Medalla de Ntra. Sra. de Pedrajas, recuerdo de su Santuario, acuñada en Bilbao en fecha desconocida(Colección Urcelay).
En la primera parte de esta entrada comenzamos la memoria de algunas romerías sigulares al Santuario de Nuestra Señora de Pedrajas, en Poza de la Sal (Burgos), a los que la prensa prestó, en su momento, particular atención.
En concreto, hice referencia a la gran peregrinación del 14 de mayo de 1894, cuya iniciativa partió de los vecinos de Oña, congregando una gran muchedumbre, procedente de la mayor parte de los pueblos de la comarca de La Bureba. Los detalles ofrecidos por las crónicas de los diarios ponen de manifiesto el componente humano, entrañable, de eso que llamamos la intrahistoria de los pueblos.
Dibujo de la portada del Santuario de Ntra. Sra. de Pedrajas, en Poza de la Sal, basado en una foto actual.
El Santuario de Nuestra Señora de Pedrajas, distante menos de dos kilómetros de Poza de la Sal (Burgos), tiene una larguísima historia cuyo origen, probablemente vinculado al templo de la desaparecida población medieval de Pedraias, cuyo rastro se pierde antes del siglo XV. Inmemorial es también el momento en que su titular, la Virgen de Pedrajas, representada por una talla del siglo XIII (como los vestigios más antiguos del templo), empezó a ser venerada en Poza como Patrona de la villa. Su devoción se extendió, además, a los pueblos de la comarca de La Bureba.
Cada año, el primer domingo después de la Natividad (8 de septiembre), se celebra la Fiesta del Dulce Nombre de María, que los pozanos -los vecinos y los muchos hijos de la villa en la diáspora, sobre todo del Gran Bilbao- dedican a su querida Patrona. Ese día, que viene precedido de una Novena que finaliza la víspera, es tradición que, después de celebrar misa en la iglesia parroquial, el pueblo, las autoridades y la Banda de Música, lleven en procesión la imagen de la Virgen de Pedrajas hasta su Santuario. Allí se celebra una romería popular, siempre muy concurrida. Desde el 23 de agosto de 1922 existe la Cofradía de Nuestra Señora de Pedrajas, organizadora de los actos con la parroquia, el Ayuntamiento y la Banda de Música.
El muy poco conocido jesuita Eugénio dos Anjos Jalhay Rogeira (Lisboa, 1891 -id. 1950) fue uno de los protagonistas del decisivo impulso de la arqueología de Poza de la Sal (Burgos) en el primer tercio del siglo XX, al que vengo dedicando particular atención en este blog. Este portugués, de padre belga, cursaba por aquel entonces sus estudios sacerdotales de Teología en el Colegio Máximo de Oña (Burgos) (1919-1923), de la Compañía de Jesús, y allí se ordenó sacerdote en 1922.
Antes de su llegada a tierras burgalesas, Jalhay había ya participado en excavaciones científicas y se convertiría pronto en una personalidad de la arqueología de Portugal, a la que realizó notables contribuciones. También se deben destacar sus exploraciones de la prehistoria en el norte de España, en colaboración con el profesor Hugo Obermaier y el conde de la Vega del Sella.
Considerado uno de los más activos adalides de la prehistoria peninsular, fue muy apreciado, como persona y como científico, por sus colegas españoles de la época. Sobresalió también por su dedicación sacerdotal a la dirección espiritual de seminaristas y de los estudiantes de la Acción Católica (1).