Poza de la Sal en la literatura: “Cuerda de presos” de Tomás Salvador

La reciente programación en TV2 de la película de Pedro Lazaga “Cuerda de Presos” (1956) ha servido para recordar el rodaje en la villa de Poza de la Sal (Burgos) de una significativa parte de esa vieja y poco conocida cinta.

En comparación con el deslumbrante cine al que hoy estamos acostumbrados, no es, desde luego, una película entretenida. Pero, para el espectador amante de Poza, contemplar las abundantes y desordenadas escenas de  nuestro pueblo, tal como era hace ya más de sesenta años, puede compensar el ritmo lento y la falta de fuerza narrativa de la película.

Sabido es que el guión, del que es también autor el propio Lazaga, está basado en la novela Cuerda de presos de Tomás Salvador, publicada en el año 1953 y merecedora del Premio Nacional de Literatura en el año 1954. Y a ella quiero dedicar esta nota, con la que intento seguir recopilando las obras literarias en la que aparece, de una forma u otra, Poza de la Sal (ver nota al pie de esta entrada).

Tomás Salvador

Empezaré por apuntar que el autor de la novela, el escritor y periodista Tomás Salvador Espeso (Villada, Palencia, 9 de marzo de 1921 – Barcelona, 22 de junio de 1984), es hoy un perfecto desconocido para la inmensa mayoría de los españoles, pese a que su obra no carezca de méritos.

Para mí ha sido además una pequeña sorpresa  conocer ahora la peripecia vital de este hombre, por distintos motivos admirable y conmovedora. En su biografía pueden encontrase, por cierto, también algunas claves de Cuerda de Presos (1).

A parte de la biografía que de Tomás Salvador aparece publicada en la wikipedia, aconsejo leer la entrañable semblanza que su sobrino, el también escritor Marcos Ordóñez, le dedicó en El País hace algunos años (Me acuerdo de Tomás Salvador).

Tomás Salvador con su padre y su mujer en el homenaje por el Premio Nacional de Narrativa en 1954 a Cuerda de presos (Foto: Diario de León, 10/03/2013).

Argumento de Cuerda de presos

El argumento de la novela está basado en hechos reales y es el que ya conocemos por la película. Transcurre el mes de octubre del año 1879 y una pareja de la Guardia Civil recibe la orden de conducir a un peligroso preso -Juan Garayo,  el “Zurrumbón” o “Sacamantecas”-  desde Murias de Paredes (León) hasta Vitoria.

Una misión en la que los guardias Serapio Pedroso y Silvestre Abuín emplearán once días, pues el traslado se lleva a cabo andando y sin relevos, como era costumbre en la época. Es fácil imaginar la dureza y la densidad de experiencias y sentimientos de todo tipo en un servicio de estas características, en el que la pareja de la guardia civil se ve obligada a convivir estrechamente con un peligroso asesino mientras atraviesan lo más profundo de la Castilla rural. Así presenta el autor este contexto en la introducción histórica de la novela que aparece en sus primeras páginas:

Servidumbre humana del camino. Ver y ser visto. Fundirse en el paisaje hasta desaparecer, hasta ser parte del mismo. Andar y sufrir. Tener el alma abierta a las sensaciones del instante y ser, al mismo tiempo, inmune a cualquier otro sentimiento, agobio o sensación que el puramente sensorial de la aguja inmantada del deber, que tiene un solo rumbo y treinta y dos desviaciones.

Poza de la Sal en el relato

La villa pozana era parte de la ruta seguida por los guardias civiles, descrita día a día en la novela. En concreto, aparece en los capítulos correspondientes a los días noveno y décimo, que en mi edición (Luis de Caralt, Barcelona, 1955, 3ª ed.) van precedidos de un mapa en el que se señalan las localidades que atraviesan, tal y como reproduzco junto a estas líneas.

El noveno día nuestros guardias salen de La Nuez de Arriba (municipio de Urbel del Castillo) con dirección a Masa, apareciendo aquí la primera referencia a Poza:

(…) Después tendrían que recorrer nada menos que cuatro (leguas) para llegar a Poza de la Sal.

En efecto, después de su encuentro con el quesero en Masa, siguen camino hacia Poza, cubriendo parte del mismo en una diligencia a la que se suben en una casa de postas. Hasta que…

(…) La cañada se fue ensanchando, convirtiéndose en desagüadero imponente, casi valle, entre las alturas gemelas del monte dividido. Quizá hubiese pasado por allí un río, muchísimos años antes, arrastrando su carga de arena. El nombre mismo de Poza que llevaba el pueblo, un pueblo que estaba al final de la tajadura, significaba algo: poza, cilanco o charca, terreno cubierto por las arenas de un pozo en avenida.

(…) Una curva más y la carretera pisó un terreno más firme, de cuidados taludes. El monte bajo se fue cubriendo de pastos y las vegas de cultivos. Unas ruinas antiguas aparecieron a un lado, quedando pronto rebasadas. Se hacía evidente que se acercaban a un pueblo importante. Poza de la Sal, como tenía apuntado en su cartera.

(…) Un rodar de calles empedradas le despertó de su ensimismamiento. Una nube de chiquillos iba coreando los alaridos jubilosos de la bocina del postillón. Habían llegado.

Quizá las ruinas antiguas a las que alude sean las del inmenso almacén de sal del Trascastro. Llama la atención la falta de cualquier referencia a las salinas, que hubieran encajado muy bien en ese intento de discurrir sobre el origen del nombre de la villa;  pareciera que son sustituidas por taludes y cultivos… Sorprende también que no aparezcan en la narración ni el Castellar ni el castillo de los Rojas. Ambos hubieran dado buen juego.

El Combate de Poza. Palombini y Longa en escena

El décimo día arranca directamente con nuestros guardias civiles y su preso habiendo reanudado nuevamente su marcha después de la pernocta en Poza.

Los caminos aparecen ahora llenos de carruajes y soldados, de caballerías y armones, que se dirigen a “ocupar” Poza de la Sal. Esta circunstancia sirve al narrador para recordar lo ocurrido la víspera en el pueblo:

(…) Precisamente la noche anterior había sido infame por haber encontrado el pueblo en plena desorganización y espanto, que no otra inspiran a los poblados la llegada de los soldados, sea en paz o en guerra, por aquello de la tradición: “El pueblo llano, la hacienda; los nobles, la sangre; el clero, sus oraciones”… justa manera de repartir las cargas de la nación.

Al solicitar del alcalde alojamiento y socorros se había llevado las manos a la cabeza. Llevaba diez días tratando de coordinar las necesidades militares con las quejas casi colectivas de sus gobernados, indignados unos por las cargas que se les imponía, rogando otros las exenciones de la ley (…).

(…) El caos… Hasta la cárcel estaba desalojada, para la guardia de prevención; hasta las escuelas habían concedido vacaciones forzosas. ¡Meter tres mil hombres en un pueblo con solo la mitad de habitantes, Señor!…

Aclara después el relato que las tropas que ocupaban el camino parecían pertenecer al Regimiento de Burgos número 36, de la Capitanía General de Burgos. Con ellas tuvieron que lidiar nuestros héroes hasta pasado Cornudilla.

El encuentro con una vieja cantinera (mamá Lola), que acompaña a los soldados, nos desvela la razón de este despliegue militar junto a Poza:

“El Coronel Francisco de Longa en el Puente de Durana durante la Batalla de Vitoria, con la División de Iberia, junio de 1813”, magnífica pintura de Augusto Ferrer-Dalmau

— ¿Quieres que te diga lo que hace esta tropa? (…) Mira, nosotros somos los franceses…

— ¿Los qué?…

–Los franceses. Los gabachos, hombre y nos manda el General Palombini. Vamos ahora y ¡zas! ocupamos Poza de la Sal. En Briviesca está la división italiana de Caffarelli, cubriendo el camino de Burgos a Logroño. Nos metemos en Poza en y pueblos de las cercanías. Es una posición tan segura que podemos dormir a pierna suelta, que es lo bueno… Pero el General Longa, de los españolitos, es un aguafiestas. Y nos ataca de noche y tendremos que escapar en paños menores. 

— No entiendo ni jota, mamá Lola.

— Está claro, hijo. Repetimos la acción de guerra de Poza de la Sal que ocurrió en la francesada. Es la quinta vez que yo vengo. Por lo visto gusta mucho en las altas esferas. Y se comprende porque aquello tuvo mucha miga. Palombini tuvo que retirarse a Vitoria por Santo Domingo de la Calzada. Y en Vitoria ya sabéis lo que ocurrió…”.

— No sé ni una palabra, Lolita…

La cantinera se indignó:

— (…) Pues en Vitoria, para que te enteres, el rey Botella perdió el equipaje y las Españas, nada menos. Y fue posible porque le echamos de aquí y del castillo de Santa Engracia, allá arriba, en los Montes Obarenes, sobre Pancorvo. Y es que estas tierras, estos montes y estos desfiladeros, son muy importantes. Tan importantes que dominándolos se tiene el paso franco a las Castillas, a Burgos, a Valladolid, por Briviesca, Haro, Miranda y Santo Domingo de la Calzada. (…)

Vista de Poza de la Sal y el Castillo de los Rojas desde las proximidades de la Peña de San Andrés. Por estos montes descendieron los guerrilleros de Longa para tomar la villa el 11 de febrero de 1813. (Foto del autor).

Hasta aquí las menciones a Poza en Cuerda de presos.

Un recuerdo presente en Poza

Debo decir que fue para mí una grata sorpresa encontrar en la novela de Tomás Salvador la referencia, que he transcrito, al conocido como Combate o Asalto de Poza, acaecido el 11 de febrero de 1813.

Se trata, en efecto, de un episodio de nuestra historia al que precisamente mi buen hermano Javier dedicó una preciosa monografía (“El combate de Poza. La Guerra de la Independencia en el norte burgalés y el sur de Álava y Vizcaya”, Editorial DosSoles, Burgos, 2008), cuyo extracto puede leerse en internet en el blog Poza de la Sal. Guía apasionada.

Resumo brevísimamente los hechos.

En la noche del 10 al 11 de febrero el jefe guerrillero vizcaíno Francisco de Longa cayó sigilosamente sobre Poza con 4.000 hombres de su División de Iberia, desde las montañas a espaldas del castillo. Estaban entonces la villa y la fortaleza ocupados por una división italiana del ejército napoleónico al mando del general Giuseppe Palombini.

El italiano, sorprendido por la acción española y con la mayor parte de sus tropas dispersas en ese momento por la comarca en busca de aprovisionamientos, tuvo que huir de Poza de forma precipitada, en un episodio un tanto rocambolesco. Los italianos se refugiaron tras los muros del castillo, que Longa y sus combatientes intentaron asaltar.

General Giuseppe Federico Palombini (1774-1850). Retrato de Gez von Ramberg (Biblioteca Nacional de Austria).

Después de encarnizada lucha y debido al pronto regreso de las numerosas tropas italianas desplazadas en los alrededores de Poza, Longa y sus hombres se vieron obligados a abandonar la villa al alba del día siguiente.

Cuentan los historiadores que los españoles ocasionaron en esta acción un número considerable de bajas al enemigo y que capturaron 300 prisioneros (2).

Puedo dar fe de que, no hace todavía muchos años y siendo yo un niño, la anécdota de la huida de Poza de un general francés, sorprendido en calzones por los españoles en el castillo durante la Guerra de la Independencia, se transmitía oralmente en las veladas pozanas. Eso sí, con algunas licencias y adornos más propios de lo legendario que de lo histórico, por lo demás perfectamente comprensibles…

Jaime Urcelay

(Actualizado el 06/09/2018)

(1) Además de la circunstancia de que Salvador pertenecía al Cuerpo Superior de Policía desde su regreso de Rusia con la División Azul en 1943, se ha destacado que  “Cuerda de presos” está escrita a partir de los recuerdos de su padre, un guardia civil caminero de Grajal de Campos (León) llamado Serapio, como el protagonista (ver “La ronda de piedemonte”, de Ernesto Capa, en Diario de León).

(2) A parte del citado libro de mi hermano con toda la bibliografía que él cita, puede verse el posterior “Diccionario de la Guerra de la Independencia”, obra dirigida por Emilio de Diego y José Sánchez-Arcilla, editorial Actas, Madrid, 2011. En el Tomo II, págs. 1394 y ss., recoge los diferentes episodios de la Guerra de la Independencia en los que Poza de la Sal fue protagonista. Por otro lado, Fray Valentín de la Cruz escribe que “la operación de los guerrilleros impresionó a los militares profesionales porque , durante el siglo XIX, la maniobra favorita de las guarniciones burgalesas era repetir el asalto y defensa del castillo de Poza” (vid. “Burgos, Torres y Castillos”, Caja de Ahorros Municipal, Burgos, 1978, pág. 48). Esta información del Cronista Oficial de Burgos explicaría el pasaje que he transcrito de “Cuerda de Presos” y la mención de Salvador al Regimiento de Burgos número 36, de la Capitanía General de Burgos.

Nota.- Sobre Poza en la literatura he publicado anteriormente en este blog las siguientes entradas:

Poza de la Sal en la literatura: “Gritos de independencia” de Reyes Calderón

Poza de la Sal en la literatura: “Viaje por España” (1524-1526), de Andrea Navagero

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4 comentarios en “Poza de la Sal en la literatura: “Cuerda de presos” de Tomás Salvador

  1. Hola.
    Me ha resultado muy interesante tu entrada, Jaime.
    Como soy argentina, este tipo de novelas históricas escapan a nuestro conocimiento, aunque el cine y la literatura son grandes aliados para comprender la complejidad de la lucha por el poder a través de los siglos.
    Gracias por compartirla.

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  2. ¿Se sabe cúal es el camino que escoge Longa tanto en su acercamiento a Poza como en su retirada tras el combate? He leído en algún blog que pudo pasar por Padrones y me gustaría saber si se apunta algo al respecto en el libro de su hermano. Gracias de antemano por su tiempo. Un saludo.

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    • Gracias por el comentario.
      En las fuentes que utiliza mi hermano Javier para su libro (el relato del Capitán Vacani y los partes de Longa) no se dan detalles de cuáles fueron los caminos seguidos por las tropas de Longa, ni para el asalto a Poza ni para la retirada. El jefe guerrillero solo dice, en sendos partes dirigidos al General Mendizábal, que dirigió su división y batallones de Vizcaya “en la noche del 10 por riscos y ásperos caminos y en marcha rápida desde el pueblo de Traspaderne…”. Vacani (testigo directo del combate de Poza) afirma que los españoles se aproximaron a Poza “por el camino de Frías”. Javier menciona también, al principio de su relato, que las fuerzas de Longa asaltaron Poza llegando una parte por las montañas que dominan el pueblo, a espaldas del castillo, y otra por el lado opuesto, por el camino de Oña. Respecto al camino de la retirada, no se hace -que yo haya visto- ninguna mención.
      Siento que no aparezca ningún registro sobre Padrones. Quizá haya más detalles en la exhaustiva biografía de Longa escrita por José Pardo de Santallana (“Francisco de Longa, de guerrillero a general en la Guerra de la Independencia. Historia de una guerrilla”, Ed. Leynfor Siglo XXI, Madrid, 2007). Otra obra que puede ser interesante consultar es el “Diccionario de la Guerra de la Independencia (1808-1814)” de Emilio de Diego y José Sánchez-Arcilla (Dirs.), Ed. Actas, Madrid, 2011. Este diccionario -muy voluminoso y exhaustivo- está también organizado por localidades. Cuando en su día lo consulté para ver qué aparecía de Poza, encontré nada menos que 5 entradas. Es posible que también de Padrones haya algo.
      Un cordial saludo.

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