Así hemos perdido la ermita de La Magdalena, en Poza de la Sal

La ermita de La Magdalena, en el valle de las salinas de Poza de la Sal, poco antes del derrumbe de su espadaña en 2010.

Levantado ya el confinamiento de la pandemia, estos días he podido volver a Poza de la Sal y recorrer otra vez los campos y el paisaje que llevo grabados en el alma.

De ellos, siempre tuve preferencia por el valle de las salinas. En los años de mi infancia y adolescencia -los 60 y primeros 70- era una increíble mezcla del esplendor de la naturaleza con el espectáculo, verdaderamente evocador, de la ruina del granjerío para la explotación de la sal, que por aquel entonces se abandonaba. Aquello colmaba nuestra curiosidad y capacidad de asombro.

Paradas obligadas en aquellas excusiones, iniciadas en Fuente Buena y el arranque del Camino de La Magdalena, eran Fuente Villa, la ermita de La Magdalena y el gran Almacén de sal del mismo nombre.

Pese a su avanzado estado de ruina, la pequeña ermita conservaba todavía su dignidad, gracias a la pequeña espadaña que hacía el edificio reconocible desde una buena parte del valle. Recordaba esa espadaña que allí hubo un pequeño campanillo con el que, en los días de precepto de la temporada de fabricación de la sal y, más señaladamente, el 22 de julio -Fiesta de La Magdalena, la Patrona-, se convocaba a las familias salineras, expertas en el trabajo duro y las penurias, pero también en el significado trascendente de la vida, el rito, la celebración colectiva y la diversión. Podemos imaginar cómo sonaría en medio del trajín del valle y los cantos de quienes regaban las eras, llenaban los arquetones de muera o recogían la sal con los rodillos.

Recuerdo el disgusto que en 2009 se llevó Don Feliciano -maestro, como nadie, en el conocimiento y la defensa del del patrimonio histórico y cultural que Poza (1)- cuando mi buen hermano Javier y yo le fuimos con la noticia de que se había derrumbado la espadaña de La Magdalena. Lo que nunca imaginé en aquel tiempo -hace poco más de diez años- es que, como estos días he podido comprobar, ese derrumbe podía ser la definitiva sentencia de muerte de uno de los últimos emblemas de lo que, como se ha escrito, constituyó durante milenios lo que material y espiritualmente fue el universo y sistema de vida de todo un pueblo.

Vista actual de las ruinas de la ermita de La Magdalena, en Poza de la Sal. Al fondo, el castillo.

Historia de la ermita de La Magdalena, Patrona de los salineros de Poza

Como expresión del ancestral sentido religioso de los habitantes de Poza de la Sal (Burgos), sus campos conocieron no menos de diecisiete ermitas, según está documentado.

De la mayor parte de ellas no ha llegado hasta nosotros ningún vestigio material. Solo Nuestra Señora de Pedrajas y El Cristo mantienen hoy el culto en momentos puntuales. Se conservan las ruinas de San Juan -tan envuelta de misterio-, San Blas y La Magdalena, a la que me estoy refiriendo.

Situada en la vertiente norte del Salero, poco conocemos de la historia de la ermita de La Magdalena, Patrona de los salineros. Un documento de 1621 se refiere a ella reseñando Que la de la Magdalena es de la Villa, y S.M. se entró en una salina que era de la ermita, y así está a su cargo repararla (2). Y Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico, de 1849, constata que está en buen estado y tiene culto público (3).

Pocos años después, Pablo Roda, en sus famosa Memoria sobre la Fábrica de Sal de Poza, de 1853, se refiere a la Ermita con advocación a la Magdalena, de la que explica:

En el Santuario a que nos hemos referido, propiedad de la Hacienda Pública, se celebra el Sto. Sacrificio de la misa los días de precepto en la estación de fabricación que es el único objeto para que fue erigida (4). Aparece inventariada en dicha Memoria con un valor de 8.000 reales de vellón.

En 1868 tiene lugar el desestanco de la sal, el acontecimiento que más claramente marcó el declive de las milenarias y, hasta entonces, prósperas salinas de Poza. Consecuencia de esta decisión fue que la Hacienda Pública sacase a subasta todos sus bienes relacionados con la explotación de la sal y, entre ellos, nuestra ermita.

A través del correspondiente anuncio de subasta, publicado en 1871 (5), podemos conocer algunos detalles del edificio:

Número 19 del inventario.- Una ermita situada en las salinas de Poza, al término de la Magdalena, conocida con el nombre de Nuestra Señora de las Aguas: mide un área y 44 centiáreas. Su construcción se compone de mampostería ordinaria y de un sólo cuerpo, solado de baldosa común y techado a cielo raso, con la cubierta a bovedilla para recibir la teja; tiene al Oriente un soportalillo, y al Poniente una pequeña espadaña en la cual existe un campanillo: linda derecha entrando, izquierda y espalda terrenos de servicio a la plazuela del almacén de la Magdalena, y de la Granja salina de este nombre, y al frente o Mediodía camino a Pozo Cuende.

Nada se dice de lo que la ermita pudiera contener: imágenes y retablo, vasos sagrados…. Fue tasada en 300 pesetas, pero la subasta ni siquiera tuvo postor, al igual que pasó con el resto de bienes públicos que se pretendían enajenar.

Las ruinas de la ermita de La Magdalena, en Poza de la Sal, en una fotografía tomada poco después del derrumbe de la espadaña, en 2009.

Los últimos años de la ermita de La Magdalena

¿Qué pasó después con la ermita? No he podido encontrar, hasta el momento, ninguna referencia documental de ese periodo, pero cabe suponer que seguiría el mismo devenir que el resto del Salero. Mientras se mantuvo la explotación, las familias salineras mantendrían el culto, como lo habían hecho sus mayores, y cada 22 de julio, celebrarían allí su gran Fiesta.

Llegaríamos así a los años finales de las salinas pozanas, en las décadas centrales del siglo XX. Una época sobre la que contamos con el testimonio de Eugenia Ruiz, quien, con su padre Máximo Ruiz -el señor Máximo, un sabio y veterano salinero- y su marido, Esteban Quintanilla, fueron los últimos en trabajar en la sal -en concreto, en el valle de Rusalado, el más próximo al pueblo-, al principio de los 70. Eugenia recordaba así la fiesta de la Patrona de los salineros:

Cuando llegaba el día de La Magdalena, el día 22 de julio, que era la fiesta de los salineros, allí nos reuníamos todos. Poníamos una cruz de madera y nos vestíamos con una falda y allí nos verías cantar, bailar, allí hacíamos de todo. En vida de mi padre, allí subían a hacer misa. Yo eso no lo conocí. Pero nosotros esa fiesta la teníamos. Recogíamos la sal pronto y luego bajábamos a la plaza a bailar, con la gente (6).

Por otro lado, en los primeros años del siglo XX terminó de cristalizar una afortunada toma de conciencia del valor del Salero como patrimonio cultural. En 2001 las salinas pozanas fueron declaradas Bien de Interés Cultural, con categoría de sitio histórico. Dos años después, la Asociación de Amigos de la Salinas de Poza de la Sal inició el proyecto para su recuperación, cuyo primer paso fue la limpieza del valle de Rusalado. Los frutos de este proyecto, a día de hoy, son magníficos.

En ese contexto, hay que enmarcar la romería anual en la ermita que, con motivo de la Fiesta de La Magdalena, organizaba dicha Asociación. Esta convocatoria, a la que asistía un buen grupo de personas, se prolongó hasta que marchó del pueblo el párroco Don Alberto Rodríguez, en 2007. Se desbrozaban y limpiaban el interior y los alrededores de las ruinas y después se celebraba la misa bajo la espadaña, hacia oriente, utilizando un altar de campaña. Había también comida campestre de celebración, con especial reconocimiento para quienes habían participado en la esforzada limpieza en unos días de tanto calor.

Romería en la ermita de La Magdalena a principios del siglo XXI, cuando aún no se había caído la espadaña. La de la izquierda corresponde al año 2002; los voluntarios limpian las inmediaciones. La de la derecha es de la misa celebrada en la romería del año siguiente.

La imagen de la Virgen de las Aguas

Ya hemos visto que en la subasta de 1871 se dice que nuestra ermita es conocida con el nombre de Nuestra Señora de las Aguas. El dato es interesante. Vendría a confirmar que la talla gótica de la Virgen de las Aguas -nombrada a veces como de la Silla-, datada en el siglo XV y actualmente en la sacristía de la iglesia parroquial de Poza, se veneraba en la ermita de La Magdalena.

Hay, en efecto, en el Archivo Municipal, un buen número de acuerdos del Concejo (años 1849 a 1882) sobre la necesidad de bajar a Nuestra Señora de las Aguas, y ponerla en Rogativa para implorar en auxilio divino, ante sequías que comprometían la cosecha de cereales y aun la salud pública, según se decía.

Uno de los acuerdos, de 3 de julio de 1860, aclara “desde dónde” se bajaba la imagen:

Que era llegado el caso de trasladar a su Ermita de la Magdalena la Imagen de Ntra. Sra. de las Aguas (7).

Panorámica de la moles de ofita de El Castellar, desde los altos de San Cristóbal. En la parte de abajo pueden verse las ruinas del enorme Almacén de sal de La Magdalena. Un poco más arriba de éste, a la derecha, se adivina la ermita homónima. Al fondo la altiplanicie del Páramo de Masa.

Antes de que otra vez sea tarde…

Hasta aquí la información que he conseguido reunir sobre la ermita de La Magdalena.

Vuelvo ahora a mi reciente visita a sus ruinas. Apostado en una loma cercana que me permitía una vista privilegiada del valle -con el castillo a mi izquierda, El Castellar en el centro y el Páramo a la derecha-, pensé en nuestra responsabilidad por lo que está ocurriendo con el patrimonio cultural e histórico. En el reproche que, con toda justicia, recibiremos de las generaciones futuras, a las que vamos a privar de una herencia espiritual y material que también es suya y a la que tienen derecho

Es cierto que se ha avanzado en la preservación de esta riqueza, que es de todos, y que en los últimos tiempos se ha ganado mucho en sensibilidad, acometiéndose intervenciones que solo pueden merecer reconocimiento. Es verdad también que en otros momentos han podido faltar recursos y medios, que Castilla y León es muy grande y tiene mucho patrimonio. Y justo es reconocer que muy atrás quedan ya, afortunadamente, la insaciable rapiña de las tropas napoleónicas en su paso por nuestra tierra, los arbitrarios estragos de las desamortizaciones liberales y, sobre todo, la inconmensurable desidia de tantas décadas en la conservación de los bienes a través de los cuales se expresó la secular cultura de nuestra comunidad popular.

Pensaba también en el poco tiempo que fatalmente va a hacer falta para que las ruinas de la ermita sean definitivamente irreconocibles, si es que para muchos no lo son ya. Y no pude evitar llevar la mirada y el corazón a las imponentes ruinas del Almacén de sal del mismo nombre que tenía a mis pies, del que siempre he estado enamorado. También a las del Almacén de Trascastro, al otro lado de El Castellar. Y a las de El Depósito, llegando al pueblo por la carretera del Páramo, ya prácticamente perdidas, pese a que este almacén del siglo XVI fue el último que se mantuvo en uso.

¿Acabaremos también por perderlos, como ha ocurrido con la ermita de La Magdalena, pulmón espiritual de tantas y tantas generaciones de los épicos salineros de Poza?

Jaime Urcelay

(1) Sobre Feliciano Martínez Archaga puede verse la entrada de este blog El P. Feliciano Martínez Archaga (1927-2020) y la memoria de Poza de la Sal

(2) Cfr. “Apéndice XIV. Documento resumen de Visitas Pastorales”, incluido en Martínez Archaga, Feliciano: Poza de la Sal y los pozanos en la historia de España, Monte Carmelo, Burgos, 2009, 2ª ed., pág. 261.

(3) Madoz, Pascual: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar, Tomo XIII, Madrid, 1849, pág. 184.

(4) Roda, Pablo: “Memoria sobre la Fábrica de Sal de Poza”, de 1853, texto manuscrito incluido en el Tomo I de la recopilación de memorias de salinas, Biblioteca del Ministerio de Hacienda, 1884, pág. 673.

(5) Boletín General de Ventas de Bienes Nacionales, suplemento especial a La Gaceta – Núm. 54, 4 de abril de 1871, pág. 5.

(6) Hueso, Katia: “Conversación con… Eugenia Ruiz, salinera en Poza de la Sal”, El Alfolí, nº 17, 2015, pág. 20.

(7) Cfr. “Datos y noticias de la Villa de Poza de la Sal (Archivo civil). Años 1561 al 1867”, documento mecanografiado, s/a, s/f, s/l., pág. 26.

4 comentarios en “Así hemos perdido la ermita de La Magdalena, en Poza de la Sal

  1. En la zona debemos ser especialistas en catástrofes patrimoniales porque sin ir más lejos Padrones llegó a tener 4 ermitas según contaban los más viejos del lugar, San Martín, Santa Eulalia, San Cosme y la de N. S. de Las Mercedes; de las que no queda ni el polvo. Más de una vez, divisando desde el Altotero, he intentando encontrar la ermita de la que hoy nos hablas pues tenía una vaga sospecha de su existencia y por fin puedo hacerme una idea de su lugar y condición actual. Una pena que el inexorable paso del tiempo y el olvido hagan mella en templos que no son otra cosa que historia de nuestros pueblos. La misma desazón que te embarga cuando llegas a Poza por camino y lo primero que te recibe son las ruinas de San Blas. Lo dicho, la desdicha de esta tierra donde tanto sudor nunca dio tan poco fruto. Enhorabuena por la entrada y un saludo.

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