Poza de la Sal en la literatura: “El pastor del páramo”, de Justo Peña y Antonio Zavala

Corría el año 1950 y el joven guipuzcoano Antonio Zavala Echeverría (1928-2009) iniciaba sus estudios de jesuita en el Colegio Máximo de San Francisco Javier, en Oña (Burgos). Fue entonces cuando descubrió, asombrado, el majestuoso Páramo de Masa y los parajes y pueblos que lo rodean. Años después, ya en los 70, regresaría a estos lugares, trabando amistad en Cernégula con su pastor, Justo Peña Fernández (1919-1993).

En diferentes encuentros, que se sucedieron a lo largo de varios años junto a la cruz de la Venta de la Perra, Justo fue narrando al jesuita sus vivencias y aventuras. Hijo y nieto de pastores, había nacido en Escóbados de Abajo y desde los nueve años de edad desempeñó su ancestral oficio en los diferentes pueblos en los que vivió: Huéspeda, Pesadas de Burgos, Haedo o Ahedo, Turzo, Cubillo de Butrón, Báscones de Zamanzas y, finalmente, Cernégula.

Zavala, convertido ya en un reconocido especialista en literatura popular vasca, fue transcribiendo con buen arte los relatos orales de Justo hasta transformarlos, ya en 1995, en el libro en dos volúmenes “El pastor del páramo” (1), en el que éste narra en primera persona su autobiografía y las anécdotas de su vida.

El libro es interesantísimo y nada tiene que envidiar al recomendable best-seller inglés, de hace apenas dos años, The Shepherd’s Life de James Rebank (2).   “El pastor del páramo” es, en efecto, un ameno relato, desbordante de autenticidad, sentido común y sabiduría que nos envuelve en un estilo de vida y unas relaciones entre las gentes y con la naturaleza que hoy nos pueden parecer casi inverosímiles.  El valor etnográfico del testimonio oral de Justo Peña, magistralmente articulado por Zavala,  es importante.

P. Antonio Zavala Echeverría, SJ (1928-2009) (Foto: Euskaltzaindia, 2008).

Poza de la Sal en “El pastor del páramo”

Dado el entorno geográfico al que Justo va haciendo referencia al narrar su vida, es natural que Poza de la Sal aparezca con alguna frecuencia. Son más de una veintena las menciones a nuestra villa con las que se encuentra el lector. En el tomo I hay, además, sendas fotografía de Poza (I,  60 y 127).

Poza aparece a veces simplemente por razones de cercanía física a los lugares donde transcurren las historias de Justo, en las que no puede faltar su antagonista, el temido lobo:

Vinieron y encontraron una (oveja) aquí allagada, otra ahí muerta, otra más allá despenzurrada… Con que ya vieron que había sido el lobo. Mató muchísimas. Aparecieron ovejas muertas hasta cerca de Poza (II, 74).

Y dice el difunto Marcelino:

-¡Bah! Igual está ya (el lobo) en Padrones o en Poza (II, 121).

Yo salgo todos los días con el rebaño. No falto más que en San Pedro, Santiago y Nuestra Señora de Agosto, que encierro y me tomo fiesta. Como todos los amos tienen coche, me llevan a pasar la tarde a Poza, Villarcayo, a Oña, a Medina de Pomar, a Briviesca(II, 83).

Una o dos veces se me largaron (los caballos) hasta cerca de Poza, y por allí anduvieron. Estuvieron perdidos quince días. Yo dije que no iba a buscarlos y marcharon los amos. Dice que los encontraron una mañana, al amanecer, encima de Castil de Lences (II, 101).

Justo Peña Fernández, el pastor del páramo, en una de las fotografías que le hizo Zavala y que reproduzco de su libro.

La tradición musical de Poza de la Sal

En dos ocasiones Poza aparece en los recuerdos del pastor del páramo a propósito de su tradición musical, tan arraigada en la villa (3).

Las chicas de Padrones y las de Poza, que esos dos pueblos están cerca, son muy cantarinas y solían cantar por la tarde, cuando el rosario (I, 53).

Cuando estaba Urbanín, un resinero de los pinares que era muy buen cantador y un artista con la guitarra, no se cansaba de tocar jotas, pero jotas como las de los pozanos, con muchas vueltas, que se bailan parecidas a las de Aragón (I, 65).

El mercado de Poza de la Sal

Pero sobre todo es la importancia comercial de Poza lo que más la hace presente en la vida cotidiana de los pueblos del Páramo y de la Bureba.

Sabemos que desde 1371 la villa de Poza disponía del privilegio, por concesión del rey don Enrique II, de celebrar un mercado franco semanal y dos ferias anuales (el 1 de mayo y el 8 de septiembre). Y que ya en el siglo XVI se hacían en la villa dos mercados semanales, miércoles y sábados, lo que significaba atraer también clientes de la zona a las tiendas pozanas (4).

Algunos episodios del relato de Justo corroboran la importancia mercantil de Poza hasta bien entrado el siglo XX y también, lamentablemente, el declive que acabaría sufriendo:

Aquí, en esta fuente de la Venta de la Perra, murió uno, no sé si de Cernégula o de Nidáguila, que venía de Poza de la Sal.

Lo había mandado la mujer al mercado, que se celebraba allí todos los sábados, a por sal, aceite, bacalao, azúcar y esas cosas, lo mismo que me mandaba a mí la mía cuando yo estaba más suelto y marchaba andando desde Cernégula. Que subiendo por los pinos y tomando todo derecho, se llega luego al portillo de Poza.

También mi padre, cuando veníamos de Huéspeda, en las Caderechas, casi todos los sábados iba. Los pastores del valle se avisaban: de Madrid, de Rucandio, de Herrera, de Ojeda

(…) Se hacía un mercado muy bueno, donde no faltaba de nada. Pero ya se acabó todo aquello. Porque ¡cómo cambian las cosas! Entonces en Poza había más personal que hierba crece en un prado, y ahora habrá quedado un cuarterón o quizá menos (II 79-81).

La Plaza Vieja, antiguo corazón mercantil de Poza de la Sal, en una fotografía de los años 60.

Pero antes de que se viniera la goma, mi padre las hacía de cuero (las albarcas). Ahí, en Poza, vendían unos curtidos como de aquí a esa piedra, que él, me acuerdo, los echaba a remojo en casa por la noche. Y por la mañana salía por el pueblo con la tórdiga que llamaban, metida en la cachava y al hombro, hasta que se aposentaba.

Tórdiga era aquello de lo que se hacían las albarcas: una tira de cuero curtido, así de ancha, y larga como de aquí hasta allí, que la vendía ya cortada el guarnicionero de Poza (I 151).

(…) Fui con el padre de estos pozanillos a Poza, que entonces había allí mercado de burros y de todo. Comimos en la Fonda de Felipe, que ahora está cerrada, y me dicen:

– Justo, hay que llevar una burra (…) (II 119).

el último eslabón

No es posible reproducir aquí todas las menciones de Poza a lo largo de las páginas de  “El pastor del páramo”, por lo que he procurado seleccionar las que me han parecido más significativas.

Era propósito de esta entrada dejar reseña y dar a conocer en la red un nuevo ejemplo de presencia de la villa de Poza de la Sal en la literatura, con el que sigo completando la serie que en su día inicié con “El Viaje por España” de Andrea Navagero.

Pero más allá de ese objetivo, no puedo terminar si no recomendando la lectura de “El pastor del páramo” por algo de mayor trascendencia: el profundo interés humano del testimonio de Justo Peña, al que Zavala prestó generoso su pluma de maestro, sabiendo, como dice al final de su emocionante Prólogo, que Justo, pastor, hijo y nieto de pastores era el último eslabón de una larga y quizá secular cadena de generaciones dedicadas al mismo ancestral oficio (I, 19).

Jaime Urcelay

(1) Biblioteca de Narrativa Popular, Editorial Sendoa, Oyarzun (Guipúzcoa), 1995 (2 tomos). Desgraciadamente el libro está descatalogado, pero no es difícil conseguirlo como libro usado.

(2) Hay edición en castellano: La vida del pastor: la historia de un hombre, un rebaño y un oficio eterno, Debate, 2016. Cuando me lo trajo de Londres mi hija mayor me comentó que se había convertido allí en un fenómeno literario sobre el que se hablaba mucho. Paradojas de nuestro tiempo, pues de lo que el libro trata es,  como se dice en la promoción editorial,  de la tradición, las raíces y el sentimiento de pertenencia, tan denostado en esta era de innovación y movilidad constante, donde el cambio permanente parece imprescindible y siempre es bienvenido.

(3) Sobre la tradición musical de Poza recomiendo el precioso libro de Benito García Valdivielso El folclore musical de la Villa de Poza de la Sal (Burgos), que va precedido de una buena Presentación de Fray Valentín de la Cruz (Editorial La Olmeda, Burgos, 2002).

(4) Tomo estos datos del imprescindible libro de Feliciano Martínez Archaga, antiguo párroco de la villa, Poza de la Sal y los pozanos en la Historia de España (Imprenta Monte Carmelo, Burgos, 1984), págs. 105 y 106.

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2 comentarios en “Poza de la Sal en la literatura: “El pastor del páramo”, de Justo Peña y Antonio Zavala

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