa. Su devoción se extendió, además, a los pueblos de la comarca.
Cada año, el primer domingo después de la Natividad (8 de septiembre), se celebra la Fiesta del Dulce Nombre de María, que los pozanos -los vecinos y los muchos hijos de la villa en la diáspora, sobre todo del Gran Bilbao- dedican a su querida Patrona. Ese día, que viene precedido de una Novena que finaliza la víspera, es tradición que, después de celebrar misa en la iglesia parroquial, el pueblo, las autoridades y la Banda de Música, lleven en procesión la imagen de la Virgen de Pedrajas hasta su Santuario. Allí se celebra una romería popular, siempre muy concurrida. Desde el 23 de agosto de 1922 existe la Cofradía de Nuestra Señora de Pedrajas, organizadora de los actos con la parroquia, el Ayuntamiento y la Banda de Música.
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